Documental“Coronation”: Pekín controló el virus, pero recrudeció la represión

El filme del artista chino Ai Weiwei, quien reside en Cambridge, muestra cómo un Estado autoritario como China manejó eficazmente la crisis por Covid-19, aunque maquilló cifras y datos, y fortaleció su poder

El cineasta Ai Weiwei, director de importantes filmes de perfil humanitario como “Marea humana”. Foto: Especial

Por Irene Selser*

A diez meses del inicio de la pandemia ni el gobierno de Pekín ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) han dado una respuesta sobre el origen del brote del coronavirus SARS-CoV-2 (el SARS-CoV-1 también surgió en China, en la provincia de Cantón, en 2002). A comienzos de agosto, una visita de dos semanas a China de dos expertos de la agencia de Naciones Unidas, concluyó un acuerdo con el régimen de Xi Jinpin para cooperar en la investigación de rastreo del virus, según anunció el 4 de agosto el Ministerio de Exteriores chino. Se trata de identificar la posible fuente animal, el huésped intermedio y la ruta de transmisión de la nueva y letal enfermedad.

Como sabemos, el virus se detectó por primera vez en la ciudad de Wuhan, en el centro de China, a finales del año pasado, y se relacionó con un mercado de productos marinos donde se comercializan además animales silvestres, no aptos para el consumo humano.

Desde un inicio, científicos afirmaron que posiblemente el nuevo coronavirus pasó de un murciélago –muy gustado en la dieta de los chinos– a los humanos a través de una especie intermediaria, también silvestre, posiblemente el pangolín, un solitario y pequeño mamífero en riesgo de extinción y el más traficado del mundo por su explotación en Asia y África como alimento y con fines medicinales.

Ni China ni la ONU indicaron cuándo comenzarían las pesquisas, aunque Pekín ya adelantó que la investigación completa debe esperar “hasta que la pandemia esté bajo control”, al tiempo que ha rechazado las acusaciones de que retrasó el envío de información a la OMS al inicio del brote, controlado con evidente éxito y celeridad, no obstante las críticas al despliegue represivo.

De esto último trata el más reciente documental del artista chino Ai Weiwei, residente durante años en Berlín y en la actualidad en Cambridge, Gran Bretaña. Se trata de “Coronation”, un documental filmado el tiempos del brote por camarógrafos de Wuhan, en su mayoría aficionados, dirigidos a distancia por Ai Weiwei, el reconcido cineasta (Pekín, 1957), autor entre muchas otras películas de “Human Flow” (Marea humana, 2017), filmada en 23 países y que aborda la catástrofe humanitaria de los millones de refugiados y desplazados por guerras, hambrunas o conflictos.

El material fílmico de “Coronation” fue recopilado por ciudadanos de Wuhan y en él se muestra la dureza y brutalidad con las que el Estado chino cerró la ciudad e impuso la cuarentena, desde diciembre pasado hasta comienzos de abril.

No obstante, y como señala el propio cineasta en entrevista con la agencia alemana Deutsche Welle (DW /https://www.dw.com/es/ai-weiwei-fue-una-buena-decisi% /a-54717746/27-08-20), las fuertes medidas fueron eficaces para frenar la propagación del virus.

Fue una buena decisión cerrar Wuhan, pero no se debería haber llegado a bloquear, literalmente, las puertas de las casas, a encarcelar a muchos y a ocultar la verdad sobre la situación. Eso hizo que se desatara el pánico

Con “Coronation”, Ai Weiwei intentó obtener un conocimiento más profundo sobre un suceso nuevo y desconocido como es la actual pandemia. Así lo hizo también con el terremoto en la provincia china de Sichuan, en 2008, y durante la crisis de refugiados, en 2015.

“Quería entender a China y al pueblo chino de primera mano y experimentar cómo reaccionaban ante el coronavirus. Bajo estas circunstancias dramáticas se puede entender mejor la política y la humanidad de todas las sociedades”, afirmó el artista a DW y destacó que, a pesar de no estar en el sitio de los hechos, “con la tecnología actual es posible rodar una película desde un lugar distante”.

Agregó que “el desafío más grande para un director al enfocarse en un tema es el concepto. En el filme se ve que jóvenes enfermeras y enfermeros, médicos y otros trabajadores de la salud llegaron en pocos días a Wuhan. China es, tal vez, el único país que pudo lograrlo con esa rapidez y vehemencia”.

La película muestra cómo el Estado levantó la infraestructura necesaria, inclusive los hospitales de emergencia, y dotó a los trabajadores del equipo necesario. “Esos detalles me sorprendieron, y son una revelación acerca del comportamiento humano en un régimen autoritario”, dijo el artista.

Pero también, añadió, “pudimos mostrar cómo el régimen reclutó a esos jóvenes para el Partido Comunista y las ceremonias que tuvieron lugar después de que el confinamiento fuera levantado. Esos momentos positivos, objetivamente vistos, de un Estado controlado por medios fuertemente autoritarios son difíciles de filmar”.

