Treintaitrés latigazos para una normalidad discontinua

La pandemia también ha sido un «semillero»del incierto porvenir. Foto: Ru´bén Don

Después de cien días de encierro, el escritor mexicano ha vuelto a salir a las calles con una nueva novela a cuestas, Desolación, y la necesidad de reconocerse en los sitios de siempre, aunque algunos de ellos estén irreconocibles sin la gente

Por Rubén Don*

Se me acaban los ahorros y me veo obligado a volver al trabajo.

Luego de cien días de confinamiento salgo de mi casa como si saliese de la caverna de Platón: con miedo a enfrentarme a las sombras que he estado percibiendo desde mi encierro.

El cubrebocas KN95 y los lentes protectores Truper (junto a los calzones y los calcetines) formarán parte indispensable de mi indumentaria a lo largo de esta nueva travesía en que está convertido el mundo.

Lo primero que descubro es que aún hay vida afuera y que no todos guardan la cuarentena. Quiero creer que es más por necesidad que por gusto.

Al principio busco la mejor estrategia para trasladarme hasta el centro de la ciudad. El Ruta 22, que prácticamente me deja en la esquina de mi trabajo, no parece ser la mejor opción. Gente aglomerada y un joven sin cubrebocas a mi lado. Tiemblo de pánico. Sin embargo no tengo el valor de bajarme. Cambio de estrategia. La clave son las combis que van hacia Aeropuerto. Pasan muchas y la mayoría con pocos pasajeros. En Gómez Farías entro al metro. Dios me agarre confesado. Acomodo mis lentes lo mejor que puedo en mi rostro: dice el doctor Gatell que el virus puede entrar por los ojos. Cuando llego al andén y subo al primer tren que pasa, respiro aliviado: por increíble que parezca, en aquellos primeros días de julio el vagón está completamente vacío.

Llevo cinco días desde que volví a abrir la tienda de semillas. Cuánta incertidumbre. Parte del centro sigue desolado. La zona glamurosa: 20 de Noviembre, Pino Suárez, Madero. La parte popular: Correo Mayor, El Carmen, Peña y Peña, infectada de gente. Y seguramente de coronavirus.

Luego de semana y media de salir diariamente a la calle me siento física y emocionalmente agotado. Vivo con la tensión de contraer el virus en la calle, en el transporte público, en el mostrador del trabajo. Las autoridades se dan cuenta del gran error que significó reabrir el centro y la circulación vuelve a estar restringida. Entonces las calles lucen vacías nuevamente. Vivimos en una extraña normalidad. En una extraña ciudad. He tenido ganas de echar a andar, después del trabajo, y caminar hacia Bellas Artes. La Alameda. Ver qué pasa con mi Salón Palacio. Con mis librerías. Sé que están cerradas. Pero es como si necesitara corroborarlo con mis propios ojos. Sin embargo no he ido porque el cansancio es mayor y cuando termino de trabajar lo único que deseo es regresar a casa.  

Es mediados de julio y Ximena y yo volvemos a tener una cita fuera de casa por primera vez, luego de 120 días de pandemia en el país, cuatro meses, de los cuales cien días estuvimos en cuarentena. Poco a poco reabren los restaurantes. Estamos sentados en una mesa del Salón Corona de Gante. Todo es extraño. Pocas mesas, separadas, como marca la ley. Carta digital a través de un código QR. Un amorfo ser que usa cofia, cubrebocas, mascarilla y guantes, y que nos recuerda más a esos doctores que hemos estado viendo por tele y que atienden a los infectados de coronavirus, viene a tomarnos la orden. Nuestra comida viene tapada con platos. Los cubiertos en bolsa de plástico. Salsas, limones, y demás especias en recipientes desechables. Desde luego no sirven cerveza sin alimentos. Fue la condición para reabrir, nos informa la mesera (hemos descubierto, por su voz, que aquel extraterrestre es una chica). A medida que avanza la tarde mi mujer y yo nos vamos deprimiendo por las nuevas condiciones. Aquel salón, cuya especialidad es la cerveza y los antojitos, y que suele estar abarrotado gran parte del día, ahora parece un cementerio. Recibimos el tiro de gracia cuando al salir casi ha oscurecido y el centro de la ciudad está convertido en un pueblo fantasma.

Los primeros días son alentadores en la tienda de semillas. Algunos clientes esperaban nuestra reapertura y han venido a surtirse de producto. Conseguimos saldar una suma pendiente con nuestros acreedores. Hemos puesto en oferta algunos recipientes, abono y semillas que casi no se venden. Parece funcionar.

Comienzo a acostumbrarme a usar el cubrebocas y los lentes protectores la mayor parte del día. De hecho, si no los uso me siento como si anduviese desnudo.  

Los días de bonanza parecen bastante lejanos. Beto, el dueño de la tienda de la esquina, dice que su negocio no da para más. Debe tres meses de renta. Ha tenido pérdidas con el producto perecedero. La gente, ahogada por la crisis, consume menos. Para colmo, la desgracia del coronavirus se ha llevado a su padre. La garganta se me cierra. Los ojos se me aguan y quiero llorar, pero no lo consigo.

Los demás negocios del centro comienzan a reabrir poco a poco. Sin embargo ahora lo que faltan son clientes. Estamos condicionados a un horario, a un rol numérico de pares y nones, a medidas de higiene que a veces parecen absurdas. ¿Cómo pongo una entrada y una salida en la única puerta de mi tienda de semillas?

Por las tardes, al volver del trabajo, escribo. Reviso la primera versión de mi última novela, a la que he titulado Desolación. Afuera comienza a llover con el sol de fondo. La imagen es tan hermosa. Siento un cúmulo de contradicciones dentro de mi ser. Algo ambiguo que oprime mi pecho. ¿Cómo será la vida a partir de este virus que invade a la humanidad?

Ximena y yo cumplimos ocho años de casados en medio de una crisis mundial. No podemos dejar de celebrar, me dice ella. Pasa por mí a la tienda de semillas y vamos al Bar Ópera, que está a unos pasos. Comemos pechuga cordon blue y machitos asados. Bebemos cerveza clara. Luego un Chinchón campechano en las rocas, yo; una piña colada con Amaretto, ella. El lugar luce vacío. Con todas las medidas sanitarias. Al entrar: toma de temperatura, sanitizante en los zapatos, gel en manos. En la mesa: cubiertos en bolsa de plástico. Menú digital. Extraño. Todo muy extraño. Esta vida extraña y desolada. Sin embargo una dulce convergencia luego de tanto tiempo entre Ximena y yo. Años en los que nos hemos acercado y alejado. En los que hemos estado y, a su vez, hemos tomado rutas distintas. Pero fluimos y conversamos y seguimos estando. Abandonamos el restaurante alrededor de las siete. El sol está a punto de ocultarse tras los cerros del este. Cruzamos Cinco de Mayo y entramos al Sanborns de los Azulejos. No se puede tocar nada. Sólo está abierta la panadería, la farmacia y el restaurante. Atravesamos Eje Central y la periferia del Palacio de Bellas Artes está acordonada. Las jardineras inhabilitadas. Sin embargo conseguimos una banca en la Alameda. Miramos la gente ir y venir. Unos con tapabocas. Otros no. Llegamos a la conclusión de que la gente joven es a la que menos le interesa esta crisis sanitaria.

Doy un trago a la cerveza fría. Llueve. Mal día en el trabajo. Me fui en cero. No vendí nada. Ni un sólo grano, ni una sola semilla que pueda germinar en el jardín de alguien en la ciudad. Muy malos tiempos. La pandemia nos está acabando. El gobierno nos pone una serie de reglas sanitarias que no cumplimos. El metro y las combis cada vez más atestadas de gente que rompe la cuarentena. ¿Cómo y cuándo nos iremos a infectar? Me siento confundido. Me pregunto a dónde se ha mudado la felicidad y todas las sensaciones que la rodean. Las páginas. Los olores. Los cuerpos. Las teclas. El vino. Pareciera que los poros de mi piel cada vez respondieran con menos ahínco a la vida.

Estamos a mitad de agosto y el Salón Palacio vuelve a abrir sus puertas estilo viejo oeste. Ello me hace feliz. Lo vivo como una pequeña victoria en contra de esta maldita pandemia. Estoy sentado en una de sus mesas luego de cinco meses. La última vez que estuve aquí fue con Ximena, un 20 de marzo, justo antes del inicio de la cuarentena. Esta cantina que amo. Este lugar en donde germinó Desolación, novela que terminé de escribir durante el encierro en casa. Ha sido un gran respiro volver. Con pocas mesas, con poca gente. No importa. Uno empieza a acostumbrarse a esta nueva normalidad. Inevitable. Me han sido abrumadores los últimos días con el tiradero en casa por la remodelación del baño, por la cotidianidad, levantarse temprano a clases virtuales de Danaé, el negocio: que a veces funciona, se vende, a veces no. 19:05 pasa una ambulancia sobre avenida Rosales. En el televisor del bar Prince canta en el MTV. Un canal noventero en un lugar sesentero con una pandemia del siglo veintiuno. Bebo un anís Chinchón campechano en las rocas. El vaso está lleno al tope. Como no lo sirven en ningún lado. Por eso amo este lugar.

Estoy en la tienda de semillas con la computadora encendida, trabajando en la revisión de la novela a falta de clientes. Todo termina por volverse cotidiano. Esta pandemia se ha vuelto cotidiana. Los tapabocas, las mascarillas, la sana distancia. También la falta de besos y abrazos. El virtual regreso a clases de mi hija. Lo mismo Ximena con el despacho de arquitectura. Yo soy el único en la familia que sigue conservando la forma presencial del trabajo. ¿Hasta que me infecte de coronavirus? Más de medio millón de contagios en el país. Ya ni siquiera tengo idea de cuántos millones en el mundo. En fin. También he vuelto a leer. Estoy con El coste de vivir de la magnífica Deborah Levy. Ayer encargué su novela Leche materna en Amazon. Yo que juraba que comprar libros en línea era una ridiculez.

Viajar en el transporte público se vuelve toda una travesía. Qué lejanos han quedado aquellos primeros días en que salí y el metro aún estaba vacío. Ya a nadie parece importarle el contagio. Van cansados. Necesitan ganar dinero para llevarse un pan a la boca. Para sus familias. Por mi parte intento tomar todas las precauciones. Tocar lo menos que pueda los tubos del metro. Mojo mis manos a cada rato con gel antibacterial. ¿Servirá de algo?

