Pensamiento propositivo I

A mayor edad, ¿más propositivos?

En esta edición, la autora habla sobre la combinación de la magia y la bendición de una edad avanzada, con el poder de sus pensamientos «ya educados» con el paso del tiempo.

Por Marayira Chirinos*

Foto: Francisco Castillejos

Hoy día, independientemente de nuestra edad cronológica, estamos en capacidad de discernir entre lo que nos conduce al bienestar o el malestar emocional. La importancia que le damos al HOY y la certeza de que «mañana no sabemos», nos ha hecho acelerar esa madurez de las emociones que nos impulsa a ser más propositivos.

Sin duda, el factor pandemia ha incidido en gran medida a que en estos tiempos ya logremos entender que los pensamientos pueden ir moldeándose y madurando en el tiempo, hasta el punto de reconocer cuando nos hacen daño y, sin mucho reparo, dejarlos atrás.

Ahora bien, existen experiencias que solo los años nos dan, y enseñanzas que solo esas experiencias traen consigo. Por esa razón hoy, desde el pensamiento propositivo, logramos articular algunas fórmulas sobre la base experimental y siempre documentada y certificada por especialistas, que señalan que el paso de los años lleva consigo una variedad de cambios que generan ganancias y pérdidas de diversa índole; por lo que el envejecer no puede ser visto solamente como una etapa de decadencia, sino, por el contrario, como uno de los momentos más sólidos de nuestra vida, donde el capital emocional ya está consolidado y con las puertas abiertas para demostrar que la vida es hoy, y que cada minuto cuenta.

Esa madurez emocional que logramos alcanzar a una avanzada edad está distanciada por una línea muy delgada de la vulnerabilidad propia de la edad. Sin embargo, es un campo interesante que nos permite disertar sobre el envejecimiento y sus múltiples terrenos que van desde las clásicas teorías gerontológicas hasta la psicobiología y la neurociencia.

Para ahondar sobre los matices de un envejecimiento saludable del cuerpo y del pensamiento, nos apoyamos en la psicogerontóloga venezolana Victoria Tirro que entendió hace años que para abordar esta etapa tan llena de sabiduría es importante aplicar la psicología positiva y conocer herramientas que hagan de este momento una combinación de experiencia, disminución de factores desgastantes y armonía entre la persona de edad avanzada y su entorno.

Envejecer tiene, sin duda, una magia muy especial. Esos ojos que comienzan a perder su brillo tienen tras de sí un complejo aparato cerebral que percibe estímulos y reacciona diferente a como lo hacía años atrás, porque su valoración frente a la vida ha cambiado. Es por esa razón que debemos «aprovechar» las ventajas de la experiencia acumulada durante la juventud prolongada, para estimular ese cerebro poderoso que tiene la capacidad de disminuir las dolencias propias de la edad donde los pensamientos «envejecidos o maduros» juegan un rol determinante.

Un adulto con pensamientos de este tipo no da cabida a ningún agente perturbador; por el contrario, se convierte en fuente VIVA de positivismo y propositivismo dentro de sus limitaciones, con amplísimas cualidades estimulantes para quienes, con toda la fuerza física y años por delante, solemos darnos trancazos emocionales y ahogarnos en pequeñas contrariedades.

Las personas maduras física y emocionalmente son capaces de controlar, gobernar y manejar sus emociones y las que les contagian. Eligen lo que quieren conservar y lo que no, sin el más mínimo sentimiento de culpa, lo que les ayuda a ser muy eficientes en la construcción de sus pensamientos y en el mantenimiento del verdadero equilibrio de sus relaciones con el entorno.

Ocurre con frecuencia que a una edad avanzada las personas se dediquen a escribir más, eso ocurre porque la madurez emocional alcanzada brinda la conciencia especial de los pensamientos y los sentimientos propios y ajenos. Se desarrolla mejor la empatía y se quiere dejar constancia escrita de ese sentir.

