Velada a la luz de la muerte: la ceremonia de «La Alumbrada» en San Andrés Mixquic

Después de haber sido suspendida en 2020 debido a la pandemia, la tradición de «La Alumbrada» volvió a San Andrés Mixquic, uno de los siete poblados de la alcaldía Tláhuac, en la Ciudad de México. Miles de personas llegaron a una de las fiestas más famosas del Día de Muertos y que también, este año quedó marcada por el feminicidio de una habitante de la alcaldía, Ceshia Chirinos, madre de dos hijos y asesinada por cinco personas, entre ellas, su esposo.

Por Luis Barrón y Adriana Esthela Flores

La conmemoración del Día de las Almas en San Andrés Mixquic se dividió en tres escenarios: por un lado, la fiesta, los ríos de personas -algunas, del extranjero-que acudieron a la celebración tradicional que ha puesto a este pueblo, de la alcaldía Tláhuac, en el mapa internacional. Las familias de quienes están enterrados en el cementerio de Mixquic acudieron desde la mañana a colocar flores de cempasúchil sobre las tumbas, a limpiarlas, adornarlas con globos y sentarse a esperar el atardecer para encender los cirios e inciensos e iniciar el ritual del recuerdo bañado de humo. Fue un ritual que les esperaba desde el año 2019 y no pudieron realizarlo el año pasado, debido a las restricciones de la pandemia. Por eso, la apertura del cementerio provocó que miles de personas acudieran a visitar el cementerio a formar parte de «La Alumbrada», con la que los deudos van iluminando el camino de los muertos.
Autoridades aplicaron medidas de higiene como el gel antibacterial y la obligatoriedad del uso de cubrebocas, y también instalaron un pasillo junto al cementerio para que visitantes pudieran observar la ceremonia, sin saturar el lugar.

El otro escenario estaba afuera, en la plaza del pueblo. Mientras que, sobre un templete, grupos musicales entonaban canciones como parte de la Fiesta de Mixquic, una pancarta en el kiosco exigía justicia por el feminicidio de Ceshia Chirinos, 37 años de edad y madre de dos hijos, asesinada el 1 de octubre junto a una clínica comunitaria de la localidad. Según las investigaciones, Ceshia fue asesinada por cinco personas, entre ellas quien fue su pareja. Hasta ahora, solo ha sido vinculado a proceso uno de los implicados, llamado Alexis «N».
«Ni todo el cempasúchil alcanza para guiar a todas las que nos arrebataron», indicaba un letrero en el altar único montado para Ceshia, víctima de feminicidio: «Vivas las queremos».

El tercer escenario estaba no muy lejos a la distancia, pero sí en cuanto a la atención: era el cementerio de Tetelco, a solo dos kilómetros y medio del popular panteón de Mixquic, pero totalmente invisibilizado en el foco mediático. Aún tiene áreas sin tumbas y la gente miraba, con recelo, a las personas que tomábamos fotografías o video. Adentro, entre la música de banda y las reuniones de familias que brindaban al pie de la tumba a la salud de sus seres queridos, resaltaban los globos, papeles de colores y figuras de superhéroes sobre los sepulcros de las y los bebés cuyos epitafios resumían en una sola línea -como en el nombre de Zoé Sase Maldonado- la huella de un dolor interminable: «Nació y falleció el 11 de julio de 2014».

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¿Cómo acompañar en el duelo?

En esta columna, la tanatóloga comparte recomendaciones para acompañar a una persona que está en duelo, una actividad difícil al vivire inmersos en una sociedad que rechaza mostrar sentimientos como la tristeza, el enojo y la culpa.

Por Claudia Guillén Dávila*

Foto: Horacio Zamora. Reportero Gráfico / Canadá – Instagram @hozs79

Los duelos duelen. Y no se puede hacer nada para desaparecer el dolor emocional de una persona. Sin embargo, sí podemos acompañarle en su dolor.

No es fácil acompañar a una persona en duelo, porque desde pequeños nos han enseñado que es inapropiado mostrar los sentimientos de dolor. Mostrar sentimientos como la tristeza, el enojo y la culpa no son aceptables en nuestra sociedad y por ello, cuando una persona expresa sentimientos de dolor, nos incomodamos y no sabemos cómo actuar.

Acompañar significa ir junto a una persona, ir al mismo paso. Es estar allí compartiendo tu tiempo; saber estar con tu oído, con tu hombro, con tu corazón.


¿Cómo puedo acompañar a una persona que está atravesando una pérdida?

• No juzgar: no minimices el dolor del doliente diciendo que no es para tanto. Evita el uso de frases que no son útiles, por ejemplo: “ya tendrás más hijos”, “Dios no te da más de lo que puedes soportar”, “ya conocerás a otra persona”, “compra otra
mascota”, “conseguirás otro empleo”. Si bien hacemos estos comentarios de manera bienintencionada, hacen sentir a la persona incomprendida y abandonada en su dolor.

• No le digas cómo debe sentirse: “no te sientas mal”, “no estés triste”, “no llores”, “anímate, trata de sonreír”.

• Valida y permite que exprese sus emociones: permítele llorar si el doliente lo necesita,déjalo estar triste; puedes utilizar frases como “no me puedo imaginar cómo te sientes”, “está bien si necesitas llorar”, “está bien que te sientas triste/enojado, yo
también lo estaría”. Es necesario que el doliente pueda expresar sus emociones en esta adaptación a su nueva realidad que puede ser dolorosa y confusa.

• No apresures su proceso de duelo: la mayoría de las personas quieren volver a toda prisa a la “normalidad”. Sin embargo, todo proceso toma su tiempo y acelerarlo puede ocasionar que la persona retrase la aceptación. Todo duelo necesita tiempo para sanar.

• Escucha su historia con amor las veces que necesite contarla, hazlo sentir escuchado; no cambies el tema o invadas con tu necesidad de hablar. Quienes sufren desean y necesitan ser escuchados. Ante la duda de qué decir, el silencio es el mejor aliado; es más conveniente que decir las palabras incorrectas. Puedes admitir con sinceridad que no sabes qué decir, pero que estas allí para escucharle.

Todos los duelos no elaborados o sanados tienen como base emociones que no fueron comunicadas y que se acumularon a través del tiempo.

“Por favor sé gentil conmigo, porque estoy haciendo mi duelo. El mar en el que nado es solitario y las costas parecen estar lejanas. Cuando intento enfrentar cada día ondas de dolor empañan mi alma”. (Jill B. Englar).

*Tanatóloga. Máster en Tanatología, Duelo y Sentido de Vida.
FB: Claudia Guillén – Tanatóloga. Correo: clauzdavila@gmail.com

¿Puede la política ser propositiva?

En este texto, la autora propone algunos pasos de la metodología para alcanzar «la felicidad colectiva» desde la doctrina del Pensamiento Propositivo. Una de sus premisas es que la felicidad pasa por ejercer una influencia positiva y propositiva teniendo como base el uso del poder de forma equilibrada, mientras que la política negativa no hace más que ir por las sombras y abusar del poder.

Por Marayira Chirinos*

Avenida en Caracas. Foto: José Antonio «Cheo» García


Soy politóloga de profesión desde hace 21 años, y aunque mi vida profesional se ha desarrollado en el campo comunicacional, siempre he sido una preocupada por el quehacer político del país y del mundo, y por el rescate de la tan necesaria y siempre golpeada ética política.

Mi área de acción doctrinal es el propositivismo, y es por esa razón que, partiendo de sus premisas, en este artículo de pensamiento propositivo hago un ejercicio mental que sugiera la existencia de una política propositiva, con propósito y propuestas, que no se convierta en retórica militante dañina.

La reflexión sobre la política siempre es un asunto de difícil descripción y en Venezuela, de un tiempo para acá, es objeto de animadversión, cuando lo ideal es que se mantenga en el terreno del debate de altura y la reflexión constructiva. La utilidad de la ciencia política es amplísima, no solo como disciplina académica y profesional, sino como acepción positiva de la vida en sociedad, que conduzca a la plenitud y felicidad. ¡Si! Felicidad, aunque suene o se lea utópico.


Ahora bien, Aristóteles decía que el bien supremo del hombre es la felicidad, y que esta es la máxima virtud. Sin embargo, la política existió previamente a la Grecia clásica, es decir, antes del pensamiento aristotélico, por lo que esa condición no es intrínseca a los comienzos de la política vista como las relaciones de poder, implícitas o explícitas, sino que trasciende a ella para conducir a un bien vivir y debemos saber aplicarla.

Para la comprensión del pensamiento propositivo los modelos referentes siempre han sido de gran ayuda, y las diferentes concepciones en torno a un ideal de la felicidad se hacen necesarias siempre y cuando conduzcan al perfecto equilibrio emocional no solo del individuo, sino de un colectivo. Felicidad comprendida desde la integralidad que trasciende los estados emocionales de alegría y satisfacción.