La necesidad de ir a trabajar y utilizar el Metro es un desafío cotidiano ante el implacable virus. Foto: Rubén Don

Vuelvo a visitar una librería. Mi emoción inicial poco a poco va trasmutando en decepción. Apenas estoy mirando la mesa de novedades cuando un empleado me asusta con su tapabocas y su enorme careta y su: ¿en qué te puedo ayudar?, como si le urgiese echarme lo más pronto posible. De hecho, además del riguroso gel, la toma de temperatura, y de pisar el tapete sanitizante, me advirtieron que no podía permanecer más de 15 minutos en su interior. No sé qué responderle al vendedor. No sé qué libro pedir. Estoy acostumbrado a asaltar las librerías como una veleta, dispuesto a dejar que sea el océano de historias quien me elija. Balbuceo. El vendedor impacienta. Frustrado doy la vuelta y abandono el local.

Domingo. Necesito trasladar unos libros para una presentación virtual que tendré. Afortunadamente el metro está solo. En mi vagón habemos tres personas esparcidas. Ocupo un asiento individual. En la siguiente estación se sube una pareja que se coloca justo frente a mí en medio de aquella desolación. ¿Es en serio, habiendo cincuenta lugares desocupados? Para colmo no usan tapabocas. Ríen y gritan y escupen a placer. Me paro y camino hasta el otro extremo del vagón. Qué, si no te vamos a contagiar, escucho estúpidamente a mis espaldas.

Cada día que pasa hay menos necesidad de nombrarlo. Nos estamos acostumbrando a padecerlo. A sentir su presencia sin mirarlo. Vivimos en una ciudad con gente que lleva bocas de figuras o colores.

Veo en Twitter un video de una pareja que come en un restaurante con el tapabocas puesto: le han hecho una pequeño abertura por donde entra la cuchara con comida. Si hemos de comenzar a reír por esta tragedia, quiere decir que el mundo anda por el camino correcto.

El comercio del centro reabre en su totalidad a pesar del semáforo naranja y de los seiscientos mil infectados. Sorteo las calles atestadas de peatones. Cada vez tengo menos miedo. Salvo por el cubrebocas y las mascarillas, por instantes pareciera que no existe una pandemia llamada coronavirus.

Una pared amarilla al otro lado del cristal. Una cavidad oscura en la parte inferior derecha. Es el ángulo de la vida que miro desde la ventana de la sala. Un cable que aletea con el aire. Un par de gotas impregnadas sobre el vidrio. Solo en casa. De esa soledad que se disfruta. Las chicas han ido a visitar a la abuela. Y de pronto me lleno de nostalgia. De una vida inmediata que ahora pareciera que fuese un recuerdo de hace muchos años. El simple deseo del encierro. Aquel que recién viví. Dormir hasta tarde. Comer a deshoras. Escribir a diario.

Cuando creo estarme acostumbrado a esta normalidad, algo nuevo me sorprende. A las afueras de la Catedral un hombre anuncia el fin del mundo. A través de un micrófono y una bocina dice que la pandemia es uno más de los treintaitrés latigazos que recibió nuestro señor Jesucristo, y que habrán de caer sobre la humanidad. Reacomodo lo mejor que puedo mi cubrebocas y mis lentes y huyo lo más rápido posible de aquellas profecías.

*Escritor mexicano, ha publicado las novelas La consecuencia de los días (UACM, 2005), Nos veremos en el infierno, Kurt Cobain (Tierra Adentro, 2011), El mapa de lo humano (Capítulo Siete Editorial 2019) y el libro de cuentos Perder es cuestión de tiempo (Baile del Sol, España, 2014).    

2020: incertidumbre, conciencia y humanidad

Victoria González / Fotoperiodista Mérida, Yucatán
FB: Victoria González Chablé IG: @Vikogc

Creo que lo incierto, conciencia y humanidad son las palabras que le van más a este año de vida para todos los que aún habitamos el mundo. El Covid-19 llegó para enseñarnos y recordarnos lo valiosos que somos como seres humanos y que muchos lo hemos olvidado con el paso de los años y el consumismo. Hoy más que nunca nos damos cuenta de que la igualdad no existe y jamás existirá… Eso nos hace maravillosos y únicos, pero, al mismo tiempo, conscientes de que se puede tener paridad y equidad de derechos humanos, pues no todos estamos afrontando de la mejor manera la crisis que la pandemia ha traído a toda la sociedad.

Las clases sociales son tan diversas como las políticas públicas que afrontamos en el país desde ya hace muchos años, y que hoy se acentúan aún más cuando no todos tenemos el mismo acceso a muchos de los servicios públicos. La pandemia ha puesto en evidencia los grandes rezagos que enfrentamos en salud y educación, por mencionar dos de los sectores más importantes, siempre tan esenciales y, a la vez, los más abandonados en México.

Estas imágenes son apenas una parte del panorama diverso que ven mis ojos en Mérida, Yucatán y de cómo hemos reiniciado la vida con el Covid-19.

(Primera de dos partes)

Luna Nueva de septiembre

Con esta Luna, un poco obsesiva, pues pretende tener el control de cada movimiento, no se pueden dar pasos en falso, lo que no deja de ser bueno: nos puede ahorrar muchos intentos vanos


Imagen: Place des Quinconces, Grand Parc-Paul Doumer, Bordeaux, Francia. Foto de Ángel de los Ríos. Cortesía de Flickr

Por Ayub Estephan*

Y la noche oscura y solitaria cayó sobre ellos llenándolos de tristeza. Nostálgicos, buscaron algo impreciso, algo a lo que no lograban darle forma y que necesitaban para cruzar los innumerables días que se extendían ante ellos como un enorme paisaje de periódicos viejos, en cuyas hojas se mezclan con grosería los crímenes, las bodas, los anuncios, todo revuelto, sin relieve, como hechos vaciados de sentido, fuera del tiempo, sin memoria.” (Los recuerdos del porvenir, Elena Garro).

El próximo jueves 17 de septiembre, a las 11:00 hrs. (CDMX), tendrá efecto el novilunio de este mes a 25°00’ del signo mutable y terreno de Virgo. A partir de esta Luna Nueva, y en los siguientes días ocurrirán varios eventos astronómicos: el asteroide Juno ingresará al signo de Escorpio, el 20 de septiembre (11:19 hrs. CDMX); el 22, con la llegada del Sol al signo de Libra (13:31 hrs. CDMX), tendremos el equinoccio de otoño para el Hemisferio Norte y el de primavera para el Hemisferio Sur; el día 27 el asteroide Ceres retrógrado vuelve brevemente a Acuario, mientras el planeta Mercurio irrumpirá en el signo de Escorpio, ambos hacia las 06:00 hrs. (CDMX). El planeta Saturno finalmente termina su proceso retrógrado en Capricornio el 29 de septiembre y desde el grado 25°20’ de este signo cardinal de tierra que es su domicilio natural, avanzará hacia Acuario, del cual también es regente. Poco antes, Júpiter terminó su ciclo anual retrógrado el pasado 12 de septiembre, también en Capricornio, arrancando en el grado 17°24’, movilizando su energía. De todos modos, aún tenemos en este novilunio varios planetas retrógrados: Marte y el asteroide Quirón, en Aries; Saturno y Plutón, en Capricornio; Urano, en Tauro; Neptuno y Ceres, en Piscis. Como pueden notar, esta vez tenemos el predominio de planetas y luminarias concentrados en signos de tierra: el Sol y la Luna en Virgo; Urano en Tauro; y Júpiter, Saturno y Plutón en Capricornio. Todos ellos, contribuyendo a apagar las llamas que crepitaron amenazantes con la acumulación de planetas emplazados en signos de fuego el mes pasado.

El grado 20° de Virgo representa “una caravana de vehículos que avanza hacia la costa occidental” simbolizando “la necesidad de un esfuerzo común, que deja de lado las minucias mentales y emocionales para ir y alcanzar un mundo nuevo de experiencia”. Es un proceso en el que personalidades diversas viajan juntas y en una dirección específica para alcanzar la meta de su destino. Aquí los egos personales se concentran, realizando un esfuerzo ordenado y estructurado de grupo. Sólo de esta forma el pasado será dejado atrás definitivamente, y cooperando avanzaremos en el “juego de la conciencia”, con un “propósito y esfuerzo conjugados”, teniendo en cada movimiento la esperanza de un futuro prometedor.

Como he mencionado ya la conjunción Saturno-Plutón en Capricornio coincidió con la aparición del Covid-19, así como con la misma conjunción, poco más de 37 años atrás, pero en los linderos de Libra y Escorpio, nos llegó el virus del sida; y a la conjunción Júpiter-Plutón se atribuye la expansión de ambas: los resultados están a la vista. Hay toda una maquinaria económica que se moviliza detrás del miedo al contagio. Por su parte, los especialistas insisten en que nos cuidemos y sigamos las indicaciones estando en la etapa de “semáforo amarillo” en la Ciudad de México. Y ciertamente debemos seguir cuidándonos. Los astros aún no nos dan luz verde para regresar a una normalidad que difícilmente podrá volver a ser. Antecediendo al Covid-19, a la epidemia de influenza, a las pasadas erupciones en la década pasada de la gripe aviar y muy cercana a la propagación del virus de Ébola, tenemos la amarga experiencia que desde la aparición del sida y su precursor el VIH, se creó una industria multimillonaria: laboratorios, asociaciones civiles, fábricas de preservativos, cocteles de retrovirales, lavado de capitales, etcétera. Pasados casi cuarenta años aún no se cuenta siquiera con una vacuna en el horizonte científico, mucho menos la esperanza de una cura. Desde su aparición, las costumbres íntimas debieron adaptarse y transformarse. Las relaciones sexuales adoptaron tecnología preventiva costosa y con el tiempo fue necesario introducir medicamentos para la disfunción eréctil, aparatos que retardan la eyaculación precoz, lubricantes con colores y sabores artificiales, el uso de juguetes que estimulen sensorialmente, pornografía abundante y demás fetiches, el aumento de ETS; se introdujo la perversión de los sentidos a través de la psique y demás fantasmas derivados del deseo sexual, que fluyen paralelos al temor de tener relaciones íntimas y contagiarse. Ahora bien, nos surge la duda respecto del Covid-19. ¿Existen los elementos científicos suficientes para tratar con esta plaga? Pienso que sí, pues se ha avanzado en la medicina nuclear, en los misterios ocultos del universo a través por ejemplo de las imágenes 3D que nos amplifican minuciosamente la vida. Quizás en algún momento podamos replantear las estadísticas y relacionar estas plagas encontrando las vacunas o incluso, por qué no, aunque suene utópico, se logren erradicar estas calamidades. Pero, y si de pronto el Covid-19 fuese la fuente de otro emporio comercial en puerta, ¿qué sucedería?