Envejecer es un premio, no un castigo y como tal debemos asumirlo, además de que, en el mejor de los casos, tendremos la fortuna de transitar ese camino del envejecimiento, por eso debemos hacerlo saludable mental y físicamente. Desarrollemos la empatía, hagamos el ejercicio mental de cómo nos gustaría pensar y sentir cuando nos llegue ese momento.

*Politóloga, comunicadora y locutora venezolana. Mamá de Sara, Abraham y Samuel. Twitter: @marayirachirinos y @pensamientopropositivo

El camino del duelo

En esta nueva entrega para Diarios de Covid-19, Anel Facundo habla de la forma en que el duelo nos lleva a la tarea de sentarnos a escuchar y aceptar las emociones, la ansiedad, la incertidumbre, la culpa y la soledad; el duelo nos lleva a la tarea de cuestionarnos todo lo aprendido y lo que está por asimilarse.

Por Anel Facundo*

Foto: Luis Barrón

Cuando perdemos a alguien que amamos abrimos la puerta a la experiencia del dolor; el duelo implica reaprender del mundo que se ha desorganizado, entonces aprender en el duelo podrá resultar en un proceso de reconocimiento y de desarrollo de una nueva identidad en la vida o en un proceso donde todo se detiene y nada tiene sentido; vivir el duelo es como hablar un lenguaje que solo tú conoces.

Existen tipos de duelo que surgen a partir del cómo, dónde, cuándo y en qué momento de la vida las cosas dan un vuelco.

Cuando atravesamos el duelo con normalidad vamos avanzando en la crisis y los cambios de la vida hasta llegar al aprendizaje con una nueva forma de ver el mundo y sus cambios, pero si congelamos el dolor, si lo inhibimos no podremos avanzar en él.

Cuando el duelo se complica se presentan los pensamientos constantes de dolor, de buscar, añorar a tu ser amado, a preguntas que sin tener respuesta muestran una profunda sensación de soledad que dificulta el aceptar que a quien amas ha partido. Cuando el duelo se complica aparece la extremada dificultad de entender la vida y encontrarle sentido al mundo que se ha derrumbado, la extremada dificultad de entender el para siempre y el nunca.

Hay sucesos que pensamos que jamás nos ocurrirán, no imaginamos que dejaremos de ver a alguien de la noche a la mañana, no creemos en la posibilidad de ver morir a un hijo y de perderse uno mismo en el dolor, ni en la colisión de todos los recuerdos. Todo esto en lo que jamás pensamos ni hablamos, puede llevarnos a complicar nuestro dolor.

Vivir un duelo es un proceso natural, es una reacción emocional ante la separación abrupta de un ser querido y por más raro que parezca también es necesario, no podemos detener el proceso, no podemos negar su existencia, solo podemos experimentarlo a través de la sensibilidad, los recuerdos y las tareas que nos trae el duelo.

El duelo nos plantea la tarea de sentarnos a escuchar y aceptar las emociones, la ansiedad, la incertidumbre, la culpa y la soledad. El duelo nos lleva a la tarea de cuestionarnos todo lo aprendido y lo que está por asimilarse.

Y aunque en algún momento lleguemos a sentir que el dolor jamás desaparecerá, el duelo en cierto sentido se resuelve cuando la persona recupera el interés por la vida, cuando experimenta gratificación de nuevo, cuándo nos reinventamos.

*Psicóloga y Tanatóloga.

El gusto / reflexiones sobre los sentidos y la pandemia

La autora de este quinto ensayo sobre los sentidos comparte: el cariño es un verbo, es el acto mismo de oler la menta mientras separas sus hojas del tallo, es moler la canela, junto con el clavo, el comino y la pimienta negra, es revolver el ajo con la cebolla sobre el aceite antes de agregar el jitomate. El cariño es el impulso que le devuelve la vida a situaciones extremas. En la pandemia aprendimos a adaptar los gustos y a crear circunstancias gozosas en medio de situaciones inhóspitas, pero no fuimos los únicos en cocinar afectos y cocinar a partir de los afectos en momentos extremos. Por el contrario, lo que experimentamos alienta y se vincula con legados extendidos en el tiempo, con los sabores que residen entre las sombras húmedas del olvido pasado.