Es por eso que alcanzar esa felicidad colectiva pasa por ejercer una influencia positiva y propositiva teniendo como base el uso del poder de forma equilibrada, mientras que la política negativa no hace más que ir por las sombras y abusar del poder. Nada que no sepamos, vivido o padecido.

Está clara la ausencia de métodos únicos para hacer política y establecer esos principios y propósitos que orientan la formación politólogica. No obstante, por aquello de la reingeniería en muchos ámbitos, me atrevo sin reservas a establecer como opción una metodología que, al igual que otras, se enmarque en principios y propósitos de carácter universal como la libertad, la igualdad, la justicia, la pluralidad, la ética, la heterogeneidad, la cientificidad y el profesionalismo, pero a la que se le sume la tolerancia, el respeto, la reconciliación y el liderazgo propositivo. 

La escuela de pensamiento propositivo aplicada a la política supone una lista importante de principios, si bien por límite de espacio se numerarán algunos que considero prioritarios para reflexionar sobre esos pasos a seguir.

Primero, la existencia de un clima de tolerancia que presupone respeto a las diferencias y complementariedad para el alcance de objetivos comunes. 


Segundo, el establecimiento de una “educación en reconciliación”, comenzar desde la familia e incluso en la educación formal en las escuelas. Esto sugiere “evitar el sesgo cognitivo que impera cuando nos rodeamos de personas que solo piensan igual a nosotros, lo que inhibe el reconocimiento del que piensa distinto”. No olvidemos que el juego amigo-enemigo ha hecho mucho daño a la posibilidad de la reconciliación entre las partes en conflicto.

Por último de esta primera lista está la creación de líderes propositivos que sepan medir la oportunidad para ejercer su liderazgo, sin sentirse amenazados por propuestas adversas.

Existe mucho por decir y hacer sobre pensamiento propositivo en el campo de la política, hace falta verdadera voluntad en la búsqueda del santo grial: la felicidad colectiva. ¿Estamos preparados para ello? ¡Demos el primer paso! 

*Politóloga, periodista y locutora. Mamá de Sara, Samuel y Abraham.
**Agradecemos al diario El Universal de Venezuela por la difusión de la columna, que reproducimos aquí con el permiso de la autora.

La mirada. Reflexiones sobre los sentidos y la pandemia

En la segunda entrega de ensayos sobre la relación entre los sentidos y la pandemia, la autora reflexiona sobre la mirada, partiendo de la forma en que pobladores de la comunidad de Puerto Berrío, en Colombia, adoptaron hasta el grado de convertir en deidades a personas a las que nunca vieron en vida. «Mirar se transforma en el catalejo que los navegantes en altamar utilizan para señalar, identificar y etiquetar nuevas tierras. La pandemia, en particular las actividades profesionales y sociales realizadas por medio de distintas plataformas virtuales, lleva al extremo esa instrumentalización de la óptica.»

Por Mariana Mora*

Ilustración: Lorenza Reyna Soto

Desde hace más de tres décadas, por las aguas del Río Magdalena en Colombia fluyen no sólo peces y sus pescadores, sino cadáveres. Las aguas que alimentan a los poblados colindantes se transforman en una fosa común flotante. Para los habitantes de uno de esos pueblos, Puerto Berrío, resultó insoportable ver los restos de otras personas descomponerse a las orillas del río, junto a las hojas, troncos, ramas y demás objetos que navegan por las corrientes. Empezaron a recoger a los en-en, a los no identificados de la guerra, y a bautizarlos con nombre y apellido para después sepultarlos. Les nació la necesidad de adornar y cuidar sus tumbas, de reconocerlos como ánimas. Con el tiempo, los espíritus adoptivos se transformaron en deidades con poderes capaces de hacer milagros e incluso de crear situaciones de venganza. Las atenciones a estos muertos del olvido establecen las pautas y los ritmos del pueblo. Su presencia imprime el espacio. En el pabellón hay un lugar dedicado exclusivamente a ellos. Cada lunes se les hace una misa especial a los difuntos sin nombre. Y una vez al año el animero de Puerto Berrío saca a las almas a pasear por las calles. El recorrido silencioso absorbe todo el entorno, hasta el relinchar de los caballos. Las familias adoptan a sus “muertos del agua” como encargo temporal sin fecha de entrega. Al hacerlos suyos dotan de vida a los que en esencia nunca han visto, ni verán.

La periodista Patricia Nieto relata en su libro Los escogidos, cómo el convivir con las ánimas reconforta e ilumina distintas aristas de vidas precarias trastocadas por la violencia. Incluso para algunas familias en Puerto Berrío, enterrar al ser querido de algún desconocido resulta lo posible y lo digno cuando la misma guerra imposibilitó que ellos sepultaran a los suyos. El relato extraordinario de Nieto afirma que los profundos quiebres en lo cotidiano, provocados por situaciones extremas como una guerra —o una pandemia—, obstruyen hasta las formas de honrar a nuestros muertos. Sin embargo, entre las fisuras se asoma el impulso de reinventar lazos de convivencia con ellos, de recrear formas de despedida para atender y cuidar a los que ya se fueron, aun cuando son anónimos. 

Los profundos quiebres en lo cotidiano, provocados por situaciones extremas como una guerra —o una pandemia—, obstruyen hasta las formas de honrar a nuestros muertos. Sin embargo, entre las fisuras se asoma el impulso de reinventar lazos de convivencia con ellos, de recrear formas de despedida para atender y cuidar a los que ya se fueron, aun cuando son anónimos. 

“Cuando ingresó al hospital ya no me dejaron volver a verla. No me pude despedir de ella, ya no la pudimos volver a ver.” Entre todos los dolores que la pandemia deposita sobre nuestras espaldas, el impedimento de la despedida y ese último intercambio de miradas es quizás uno de los que más pesa. Imposibilita afirmar las relaciones que nos constituyen. Aunque no nos volvamos a ver, estás conmigo, yo estoy contigo. No estás sola, ni yo estoy sola sin ti. Ver a los nuestros es parte de lo que el cuerpo pide para incorporar lo incrédulo. El no poder volver a verle transforma la muerte en una frase diluida, en puntos suspensivos. Obliga a metamorfosear los duelos. 

En los peores momentos de la segunda ola de covid en México me perdí entre llantos, ya no sabía para quien estaba llorando. Mis lágrimas literalmente se secaron, se calcificaron. Sentía el rastro salado sobre mi piel, sin que nada remojara mis cachetes. Estaba tan inmersa en el dolor que un día dejé la estufa encendida. 

El agua se evapora de la tetera, se consume sin que adentro permanezca líquido alguno. El ardor se sigue expandiendo. Todo quema, quema todo. Cuando por fin regresa la calma busco en la mente imágenes de mi tío Pepe, mi amigo Jorge, mi tía Carmen, de Alejandra y Rosaura, hermanas de mi pareja Luis Felipe, de mi colega y maestra Leith. Cierro los ojos, inclino la cabeza para percibir más allá de los que tengo o ya no tengo enfrente. Me dejo llevar por la filtración acuosa que humedece de vida las despedidas. 

* * *

El arquitecto y filósofo Jean Robert fue otro de los que se nos fue en la pandemia. Suizo de nacimiento, mexicano por convicción, compañero de vida de la feminista y psicoanalista Sylvia Marcos, mantuvo una ética política que le permitió teorizar con los pies en la tierra. Su partida no fue por causa del virus, sino que se debió a esas muertes que caminan a paso de caracol y que, al igual que una plaga de insectos, pueden llegar a invadir el jardín entero. En septiembre de 2020, pocas semanas antes de su partida, desde nuestra Red de Feminismos Descoloniales, le organizamos un homenaje en vida. Por obvias razones se dio de forma virtual.

A pesar de que Sylvia es una feminista hecha y derecha, una experiencia amarga con los feminismos de la década de 1980 marcó tanto a Jean que él contemplaba desde una sana distancia los espacios políticos de su amada. Recuerda Sylvia que en ese entonces a Iván Illich—amigo, maestro y cómplice intelectual de Jean— lo invitaron a presentar su ensayo, Género vernáculo en la Universidad de Berkeley, en California, Estados Unidos. El evento se convirtió en un juicio abierto en su contra, promovido por un grupo de académicas, quienes discutieron su ensayo sin dejar hablar al autor invitado, mucho menos defender sus ideas. Sylvia considera que esta actitud fue el reflejo de un tipo de feminismo que en ese entonces insistía en abrir brechas y apropiarse del habla, silenciando y expulsando a los hombres. La dinámica del momento le provocó tal impacto a Jean que su acercamiento con el mundo de Sylvia fue durante mucho tiempo indirecto, transcurrió desde lo imperceptible, se alimentó de fuentes subterráneas. El homenaje virtual permitió elevar esa sensibilidad subyacente que unía a ambos. 