La cinta también muestra cómo a un trabajador de la construcción, que llegó a Wuhan para apoyar las tareas de emergencia, se le prohibió abandonar la ciudad. Dice Ai Weiwei que el joven trató de orientarse a través de “la típica burocracia kafkiana” para poder salir. Lamentablemente, más tarde nos enteramos de que, si bien Meng Liang pudo volver a su hogar para estar con su familia, se suicidó ahorcándose porque tenía problemas económicos. Una historia, tan trágica como banal, sobre la vida en estos tiempos”.

Sobre cómo hizo para que sus camarógrafos se mantuvieran seguros durante la filmación, el productor destacó que, si bien no podía garantizar la seguridad de nadie, todos los días daba indicaciones, aunque cada uno tenía la libertad de filmar como lo consideraba más seguro. “Todos fueron equipados con vestimenta de protección y se les dieron los protocolos necesarios. Sin embargo, las filmaciones eran muy peligrosas. Por eso les pedimos a los que participan en ellas que enviaran todos los días el material fílmico por internet, para protegerlo. La mayor parte de los camarógrafos no son profesionales, y trabajaron allí por primera vez en una película”.

Conocido por sus críticas a China por su política represiva, Ai Weiwei consideró en este caso que, “como Estado autoritario, China fue uno de los países que manejó más eficazmente un desafío tan grande como es la pandemia. Para hacerlo, el régimen reprimió fuertemente los derechos humanos, los derechos individuales, la esfera privada y la voluntad individual de las personas. En el fondo, China se apropió de la libertad de todas las personas y así fortaleció su poder. Esa es la característica fundamental del veloz desarrollo de ese país, y funcionó muy bien durante los últimos 30 años”.

Asimismo, agregó, “China ha creado una sociedad que no tiene confianza en absoluto en quienes la gobiernan, el partido gobernante nunca obtuvo su legitimación a través del reconocimiento del pueblo, sino, en realidad, a través de la fuerza policial, la propaganda agresiva y la censura en la información. El Estado chino y sus habitantes no confían el uno en el otro, pero al Estado hay que obedecerle porque éste mantiene el control por medio de la ley y la violencia”.

No obstante, para el cineasta “fue una buena decisión cerrar Wuhan”. Recordó que en el gigante asiático hay otras 100 ciudades de tamaño similar al de Wuhan, la tercera en importancia del país. “Si no se hubiesen bloqueado los ingresos y salidas del epicentro de la pandemia, hoy estaríamos viviendo una verdadera catástrofe humanitaria”.

“Al mismo tiempo –prosiguió– no se debería haber llegado a bloquear, literalmente, las puertas de las casas, a encarcelar a muchos y a ocultar la verdad sobre la situación. Eso hizo que se desatara el pánico. Antes de que las autoridades cerraran Wuhan, el 23 de enero, hacía uno o dos meses que sabían que el coronavirus se contagia entre humanos. Pero maquillaron las cifras de contagios y de muertes por Covid-19”.

En medio de la incertidumbre generada por la pandemia, el colapso de la economía mundial y las nuevas formas de aprender a coexistir con el Covid-19 –otro reto para la adaptabilidad darwiniana del Homo sapiens–, Ai Wiewie se dice “muy pesimista sobre lo que aprenderemos de ella. Pienso que las cosas volverán a la normalidad, que las personas simplemente se sacarán sus mascarillas y las tirarán a la basura. No creo que la gente aprenda, en general, mucho de esto. Incluso si han aprendido algo, seguirá siendo algo superficial, como lo es en el caso de China”.

Queda esperar el veredicto de la ciencia sobre el nuevo coronavirus, cuando la administración Trump insiste en acusar al Instituto de Virología chino de Wuhan, a algunos kilómetros de la ciudad, de ser el responsable de la pandemia que azota al mundo. El 25 de mayo, la directora del centro, Wang Yanyi, rechazó la versión de Estados Unidos de que el nuevo coronavirus se habría “escapado” de dicho centro de análisis, aunque reconoció que tienen para su estudio tres cepas vivas de coronavirus de murciélago, pero según ella ninguna corresponde a la enfermedad Covid-19. 

 “Como todo el mundo, ni siquiera sabíamos que el virus existía”, declaró Wang Yanyi a la televisión pública china CGTN en una entrevista difundida el domingo 24 de mayo.

“Por lo tanto, ¿cómo podría haberse escapado de nuestro laboratorio?”, se interrogó Wang Yanyi, catalogando las sospechas de “pura invención”. Admitió que el Instituto “había aislado y obtenido algunos coronavirus a partir de murciélagos”, pero “la similitud con el virus de la enfermedad Covid-19 “es de sólo 79.8%”.

Repetidamente, tanto el presidente Trump como su secretario de Estado, Mike Pompeo, han dicho que sospechan que el virus que se detectó por primera vez en Wuhan fue liberado de alguna manera del laboratorio, lo que ha sido rechazado invariablemente por Pekín.

Vista aérea del laboratorio P4 en el Instituto de Virología de Wuhan. Foto: Especial

*Periodista y traductora, coordinadora editorial de Diarios de Covid-19. FB Irene Selser.

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