Por Mariana Mora*

Imagen de Engin Akyurt en Pixabay

O branco açúcar que adoçará meu café
não foi produzido por mim
nem surgiu dentro do açucareiro por milagre.
Vejo-o puro
e afável ao paladar
como beijo de moça, água
na pele, flor
que se dissolve na boca. Mas este açúcar
não foi feito por mim.

“O açúcar”, Ferreira Gullar

Por medio de un tono que por momentos recuerda las Odas elementales de Pablo Neruda, el brasileño Ferreira Gullar, poeta, ensayista y uno de los fundadores del movimiento neoconcreto que surge a finales de la década de 1950, escribe estas frases homenajeando el azúcar en su paso por una taza de café. Para los que apreciamos una buena dosis de cafeína matutina, él dibuja una escena de goce cotidiano. En su caso, lo imagino sentado en un café cerca de la playa de Ipanema, contemplando la luz tempranera, su bebida en mano. El ritual ofrece una lujosa pausa antes de emprender las actividades del día. El gesto idílico descansa en aquello que suaviza el paladar, un beso acaramelado que se disuelve en la boca. El gusto por la dulzura reduce lo amargo del café, encuentra así la fusión perfecta para un ser moderno que prospera entre lo energizante y lo empalagoso.

Pero como bien insiste Gullar en las siguientes estrofas de su poema, ese azúcar no fue elaborado por sus manos, ni apareció por arte de magia en su mesa, no es inocente. Tampoco emergió sin previo aviso en las cajas de cubitos de azúcar, cada uno envuelto en su papel con el sello Domino, una de las principales marcas en el mundo, que desde la ciudad de Nueva York refinaba el azúcar producido no solamente en Brasil, sino también en Cuba, Barbados, Jamaica y el sur de Estados Unidos, entre otras latitudes. Esta marca, una de las grandes empresas de azúcar que perduró durante más de doscientos años, se distinguía por su caja dividida a la mitad entre un color amarillo canario y uno blanco. En la parte superior estaba estampada la palabra Domino; inmediatamente abajo, la frase “We will always be your sugar” [Siempre seremos tu azúcar] coqueteaba con las palabras de cariño que en ese país suelen asociarse con lo dulce, con los bombones y los postres. En inglés la empresa se pronuncia igual que el juego de dominó, pero en español devela otra identidad, la de un sujeto que afirma su capacidad de dominar —la mano de obra, la industria, una parte importante del mercado global—, transforma así el sentido del gusto en muchos rincones del mundo, endulza los alimentos, sobre todo los industrializados, reeduca el paladar hasta que este exige más y más y más y más de lo mismo.

La búsqueda por lo azucarado llega a tal grado de saturación que aún diez años después de haber cerrado sus puertas en 2004, el edificio industrial de la empresa Domino Sugar Refinery, en la isla de Brooklyn en la ciudad de Nueva York goteaba de sus entrañas melaza, y las capas de polvo pegado con azúcar forraban las vigas de veinte metros de altura. De sus paredes se desprendía un olor que en 2014 el fotógrafo David Allee describió, mientras se encontraba haciendo un registro de la refinería en ruinas, como una mezcla de “crême brûlée con moho y lo fétido”. Allee no fue el único artista que se dejó seducir por el espacio para producir su obra. En mayo de ese año, la artista visual Kara Walker elaboró la obra pública más grande que se haya expuesto en la ciudad de Nueva York. Utilizó 80 toneladas de azúcar donada por la misma empresa Domino para diseñar una escultura de más de 25 metros de largo, titulada, «A subtlety, or the marvelous sugar baby» (Una sutileza, o un bebé de azúcar maravilloso), una esfinge en forma de una mujer afrodescendiente, con su pelo recogido en un pañuelo, su cuerpo agazapado, sus manos en forma de garras de león. Esta escultura monumental basada en una imagen icónica de la mami ocupa el lugar central del edificio principal de la refinería, espacio que Walker describe como una catedral que le rinde homenaje a la industria y a su principal producto.