Cada una de nosotras eligió un texto de Jean para comentar y reflexionar a partir de nuestras propias miradas. Desde su casa de Cuernavaca, él nos escuchaba atento y cuando Sylvia dejaba el micrófono de su computadora encendido, resonaban sus comentarios de entusiasmo. Quisiera pensar que percibía cómo sus ideas dejaban ecos, y aún siguen rodando por veredas inesperadas. Son y ya no son suyas, ya no son y al mismo tiempo son parte de su ser.    

¿Cómo fue que todo lo sensorial, que absorbe e interpreta el cuerpo, se volvió algo externo al cuerpo mismo?  ¿Por qué la mirada se volvió sinónimo del acto de ver y los ojos se transformaron en un simple instrumento que registra la realidad? ¿Qué implicaciones tiene esto frente al sobreuso del acto de ver en la pandemia?

Debo confesar que me intimidaba mucho el ejercicio propuesto. Qué tremenda responsabilidad es comentar la obra de una persona cuya salud se encuentra en un estado crítico. Pero también me sentía profundamente insegura respecto a mi capacidad de elaborar ideas y de poderlas comunicar con algo de coherencia. Luis Felipe, Camilo, nuestro hijo y yo nos habíamos enfermado de covid pocos meses atrás. Cada célula de mi persona se había volcado a nuestra recuperación y a mantener el barco a flote. Ahora reconozco lo equivocada que estaba en ese momento en desasociar las tareas del pensar de los pequeños actos de cuidar. Sentía que tanto enfoque puesto en lo que posibilita la supervivencia inhabilita el gesto reflexivo. Por lo mismo, escuchaba presentaciones en línea, pero no me atrevía a participar. Me sentía demasiado expuesta, un rostro en la pecera, incapaz de escabullirme de las miradas ajenas, e incluso de la mía. Por lo mismo elegí un texto pequeño, el que me parecía el menos intimidante. Uno sobre la mirada. Se ha escrito tanto respecto a este sentido privilegiado que consideré que el tema era una elección de bajo riesgo, no había expectativa de que yo aportara una idea propia medianamente relevante. Nunca me imaginé que un año después le seguiría dando vueltas al contenido del ensayo elegido. 

Jean Robert, al igual que Iván Illich, se preguntaba por los procesos sociales e históricos desde los cuales las “cosas” se hacen tan obvias que no se cuestionan. Por eso les interesaba la historia de las percepciones sensoriales. El texto “La instrumentalización de la mirada y más allá”, surge de estas inquietudes compartidas. En su ensayo, Jean se pregunta por qué en occidente se desencarna el conocimiento. ¿Cómo fue que todo lo sensorial, que absorbe e interpreta el cuerpo, se volvió algo externo al cuerpo mismo?  ¿Por qué la mirada se volvió sinónimo del acto de ver y los ojos se transformaron en un simple instrumento que registra la realidad? ¿Qué implicaciones tiene esto frente al sobreuso del acto de ver en la pandemia? 

Jean nos recuerda que en la Antigüedad griega suponían que el rayo ocular iluminaba los objetos. La acción sobre las cosas emanaba del cuerpo mismo. Si extendemos esta imagen, podemos ver en la mirada una actividad deliberada, una decisión moral, una práctica que requiere entrenamiento corporal, como también lo requiere la escucha y el arte del habla. Jean escribe que “las miradas eran psychopodia: pies y manos del alma. El rayo visual era un organon, un órgano o instrumento del cuerpo como la mano o el pie”. La mirada era algo que se tenía que ejercitar, una acción que se tenía que producir como parte de una interpretación integral del mundo. Por ello, más que definir las normas que rigen estos rayos luminosos, en la Grecia Antigua se le otorgó prioridad a deliberar en qué consiste el “buen ver”. Discutir cuándo, qué, por qué y para qué observamos y de qué forma afinamos el organon son preguntas necesarias para habitar e interactuar con el mundo que nos rodea. De este tipo de preguntas se desprende una ética de la mirada. 

Fue el matemático, astrónomo y físico árabe Ibn al-Haytham, quien en el siglo X emprendió una serie de investigaciones y experimentos sobre la óptica que transformaron el conocimiento sobre el sentido de la vista. Descubrió que no es que la pupila tenga un rayo luminoso, sino que los objetos emanan luz que proviene del sol. Su libro de siete volúmenes, Kitab al-Manazir, fue una revolución en sí mismo y dio inicio a la ciencia moderna de la óptica. Como parte de sus investigaciones, Alhazen, como también se le conoce a Ibn al-Haytham, identifica que no es el ojo, sino el cerebro el que “mira”, es decir, el cerebro acomoda e interpreta los fragmentos de información que el ojo introduce al cuerpo. Dada la tremenda actividad corporal que ello implica, Alhazen deja abierta la posibilidad de seguir entrenando y afinando la mirada encarnada. Desde los resultados de sus experimentos, la ética seguiría siendo parte íntegra del acto de mirar. Sin embargo, Jean argumenta que en occidente sucede lo opuesto. Las sociedades europeas retoman los descubrimientos de Alhazenm pero modifican un elemento esencial, transforman el ojo en un órgano receptor pasivo. La mirada deja de ser psychopodia, los pies y manos del alma. Poco a poco se va abandonando lo que Jean describe como una mirada activa. Mirar se transforma en el catalejo que los navegantes en altamar utilizan para señalar, identificar y etiquetar nuevas tierras.

La pandemia, en particular las actividades profesionales y sociales realizadas por medio de distintas plataformas virtuales, lleva al extremo esa instrumentalización de la óptica. Su tecnologización estira tanto la mirada que la revienta, riega sus fragmentos sobre un espejo estallado. Sus imágenes fractales abren ventanas a la percepción, son y no son lo que podemos ver de manera inmediata. 

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Durante los meses de mayor encierro circularon en redes sociales toda clase de tips para lucir lo mejor posible en las plataformas virtuales. Las listas señalan que la altura de la pantalla es fundamental, algo que se logra elevando el laptop con varios libros de gran formato. A su vez, se recomienda un fondo lo suficientemente neutro para no distraer la atención, pero con algunos detalles que le den un toque profesional, aunque personalizado. Los libreros son considerados el fondo más favorecedor, a tal grado que las tiendas en línea comenzaron a vender unos biombos de cartón con el diseño de una biblioteca personal prefabricada. La luz también es prioritaria, debe iluminar tu rostro sin ser apabullante, de preferencia de lado, y nunca una luz vertical porque distorsiona tus gestos. Así aprendimos a enmarcar nuestros rostros en sus respectivos cuadritos, como lo haría cualquier experto en autorretratos. 

Dicha representación tan estudiada y afinada colapsa cuando las otras actividades que suceden en el mismo espacio entran en escena. Sobre todo para las que somos mamás de niñxs chicxs. Recuerdo un Zoom en particular. Una fundación me invitó a compartir con su consejo mi análisis respecto de lo que deberían ser sus nuevos ejes prioritarios de financiamiento. Las opiniones de un grupo selecto de expertos les iban a servir para redireccionar su presupuesto multimillonario. Yo tenía tres bloques de cinco minutos para hablar. Mi participación tenía que ser impecable. En mi primera intervención, Camilo grita desde el baño, “Mamáaaaaa, ¿me limpiiiiiiaaaaaas la colitaaaaa?”. Al inicio de mi segunda intervención el niño quiere avena y su hambre no puede esperar ni medio minuto. Ya para la tercera ronda me rindo. Se sienta en mis piernas y juega con mi pelo, mientras yo hablo. Por suerte, todos fueron extremadamente amables y ese día logré mantener la concentración intacta. En otras ocasiones una situación semejante me derrumba, apago la cámara y lloro. He llegado a agarrar entre mis manos la misma plastilina morada que Camilo me avienta cuando quiere llamar mi atención y en un acto terapéutico lanzarla contra la pared. Dicho movimiento, por supuesto, sucede fuera del encuadre de la cámara, aunque mi gesto descompuesto está a la vista de todxs.

Más allá de si logro mantener el escenario despejado o si éste entra en un ciclo de deterioro acelerado, mis ojos, junto con los ojos de las demás personas operan como una extensión de la pantalla. Nuestra retina se vincula a ese pequeño círculo que da salida a la cámara de la computadora, la unión entre ambos es lo que nos permite estar conectadxs. Pienso en las expresiones cotidianas que recalcan la sensación de ser parte del mismo aparato: “Me voy a enchufar a la compu”, “Llevo horas conectada al Zoom.”  Recuerdo que hace más de tres décadas, la feminista y estudiosa de la ciencia y la tecnología, Donna Haraway, describió en su Manifiesto Cíborg, que “nos encontramos adentro de los que fabricamos, y [la tecnología] se encuentra adentro de nosotros”. Haraway se refiere a cómo el uso de herramientas y tecnologías también adaptan y modifican nuestros cuerpos, desde lo más cotidiano como pueden ser las máquinas de ejercicio, los suplementos alimenticios, los lentes que usamos para mejorar la vista o una prótesis de cadera para seguir caminando. En ese sentido, máquinas y humanos nos diseñamos mutuamente, somos la posibilidad y el límite del impulso re/constructivo, según las herramientas que creamos.