De acuerdo con el astrólogo Eugenio Carutti, la Luna en Virgo “expresa la presencia de un orden funcional en el cual cada aspecto o elemento de la realidad se encuentra sistémicamente integrado a los otros»

De acuerdo con el astrólogo Eugenio Carutti, la Luna en Virgo “expresa la presencia de un orden funcional en el cual cada aspecto o elemento de la realidad se encuentra sistémicamente integrado a los otros. De aquí que el desarrollo y bienestar de cada parte se alcanza maximizando el bienestar del sistema en su totalidad mediante el desarrollo sostenido de la actitud de servicio a los demás; pero para lograr dar cabida a la acción, esta Luna ha de tener un informe detallado de los procesos que se deben abordar. La Luna en Virgo es perfeccionista y antes de cerrar cualquier trato exige que se constituya un informe minucioso que presente un muestreo previo de cada situación particular. Con esta Luna no se dan pasos en falso, se tienen contempladas todas las posibilidades y se busca el apoyo de los poderosos. Una “caravana” que “marcha a su destino común” tiene la virtud de llevar un paso idéntico y sostenido, teniendo una guía confiable y la participación incondicional de los implicados en el viaje, así como el conocimiento de los ideales y mecanismos que echaron a andar dicha parafernalia. La Luna virginal se anticipa a los hechos mediante la abstracción de sus posibilidades. Es una Luna obsesiva, algo neurótica, pues pretende tener el control de cada movimiento: de otro modo no se siente convencida y mucho menos segura. Básicamente, la Luna en Virgo nos suele ahorrar muchos intentos vanos.

Esta vez, el Sol y la Luna forman una Cuadratura T de naturaleza mutable con los Nodos de la Luna. Esta figura geométrica cuyo punto focal son el Sol y la Luna en Virgo estará recibiendo las cuadraturas del Nodo Sur de la Luna, ubicado en Sagitario, y del Nodo Norte de la Luna, que se localiza en el signo de Géminis, ambos Nodos en oposición. Como ya he explicado antes, esta figura recibe las tensiones de las cuadraturas en el llamado punto ápex o focal, encontrando una salida adecuada a dicha concentración energética en el signo de enfrente, el signo de Piscis. Sin embargo, como el Sol y la Luna también estarán recibiendo la oposición de Neptuno, emplazado en Piscis, esta opción de desalojar la energía concentrada por la Cuadratura T se ve impedida. Pareciera que en vez de una Cuadratura T estuviese una Gran Cuadratura, pero no se cumplen los requisitos pues faltaría la cuadratura de Neptuno a los Nodos de la Luna. De cualquier modo, en un nivel psicológico, la tensión es mayúscula, pues es como si realmente estuviera actuando una Gran Cuadratura. La naturaleza cerrada de la Gran Cuadratura se convierte a menudo en un esquema fragmentado y continuo, carente de dirección, en el cual el individuo está atrapado dentro de los límites de la tensión, paralizado, y sin sentirse impulsado a desafiar y sobrellevar su influencia limitadora. Por otra parte, la Cuadratura T es fuente de incesantes fricciones y fuerza a aceptar y obedecer sin la debida lucha psicológica. Las figuras de la oposición sugieren la necesidad de desarrollar una objetividad mayor y una percepción que considere los derechos y necesidades de los demás. Esto se traduce en la cancelación de fuentes de trabajo y falta de ingresos económicos. La reducción de los salarios, aunado a la crisis de empleo que trajo este confinamiento, se percibe como un callejón sin salida.

Al estar esta figura emplazada en signos mutables, la tensión que implica se verá proyectada al territorio mental y psíquico. Surge una resistencia psicológica implicada en esta combinación de luminarias, planetas y puntos astrales, que bloquea nuestra capacidad de discernimiento, por lo que perezosamente podemos elegir cualquier opción que se nos presenta sin la debida valoración. Así, nos debatimos en medio de informaciones polarizadas que nos incitan a tomar partido. Sin embargo, como toda esa información vertida no reúne los elementos suficientes o los datos aparecen distorsionados o poco creíbles, nos replegamos y vacilamos perezosamente, por lo que no cambia nuestra actitud respecto de las informaciones vertidas y no se desarrollan acciones concretas. Lo mismo que en el caso de la Gran Cuadratura Mutable, la flexibilidad aquí se convierte en un problema, estimulando a adaptarnos apresuradamente a las condiciones externas cambiantes en vez de mantener la debida firmeza y equilibrio. Posiblemente en los próximos días recibiremos noticias novedosas respecto del Covid-19, lo mismo que de otros temas destacados en este momento, como son las finanzas y las políticas públicas de salud, así como las distintas gestiones en torno al progreso y mejoramiento social que se han venido promoviendo, pero que no consiguen aflojar la tensión ya que empezamos a vivir la carestía y nuestra capacidad adquisitiva se ha visto absolutamente constreñida a lo más elemental. Pero será difícil que logremos discriminar y elegir aquello que más nos conviene sin una lucha interior, sin algún tipo de crisis que nos obligue a escoger e ir más allá de las limitaciones.

Sólo indagando con atención evitaremos ser confundidos en el “juego de las mascaradas” y descifraremos las intenciones oscuras de los discursos graves que surgen por todas partes

En México, el pueblo recibió el 2° Informe de Gobierno 2019-2020 de parte del presidente e inmediatamente después los medios intelectuales e informativos polemizaron en torno de su contenido destacando que “la apuesta del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ante los fracasos evidentes en materia de crecimiento económico e inseguridad, retoma el eslogan que le dio la victoria en la contienda por el poder, de ‘un gobierno libre de corrupción’.” Ciertamente el presidente comenzó su discurso recalcando que “la peste de la corrupción originó la crisis de México. Por eso, me he propuesto erradicarla por completo y estoy convencido de que, en estos tiempos, más que en otros, transformar es moralizar. Este gobierno no será recordado por corrupto. Nuestro principal legado será purificar la vida pública de México y estamos avanzando. No hemos emprendido persecuciones facciosas ni venganzas políticas, pero tampoco encubrimos a nadie ni permitimos la impunidad. Ya se acabó la robadera de los de arriba, pero todavía falta desterrar por completo el bandidaje oficial”. (https://www.gob.mx/presidencia/articulos/version-estenografica-2-informe-de-gobierno-2019-2020?idiom=es) De esta manera, el mandatario sintetiza su proyecto gubernamental e intenta convencer a la opinión pública para que le otorgue su respaldo de cara al plebiscito de 2021 sobre su permanencia al frente del Estado. De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, la palabra corrupción (del latín: corruptio, corruptionis) significa “acción y efecto de corromper”. También, cuando se refiere a las organizaciones, especialmente las públicas, se entiende como una “práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho económico o de otra índole, de sus gestores”. Por su parte, el verbo corromper (del latín: corrumpère) significa “alterar y trastocar la forma de algo”; “echar a perder, depravar, dañar, pudrir, oler mal”; “sobornar a alguien con dádivas o de otra manera”; o “pervertir o seducir a alguien”. El verbo “corromper” es muy amplio y la “corrupción” ha sido tipificada como un delito nacional e internacional.

Por otro lado, proliferan muchas noticias en las redes que provocan inquietud debido a sus contenidos subversivos, pero el aspecto de oposición de las luminarias a Neptuno, planeta que representa al inconsciente colectivo, por un lado alimenta el mito y por el otro rechaza dichos mensajes, mostrándose ambiguo. En su Informe, el mandatario señala que su “principal legado será purificar la vida pública de México”. Me parece coincidente que se emplee el verbo purificar y además de señalarlo lo destaco y relaciono con una de las asignaciones astrales propias del signo de Piscis y de Neptuno su regente, así como de cualquier planeta que transite en la Duodécima Casa del mapa astral. Todo, incluso el ambiente mismo, nos señala que estamos viviendo el final de un largo ciclo, en el que hemos “trastocado” los valores fundamentales de convivencia por consagrarnos a la preeminencia de lo material sobre lo espiritual. En ese mismo contexto, el maestro Antonio Caso Andrade, acentuando la dimensión docente de su propia existencia, declaró en una conferencia dada a los universitarios mexicanos en 1911, que “la cultura no puede ser dogmáticamente definida porque su esencia es creación, creación de valores”. Visto de esta manera, los valores creados por la cultura no tendrían sentido si no fueran difundidos, transmitidos y enseñados, pues sólo así los valores adquieren su legítima trascendencia. Lamentablemente, una centuria después vemos que hemos devaluado dichos valores, hemos suprimido el cultivo de las Bellas Artes y hemos ignorado la solidaridad hacia los demás.

Volviendo al día de hoy y al significado amplio y diverso de la palabra “purificar”, lamentamos profundamente el recorte presupuestal del 75 % al Fondo de Cultura Económica (FCE) pues representa una herida mortal a la producción y difusión de libros de primera línea: “una puñalada”, lo calificó Paco Ignacio Taibo, director de dicha institución, aunque reconoció las prioridades en materia de salud en medio de la urgencia sanitaria. “Cuando un hombre que tiene un jardín ignora los nombres de sus plantas y sus árboles, sentimos que hay en él algo de salvaje; que no se ha preocupado de labrar la estatua moral que tiene el deber de sacar de sí mismo. Igual diremos del que ignora las estrellas de su cielo y los nombres de sus constelaciones. (Cartilla Moral, 1952; Alfonso Reyes)”. Seguramente veremos días grises, llenos de tensión y dudas, pero finalmente estarán asequibles otros elementos que nos lleven a encontrar alternativas sensatas para restaurar nuestra confianza en las instituciones, aunque éstas se revelen hoy mutiladas y matizadas de incoherencia y vaguedad. Sacrificar el acceso a la educación y la cultura en beneficio de otras causas, es un insulto a las buenas maneras y es otra forma de caer en esa corrupción que se busca desterrar, pues “alterar y trastocar la forma de algo” es caer de nuevo, y peor aún, en aquello que se pretende revocar.