Un video que registra el proceso de producción muestra a sus asistentes esculpiendo las curvas del cuerpo de la esfinge, como si sus paredes de azúcar fueran la base material de un muñeco de nieve con proporciones extraordinarias. Se les observa mezclando costales de azúcar con agua hasta transformarlos en una especie de jarabe que después embarran sobre la superficie para darle textura. Mientras trabajan, el azúcar vuela por el aire, su líquido pegajoso queda emplastado en los zapatos, la ropa y en los cachetes y las narices de los presentes. En una imagen, Walker se acerca con cariño al rostro de su marvelous sugar baby, se detiene un instante más allá del beso para probar cuán dulce es su obra.

No hay nada sutil en una esfinge monumental que ocupa una parte importante de un recinto abandonado. Tampoco existe un grado de discreción en las complejidades que envuelven el uso del mismo producto blanqueado de Domino para mostrar su lado oscuro, la historia de la esclavitud y del consumo sexualizado, disfrazado con palabras endulzadas, del cuerpo femenino negro. En ese sentido, más que una obra sobre la historia, Walker insiste en que es «una obra consumida por la historia». Nos recuerda que en Inglaterra subtlety no es solo una sutileza sino un tipo de escultura hecha de pasta de azúcar, mazapán, frutos secos y nueces que se producía para retratar a la realeza. Una auto representación del poder que solo podía ser ingerida por ellos mismos.

La esfinge duró dos meses en la antigua refinería hasta que ambas fueron demolidas para darle paso a un nuevo proyecto arquitectónico de vivienda. Aunque la escultura se presentó y se destruyó seis años antes de la pandemia, el significado de la obra perdura y adquiere una capa adicional de sentido en estos tiempos, un sentido también poco velado. En la época del Covid-19, el gusto adictivo del azúcar ha generado para millones de personas condiciones de salud precaria y, de ser contagiados del virus, les hace más propensos a enfermarse de gravedad. A pesar de ello, en lugar de disminuir, en estos dos años de pandemia, su consumo se ha incrementado en millones de hogares, principalmente en las regiones y en los barrios que más han sufrido condiciones de precarización laboral, incluyendo los descendientes de los que fueron obligados a trabajar en las plantaciones y en las refinerías.

Sí, Ferreira Gullar, puede ser que ni el azúcar ni el gusto por el azúcar fueran hechos por ti, ni por mí, pero se requiere de una vigilancia disciplinada (y del poder adquisitivo suficiente) para mantenerlos, junto con sus legados, alejados de mi plato y de mi taza de café.

* * *

Antes de decidir que nuestro hijo, Camilo, se reincorporaría a su vieja escuela porque ahí mantuvieron un esquema presencial, pasó las primeras semanas de la pandemia en modo virtual. Un día en su padlet le asignaron la actividad de identificar los tipos de alimentos saludables y poco saludables que teníamos en casa. Debía buscar en el refrigerador y la alacena alimentos para colocarlos en una mesa dividida entre el lado de lo sano y de lo no sano. El criterio de este segundo se basaba en si contenía azúcar, grasas saturadas o era altamente procesado. Cumplimos la tarea en escasos minutos, pero como estábamos al inicio del confinamiento, yo aún tenía energía y creatividad para convertir una actividad escolar de cinco minutos en un ejercicio didáctico extendido y alargado en el tiempo. Cuando me preguntó por los ingredientes del lado de lo no saludable, revisé la lista impresa en las pocas cajas de comida y latas del supermercado que teníamos en ese momento. Me dediqué a leerlos en voz alta, muchos de los ingredientes que están basadas en composiciones químicas, con colorantes o conservantes, son difíciles de pronunciar, sus sonidos se atoran como un trabalenguas. Nos reíamos de los intentos de lectura compartida y nos inventábamos otros nombres. Sin duda el ingrediente que más se repetía y que contenía un par de letras que Camilo reconocía, era el azúcar. De todo producto no sano con un endulzante oculto eligió su favorito, el catsup.