Al mismo tiempo, la asociación que hacemos entre las máquinas y nuestros cuerpos influye en cómo entendemos e incluso investigamos las funciones del organismo. Desde su fabricación en la década de 1940, la computadora ha sido la principal metáfora utilizada por psicólogos, lingüistas, neurocientíficos, entre otros, para explicar el funcionamiento del cerebro. A partir del siglo XVI abundan en occidente asociaciones entre el cerebro y las máquinas. Por supuesto se han transformado con el tiempo. Al principio la relación se establecía con elementos relativamente sencillos, con los resortes y engranajes. Posteriormente, el pensamiento humano se explicaba a partir de pequeños movimientos mecánicos. Ya con la electricidad y sistemas de comunicación, la metáfora de un telégrafo explicaba el cerebro. Lo apabullante de la metáfora más reciente lo describe el psicólogo Robert Epstein del American Institute for Behavioral Research and Technology en su artículo, El cerebro vacío. Cuenta la anécdota de una visita a una prestigiosa universidad en 2015, en la que reta a los investigadores presentes a describir la inteligencia humana sin recaer en la metáfora del procesamiento de información de las computadoras. Nadie lo pudo lograr. Su experimento le sirvió para ejemplificar que la metáfora encuadra nuestra capacidad de pensar y de producir ideas respecto al funcionamiento de nuestra propia inteligencia. 

Con el tiempo la metáfora adquiere su propia vida, se desprende de su origen para convertirse en el reflejo mismo de la realidad. Es el impulso detrás de experimentos e investigaciones científicas. Quizás la más controvertida fue la propuesta por el neurocientista israelí y fundador del Proyecto Cerebro Humano, Henry Markram. En un Ted Talk de 2009 presenta su idea de crear una supercomputadora que pueda simular las más de 80 mil millones de neuronas y 100 trillones de sinapsis del cerebro humano. Incluso presumió que esa computadora podría tener conciencia y al público le dijo que pronto les enviaría un “holograma para hablar con ustedes”. Fue tan convincente que en 2013 la Unión Europea le otorgó fondos de 1.3 billones de euros para construir en un periodo de diez años este cerebro simulado. En menos de dos años el experimento resultó ser un fracaso. 

A pesar de los cíborgs y de las formas en que la computadora es capaz de modificar cómo los científicos entienden y estudian la inteligencia humana, Jean Robert insistía en que el acto aparentemente mecánico del ver es tan sólo un pequeño eslabón del arte de mirar. Para los que hemos estado “enchufados” al Zoom sin cesar, nuestros propios cuerpos expresan un sentir semejante. Al mismo tiempo que circulan en redes sociales los tips para lucir mejor en pantalla, empieza a resonar el término Zoom fatigue para describir el profundo agotamiento que muchas y muchos experimentamos después de horas de interacción en plataformas virtuales. El cerebro entra en un estado de cansancio profundo, cuando intenta descifrar información que no existe en un campo visual limitado. Las interacciones virtuales limitan severamente los tipos de actos comunicativos no verbales, tal como la postura del cuerpo del otro, los movimientos de sus manos, y los gestos sutiles del rostro que la pantalla no logra captar completamente. Todos estos códigos sociales están anulados o quedan extremadamente diluidos. Esto se agudiza en el formato de galería, cuando la presencia de un grupo de personas se reduce a líneas uniformes de cuadritos. En esta situación, el cerebro intenta entender a cada individuo por separado, pero al mismo tiempo. Nuestro cerebro enfrenta de manera simultánea una sobre estimulación visual y el rastreo excesivo de señales sutiles que son en gran medida inaccesibles.

Zoom fatigue confirma que hay algo mucho más allá del acto de ver que instrumentaliza un cíborg-ojo-pantalla-procesador de computadora. Zoom fatigue es una respuesta corporal ante todo lo que queda fuera del encuadre. Frente a este quiebre corporal, la invitación de Jean Robert de regresar la mirada al cuerpo y alejarlo de una técnica óptica adquiere un sentido mayor. ¿Cómo redireccionar la mirada a una acción de aprendizaje y afinamiento constantes que se funde con la percepción sensorial del cuerpo? ¿Qué creaciones tecnológicas surgirán de las mismas? ¿Puede la reinvención de una ética de la mirada ser un antídoto al agotamiento físico, mental y espiritual provocado por la pandemia y por lo que se desprende de ella? ¿De qué manera el mirar puede ser los pies y manos del alma en el sentido que le permite andar, acariciar y honrar la vida de lo que nos rodea? ¿Puede un mayor peso depositado en la percepción corporal ser un impulso que metamorfosea los duelos?

aPercibir a los nuestros, escribir sobre ellos para seguir aprendiendo de ellos, registrar las imágenes mediante las cuales se hacen presente, acompañarlos a través de los ritos que cada uno inventa porque no pudimos vivir los duelos como necesitábamos, es lo que nos permite actuar desde la potencia de la herida, nos aleja de la despedida como un no-lugar. 

* * *

Los pobladores de Puerto Berrío nos ofrecen algunas pistas cuando adoptan a seres que nunca vieron y, sin embargo, establecen vínculos tan íntimos con ellos como si los hubieran mirado toda su vida. Las familias que incorporan a los “muertos del agua” transforman los rincones de lo cotidiano no desde el sol de mediodía, sino desde las sombras que las hojas hacen bailar sobre el pasto cuando las anima la brisa, a partir de las huellas que deja la violencia, en lo que las corrientes del río depositan en sus orillas, en los rastros de llantos calcificados, en el eco de un duelo que no es suyo, pero sin duda tiene dueño. Al apropiarse de las ánimas, nos recuerdan que el acto de ver no es un fin en sí mismo, no es un acto para la contemplación, ni siquiera proviene de los espacios iluminados. Emerge de los claroscuros, provoca otra forma de habitar lo cotidiano, permite ser parte íntegra y transformativa del paisaje, llega incluso a alejar a la muerte, incorporándola a la cotidianidad. Posibilita la vida entre-luces a partir de su constante irrupción.

Imágenes del río en Puerto Berrío, Colombia. Foto: https://www.facebook.com/PuertoBerrioAnt

Entre fragmentos y a partir de la continuidad que ofrece el movimiento constante es como nuestros ojos y cerebro trabajan juntos para integrar toda información visual. De hecho, lo que registran nuestras retinas es una parte minúscula del complejo proceso de ver. El resto del trabajo, los ojos lo coordinan con el cerebro cuando éste se dedica a costurar colores, orientación, tonalidades de luz para completar la imagen visual. Es a partir de la memoria visual, es decir, desde lo que no es inmediatamente visible, ni está presente en ese instante, que el cerebro teje fragmentos de los miles de movimientos oculares para crear una imagen coherente de nuestro entorno. Lo que miramos es y no es lo que tenemos frente a nuestros ojos en determinado instante. ¿Qué sucedería entonces si fuéramos a afinar la mirada, no desde lo que el ojo ve para que el cerebro procese, sino desde el conjunto de esas memorias visuales vinculadas a la percepción?  ¿Cómo sería el arte de entrenar la mirada si inicia, no desde el ojo instrumentalizado sino del supuesto de que todo lo que vemos está mediado por lo que percibimos y por el conjunto de experiencias que la conforman? ¿Qué seríamos capaces de ver?

Aquí la invitación de la antropóloga y fotógrafa Courtney Morris desde sus proyectos dedicados a mirar historias subterráneas. A ella le interesan los no-lugares donde pareciera que no hay nada que observar. Su trabajo establece vínculos entre la imagen presente y una memoria colectiva que hace que un espacio sea o no sea visible. En particular, habla sobre cómo los paisajes de los pueblos originarios y negros no se ven; son en gran medida no-espacios y por ende, tierras baldías y lugares desechables que pueden ser usurpados y utilizados para cualquier fin. Como parte de un proyecto fotográfico reciente, Courtney registra el no-lugar más significativo para ella, el pueblo de su madre, un pequeño poblado llamado Mossville en la costa del golfo del estado de Luisiana, Estados Unidos. Mossville existe sobre el territorio de los pueblos indígenas Atakapa-Ishak. A finales del siglo XVIII se convierte en uno de los primeros asentamientos libres para descendientes de africanos que sobrevivieron la esclavitud. Poco antes de la Segunda Guerra Mundial el suroeste del estado de Luisiana se vuelve un nodo central en el mapa geopolítico petrolero. Con el tiempo, quince fábricas petroquímicas sofocan el pueblo, y mediante un goteo silencioso empiezan a envenenar a sus pobladores. En 2012, Sasol, una empresa petroquímica de Sudáfrica compra los terrenos para establecer un nuevo complejo químico, y borra a  Mossville del mapa.

