Pandemia, resiliencia y sueños de la humanidad

El filósofo chileno reflexiona sobre las lecciones que deja el caos provocado por la pandemia y que ha motivado toda clase de fuerzas creadoras, adaptativas como diría Darwin, basadas en la teoría del “tirón gravitacional”

Por José Miguel Arteaga*

Imagen de WikiImages en Pixabay

Puede la pandemia desviarnos del camino o, tal vez, después del trauma
inducirnos a tomar un camino más deseable? Sin entrar en mayor hondura
sobre el camino y lo deseable, haremos una breve excursión sobre asuntos
en apariencia no relacionados con la pandemia para acercarnos a una
respuesta posible.

En un mundo crecientemente digitalizado el fenómeno físico llamado “tirón
gravitacional” (slingshot), propuesto por primera vez por el matemático e
ingeniero Giuseppe Colombo (1920-1984), adquiere en diversos campos
mayor relevancia.

En astronáutica se denomina “asistencia gravitatoria” a la maniobra
destinada a utilizar la energía del campo gravitatorio de
un planeta o satélite para obtener una aceleración o frenado de la sonda
cambiando su trayectoria.

Hoy se trata de una técnica común en las misiones espaciales destinadas
al sistema solar exterior. Para ahorrar costes en el cohete de lanzamiento se
diseñan complicadas trayectorias que hacen pasar la sonda por uno o varios
planetas antes de dirigirse a su destino final.

Se utiliza para frenar o acelerar sondas espaciales, o variar la dirección que
esta lleva, de forma que se reduce su tiempo de viaje o se reconduce su
rumbo. Dependiendo de la velocidad del objeto o de la distancia a la que este
pase del astro será atrapado en su campo gravitatorio, o despedido a una
dirección y velocidad diferentes.

En información, comunicación y marketing, una buena estrategia digital necesita crear un “tirón gravitacional”. Las redes sociales obligan a las
empresas a buscar nuevas formas de llegar y fidelizar a sus potenciales clientes

En información, comunicación y marketing, una buena estrategia digital
necesita crear un “tirón gravitacional”. Las redes sociales obligan a las
empresas a buscar nuevas formas de llegar y fidelizar a sus potenciales
clientes. El nuevo desafío es cómo tener influencia a distancia, escenarios en
que no sirven modelos del tipo campo de batalla o procesos biológicos. Para
lograr influencia a distancia debemos pensar en fuerza gravitacional, dejando
aparte la mecánica o la biológica.

La gravedad tiene cuatro atributos relevantes para una estrategia en la era
digital. Primero, la gravedad es una fuerza de atracción. Segundo, la fuerza de
gravedad ejerce influencia a distancia. Tercero, la fuerza de gravedad es
omnipresente. Cuarto, la fuerza de gravedad no es mecánica ni lineal, sino
exponencial.

¿Qué tiene que ver lo anterior con la pandemia mundial del coronavirus, que
ya suma 22,2 millones de contagios y 783.000 muertes en todo el mundo?
Una analogía desde esta perspectiva, entendiendo la pandemia como un
tirón gravitacional global, cuyo centro de gravedad sería el virus letal y el
objeto potencial de su influencia la población mundial, podría contribuir a la
comprensión de los procesos sociales y políticos próximos y futuros.

Comprender el escenario de la pandemia en estos términos podría ayudar a
entender mejor algunas cuestiones claves. En primer término, la aceleración
de procesos ya en curso, como la digitalización, la penetración de la realidad
virtual en la vida laboral y doméstica, la automatización, la mayor difusión y
uso de inteligencia artificial, la mayor presencia y cercanía del otro gracias a
la densificación del contacto digital pese al mayor distanciamiento físico, el
aumento del uso de metodologías de trazabilidad multidimensional sobre las
personas y su comportamiento, cambios en los patrones laborales, de
empleo e ingreso, redistribución de flujos globales financieros y comerciales,
acentuación de los ingredientes científicos y tecnológicos en la lucha por la
hegemonía mundial, etc.