Igualmente, vuelve a asomarse en este novilunio una figura astral que es la Media Cometa o Escuadra, y cuyo punto de inflexión estará dado esta ocasión con Neptuno haciendo un sextil a Júpiter y a Plutón, mismos que a su vez estarán conformando un aspecto de trígono al Sol y la Luna. Por lo que a pesar del estado psicológico impreciso de las condiciones actuales se impondrán las directrices pactadas, pese las dudas imperantes y a pesar de la oposición abierta de las diferentes facciones. En realidad, se critica mucho pero se hace muy poco para apoyar la renovación de la sociedad y apoyar a los más necesitados. La mayoría de la gente está a favor o en contra de las políticas públicas de salud, ataca o ensalza la actuación de los gobiernos, pero se muestra indiferente respecto de contribuir con donativos efectivos, con fuentes de empleos y promociones hacia quienes están más afectados por la tragedia ocasionada por el Covid-19. La media Cometa o Escuadra es una de esas figuras cerradas que cumple con la función de despejar el camino debiendo dialogar para poder negociar y busca que los intereses implicados puedan encontrar salidas viables, especialmente en lo que a temas financieros atañe. Para ello deberán concertarse acuerdos y firmarse los tratados correspondientes. La Luna y el Sol en Virgo trabajan con el colectivo y dan su servicio a quien lo requiere de una manera eficiente. Aquí ambas luminarias evitan la espontaneidad emocional y se ponen a trabajar, pues en cada movimiento preexiste una reflexión que no puede estar sujeta al azar.

Por su parte, la oposición de las luminarias (Sol y Luna) al planeta Neptuno conlleva una enorme dificultad para integrar las emociones y desarrollar nuestra creatividad sensorial, y aunque el poder de la imaginación está muy activo y la magia sigue circulando en los resquicios de la vida, las circunstancias en torno del Covid-19 desequilibran nuestra forma natural de fluir y relacionarnos. Este virus tiene una personalidad que nos confronta constantemente, aunque todavía hay aspectos de él que nos son desconocidos. Diariamente nos recuerda que está entre nosotros, cada amanecer abrimos los ojos y está ahí, y al cerrar los ojos para dormir sigue ahí y hasta se filtra en nuestras pesadillas, pues ha llegado a habitar nuestros sueños. Sólo un análisis desapasionado de las circunstancias nos dará pistas y nos pondrá en el camino de discernir el rumbo que nos conviene a todos. Por ejemplo, ¿cuál será la vacuna más adecuada de las propuestas hasta ahora? No se trata aquí de la preminencia de alguna sobre otra, pues detrás de dicho escenario se ocultan los intereses competitivos de las potencias mundiales, sino de las condiciones que presenta cada país como receptor de la misma. Y aunque es cierto que no es posible comercializar con algo que aún no existe (todavía no tenemos una vacuna), en su momento cada país tendrá que elegir de acuerdo con sus necesidades y posibilidades adquisitivas. Habrá que llegar a los tratos y contratos, previniendo tiempos de entrega que faciliten los esquemas para una vacunación perfectamente organizada. Dicho en otros términos, habrá que dejar los discursos de lado y ponerse a trabajar.

Si no buscamos una actitud más comprometida con nuestros semejantes y con el entorno que habitamos, seguramente pagaremos las consecuencias de nuestras decisiones erradas

Igualmente, durante este novilunio observamos una figura geométrica que astrológicamente conocemos como “quincuncio cósmico menor”, y que se forma a partir del aspecto de quincuncio (150°) que hace Neptuno en Piscis a Mercurio en Libra, mientras que éste hace otro aspecto, de cuadratura (90°) a Plutón y a Júpiter en Capricornio, y estos a su vez forman un aspecto de sextil (60°) a Neptuno, construyendo así dicha figura. El hecho de que sea una figura menor no disminuye el poder de su influencia. Esta figura nos sitúa al final de un período, y más debido a los planetas implicados: Neptuno, Júpiter, Plutón y Mercurio, estando los tres primeros en su fase retrógrada. Estamos completando la salida, el cierre de un largo ciclo cósmico y por ello esta necesidad de purificarnos en todos los niveles. Habrá, como en todo, personas que no compartan esta visión y que hasta se burlen de ella. Pero realmente es un momento en el tiempo que pone punto final a una larga etapa de vida y a una manera de existir. Mercurio en Libra se erige en el árbitro de los conflictos, siendo a la vez juez, fiscal y abogado para que las diferencias concluyan y podamos continuar ya emancipados de cargas y bloqueos; también nos trae una oportunidad y nos promete un renacimiento, anticipando el advenimiento de una nueva primavera. Neptuno, el gran protagonista y dispensador de sueños y potencialidades durante este novilunio se da a la tarea de pacificar, mostrándonos cómo purgar nuestros malos humores, y en esa disolvencia construye un puente que nos impulsa hacia otras formas de establecer contacto con el interior y exterior de nosotros mismos. Por su parte, la tensión que sostiene Mercurio con Júpiter y Plutón es de índole aclarativa, y nos permite establecer la posibilidad de concretar acuerdos de larga duración, abiertos a mejorar las posibilidades vitales de todos, beneficiando también al planeta. Ciertamente esta figura geométrica representa una invaluable ocasión para transformar esas facetas negativas que nos limitan, patrocinando el surgimiento de un dinamismo creativo y regenerador.

Cabe destacar por otra parte que el planeta Urano, el cual empezó su período retrógrado el mes pasado, hace una cuadratura a Venus que ingresó en Leo hace unos días. Venus en Leo se da a los cuidados personales y busca el placer de los sentidos. Se vuelve hedonista, sabe arreglárselas para satisfacer sus ansias y no admite oponentes, pudiendo mostrar celos y hasta una expresión vengativa si se lo reta. Por su parte, Urano en Tauro vive en un mundo que pretende seguir siendo lo que ya no es, aun a sabiendas de que todo se está desmoronando a nuestro alrededor nuestro. Esto crea un rasgo individualista, incluso narcisista en nosotros y en nuestro ambiente; rasgo que habrá de calibrarse para seguirnos cuidando del virus que sigue suelto. Esta combinación astral nos afecta en la apreciación de saber que somos parte de un todo, y que cada pieza del rompecabezas que formamos es necesaria al conjunto. Si no buscamos una actitud más comprometida con nuestros semejantes y con el entorno que habitamos, seguramente pagaremos las consecuencias de nuestras decisiones erradas. Habrá quienes se erigirán en guías, pues intuyen que la gran mayoría se proyecta siempre en un líder capaz y carismático capaz de asumir decisiones, que proponga una dirección, un rumbo a nuestra existencia. Pero con esta combinación astral cualquier gurú que nos salga al encuentro querrá conducirnos a la realidad que predica, aunque a veces no tenga claro ni su propio sendero. Urano en Tauro también nos advierte de cierto sometimiento en los diferentes niveles, que va desde el físico hasta el emocional y psicológico. Primero debemos estar convencidos de nosotros mismos para saber si las promesas de estos gurús nos presentan caminos posibles o no antes de adelantar cualquier paso; y para llegar a ello se requiere de un profundo discernimiento, de un enorme sentido común, mismo que yace en el alma hermética y laberíntica de la constelación del Toro, el signo más terrenal de los terrenales.

En su lado negativo, Urano en Tauro hace del fundamentalismo su piedra angular, constituyendo regímenes autoritarios y absolutistas; pero en su modo más positivo nos permite extraer de la tierra su sabiduría ancestral, apoyados en un poder visionario que se traduce en comprensión, ideas prácticas y soluciones precisas. Sólo indagando con atención evitaremos ser confundidos en el “juego de las mascaradas” y descifraremos las intenciones oscuras de los discursos graves que surgen por todas partes. Si imploramos los dones de las diversas inteligencias congregadas ante la luz, que siempre será idéntica a ella misma (sólo existe la luz, aunque concentrada en diferentes intensidades) y si nos amparamos en ella, nos resultará evidente que existe un orden en el universo que no se escapa de sí mismo. Aceptemos los retos de esta coyuntura para acceder a un nivel evolutivo más prístino y sutil. Enfoquemos nuestra mente y con el poder de la visión interior inventemos metas que repercutan en un bienestar común duradero. Beneficiémonos, si es posible, de los principios de la Física Cuántica para ir más allá de las apariencias, ya que la libertad es un don invaluable, y junto con ella el libre pensamiento, la expresión creadora y el poder de la imaginación, que es el sostén y asiento de todo universo posible.

*Astrólogo mexicano. Consultas de Astrología, Tarot y baraja española.

http://facebook.com/ayubestephan

«ELIJO CRECER»

El libro para la vida plena de la best-seller Nadia Vado

En medio de la pandemia, la coach de vida nicaragüense y conferencista internacional, Nadia Vado, lanzó su primer libro nacido de su experiencia como madre enfrentada a impensables retos. En un solo día vendió mil ejemplares en Amazon

Por: Mónica García Peralta*

Nadia Vado con su esposo y sus tres hijos. Foto: Cortesía Revista Niú

Los primeros años en la vida de sus dos hijos mayores fueron de “sufrimiento y gloria”. Julio y Jacob nacieron con una condición genética que les provocó cataratas en ambos ojos. Los médicos pronosticaron ceguera permanente para ambos. Después de varios años de lucha y entrar 25 veces cada uno de ellos en un quirófano, Nadia Vado, madre de estos pequeños, se convirtió en coach de vida, conferencista, instructora de yoga, mindfulness y meditación. Y, recientemente, en autora del libro Elijo crecer: Principios y prácticas para una vida plena.

“Este libro se formó en mi mente hace varios años y hoy sale a luz de manera oportuna, en un momento crucial para la humanidad. A raíz de la pandemia de Covid-19, el mundo está cambiando de forma acelerada y existe una necesidad de adaptarnos y crecer interiormente para sobrellevar mejor los desafíos”, cuenta Vado, sobre el libro Elijo crecer.

Nadia Vado detalla que el libro pretende ser una guía práctica para quienes deseen crecer integralmente. “Será beneficioso para quienes anhelan entrenar su mente para el éxito, gestionar sus emociones para generar mayor bienestar emocional y fortalecer su espíritu para tener una vida más conectada al amor y a la abundancia”, dice. Su propuesta es enseñar a otros a “vivir de adentro hacia afuera, con la certeza de que cuando emanás de tu grandeza interior todo lo imposible se convierte en posible”, asegura.