Courtney visita el pueblo de su madre para procesar el duelo de esta pérdida. Registra con su cámara todo lo que está por desaparecer. Pero lo suyo no es un acto de nostalgia, sino de solastalgia, el sentimiento de pérdida profunda cuando los paisajes vitales se pierden ante la destrucción socio-ambiental y el desplazamiento. Sus fotos son escenas fantasma. Calles vacías donde antes se encontraban casas modestas, letreros con los nombres del pueblo, el bosque afirmando su presencia ante lo que permanece de una cabaña de madera. Desde las tradiciones de las religiones africanas, los dioses y los ancestros se hacen presentes a partir del cuerpo de la persona receptora. Mientras Courtney se sienta en las bancas de la iglesia del pueblo tal como lo hacían generaciones anteriores, en sus expresiones faciales su abuela se hace visible. Los espíritus de sus familiares rodean su autorretrato en el cementerio.

Las imágenes de Courtney desdoblan el presente para hacer perceptible, desde su propio cuerpo, lo que habita un aparente no-lugar. Cada imagen provoca al espectador mirar lo no-visible. Insiste que nada es no-visible. El vacío son las herramientas, el interés o quizás el entrenamiento de la mirada para poder ver lo que no/tenemos enfrente. Lo vivido no es pasado, sino una expresión en el presente. Lo que ya pasó es algo que sucede en cada acto, incluyendo el pasado que dejan las letras mientras tecleo esta frase y, sin embargo, el sentido de lo escrito permanece. El duelo por los que perdimos y por los lugares que han dejado de existir se expresa no en los contornos de la herida sino “en lo que vive en ella”, tal como recuerda el poeta Roger Reeves en un ensayo sobre las novelas de Toni Morrison. En ese sentido, las fotografías de Mossville nos invitan a reconocer la vitalidad que habita el duelo, no a pesar del duelo o al margen del mismo. 

Nuestros muertos en pandemia no son parte de un pasado convertido en un no-lugar impulsado por el motor de seguir en una aparente normalidad o por la insistencia de que lo peor de la pandemia fue un simple paréntesis entre nuestras cotidianidades y ahora nos corresponde recuperar el tiempo perdido. Por lo contrario, percibir a los nuestros, escribir sobre ellos para seguir aprendiendo de ellos, registrar las imágenes mediante las cuales se hacen presente, acompañarlos a través de los ritos que cada uno inventa porque no pudimos vivir los duelos como necesitábamos, es lo que nos permite actuar desde la potencia de la herida, nos aleja de la despedida como un no-lugar. 

* * *

Hace unas semanas tuve una conversación extensa con Sylvia. Le conté que estaba escribiendo este ensayo, que quería recuperar las reflexiones de Jean, pero me estaba costando mucho trabajo. En sus escritos, Jean se dedicaba a lanzar interrogantes inquietantes sin ofrecer pistas para perseguir las respuestas. Le pregunté a Sylvia qué es lo que estaba tratando de mostrarnos. Me respondió que no estaba muy segura. “Cada uno andaba en su propio espacio pensante, éramos cuidadosos de no avasallarnos. No queríamos reproducir esquemas en que la mujer deja sus proyectos en un segundo plano para dedicarse a apoyar la producción intelectual de su pareja”.  Yo le respondí que aunque lo que me comparte tiene mucho sentido, yo observo un elemento adicional. Es evidente que Jean se dejó permear por la mirada feminista de su compañera de vida. En sus textos prioriza el conocimiento encarnado, establece preguntas que emanan de lo cotidiano, teoriza caminando sobre el pasto y con las manos embarradas en lodo. Yo veo a Sylvia en cada uno de los espacios que le dan pausa y, por ende, sentido a la unión de sus palabras. 

Así son los cenotes. Sus aguas llenan cada resquicio de las cavernas, en sus profundidades descansan vasijas y otras ofrendas a los dioses, cada uno es una fuente de asombro en la selva baja de la península de Yucatán, pero todo cenote existe porque el conjunto se nutre de ríos subterráneos. Desde la superficie somos capaces de mirar tan sólo el reflejo de la vida subyacente, pero sin duda la podemos percibir desde el vértigo que nos provoca entrar en sus aguas.

*Antropóloga social. Vive y trabaja en la Ciudad de México. Sus investigaciones se centran en temas de violencia, racismo, colonialidad y en la producción de sentidos de lo político. Es autora del libro Política Kuxlejal, autonomía indígena, el Estado racial e investigación descolonizante en comunidades zapatistas (2018). Es parte de la Red de feminismos descoloniales en México, espacio desde el cual elabora reflexiones respecto a una ética feminista y el cuidado mutuo.

**Agradecemos al portal https://campoderelampagos.org por permitirnos la difusión de este texto, originalmente publicado el 25 de octubre de 2021.

Catrinas Violeta en Ecatepec

Foto: Cortesía Centro Comunitario Ecatepecí.

Sí, noviembre es mes de la festividad de la muerte, pero también la memoria conlleva el reclamo de la justicia pendiente. Y así, en Ecatepec, uno de los municipios que aún siguen siendo inseguros para las mujeres, organizaciones y colectivas realizaron actos para recordar a las víctimas y sobrevivientes de feminicidio y exigir, una vez más, justicia.
El Centro Comunitario Ciudad Cuauhtémoc realizó el acto «Catrinas Violeta» para conmemorar el Día de Muertos y reflexionar sobre la violencia contra las mujeres. Hubo mesas de información, decoración de calaveritas, pintacaritas y pintacubrebocas, trueque de calaveritas literarias por calaveritas de dulces, ofrenda, danza Xantolo y micrófono abierto. Esta fotogalería está formada por las imágenes que integrantes del Centro difundieron para documental un acto de construcción colectiva de memoria y de reclamo contra la impunidad.

La reinvención dulce de Yolotzin

Foto: Especial. Cortesía Yolotzin Flores

En medio del impacto que provocó la pandemia en el negocio familiar de venta de chocolates, una alumna de medicina en la Ciudad de México decidió volcarse a estudiar la comercialización del producto en redes sociales y, al mismo tiempo, sumar a otras personas al circuito de utilidades. Para ella, su hermana y su familia, la palabra “Xocolat” no solo es el nombre del negocio sino una nueva forma de resiliencia.

Por La Redacción

Cuando Yolotzin Flores Zavala contempló la escultura que ella misma había elaborado a base de chocolate -y que, tarde o temprano, iba a terminar en algún paladar-, gozó otra más de las lecciones que le había dejado la pandemia: “Ni sabía que yo podía hacer estas cosas, me dio mucha felicidad poder trabajar así con el chocolate. Es arte, pero te lo puedes comer”, dice entre risas. La alegría de ese momento formaba parte de una cadena de aprendizaje que empezó el año pasado, cuando la pandemia puso en peligro la continuidad del negocio familiar.

Las medidas de aislamiento hicieron que bajaran las ventas del negocio que la estudiante de medicina de 27 años y su hermana Nectic Magdalena, de 30, iniciaron en 2009. Conforme avanzaban las semanas, era menos la clientela que llegaba al local de chocolates, ubicado en la Carretera Vieja Xochimilco-Tulyehualco, alcaldía Xochimilco, en el sur de la Ciudad de México. Yolotzin decidió actuar.

“Me capacité más en negocios, tomé un curso de la ONU Mujeres y ahí me enseñaron a ver las debilidades como negocio. Entonces vi que una de las debilidades dentro de la pandemia es que no ofrecíamos servicios a domicilio y que, cuando llegó la pandemia, fueron un boom las redes sociales y era algo que yo quería hacer: mejorar la dinámica en línea”, explicó.

La tienda “Xocolatl dulces” tenía cuentas en Instagram y Facebook (@xocolatl.dulces10 y @xocolatl.dulces) que no recibían atención suficiente, debido a que el negocio estaba más enfocado a la venta directa en tienda. Las hermanas Flores Zavala decidieron crear productos enfocados en el significado emotivo del chocolate y ampliar el uso de las redes sociales para aplicar el envío a domicilio a través de las plataformas de Uber y otras similares.

“Éramos conscientes de que nuestros productos son alimentos con un papel social y afectivo de nuestra clientela y entonces creamos paquetes para enviar para cumpleaños, aniversarios y felicitaciones.”

Surgió un detalle: las tarifas dinámicas que utilizan las plataformas digitales de transporte privado, incrementaban de forma considerable los costos de envío y la clientela no estaba acostumbrada a precios tan altos. Yolotzin buscó a más personas afectadas por la pandemia y  encontró a una amistad suya que trabajaba en Uber y que también vio reducidos sus ingresos.

Entonces, aplicó tarifas fijas para envíos a domicilio: de 30 a 80 pesos dentro de la alcaldía y de 90 a 100 pesos a cualquier localidad fuera de Xochimilco, sin importar la distancia ni tarifas dinámicas. También instauró un día de promoción: los domingos, el costo de envío era de 90 pesos a cualquier zona de la Ciudad de México.