El tirón gravitacional de la pandemia estaría no sólo cambiando la velocidad de procesos en curso, sino también cambiando el rumbo en cuestiones
decisivas, como podría ser el caso de un mayor énfasis en una vida más saludable, menos dispendiosa, y economías más amistosas con el medio ambiente, tecnologías limpias, matrices descarbonizadas, electro movilidad, protección de los recursos naturales

Otros procesos se desacelerarán, como podría ser el caso del patrón anterior
de globalización. Ya se observa una mayor valoración de la soberanía en
cuestiones no solo de salud sino estratégicas, como lo señaló Angela Merkel y
luego la Unión Europea, cuando acentuaron la necesidad de una Europa más
fuerte y soberana, privilegiando algunas industrias claves como la
automatización, la digitalización, la inteligencia artificial, la sustentabilidad.
El tirón gravitacional de la pandemia estaría no sólo cambiando la velocidad
de procesos en curso sino también, cambiando el rumbo en cuestiones
decisivas, como podría ser el caso de un mayor énfasis en una vida más
saludable, menos dispendiosa, y economías más amistosas con el medio ambiente, tecnologías limpias, matrices descarbonizadas, electro movilidad,
protección de los recursos naturales.

Hay algo que hace de este “tirón gravitacional” algo particularmente dañino y
doloroso. Desde luego no fue buscado ni deseado ya que hasta donde se
sabe es un fenómeno de origen natural. Sin embargo, cabe señalar que al
parecer la probabilidad de su ocurrencia aumentó y seguirá aumentando día
a día con la depredación de la tierra, la destrucción de los ecosistemas y en
general de las condiciones que hacen posible que florezca la vida en ella.
A diferencia del modelo físico conocido y utilizado en astrofísica, este tirón
gravitacional sería invertido. El centro gravitatorio poderoso que impacta con
su masa al entorno, a toda la población del planeta, no es de atracción sino
de exclusión o de expulsión. Es la muerte que porta el virus lo que golpea a la
población del mundo, obligando a huir de todo posible contagio, a
distanciarse de otros potenciales portadores, al cierre de fronteras, a
confinarse, a instalar barreras sanitarias, a enmascararse, a ocultar nuestra
presencia e identidad.

La muerte obviamente no es una fuerza de atracción como la gravedad. El
horror a la muerte es en la gran mayoría de los humanos una poderosa
realidad. El motor movilizador de la fuerza en este caso es tan poderoso
como la enorme fuerza de un astro gigante que se cruzara de pronto en
nuestra trayectoria de avance, en nuestra historia humana normal y
cotidiana, compleja y contradictoria, pero, pese a todo, funcionando. No es
un encuentro menor.

Esta fuerza negativa, la fuerza de la pura negatividad, es también como la
gravedad una fuerza omnipresente y ejerce influencia a distancia. Es también
una fuerza exponencial; a medida que se acerca crece su poder. Ha sido
reconocida por la filosofía en diversas ocasiones. Una de las más autorizadas
es la del idealismo alemán que piensa que lo negativo pertenece al ser.
Refiriéndose al “inmenso poder de lo negativo” Hegel dice que es la energía
del pensar. El mal pertenece a la esencia del ser. La vida del espíritu no es la
vida que retrocede ante la muerte y se mantiene pura frente a la desolación,
sino la que la soporta y se conserva en ella. Nietzsche habla de la grandiosa
iniciativa del idealismo alemán al concebir el mal como perteneciente a la
esencia del absoluto.

La pandemia pasará como un astro poderoso en nuestra trayectoria humana.
¿En la situación previa predominaba un exceso de positividad, como dijo el
filósofo germano coreano Byung-Chul Han? ¿Cómo medir ese desequilibrio?
¿Cómo detectar la necesidad de la negación? ¿Cómo invocarla? Los antiguos
acudían en situaciones parecidas al favor de los dioses. Han pasado muchos
siglos esfumando esas confianzas. Pero queda la inquietud de un eventual
autor detrás de todo.