La experiencia que dio vida a Elijo crecer

En 2009, Nadia Vado recibió a su primer hijo, Julio César. A los dos meses y medio de vida, los doctores le dijeron que muy probablemente él no llegaría a leer y que “teníamos que familiarizarnos con el método de Braille para no videntes”, recuerda Nadia en uno de sus post en redes sociales. El pequeño enfrentaba una condición genética que le provocó cataratas en ambos ojos. Sin embargo, hoy Julio César no solo es capaz de leer bien, sino que ya cursa quinto grado de primaria. Todo gracias a la fe y la firme decisión de no dejarse vencer, afirma Vado.

“Cuando vino nuestro segundo hijo Jacob, la sorpresa fue aún mayor, encontrar que había nacido igual que su hermano, nos conmocionó. Pero desde el comienzo lo aceptamos con paz y confianza. Sabíamos que era empezar de nuevo, pero esta vez con más fe y fuerzas”, explica Vado también en sus redes.

Cuando llegaron a ese punto, tanto Nadia como su esposo se dieron cuenta que algo no estaba bien genéticamente. Los estudios les confirmaron que existía un gen en su familia que afectaría los ojos de sus hijos varones, pero no de mujeres. “Sin embargo, como matrimonio siempre quisimos tener tres hijos y ese anhelo se mantuvo aun cuando conocíamos las posibilidades genéticas de un tercer hijo. Nos abrimos a la vida sin temor a pesar de como viniera nuestro tercer bebé”, que nació sano, detalla la coach.

Esta experiencia es parte de Elijo crecer. “En el libro narro muchas anécdotas de lo que nos ocurrió como familia y considero que pueden ser útiles para cualquier persona que enfrente dificultades, independientemente si tiene o no hijos. Abordo mucho el tema del desapego, la resiliencia y la necesidad de aceptar y abrazar todo aquello que no está en nuestras manos”, explica Nadia.

A quiénes les ayudará

“Cualquier persona que quiera iniciar un camino de sanación y desee vencer obstáculos se sentirá motivada a hacerlo”, al leer este libro, asegura la coach. Según Vado, su expectativa es que lo que escribió “llegue a donde tenga que llegar, a las manos de quienes lo apreciarán y sobre todo harán vida las herramientas y prácticas que sugiero”, menciona.

De acuerdo a la coach, el libro Elijo crecer contiene pautas y prácticas que mostrarán diferentes formas de:

  • Mejorar tu relación con uno mismo, con los demás y con las circunstancias que te rodean.
  • Darle mayor sentido a tu vida a través de la gratitud y el aprecio a lo simple y maravilloso.
  • Cultivar relaciones más sanas, armoniosas y conscientes.
  • Vivir con mayor libertad y paz interior liberándote del dolor y los apegos.
  • Elevar tu nivel de conciencia y responsabilidad emocional sobre tu pasado y presente.
  • Fortalecer tu mente y tu espíritu para trascender a una vida sin límites.
  • Actuar de forma más coherente a tus valores y propósito de vida.
Foto: Cortesía Revista Niú

Elijo crecer fue presentado oficialmente el 5 de septiembre en Managua en la Librería Hispamer Nicaragua y Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra. La primera edición contó con un tiraje de 600 ejemplares impresos para Nicaragua, la cual ya se agotó. En Amazon se podrá adquirir tanto en versión papel como en versión digital Kindle.

*Este texto fue publicado el 4 de septiembre en la revista Niú y reproducido aquí con su autorización. (https://niu.com.ni/elijo-crecer-el-libro-para-la-vida-plena-de-la-coach-nicaraguense-nadia-vado)

FOTO-PERFORMANCE DE LA PANDEMIA

Los autorretratos de David Silva

En nuestra nueva realidad covidiana, el reconocido artista visual mexicano nos sorprende con una nueva colección de lúdicos e ingeniosos barbijos, cuya virtud en estos días de peste es hacernos reír y reconciliarnos con el icono de esta pandemia: el cubrebocas

Por Morris Savariego*

Modelo Estilo Carpintero T/B CV 19

El arte del performance, también conocido como arte-acción, arte vivo   o happening, tiene como su ideal la creación de experiencias efímeras que cuestionan y desafían las formas convencionales de pensar la realidad.

Su esencia es multidisciplinaria y como tal, incorpora e integra disciplinas como la danza, el teatro, el video, la música, la fotografía, el circo, etc., valiéndose de múltiples medios, incluso las redes sociales.

A partir de su surgimiento en 1916, en los escasos diez metros cuadrados del Cabaret Voltaire en Zúrich, Suiza y ligado estrechamente al movimiento Dada, que dio origen al dadaísmo, el performance se ha desarrollado vertiginosamente fecundado por movimientos como el Futurismo, Fluxus, el Arte conceptual o The Living Theatre e impulsado por artistas de la talla de John Cage, Merce Cunningham, Alan Kaprow, Joseph Beuys, Marina Abramovic, Bob Wilson, Ai Weiwei o Laurie Anderson.

Alejandro Jodorowsky introduce en los años de 1960 el performance en México con el nombre de “Efímero pánico”, realizando en terrenos baldíos, en edificios en obra negra, albercas, en el patio de un manicomio e incluso en televisión. Fue célebre el Efímero de San Carlos en 1963 que quedó documentado con un relato y múltiples fotografías en su libro Teatro pánico editado en 1965.                                 

A partir de entonces, México ha sido terreno fértil para esta expresión artística y de aquí han surgido performanceras tan notables como Lorena Wolffer, María Eugenia Chellet, Rocío Boliver (La congelada de uva), Mónica Mayer, Teresa Margolles y el performancero pos mexicano Guillermo Gómez Peña, director de la tropa chicana La Pocha Nostra y autor de deslumbrantes ensayos como “En defensa del arte del performance” (2004).

Ahora, David Silva, artista visual de larga y brillante trayectoria, se suma a esta pléyade de performanceros con una serie de autorretratos en los que  encarna, con derroche de teatralidad, distintos personajes que modelan tapabocas absolutamente absurdos, imprácticos, inútiles o  imposibles de usar.

Multiplicándose él mismo en confinamiento y utilizando ingeniosos vestuarios y curiosos objetos caseros, siempre con el mismo encuadre, David Silva viene publicando, día con día, desde el 20 de abril, en su muro de Facebook, sus peculiares modelos como un lúdico ritual que reelabora, con una creatividad pasmosa, el icono fundamental de esta pandemia: el tapabocas.

El resultado es una delirante galería de personajes que a través de un sentido del humor y un ingenio inagotables, nos permiten burlarnos del popular enemigo invisible de la humanidad y pintarle cuernos.

Sus autorretratos consiguen la invaluable labor, en estos cruciales momentos, de permitirnos habitar jocosamente nuestra realidad ya no cotidiana sino covidiana, como la ha bautizado Isaac Abenchuchan en sus célebres aforismos también feisbuqueros.

Así que, señoras y señores, ésta es la tercera llamada para que gocen esta pequeña muestra de los más de cien modelos creados a la fecha por David Silva.

*Director y profesor de teatro. Email morriselmo49@yahoo.com.mx FB Morris Savariego

«Desaparecido»

A propósito del Día Internacional del Detenido-Desaparecido que se conmemoró el pasado 30 de agosto, publicamos este poema de la poeta y promotora cultural chiapaneca, Chary Gumeta, que habla de todas las huellas que han dejado las ausencias en una de las mayores tragedias que, de forma cotidiana, siguen impactando las vidas de miles de personas en México y América Latina.

Por Chary Gumeta*

Foto: Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México

Es verdad, Alejandro

no duermo como debe ser hace años,

arrinconé la vida junto a la cama

donde abrigué los sueños que ya no tienes.

Anoche escuché tu entrada

tarareando esa canción que solías cantar 

                                              /en las mañanas

corrí a tu encuentro,

mis ojos se toparon con tu ausencia.

Sí, Alejandro,

el aire se queja,

trae tu nombre entre murmullos,

vuelvo a recordar el día cuando saliste de casa.

Desconsolada por tu extravío,

el desaliento me apresa

mientras camino en medio de todo lo que existe.

Traigo a cuestas un sinfín de culpas,

como aquel día que fuiste a la cantina

y yo molesta

te insulté, ahora me arrepiento.

Alejandro,

estoy a solas en tu cuarto

mis lágrimas miran todo lo que tocabas

te gustaba esa camisa

ahora bien planchada cuelga de su gancho

la tomo entre brazos

imagino tu calor a mi lado.

Te fuiste,

no encuentro el camino de tus huellas

recogí hasta mi último paso

y no te puedo encontrar.

Alejandro, no desesperes

te sigo buscando.

Chary Gumeta (María del Rosario Velázquez Gumeta, Chiapas, México, 1962). Poeta y Promotora Cultural de Arte y Literatura. Ha publicado libros de poesía y de investigación histórica regional tanto en México como en otros países. Sus últimas publicaciones, en México: LLORAR COMO LA LLUVIA (Literatelia, México, 2019) y en el extranjero TAMBIÉN EN EL SUR SE MATAN PALOMAS (Ed. La Raíz Invertida, Colombia, 2019). Crea y dirige el fanzine YOMORAM JAYATZAME que promueve la literatura hecha por mujeres. Coordina el Festival Internacional de Poesía Contemporánea San Cristóbal. FB Chary Gumetea @charytecas

La Familia Ghee: una mirada hacia el machismo en cuarentena

A partir de investigaciones que revelaron que científicos hombres habían aumentado significativamente su productividad en cuarentena, mientras las mujeres redujeron el envío de artículos para revistas académicas, tres artistas crearon un cómic que muestra los cambios que el patriarcado impuso a la vida de las mujeres en estos difíciles días. Una historieta que aborda cómo, pese a lo nuevo acelerado por la pandemia, el machismo sigue ahí.

Por Mykaela Plotkin, Lara Ovidio y Johanna Thomé de Souza*


El distanciamiento social parecía vacaciones hasta que la estructura familiar se desmoronó. Esta es la trama de la historieta Familia Ghee, que se estrenó el martes 1 de septiembre. La historia, de 12 capítulos, sigue el formato de un diario.

Con tono declaradamente irónico, es protagonizada por una mujer casada y madre, que ve su dinámica de vida puesta en jaque cuando los protocolos pandémicos la obligan a dispensar a la empleada doméstica.