“Los clientes empezaron a sentirse seguros, porque podían enviar sus regalos sin salir y los productos se entregaban con todas las medidas de seguridad y las ventas empezaron a aumentar”, destacó la empresaria.

Decidió apostarle a las ventas digitales y, durante una brigada de negocios del Instituto de la Juventud, conoció a más personas que enfrentaban su misma situación. Les ofreció sumarse a la red para el envío a domicilio y, a través de este sistema, creó más empleos. “¿Por qué no te reinventas? Únete conmigo”, les decía.

Yolotzin y su hermana diseñaron un plan para que personas distribuidoras pudieran generar ganancias mediante la venta de sus productos y no solo obtuvieran un pequeño porcentaje. Además, decidieron vender chocolates cristalizados -una práctica característica del pueblo de Santa Cruz Acalpixca- y elaborar, en su propia casa, las frutas deshidratadas que incluyen algunos de sus productos. Dependiendo de la temporada, la producción llega a alcanzar los 900 kilogramos de chocolate y cada semana, en promedio, elaboran de 20 a 30 kilogramos.

“Creo que esto depende de estar dispuestos a cambiar las cosas como las conocemos”, dice Yolotzin, quien combina su ruta como mujer emprendedora con su preparación como médica cirujana, de la que solo le falta la titulación.

“Es algo muy bonito porque la gente ve al chocolate como golosina y como algo dulce y no lo ve como un alimento de alto valor nutricional, que puede ser trabajado en casa, desde cero. Es algo muy noble”, concluyó.


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Poetas en cuarentena

Mayra Mier*

Mayra Mier – Foto: Cortesía

Imagínate

No tenemos alas, pero sí imaginación, ella vuela sin cansarse,

verás que lindo será, si libre despega el vuelo te lo puedo demostrar.

Imagínate un mañana,

donde exista sólo amor, todos seamos libres,

como el mismísimo viento, se respeten los derechos,

se haga culto a la hermandad,

sea el hombre lo esencial, nos cuidemos mutuamente.

La familia esté primero,

tengamos mentes abiertas, que no importen ya los credos,

ni la forma de pensar, si pensamos diferente, no todo es siempre igual,

eso hace que el hombre sea un ser individual.

Que el pan nuestro nunca falte, demos gracias al Señor

por disfrutar de un mañana que brinde felicidad,

no pura imaginación. ¿Sería lindo, verdad? 

Muso 2021 ♥

Dicen  

Dicen que estoy muy loca, porque desbordo alegría,

mi risa siempre presente, eso confunde a la gente. 

Es que ellos no sospechan, 

qué me trae así de loca, 

tú… que también estás muy loco,

me haces feliz con creces,

río a mares, pero gozo,

así me lleno de vida,

haces mi vida plena y logro arrancar mis penas. 

Deja que loca me digan,

mientras contenta yo muera,

más vale morir de dicha,

que vivir la vida mía 

escaseando la alegría. 

Muso 2021 ♥

Muy especial

Hay un lugar especial

donde podemos amar,

allí no se ponen reglas,

nadie te va a molestar. 

Te dejo que adivines

sobre ese lugar de ensueño

donde nadie tiene dueño,

eres libre como el viento

y si llevo la razón

he de decirte, mi amor,

ese lugar que ya ocupas,

no es más que mi corazón. 

Muso 2021 ♥

Ponte los años

Ven… ponte tus años, pon maquillaje si así lo prefieres,

ya es tu cabello todo de plata, camina erguida, claro que puedes,

y el que no pueda, que muera de envidia.

Ya a estos años deja que digan, que no te importe,

vive tu vida, ten muy presente:

El vino… despacio,

los besos… más largos,

el sexo… sin pausa,

la vida… sin miedo.

Nunca te olvides

de estos consejos,

que así las penas

siempre van lejos.

Muso 2021 ♥

Mis manos

Miro mis manos ajadas,

es el paso de los años,

que sus huellas han dejado,

de mil batallas libradas.

Ellas me han dado el pan,

han servido con amor,

dieron luz a oscuridad,

han amado con creces,

tanto bueno en ellas crece,

que al mirarlas tal parece,

que en cada surco que aparece,

hermosas rosas florecen.

Muso 2021 ♥

Sin apuros

Te vestí con mis poemas, te arropé en cada verso,

sin embargo, en cada beso te desnudo sin apuro,

te recorro palmo a palmo,

sabiendo que siguen mis versos,

envolviéndote en su manto.

Que será de este amor, que se esconde en lo más puro

y aunque el tiempo no me alcance…

espero ya sin apuro.

Muso 2021 ♥

*Oftalmóloga cubana del Instituto Cubano de Oftalmología.

La caída del modelo Chicago: notas para una discusión imprescindible

El filósofo y economista chileno analiza el parteaguas que significó para Chile el estallido social del 18 de octubre de 2019 en contra de las medidas económicas del gobierno de Sebastián Piñera, de la clase política en general y de la Constitución de Pinochet, hoy en proceso de anulación y reflexiona sobre la necesidad de reemplazar el modelo neoliberal luego de su palpable fracaso.  

Por José Miguel Arteaga*

José Miguel Arteaga. Foto: Cortesía

En una columna anterior, “Crisis y superación del modelo neoliberal”, dijimos que el 18/O marca un punto de quiebre en nuestra reciente historia: amplios sectores populares y de capas medias actuando conjuntamente conquistaron decisivas posiciones de poder poniendo en jaque al gobierno, desahuciando la vieja Constitución e inaugurando un nuevo ciclo de progreso empujado por amplias mayorías conscientes de su papel y dispuestas a luchar. Estos procesos son parte de reformas dentro del capitalismo. Sólo se podrá ver si anuncian algo más estructural cuando se haya entrado de lleno a las tareas de esta etapa. Está pendiente definir con mayor certeza qué podría ser ese lejano mañana mejor.

La historia del mundo y las sociedades de hoy no ofrecen ejemplos con méritos suficientes para ser imitados a fardo cerrado, lo que obliga a ser críticos y creativos. No hay a la vista modelos viables de reemplazo que proyecten el capitalismo luego del fracaso neoliberal o que impliquen formas de socialismo que pudieran considerarse transitables.

En nuestro caso, la solución de estas cuestiones no puede constituir un freno al avance práctico. Al contrario, la teoría debiera abrirse paso en sinergias enriquecedoras con la lucha popular.

La sustentación social del nuevo proyecto es materia clave. La lucha dispersa y espontánea debe reforzarse con un liderazgo de propósito claro y estrategia bien diseñada. La posibilidad de cambios profundos obliga a la izquierda a avanzar en crítica y creatividad con mayor profundidad de lo hecho hasta ahora.

La redacción de la nueva Constitución se está realizando, pero el reemplazo del modelo Chicago está aún en pañales. Se observa un grave vacío de profesionales y técnicos en el ámbito económico, con ópticas críticas, abiertas a la comprensión del subdesarrollo, distintas a lo enseñado en las universidades de los países desarrollados, centros de adoctrinamiento en su exclusivo y excluyente beneficio.

Se requiere una mirada tercermundista para comprender las crisis que afectan a nuestros países, un relato común que profundice en su actual dependencia y subdesarrollo. Sólo con una mirada crítica, específica e histórica, se puede dar con soluciones reales, reposicionando la teoría de la dependencia, renovándola con los datos del mundo de hoy.

El vacío teórico de la izquierda está en el centro de una crisis histórica cuya superación implica avanzar en discusiones teóricas sobre cuestiones claves del subdesarrollo. Se hace necesario rescatar valiosas categorías con que se interpretó la realidad en el cercano pasado. Su aparente caducidad es una consecuencia más de la derrota política popular en esos años.

Este vacío atañe también a la forma que tomó el socialismo en la URSS, su fracaso y disolución, a lo que se agregan los problemas que enfrentan los países que han adoptado esquemas de partido único y socialismo como Cuba, Corea del Norte, Nicaragua o Venezuela.

Se requiere pensar a fondo la crisis actual en una época marcada por el repliegue de la hegemonía norteamericana y la conversión de China en una potencia mundial. Este ascenso requiere atenta mirada para evitar que se repitan relaciones de dependencia, dominación y asimetría centro periferia de graves consecuencias para el mundo en desarrollo.

Se debe repensar todo nuestro sistema institucional incluyendo un rol más protagónico del Estado, que asuma la defensa del interés común, desate una dinámica potente de desarrollo integral, rescate el dominio sobre los recursos naturales y sectores claves de la economía, rompiendo con la dominación imperialista y las trampas de la dialéctica centro periferia.

La democracia debe renovarse relegitimando sus estructuras y autoridades, con una mirada que aborde los más urgentes desafíos globales y mejorando en ese ámbito mayor su gama de instrumentos y soluciones.