El hecho que desconozcamos por completo esa autoría eventual, y hasta su
necesidad, no es suficiente para cerrar la interrogante. ¿Cuánto secretos d
la naturaleza desconocemos y no por ello cerramos la puerta a que algún día
encontremos sus causas y razones? ¿Cuánto sabemos y cuanto ignoramos de
las complejas y encriptadas formas en que la tierra cuida de sus creaturas?
No olvidemos a Heráclito: la naturaleza ama ocultarse.

Cualquiera sea la entidad que haya estado en su origen parece un valioso
aporte que la pandemia induzca a recortar la desmesura alcanzada por
nuestra arrogancia. Se llegó a afirmar con aplausos que nuestra especie
estaba próxima a la divinidad, pero vino la pandemia y nos aterrizó de golpe.
¡Qué lejos estamos de ese futuro idealizado! No quiere esto decir ni mucho
menos que no somos nada. Estamos lejos de ambos extremos.

Una de las mayores diferencias entre el tirón gravitatorio que sufrimosrespecto de la asistencia gravitacional en astronáutica, es que esta responde
a una cuidadosa planificación por parte de los ingenieros y matemáticos a
cargo de la misión. En nuestro caso la situación fue completamente distinta.
Todo fue repentino y no hubo tiempo para ninguna preparación. Una vez
ocurrida y vueltas las cosas a la normalidad posible, la fuerza gravitatoria
negativa de la pandemia buscará ser apropiada y aprovechada en primera
instancia por los grandes poderes terrenales, económicos y políticos, para la
conducción y engrandecimiento de sus proyectos y negocios.

Sin embargo, esta gran fuerza también está impactando a toda la población del planeta, dejando una huella profunda, un mensaje que quedará retumbando por
mucho tiempo y de esa manera imprimirá cambios esenciales en nuestro
comportamiento. Estos abrirán la puerta y catalizarán aspiraciones, sueños y
deseos de millones de personas en todo el mundo, reprimidos largamente
por el poder y la dominación, que serán favorables a una vida más sabia, más tranquila, más reflexiva, mejor. A la larga terminará influyendo y modelando
a esos grandes poderes en forma capilar, generando en ellos cambios
positivos respecto de sus actuales ambiciones y el contenido de su liderazgo.

Entre los grandes beneficios que podrían obtenerse parece estar la mayor
atención y relevancia que alcance la prevención y el control de los riesgos
existenciales de origen antrópico. La pandemia es una primera señal, patente
y potente, que generará profundas transformaciones. No podemos aún
estimarlas con mayor precisión, pero parece haber consenso que hará
posibles puntos de quiebre e inflexión en cuestiones decisivas. Este golpe
demoledor será una alerta global de un valor incalculable para toda la
humanidad, demasiado desatenta a los riesgos existenciales que nacen de los
desarrollos de punta científicos y tecnológicos, incontrolables hasta ahora
porque están en la raíz de los más grandes negocios, de la industria bélica y
de la lucha por la hegemonía en el mundo.

Por obra de la naturaleza esperamos que los procesos sociales espontáneos
se vayan acercando al cuidadoso cálculo de los científicos e ingenieros
encargados del lanzamiento satelital o de la sonda interplanetaria, que
utilizan la fuerza de los campos gravitatorios dentro del sistema solar para
orientar su nave hacia el destino elegido, minimizando sus costos, sus plazos
y la seguridad de su misión.