Las demandas de la casa -sumadas a la desigualdad de género- parecen eliminar su tranquilidad. La narrativa levanta reflexiones sobre la mirada al instinto materno, el machismo estructural, el aumento del número de divorcios durante la pandemia y la disparidad de la productividad de mujeres y hombres a lo largo del confinamiento.

Publicada en el perfil de Instagram @johannatds, la artista Johanna Thomé de Souza, la narrativa es firmada de autoría por el trío#furiacriativa, al cual también se incorpora Lara Ovídio y Mykaela Plotkin.

La historieta surgió a partir de las investigaciones que revelaran que científicos hombres habían aumentado significativamente su productividad en cuarentena, mientras las mujeres redujeron el envío de artículos para revistas académicas. Esta información despertó la mirada del trío para las transformaciones que el patriarcado impuso a la vida de las mujeres en la cuarentena, así como para el temor a que los derechos conquistados a lo largo de décadas se perdieran repentinamente.

Família Ghee es, así, una ficción, cargada de autocrítica y de sarcasmo que pretende contribuir para la reflexión sobre la igualdad de género en lo que ahora llamamos “nueva normalidad”.

El cómic se publica todos los días, desde el 1 de septiembre en esta dirección: https://www.instagram.com/johannatds/

*Johanna Thomé de Souza es ilustradora y diseñadora franco-brasileña. Mykaela Plotkin es cineasta y documentalista uruguaya. Lara Ovidio es fotógrafa brasileña. Todas, creadoras y productoras de proyectos creativos independientes.

Pandemia, resiliencia y sueños de la humanidad

El filósofo chileno reflexiona sobre las lecciones que deja el caos provocado por la pandemia y que ha motivado toda clase de fuerzas creadoras, adaptativas como diría Darwin, basadas en la teoría del «tirón gravitacional»

Por José Miguel Arteaga*

Imagen de WikiImages en Pixabay

Puede la pandemia desviarnos del camino o, tal vez, después del trauma
inducirnos a tomar un camino más deseable? Sin entrar en mayor hondura
sobre el camino y lo deseable, haremos una breve excursión sobre asuntos
en apariencia no relacionados con la pandemia para acercarnos a una
respuesta posible.

En un mundo crecientemente digitalizado el fenómeno físico llamado “tirón
gravitacional” (slingshot), propuesto por primera vez por el matemático e
ingeniero Giuseppe Colombo (1920-1984), adquiere en diversos campos
mayor relevancia.

En astronáutica se denomina “asistencia gravitatoria” a la maniobra
destinada a utilizar la energía del campo gravitatorio de
un planeta o satélite para obtener una aceleración o frenado de la sonda
cambiando su trayectoria.

Hoy se trata de una técnica común en las misiones espaciales destinadas
al sistema solar exterior. Para ahorrar costes en el cohete de lanzamiento se
diseñan complicadas trayectorias que hacen pasar la sonda por uno o varios
planetas antes de dirigirse a su destino final.

Se utiliza para frenar o acelerar sondas espaciales, o variar la dirección que
esta lleva, de forma que se reduce su tiempo de viaje o se reconduce su
rumbo. Dependiendo de la velocidad del objeto o de la distancia a la que este
pase del astro será atrapado en su campo gravitatorio, o despedido a una
dirección y velocidad diferentes.

En información, comunicación y marketing, una buena estrategia digital necesita crear un «tirón gravitacional». Las redes sociales obligan a las
empresas a buscar nuevas formas de llegar y fidelizar a sus potenciales clientes

En información, comunicación y marketing, una buena estrategia digital
necesita crear un «tirón gravitacional». Las redes sociales obligan a las
empresas a buscar nuevas formas de llegar y fidelizar a sus potenciales
clientes. El nuevo desafío es cómo tener influencia a distancia, escenarios en
que no sirven modelos del tipo campo de batalla o procesos biológicos. Para
lograr influencia a distancia debemos pensar en fuerza gravitacional, dejando
aparte la mecánica o la biológica.

La gravedad tiene cuatro atributos relevantes para una estrategia en la era
digital. Primero, la gravedad es una fuerza de atracción. Segundo, la fuerza de
gravedad ejerce influencia a distancia. Tercero, la fuerza de gravedad es
omnipresente. Cuarto, la fuerza de gravedad no es mecánica ni lineal, sino
exponencial.

¿Qué tiene que ver lo anterior con la pandemia mundial del coronavirus, que
ya suma 22,2 millones de contagios y 783.000 muertes en todo el mundo?
Una analogía desde esta perspectiva, entendiendo la pandemia como un
tirón gravitacional global, cuyo centro de gravedad sería el virus letal y el
objeto potencial de su influencia la población mundial, podría contribuir a la
comprensión de los procesos sociales y políticos próximos y futuros.

Comprender el escenario de la pandemia en estos términos podría ayudar a
entender mejor algunas cuestiones claves. En primer término, la aceleración
de procesos ya en curso, como la digitalización, la penetración de la realidad
virtual en la vida laboral y doméstica, la automatización, la mayor difusión y
uso de inteligencia artificial, la mayor presencia y cercanía del otro gracias a
la densificación del contacto digital pese al mayor distanciamiento físico, el
aumento del uso de metodologías de trazabilidad multidimensional sobre las
personas y su comportamiento, cambios en los patrones laborales, de
empleo e ingreso, redistribución de flujos globales financieros y comerciales,
acentuación de los ingredientes científicos y tecnológicos en la lucha por la
hegemonía mundial, etc.

El tirón gravitacional de la pandemia estaría no sólo cambiando la velocidad de procesos en curso, sino también cambiando el rumbo en cuestiones
decisivas, como podría ser el caso de un mayor énfasis en una vida más saludable, menos dispendiosa, y economías más amistosas con el medio ambiente, tecnologías limpias, matrices descarbonizadas, electro movilidad, protección de los recursos naturales

Otros procesos se desacelerarán, como podría ser el caso del patrón anterior
de globalización. Ya se observa una mayor valoración de la soberanía en
cuestiones no solo de salud sino estratégicas, como lo señaló Angela Merkel y
luego la Unión Europea, cuando acentuaron la necesidad de una Europa más
fuerte y soberana, privilegiando algunas industrias claves como la
automatización, la digitalización, la inteligencia artificial, la sustentabilidad.
El tirón gravitacional de la pandemia estaría no sólo cambiando la velocidad
de procesos en curso sino también, cambiando el rumbo en cuestiones
decisivas, como podría ser el caso de un mayor énfasis en una vida más
saludable, menos dispendiosa, y economías más amistosas con el medio ambiente, tecnologías limpias, matrices descarbonizadas, electro movilidad,
protección de los recursos naturales.

Hay algo que hace de este “tirón gravitacional” algo particularmente dañino y
doloroso. Desde luego no fue buscado ni deseado ya que hasta donde se
sabe es un fenómeno de origen natural. Sin embargo, cabe señalar que al
parecer la probabilidad de su ocurrencia aumentó y seguirá aumentando día
a día con la depredación de la tierra, la destrucción de los ecosistemas y en
general de las condiciones que hacen posible que florezca la vida en ella.
A diferencia del modelo físico conocido y utilizado en astrofísica, este tirón
gravitacional sería invertido. El centro gravitatorio poderoso que impacta con
su masa al entorno, a toda la población del planeta, no es de atracción sino
de exclusión o de expulsión. Es la muerte que porta el virus lo que golpea a la
población del mundo, obligando a huir de todo posible contagio, a
distanciarse de otros potenciales portadores, al cierre de fronteras, a
confinarse, a instalar barreras sanitarias, a enmascararse, a ocultar nuestra
presencia e identidad.

La muerte obviamente no es una fuerza de atracción como la gravedad. El
horror a la muerte es en la gran mayoría de los humanos una poderosa
realidad. El motor movilizador de la fuerza en este caso es tan poderoso
como la enorme fuerza de un astro gigante que se cruzara de pronto en
nuestra trayectoria de avance, en nuestra historia humana normal y
cotidiana, compleja y contradictoria, pero, pese a todo, funcionando. No es
un encuentro menor.

Esta fuerza negativa, la fuerza de la pura negatividad, es también como la
gravedad una fuerza omnipresente y ejerce influencia a distancia. Es también
una fuerza exponencial; a medida que se acerca crece su poder. Ha sido
reconocida por la filosofía en diversas ocasiones. Una de las más autorizadas
es la del idealismo alemán que piensa que lo negativo pertenece al ser.
Refiriéndose al “inmenso poder de lo negativo” Hegel dice que es la energía
del pensar. El mal pertenece a la esencia del ser. La vida del espíritu no es la
vida que retrocede ante la muerte y se mantiene pura frente a la desolación,
sino la que la soporta y se conserva en ella. Nietzsche habla de la grandiosa
iniciativa del idealismo alemán al concebir el mal como perteneciente a la
esencia del absoluto.

La pandemia pasará como un astro poderoso en nuestra trayectoria humana.
¿En la situación previa predominaba un exceso de positividad, como dijo el
filósofo germano coreano Byung-Chul Han? ¿Cómo medir ese desequilibrio?
¿Cómo detectar la necesidad de la negación? ¿Cómo invocarla? Los antiguos
acudían en situaciones parecidas al favor de los dioses. Han pasado muchos
siglos esfumando esas confianzas. Pero queda la inquietud de un eventual
autor detrás de todo.

El hecho que desconozcamos por completo esa autoría eventual, y hasta su
necesidad, no es suficiente para cerrar la interrogante. ¿Cuánto secretos d
la naturaleza desconocemos y no por ello cerramos la puerta a que algún día
encontremos sus causas y razones? ¿Cuánto sabemos y cuanto ignoramos de
las complejas y encriptadas formas en que la tierra cuida de sus creaturas?
No olvidemos a Heráclito: la naturaleza ama ocultarse.

Cualquiera sea la entidad que haya estado en su origen parece un valioso
aporte que la pandemia induzca a recortar la desmesura alcanzada por
nuestra arrogancia. Se llegó a afirmar con aplausos que nuestra especie
estaba próxima a la divinidad, pero vino la pandemia y nos aterrizó de golpe.
¡Qué lejos estamos de ese futuro idealizado! No quiere esto decir ni mucho
menos que no somos nada. Estamos lejos de ambos extremos.