El nuevo liderazgo popular debe establecer sólida alianza con amplios sectores medios. El nuevo protagonismo de mujeres, jóvenes, pueblos originarios, minorías segregadas y castigadas por el capitalismo arcaico y patriarcal son fuerzas creativas y liberadoras, parte esencial y refuerzo de las luchas de liberación.

La voluntad de vivir en un mundo social y ambientalmente sustentables forma parte esencial de la matriz de construcción del nuevo proyecto.

La estrategia de desarrollo debe tener un sólido fundamento técnico. La doctrina y la práctica del Estado subsidiario debe terminar. El Estado debe ejercer el control sobre mercados claves, administrar y operar empresas y servicios cuando sea de necesidad social y/o de interés nacional, castigando con dureza todo acto de corrupción. La Constitución y la ley deben ajustarse a las nuevas orientaciones y necesidades.

Los comicios de noviembre debieran concebirse como continuación de las luchas populares de las últimas décadas e inicio de un nuevo ciclo de luchas de liberación nacional y popular con objetivos de largo plazo, que incluyan las transformaciones globales y las nuevas capacidades que aportan las tecnologías emergentes, el mundo digital, la comunicación en línea y el uso de redes como alternativa al dominio de la comunicación corporativa en manos de grupos económicos poderosos.

Las determinantes económicas y los flujos de valor son decisivos en el mundo de hoy, pero no son los únicos. El análisis debe incluir las condiciones geopolíticas y las relaciones de poder a nivel global donde son decisivos el ocaso del imperio y la hegemonía norteamericana y el ascenso de China y su liderazgo en el modelamiento del mundo de mañana.

Es esencial entender en este contexto el destino futuro de América Latina y el Caribe (ALC). La figura de Allende trasciende nuestro país y se hace ejemplo de consecuencia revolucionaria a nivel continental.

La traición de la izquierda renovada que se hizo reformista, que contribuyó a poner término a la dictadura, pero terminó aliándose con la alta burguesía y los grupos económicos para perfeccionar y profundizar el modelo neoliberal, es parte de la historia de Chile de los últimos 30 años, origen y causa del estallido social.

Estos hechos están en la raíz del descrédito profundo de la derecha y la centroizquierda en el Chile actual y la razón de que sólo la izquierda tenga la credibilidad suficiente y la capacidad de levantar una alternativa viable al viejo país que sucumbió.

Esta realidad se oculta en las comunicaciones de hoy, donde pesa el enorme poder de los medios de masas propiedad oligárquica y de consorcios extranjeros, marcando la necesidad de una asepsia crítica profunda y prolongada que ponga las cosas a la luz del desnudo conquistado por el pueblo en las calles.

*Filósofo y economista chileno, @josemiguelart17

Este artículo fue publicado en la revista Quinto poder, y reproducido aquí con la autorización del autor. https://www.elquintopoder.cl/sociedad/la-caida-del-modelo-chicago-notas-para-una-discusion-imprescindible/

De lectores

Facebook-Metaverso: ¿Cambiar para seguir haciendo lo mismo?

Es casi seguro que los usuarios se muestren renuentes a dejar que sus actividades puedan ser utilizadas con fines comerciales.

«Monolitos flotando» – David Silva /FB: David Silva

Por Guillermo Rothschuh Villanueva*

La crisis en que se encuentra sumergida Facebook -viene dando tumbos desde 2016- obligó a su mayor accionista, Mark Zuckerberg, a tomar medidas emergentes. El anuncio de la creación de Metaverso, el pasado 28 de octubre, constituye un paso adelante en la prodigiosa era de Internet. La revolución científico-técnico no se detiene, aguijoneada por las circunstancias. Con esta decisión cree salirle al paso a la caída en picada de su credibilidad. Los señalamientos contra Facebook forman parte de las acusaciones lanzadas contra Google, Amazon, YouTube e Instagram. La admisión tardía ante el Congreso de los Estados Unidos, aceptando la existencia de miles de cuentas falsas en Facebook, pusieron en mal predicado al estratega de la red más grande del mundo.

Las filtraciones y deserción de Frances Haugen, experta en temas de algoritmos y seguridad digital, fueron el puntillazo. Haugen operó como garganta profunda, filtrando valiosos documentos al Wall Street Journal. Cuando decidió salir a la palestra pública, ya había asestado un golpe contundente a Facebook. Al declarar que Zuckerberg anteponía las ganancias y no la seguridad de los usuarios, solo vino a confirmar lo que muchos académicos y estudiosos del tema digital venían alegando. Tal vez lo más riesgoso del CEO de Facebook fue haber mentido ante los congresistas. Estaba consciente de los millones de fake news diseminados y los millares de cuentan falsas que operaban en su plataforma digital. Su olvido a la hora de rectificar resultó un bumerang.

Las declaraciones de Haugen sirvieron como detonante, decenas de especialistas se sumaron a la arremetida. En menos de dos meses, Haugen se transformó en una figura connotada, sus puntualizaciones desean ser conocidas por distintos estamentos políticos. Los primeros en llamarla a testificar fueron los miembros del subcomité para la Protección del Consumidor y la Seguridad de los Datos de Estados Unidos. Estaban interesados en enterarse de lo dañino y nocivo que resultan los algoritmos de Facebook para la niñez y adolescentes. Nada nuevo si tomamos en consideración los resultados de estudios realizados en España y en el propio Estados Unidos. Evidencian que los algoritmos favorecen la violencia y pornografía. Voces muy pocas veces escuchadas.

Estando pendiente en Bruselas la aprobación de dos leyes referidas al tema de la seguridad y funcionamiento de los algoritmos, Haugen fue invitada a comparecer ante la Eurocámara, para ofrecer luces. Después de compartir sus argumentos, esbozó cuatro recomendaciones. La primera está dirigida a la emisión de leyes neutrales, algo sumamente complejo; en segundo lugar, obligar a que las tecnológicas jerarquicen su información; en tercero, volver responsable a Facebook (ahora Metaverso), de la información negativa que publique y, por último, garantizar el acceso al ente regulador a los datos esenciales de la empresa. Los resultados que ofrezca esta experiencia a los europeos, podrían servir en el futuro de ejemplo a los demás países del mundo.

Las prescripciones de Haugen son precisas, se trata de cambiar o emitir nuevas leyes. La debilidad que confrontan los gobiernos se debe a que las tecnológicas funcionan sin ataduras legales. ¿A qué obedecerá la tardanza de los parlamentarios en la formulación de normas encaminadas a proteger a la ciudadanía e intereses de su nación? Llevan más de cuatro años de estar amagando, sin llegar a nada. ¿Cuándo darán el paso esperado? Uno de los escollos que los parlamentarios deberán sortear, consiste en no adquirir compromisos con estas empresas. En Europa, los mastodontes digitales invierten en lobby más de cien millones de euros. Las regalías que otorgan terminan frenando iniciativas y pervirtiendo sus compromisos con la ciudadanía. Algo muy usual.

Académicos estadounidenses (Michael A. Cusumano del Instituto Tecnológico de Massachusetts), piensan que Meta tiene un propósito distractivo. El cambio de nombre se “debe sobre todo a un intento de que nos fijemos menos en sus verdaderos problemas”. Soy de los que creen que aun cuando el anuncio de Meta tiene una intencionalidad distractiva, se trata de una decisión que Zuckerberg -debido al trago amargo que no acaba de digerir- creyó que había llegado la hora de hacer público, un proyecto que venía trabajando desde hace varios años. Sin duda muchos jóvenes se sentirán encandilados, al disponer de videojuegos en 3D a bajo costo. Además, Meta los introducirá en el mundo paralelo de la realidad virtual. El ofrecimiento supone una gran oferta. Esperemos resultados.

Zuckerberg se ha empeñado en dar visos de certeza a las medidas que está adoptando. Para resultar creíble, en momentos que más lo necesita, tuvo que paralizar el proyecto de Instagram para niños y ofreció que no volverá a utilizar el reconocimiento facial de mil millones de usuarios. ¿Habrá quién se lo compre? Instagram cayó en desprestigio. Jóvenes de distintos rumbos del planeta, revelaron lo dañino que han resultado para su autoestima los cánones de belleza que prescribe. Con la salvedad de que, para descargar la aplicación en el móvil, ahora hay que pasar por el sistema iOS de Apple y Android Google. Los primeros efectos son visibles. Es casi seguro que los usuarios se muestren renuentes a dejar que sus actividades puedan ser utilizadas con fines comerciales.