Invadidos por el miedo, la pandemia nos obliga a refugiarnos en la soledad de nuestro interior. De aquí van naciendo nuevas formas de vida, nuevos ideales, ideas de proyecto, nuevo ánimo para explorar y emprender. Poderosa virtud creadora de la destrucción

La fuerza que gravita en nosotros con la pandemia es una fuerza negativa que
nos llena de temor, nos induce al rechazo y a alejarnos de su acción. Ejerce
en contra nuestra una fuerza disruptiva y caótica. Sin embargo, esta destrucción genera más allá del vacío inicial, del miedo y el sentimiento de
vulnerabilidad, de la pérdida de seguridad y del sentido, una reacción
positiva, constructiva, ordenadora. Al vaciamiento inicial y al caos de la
destrucción le sigue la resiliencia, la reafirmación de la identidad, la apertura
de campos nuevos creativos, más aireados y fértiles, ámbitos de nacimiento
de nuevos tejidos de orden y sentido, enriquecidos con la experiencia de los
males antiguos y fertilizados por el renacimiento de las fuerzas del deseo y
las nuevas líneas abiertas por la reflexión.

Otro resultado positivo general es el aumento exponencial de nuevos
emprendimientos, vinculado no sólo con la necesidad de nuevas formas de
sobrevivencia y sostenimiento personal o de la familia. Este nacer y brotar de la vida emprendedora de millones proviene no solo del espacio liberado y
despejado que deja el obligado retiro de los grandes poderes modeladores
de la sociedad habitual, sino también del retiro en soledad que abre espacio
a una intimidad más virginal, habitualmente acallada y escondida dentro de
nuestras almas silenciosas. De esta fuente íntima nacen también los
emprendimientos e iniciativas económicas, así como el atrevimiento de
lanzarse a mercados liberados de la presencia dominadora de las grandes
empresas y marcas.

Este proceso es también una expresión de lo creativo que anida en toda
situación de caos, principio de toda acción creadora de las artes mayores y
menores. Invadidos por el miedo, la pandemia nos obliga a refugiarnos en la
soledad de nuestro interior. De aquí van naciendo nuevas formas de vida,
nuevos ideales, ideas de proyecto, nuevo ánimo para explorar y emprender.
Poderosa virtud creadora de la destrucción. El poder de lo negativo, el poder
que rompe los enlaces gastados y fosilizados del viejo orden, hacen posible la
aparición de nuevas combinatorias, nuevas formas del ser y la creación. Es el
trabajo de las enzimas, moléculas de naturaleza proteica que catalizan
reacciones posibles para acelerarlas, convirtiéndolas en cinéticamente
favorables para que transcurran a mayor velocidad, reduciendo la carga de
energía necesaria para romper viejos enlaces y abrir camino a las formas
nuevas, a nuevos ordenamientos, más eficientes y necesarios al desarrollo
del cuerpo biológico. No es demasiado arriesgado y puede ayudar a la
comprensión esbozar también aquí una analogía con el cuerpo social y sus
procesos de transformación.

El gran tirón gravitacional negativo de la pandemia estará actuando a nivel
molecular, a nivel de millones, en todos los ámbitos, acelerando los cambios
en base al sustrato existente en cada uno de los procesos, en cada sistema,
en cada institución. Habrá situaciones en que esas bases apunten a la
aceleración y otras al retardo de los procesos que conducen. La resultante
final en cada caso será la integral de esas intervenciones, lo que conducirá a
cambios no sólo de velocidad o dirección de los procesos sino también de
estructuras y funciones. El factor tiempo es imprescindible de considerar
dada la complejidad de todo cuerpo social y el grado de madurez o
preparación del salto a otra etapa en cada caso, de las fuerzas acumuladas
para gatillarlo rompiendo las barreras que mantenían fija la situación del
orden institucional anterior.

El golpe energético de la pandemia cataliza la transformación y abre la puerta
a formas nuevas, más acordes con el sustrato existente, con sus bases, sus
fundamentos, sus raíces, la tierra germinal de todo. Habrá sido necesario
pasar por el caos y el desorden; por la pérdida de confianzas y valores; por la
disolución de la base de credibilidad y seguridad con que transcurren
nuestras vidas en normalidad. Habremos entrado a tierra más fresca, más
aireada, más permeable, más flexible. A una vida más viva, más espiritual,
más soñadora.

*Filósofo chileno, Magíster en Economía y experto en Medio Ambiente.

Imagen de Mike Lacoste en Pixabay

Publicado por adrianaesthela

Aprendiz de acordeón

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