Una de las mayores diferencias entre el tirón gravitatorio que sufrimosrespecto de la asistencia gravitacional en astronáutica, es que esta responde
a una cuidadosa planificación por parte de los ingenieros y matemáticos a
cargo de la misión. En nuestro caso la situación fue completamente distinta.
Todo fue repentino y no hubo tiempo para ninguna preparación. Una vez
ocurrida y vueltas las cosas a la normalidad posible, la fuerza gravitatoria
negativa de la pandemia buscará ser apropiada y aprovechada en primera
instancia por los grandes poderes terrenales, económicos y políticos, para la
conducción y engrandecimiento de sus proyectos y negocios.

Sin embargo, esta gran fuerza también está impactando a toda la población del planeta, dejando una huella profunda, un mensaje que quedará retumbando por
mucho tiempo y de esa manera imprimirá cambios esenciales en nuestro
comportamiento. Estos abrirán la puerta y catalizarán aspiraciones, sueños y
deseos de millones de personas en todo el mundo, reprimidos largamente
por el poder y la dominación, que serán favorables a una vida más sabia, más tranquila, más reflexiva, mejor. A la larga terminará influyendo y modelando
a esos grandes poderes en forma capilar, generando en ellos cambios
positivos respecto de sus actuales ambiciones y el contenido de su liderazgo.

Entre los grandes beneficios que podrían obtenerse parece estar la mayor
atención y relevancia que alcance la prevención y el control de los riesgos
existenciales de origen antrópico. La pandemia es una primera señal, patente
y potente, que generará profundas transformaciones. No podemos aún
estimarlas con mayor precisión, pero parece haber consenso que hará
posibles puntos de quiebre e inflexión en cuestiones decisivas. Este golpe
demoledor será una alerta global de un valor incalculable para toda la
humanidad, demasiado desatenta a los riesgos existenciales que nacen de los
desarrollos de punta científicos y tecnológicos, incontrolables hasta ahora
porque están en la raíz de los más grandes negocios, de la industria bélica y
de la lucha por la hegemonía en el mundo.

Por obra de la naturaleza esperamos que los procesos sociales espontáneos
se vayan acercando al cuidadoso cálculo de los científicos e ingenieros
encargados del lanzamiento satelital o de la sonda interplanetaria, que
utilizan la fuerza de los campos gravitatorios dentro del sistema solar para
orientar su nave hacia el destino elegido, minimizando sus costos, sus plazos
y la seguridad de su misión.

Invadidos por el miedo, la pandemia nos obliga a refugiarnos en la soledad de nuestro interior. De aquí van naciendo nuevas formas de vida, nuevos ideales, ideas de proyecto, nuevo ánimo para explorar y emprender. Poderosa virtud creadora de la destrucción

La fuerza que gravita en nosotros con la pandemia es una fuerza negativa que
nos llena de temor, nos induce al rechazo y a alejarnos de su acción. Ejerce
en contra nuestra una fuerza disruptiva y caótica. Sin embargo, esta destrucción genera más allá del vacío inicial, del miedo y el sentimiento de
vulnerabilidad, de la pérdida de seguridad y del sentido, una reacción
positiva, constructiva, ordenadora. Al vaciamiento inicial y al caos de la
destrucción le sigue la resiliencia, la reafirmación de la identidad, la apertura
de campos nuevos creativos, más aireados y fértiles, ámbitos de nacimiento
de nuevos tejidos de orden y sentido, enriquecidos con la experiencia de los
males antiguos y fertilizados por el renacimiento de las fuerzas del deseo y
las nuevas líneas abiertas por la reflexión.

Otro resultado positivo general es el aumento exponencial de nuevos
emprendimientos, vinculado no sólo con la necesidad de nuevas formas de
sobrevivencia y sostenimiento personal o de la familia. Este nacer y brotar de la vida emprendedora de millones proviene no solo del espacio liberado y
despejado que deja el obligado retiro de los grandes poderes modeladores
de la sociedad habitual, sino también del retiro en soledad que abre espacio
a una intimidad más virginal, habitualmente acallada y escondida dentro de
nuestras almas silenciosas. De esta fuente íntima nacen también los
emprendimientos e iniciativas económicas, así como el atrevimiento de
lanzarse a mercados liberados de la presencia dominadora de las grandes
empresas y marcas.

Este proceso es también una expresión de lo creativo que anida en toda
situación de caos, principio de toda acción creadora de las artes mayores y
menores. Invadidos por el miedo, la pandemia nos obliga a refugiarnos en la
soledad de nuestro interior. De aquí van naciendo nuevas formas de vida,
nuevos ideales, ideas de proyecto, nuevo ánimo para explorar y emprender.
Poderosa virtud creadora de la destrucción. El poder de lo negativo, el poder
que rompe los enlaces gastados y fosilizados del viejo orden, hacen posible la
aparición de nuevas combinatorias, nuevas formas del ser y la creación. Es el
trabajo de las enzimas, moléculas de naturaleza proteica que catalizan
reacciones posibles para acelerarlas, convirtiéndolas en cinéticamente
favorables para que transcurran a mayor velocidad, reduciendo la carga de
energía necesaria para romper viejos enlaces y abrir camino a las formas
nuevas, a nuevos ordenamientos, más eficientes y necesarios al desarrollo
del cuerpo biológico. No es demasiado arriesgado y puede ayudar a la
comprensión esbozar también aquí una analogía con el cuerpo social y sus
procesos de transformación.

El gran tirón gravitacional negativo de la pandemia estará actuando a nivel
molecular, a nivel de millones, en todos los ámbitos, acelerando los cambios
en base al sustrato existente en cada uno de los procesos, en cada sistema,
en cada institución. Habrá situaciones en que esas bases apunten a la
aceleración y otras al retardo de los procesos que conducen. La resultante
final en cada caso será la integral de esas intervenciones, lo que conducirá a
cambios no sólo de velocidad o dirección de los procesos sino también de
estructuras y funciones. El factor tiempo es imprescindible de considerar
dada la complejidad de todo cuerpo social y el grado de madurez o
preparación del salto a otra etapa en cada caso, de las fuerzas acumuladas
para gatillarlo rompiendo las barreras que mantenían fija la situación del
orden institucional anterior.

El golpe energético de la pandemia cataliza la transformación y abre la puerta
a formas nuevas, más acordes con el sustrato existente, con sus bases, sus
fundamentos, sus raíces, la tierra germinal de todo. Habrá sido necesario
pasar por el caos y el desorden; por la pérdida de confianzas y valores; por la
disolución de la base de credibilidad y seguridad con que transcurren
nuestras vidas en normalidad. Habremos entrado a tierra más fresca, más
aireada, más permeable, más flexible. A una vida más viva, más espiritual,
más soñadora.

*Filósofo chileno, Magíster en Economía y experto en Medio Ambiente.

Imagen de Mike Lacoste en Pixabay

RELATOS VIRALES / Cosas de la Luna

Ahora que tenemos más tiempo para alzar la vista al cielo y recordar que aún existe el firmamento, cabe dejarse envolver en el dulce aliento de la noche cuando la vida sabía a fresco de guayaba…

Por Luis Enrique Mejía Godoy*

Foto: Luis Barrón

1

Dios, arquitecto de sueños, espejos y laberintos, nos invita a los poetas a soñar o reinventar que la Luna es un barrilete con el rostro de una mariposa, un jaguar, o algo así como una canción para vencer el tedio. O una inmensa aspirina para quitarnos la resaca de un desamor, por ejemplo…

2

Alunizo en tu pecho. Navego en la tranquilidad del mar de tus ojos. Se llenan mis sentidos de diminutos cristales de colores. El dulce aliento de la noche me sabe a fresco de guayaba. La Luna se derrama sobre el patio como un bolero.

3

Ahora estoy claro. Treinta años después lo entiendo y se me paran los pelos. Aquella Luna de diciembre de la Managua del setenta y dos se hizo añicos entre las ruinas de la ciudad desaparecida. Nunca más tendremos una Luna tan hermosa como la que se apagó para siempre un veintidós de diciembre. Desde entonces, una ciudad llena de sombras y miseria duerme bajo una horrible luz de neón.

4

He visto la Luna llena en Japón, roja, como el sol de su bandera. Y en Holanda, rielando sobre los canales de Ámsterdam. La he visto en Nueva York y Ciudad de México, tosiendo sobre los rascacielos. Y en Moscú, blanca y desnuda sobre la Plaza Roja. Sé que es la misma Luna de Buenos Aires, zalamera y ronroneante, como un tango de Piazzolla. Y la de Santiago de Cuba, redonda y frágil, como un plato de china. O como la Luna de Río de Janeiro en febrero, blanquísima Luna de la negra diosa Yemayá. Pero la Luna llena, sobre de los cerros de mi pueblo, es la más hermosa y distinta de todas. Luna de pobre. Inédita, como una tortilla de maíz recién echada en el comal de la noche.

5

Es una manera bonita y barata de soñar, me dijo el barbero cuando le conté que yo había bautizado a una pareja de luceros con el nombre de su hija, Ana María, al recordar sus ojos negrísimos y parpadeantes, cuando aquel día, por primera vez, me fijé en ellos al verla venir de comulgar con las manos juntas y el pechito de palomita de San Nicolás, así levantadito, un Domingo de Ramos.

6

Yo le tengo miedo a la Luna llena -me dijo Pedro el joyero. Desde que vi la película “El hombre Lobo” no hay manera que me acueste tranquilo en noches de Luna, -me confesó. Mi mujer me ha dicho que dormido, a veces me da por aullar. Y yo le creo porque en esos días amanezco ronco… Pero ya fui donde el doctor Herrera y me recetó un té de floripón, para que me distraiga el sueño…”

Pero a la mujer de Pedro, la Candelaria, lo que le quita el sueño son esas enormes uñas que a Pedro el joyero le crecen en noches de Luna llena y con las cuales le rastrilla suavemente la espalda, y ya no digamos, ese llantito, como de lobo consentido, cuando hacen el amor bajo la Luna, en medio del traspatio.

7

El único que logró tener su propia Luna en el pueblo fue Paco Loco. Que de loco no tenía nada. En su casa del cerrito, dentro de un tinajón con agua del río hasta la mitad, metió la Luna llena y tapó el tinajón con un gran guacal. Allí la guarda sólo para él y su mujer. Pero ella dice que le gusta más cuando está tiernita y sólo ve la astillita de una Luna temblorosa al fondo, donde también brillan sus ojos.