Haugen se ha encargado de agriar la fiesta a Zuckerberg, para ella resulta paradójico que mientras el CEO de Facebook anuncia la disponibilidad de sumas millonarias para pagar a los especialistas a cargo del diseño y construcción de Meta, no cuente con recursos suficientes para enfrentar el desafío número uno de gobiernos y usuarios: su inseguridad.  En la división separada de Facebook -Reality Labs- este año tienen planeado invertir 10 mil millones de dólares. La queja de Haugen resulta apropiada. ¿Por qué no encaminó sus pasos para terminar con el mayor dolor de cabeza? La respuesta obedece a que Facebook opera como un negocio. Dar de baja a los ingresos provenientes de la polarización que la red ocasiona, supondría perder millones de dólares.

Cuando más se sabe sobre la manera en cómo opera Zuckerberg, mayor desencanto provoca. Desde hace años eran conocidos los efectos tóxicos de sus productos. El profesor Cusumano insiste en recordar la desconfianza existente entre los usuarios acerca de la veracidad de Facebook. Señala que la red social “ha estado centrada principalmente en vender anuncios y hacer crecer los ingresos, y la información falsa y las teorías de la conspiración generan más tráfico en internet y más potencial para conseguir anuncios”. Más grave resulta que sus más altos ejecutivos se hayan mostrado ciegos y sordos, ignorando “durante mucho tiempo las quejas de algunos empleados sobre estas prácticas”. Esta fue la razón fundamental por la que Haugen dejó Facebook. Cree que no dará marcha atrás.

Una sociedad como la estadounidense, con un constante crecimiento de expertos en la operación de redes, donde guardan un alto predicado a los resultados numéricos, más de algún especialista se encargaría de rectificar a Facebook. Mientras Zuckerberg pregonaba ante los congresistas, como demostración de eficacia, que eliminaban el 95% de los mensajes de odio, los aguafiestas se encargaron de rectificarle. Según sus cálculos, solo el 5% de estos mensajes son eliminados. Como señalan los entendidos, la red se ha caracterizado por la opacidad y una conducta evasiva. Quienes mejor lo saben son los servicios de seguridad estadounidense. Cuando develaron las cuentas falsas en Facebook, enfrentaron la ira de Donald Trump. Un revés para el recién electo presidente.

Una de las preguntas de los eurodiputados a la experta estadounidense, fue sobre qué pasaría si dejaran que Facebook fuese la encargada de poner fin a tanta ignominia. ¿Una pregunta capciosa? ¿Una bomba de profundidad encaminada a que Haugen dijese que no? Los encargados de echar por tierra la autorregulación fueron los dueños de las grandes tecnológicas. En vez de mostrarse sensibles ante los reclamos de los usuarios, pidiéndoles poner fin a tantos desmanes, optaron por la autocomplacencia. Mientras sus lobistas lograban en Estados Unidos y Europa acuerdos exitosos con los miembros del Poder Legislativo, sentían que su poder se acrecentaba y que esto dificultaría -como en verdad está ocurriendo- tomar acciones restrictivas en su contra. Llegó la hora.

*Comunicólogo nicaragüense, Doctor en Derecho y ex Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA), de Managua. Este artículo fue publicado el 14 de noviembre en el periódico Confidencial (www.confidencial.com.ni) y reproducido aquí con la autorización del autor.

RELATOS VIRALES

HISTORIAS DE UNA PANDEMIA

La resurrección de Mariano

Acuarela Adriana Bancalari- Resistencia/Argentina – IG: adrianabancalari

Por Esther Baradón Capón*

Tengo la costumbre de comprar café de grano en un expendio cerca de mi casa y Mariano es una de las personas que ahí atienden. Cuando comenzó la pandemia y aún en semáforo rojo, me sorprendía que ni él, ni nadie en el expendio usaran cubrebocas, lo que nos obligaba a guardar la sana distancia.

En una ocasión se me ocurrió preguntarle a Mariano por qué no lo usaba y me dijo que pensaba que esa enfermedad no existía, que todo era un invento de los gobiernos para controlar a los ciudadanos y que, además, él sabía de varios casos de personas que habían fallecido de otras enfermedades y en el acta de defunción se reportaba que había sido por covid. Lo decía con tanta seguridad y vehemencia que casi logra convencerme.

En toda la pandemia, ni una sola de las veces que he ido a comprar café han usado el cubrebocas en ese expendio.

En una ocasión que fui a surtirme de este maravilloso grano, me atendió Mariano, por supuesto sin cubrebocas y después de especificarle de qué granos quería la mezcla y el molido deseado, me entregó el café y como no había otros compradores, aproveché para saciar mi curiosidad y le pregunté si seguía creyendo que la enfermedad no existía.

Como respuesta empezó a contarme que se había contagiado y por todo lo que pasó, que al principio pensó que era una gripe que quiso curar con antigripales y vitamina C.

Como al cuarto día sintió que no mejoraba, por el contrario, se sentía peor. Fue entonces cuando decidió ir con el doctor del barrio, quien le confirmó las sospechas de que se trataba de una gripe muy severa y le recetó unas ampolletas.

Durante una semana se estuvo inyectando una al día, pero siguió sin mejorar y con una tos intensa que no le permitió dormir.

Regresó a consulta con el mismo doctor quien le sugirió otra serie de ampolletas y fue cuando decidió mandarlo al diablo.

Una vecina le había recomendado un doctor que por las mañanas trabaja en el prestigiado hospital Siglo XXI y en las tardes da consultas privadas, en la misma colonia donde vive Mariano, así que saliendo del consultorio del médico que tal vez ni había terminado la carrera y siguiendo las indicaciones de la vecina, él y su esposa se fueron caminando hacia el consultorio del médico recomendado.

Llegó sin aire y con la sensación de que iba a desfallecer. Se encontraron con una sala de espera atiborrada y se sintió apenado pensando que podría contagiar a los que ahí esperaban su turno para la consulta.

Las personas que se encontraban en la sala se percataron de su lamentable estado de salud y cuando él se disponía a abandonar el lugar, alguien corrió tras él, indicándole que le cederían sus turnos para que entrara a consulta en cuanto el médico se desocupara

Al entrar Mariano al consultorio el médico no pudo ocultar su expresión de alerta. Enseguida, además del cubrebocas que portaba, se puso una careta y no se acercó a Mariano en ningún momento. Le indicó a su esposa cómo colocarle el oxímetro en el dedo índice y le pidió que leyera las cantidades que indicaba el aparato. Cuando la esposa le dijo 60, el doctor no dudó cuál era el diagnóstico. Era evidente que se trataba del covid.

Les dijo que de inmediato compraran un tanque de oxígeno, el cual debería usar de forma intermitente, llenó la receta con los nombres de los medicamentos que en ese momento se conocían y que debía tomar paracetamol para la fiebre y las molestias, tés de hierbas con miel y limón y que por ningún motivo podía regresar caminando, que llamaran a algún pariente que pasara por ellos lo antes posible y debía sentarse en la parte trasera del coche, con las ventanas abiertas.

Al llegar a casa lo recostaron y enseguida salieron a comprar los medicamentos recetados y a el tanque de oxígeno, que les costó mucho trabajo conseguir.

La fiebre no bajaba de 39°C y su esposa tenía que cambiarle las camisetas empapadas de sudor.

Su mujer le ponía en la frente compresas de agua fría y en menos de 30 segundos se convertían en paños calientes. La tos no cedía y no pudo ni por un segundo conciliar el sueño, viviendo un verdadero viacrucis.

Esa noche fue tal su delirio que en algún momento que no recuerda con claridad, acostado sobre las sábanas mojadas, se vio a sí mismo dando vueltas alrededor de la habitación y detrás de su espectral silueta aparecieron las de su difunto hermano y su abuelo. Le hacían señas como si le pidieran que los siguiera al otro mundo. Sintió que su cuerpo estaba ahí sobre la cama, pero su alma seguía deambulando por el cuarto.

Es sabido que esto les sucede a algunas personas cuando están por partir de este mundo, pero Mariano se aferró a la vida tomando, con la poca fuerza que le quedaba, la mano de su esposa, quien al mismo tiempo le imploraba que no la abandonara y que no se diera por vencido. Así siguieron tomados de la mano, hasta que Mariano se quedó profundamente dormido.

A la mañana siguiente despertó un poco mejor, feliz de seguir con vida y con un poco más de fuerza. Siguió su tratamiento, los tés, el oxígeno, dormía casi todo el tiempo, hasta que logró vencer a la enfermedad en la que no creía.

Me dijo que le quedaron secuelas, que bajó 10 kilos, el pulmón izquierdo le duele constantemente y se cansa con facilidad, pero que le está echando muchas ganas alimentándose sanamente, duchas de agua fría y mucho ejercicio.

Cuando me relataba por todo lo que pasó yo pensaba en que nunca ha querido usar cubrebocas, hasta la fecha, y además no quiere vacunarse porque tiene la certeza de que, por haber padecido el virus, eso lo hace inmune. Argumenta saber de personas que, incluso vacunadas, se han enfermado y algunas hasta han fallecido de covid…

*Amante de las artes, la música, la fotografía y el teatro, y aficionada a la escritura. Twitter: @BaradonEsther