*Compositor, cantautor, narrador y pintor nicaragüense (Somoto, 1945), es uno de los más importantes músicos de Nicaragua y América Latina. Está exiliado en Costa Rica a causa de la dictadura de Daniel Ortega. El presente texto es parte de su libro Cuentos y relatos breves, Centro Nicaragüense de Escritores.

FB / IG  luisenriquemejiagodoy.com

Documental“Coronation”: Pekín controló el virus, pero recrudeció la represión

El filme del artista chino Ai Weiwei, quien reside en Cambridge, muestra cómo un Estado autoritario como China manejó eficazmente la crisis por Covid-19, aunque maquilló cifras y datos, y fortaleció su poder

El cineasta Ai Weiwei, director de importantes filmes de perfil humanitario como «Marea humana». Foto: Especial

Por Irene Selser*

A diez meses del inicio de la pandemia ni el gobierno de Pekín ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) han dado una respuesta sobre el origen del brote del coronavirus SARS-CoV-2 (el SARS-CoV-1 también surgió en China, en la provincia de Cantón, en 2002). A comienzos de agosto, una visita de dos semanas a China de dos expertos de la agencia de Naciones Unidas, concluyó un acuerdo con el régimen de Xi Jinpin para cooperar en la investigación de rastreo del virus, según anunció el 4 de agosto el Ministerio de Exteriores chino. Se trata de identificar la posible fuente animal, el huésped intermedio y la ruta de transmisión de la nueva y letal enfermedad.

Como sabemos, el virus se detectó por primera vez en la ciudad de Wuhan, en el centro de China, a finales del año pasado, y se relacionó con un mercado de productos marinos donde se comercializan además animales silvestres, no aptos para el consumo humano.

Desde un inicio, científicos afirmaron que posiblemente el nuevo coronavirus pasó de un murciélago –muy gustado en la dieta de los chinos– a los humanos a través de una especie intermediaria, también silvestre, posiblemente el pangolín, un solitario y pequeño mamífero en riesgo de extinción y el más traficado del mundo por su explotación en Asia y África como alimento y con fines medicinales.

Ni China ni la ONU indicaron cuándo comenzarían las pesquisas, aunque Pekín ya adelantó que la investigación completa debe esperar “hasta que la pandemia esté bajo control”, al tiempo que ha rechazado las acusaciones de que retrasó el envío de información a la OMS al inicio del brote, controlado con evidente éxito y celeridad, no obstante las críticas al despliegue represivo.

De esto último trata el más reciente documental del artista chino Ai Weiwei, residente durante años en Berlín y en la actualidad en Cambridge, Gran Bretaña. Se trata de “Coronation”, un documental filmado el tiempos del brote por camarógrafos de Wuhan, en su mayoría aficionados, dirigidos a distancia por Ai Weiwei, el reconcido cineasta (Pekín, 1957), autor entre muchas otras películas de “Human Flow” (Marea humana, 2017), filmada en 23 países y que aborda la catástrofe humanitaria de los millones de refugiados y desplazados por guerras, hambrunas o conflictos.

El material fílmico de “Coronation” fue recopilado por ciudadanos de Wuhan y en él se muestra la dureza y brutalidad con las que el Estado chino cerró la ciudad e impuso la cuarentena, desde diciembre pasado hasta comienzos de abril.

No obstante, y como señala el propio cineasta en entrevista con la agencia alemana Deutsche Welle (DW /https://www.dw.com/es/ai-weiwei-fue-una-buena-decisi% /a-54717746/27-08-20), las fuertes medidas fueron eficaces para frenar la propagación del virus.

Fue una buena decisión cerrar Wuhan, pero no se debería haber llegado a bloquear, literalmente, las puertas de las casas, a encarcelar a muchos y a ocultar la verdad sobre la situación. Eso hizo que se desatara el pánico

Con “Coronation”, Ai Weiwei intentó obtener un conocimiento más profundo sobre un suceso nuevo y desconocido como es la actual pandemia. Así lo hizo también con el terremoto en la provincia china de Sichuan, en 2008, y durante la crisis de refugiados, en 2015.

“Quería entender a China y al pueblo chino de primera mano y experimentar cómo reaccionaban ante el coronavirus. Bajo estas circunstancias dramáticas se puede entender mejor la política y la humanidad de todas las sociedades”, afirmó el artista a DW y destacó que, a pesar de no estar en el sitio de los hechos, “con la tecnología actual es posible rodar una película desde un lugar distante”.

Agregó que “el desafío más grande para un director al enfocarse en un tema es el concepto. En el filme se ve que jóvenes enfermeras y enfermeros, médicos y otros trabajadores de la salud llegaron en pocos días a Wuhan. China es, tal vez, el único país que pudo lograrlo con esa rapidez y vehemencia”.

La película muestra cómo el Estado levantó la infraestructura necesaria, inclusive los hospitales de emergencia, y dotó a los trabajadores del equipo necesario. “Esos detalles me sorprendieron, y son una revelación acerca del comportamiento humano en un régimen autoritario”, dijo el artista.

Pero también, añadió, “pudimos mostrar cómo el régimen reclutó a esos jóvenes para el Partido Comunista y las ceremonias que tuvieron lugar después de que el confinamiento fuera levantado. Esos momentos positivos, objetivamente vistos, de un Estado controlado por medios fuertemente autoritarios son difíciles de filmar”.

La cinta también muestra cómo a un trabajador de la construcción, que llegó a Wuhan para apoyar las tareas de emergencia, se le prohibió abandonar la ciudad. Dice Ai Weiwei que el joven trató de orientarse a través de “la típica burocracia kafkiana” para poder salir. Lamentablemente, más tarde nos enteramos de que, si bien Meng Liang pudo volver a su hogar para estar con su familia, se suicidó ahorcándose porque tenía problemas económicos. Una historia, tan trágica como banal, sobre la vida en estos tiempos”.

Sobre cómo hizo para que sus camarógrafos se mantuvieran seguros durante la filmación, el productor destacó que, si bien no podía garantizar la seguridad de nadie, todos los días daba indicaciones, aunque cada uno tenía la libertad de filmar como lo consideraba más seguro. “Todos fueron equipados con vestimenta de protección y se les dieron los protocolos necesarios. Sin embargo, las filmaciones eran muy peligrosas. Por eso les pedimos a los que participan en ellas que enviaran todos los días el material fílmico por internet, para protegerlo. La mayor parte de los camarógrafos no son profesionales, y trabajaron allí por primera vez en una película”.

Conocido por sus críticas a China por su política represiva, Ai Weiwei consideró en este caso que, “como Estado autoritario, China fue uno de los países que manejó más eficazmente un desafío tan grande como es la pandemia. Para hacerlo, el régimen reprimió fuertemente los derechos humanos, los derechos individuales, la esfera privada y la voluntad individual de las personas. En el fondo, China se apropió de la libertad de todas las personas y así fortaleció su poder. Esa es la característica fundamental del veloz desarrollo de ese país, y funcionó muy bien durante los últimos 30 años”.

Asimismo, agregó, “China ha creado una sociedad que no tiene confianza en absoluto en quienes la gobiernan, el partido gobernante nunca obtuvo su legitimación a través del reconocimiento del pueblo, sino, en realidad, a través de la fuerza policial, la propaganda agresiva y la censura en la información. El Estado chino y sus habitantes no confían el uno en el otro, pero al Estado hay que obedecerle porque éste mantiene el control por medio de la ley y la violencia”.

No obstante, para el cineasta “fue una buena decisión cerrar Wuhan”. Recordó que en el gigante asiático hay otras 100 ciudades de tamaño similar al de Wuhan, la tercera en importancia del país. “Si no se hubiesen bloqueado los ingresos y salidas del epicentro de la pandemia, hoy estaríamos viviendo una verdadera catástrofe humanitaria”.

“Al mismo tiempo –prosiguió– no se debería haber llegado a bloquear, literalmente, las puertas de las casas, a encarcelar a muchos y a ocultar la verdad sobre la situación. Eso hizo que se desatara el pánico. Antes de que las autoridades cerraran Wuhan, el 23 de enero, hacía uno o dos meses que sabían que el coronavirus se contagia entre humanos. Pero maquillaron las cifras de contagios y de muertes por Covid-19”.

En medio de la incertidumbre generada por la pandemia, el colapso de la economía mundial y las nuevas formas de aprender a coexistir con el Covid-19 –otro reto para la adaptabilidad darwiniana del Homo sapiens–, Ai Wiewie se dice “muy pesimista sobre lo que aprenderemos de ella. Pienso que las cosas volverán a la normalidad, que las personas simplemente se sacarán sus mascarillas y las tirarán a la basura. No creo que la gente aprenda, en general, mucho de esto. Incluso si han aprendido algo, seguirá siendo algo superficial, como lo es en el caso de China”.

Queda esperar el veredicto de la ciencia sobre el nuevo coronavirus, cuando la administración Trump insiste en acusar al Instituto de Virología chino de Wuhan, a algunos kilómetros de la ciudad, de ser el responsable de la pandemia que azota al mundo. El 25 de mayo, la directora del centro, Wang Yanyi, rechazó la versión de Estados Unidos de que el nuevo coronavirus se habría “escapado” de dicho centro de análisis, aunque reconoció que tienen para su estudio tres cepas vivas de coronavirus de murciélago, pero según ella ninguna corresponde a la enfermedad Covid-19. 

 «Como todo el mundo, ni siquiera sabíamos que el virus existía», declaró Wang Yanyi a la televisión pública china CGTN en una entrevista difundida el domingo 24 de mayo.

“Por lo tanto, ¿cómo podría haberse escapado de nuestro laboratorio?”, se interrogó Wang Yanyi, catalogando las sospechas de «pura invención». Admitió que el Instituto «había aislado y obtenido algunos coronavirus a partir de murciélagos”, pero “la similitud con el virus de la enfermedad Covid-19 «es de sólo 79.8%».

Repetidamente, tanto el presidente Trump como su secretario de Estado, Mike Pompeo, han dicho que sospechan que el virus que se detectó por primera vez en Wuhan fue liberado de alguna manera del laboratorio, lo que ha sido rechazado invariablemente por Pekín.

Vista aérea del laboratorio P4 en el Instituto de Virología de Wuhan. Foto: Especial

*Periodista y traductora, coordinadora editorial de Diarios de Covid-19. FB Irene Selser.