Sin embargo, el experimento didáctico tuvo un efecto inverso. Lo que encajonamos en la lista de lo prohibido, se volvió altamente apetecible. Estoy segura de que no fue la intención de su maestra, pero el ejercicio evidenció que el gusto no solamente pasa por lo que el paladar dicta, sino por las circunstancias que lo hacen algo atractivo a consumir. En este caso lo llamativo no pasaba por una dificultad respecto al acceso, algo que permitiría saborearlo por ser el resultado de un logro o una circunstancia extraordinaria, sino por la sobreaccesibilidad.

Este no siempre fue el caso. El azúcar, originario de Nueva Guinea, se refinó por primera vez hace dos milenios en la India. Durante mucho tiempo su consumo se destinó para usos medicinales, como una especia, o para endulzar la comida de la élite. Sin embargo, la institución de la esclavitud lo convertiría en el «oro blanco» de las Américas, hasta saturar los mercados y las mesas de los hogares alrededor del mundo. Para principios del siglo XVIII, la mitad de los barcos en el puerto de Nueva York llegaban con azúcar proveniente de las islas del Caribe o se iban a las islas con personas esclavizadas para trabajar en las plantaciones de caña. En un ensayo publicado en 1991, el teórico de estudios culturales y del pensamiento negro, originario de Jamaica, Stuart Hall, afirma su vínculo con el azúcar de la siguiente manera: «Yo soy el azúcar al fondo de la taza de té inglés, soy el diente dulce, la plantación de azúcar que pudrió los dientes de generaciones de niños ingleses». Con estas palabras y mediante un dialogó indirecto, Hall le agrega respuestas al poema de Gullar, insiste en que la violencia detrás de este consumible también produce a los seres que surgen de su modo de producción para después aparecer en la taza de té o de café.

El azúcar no solo está en la médula de poblaciones enteras cuyos antepasados fueron obligados a llegar y sobrevivir en las islas caribeñas, sino que fue la materia indispensable para elaborar otros sabores que ahora predominan en los circuitos globales de lo goloso y que han sido un soporte alimenticio y afectivo para muchos, especialmente durante la pandemia. El azúcar que transformó el cacao en chocolate. En Mesoamérica, la civilización Olmeca, seguida por la Maya y la Azteca, utilizaban el cacao para preparar una bebida espumosa y amarga, saturada de sabores de diversas especias que le agregaban a lo que en náhuatl significa cacahoatl o cacahuatl, es decir,  «jugo amargo», y en maya chocol, «agua» y «caliente». Podía ser mezclado con diferentes chiles, o con achiote, hoja santa, pimienta gorda, acuyo, flores, zapote y maíz. Era considerada la bebida de los dioses, y, por cierto, la cercanía con ellos no pasaba por medio de endulzantes. Quizá por lo mismo, cuando el alimento se trasladó a Europa fue recibido con disgusto. El comerciante de Milán, Italia, Girolamo Benzoni registra en sus diarios de viaje por el «nuevo mundo» que «el chocolate parecía más bien una bebida para cerdos». Cuentan que es probable que en el siglo XVI hayan sido unos monjes en un monasterio en Zaragoza, España quienes empezaron a agregarle azúcar. A partir de ahí se dio la explosión por el mercado del chocolate en toda Europa para después extenderse a través del mapamundi.

En su ensayo, Una aproximación psicosociológica del consumo alimenticio contemporáneo, Roland Barthes argumenta que la comida no es solo un alimento, ni una forma de consumo, es un signo. Los rituales cotidianos que entrenan el paladar a gozar de determinados alimentos, o a descartar otros, no se reducen a la comida en sí, sino que se vinculan a otras esferas de lo cotidiano, dotan de sentido distintas circunstancias o incluso provocan respuestas a determinadas situaciones. También los alimentos pueden ser un significante. El azúcar es un producto que impregna tantos alimentos que sustituye otros aspectos de la vida cotidiana. Satura a tan alto grado que adormece el resto del paladar, encubre los vacíos del presente. Por ser un sabor que reconforta y evade, su consumo llegó a acentuarse en estos dos años.

De manera paralela, los ingredientes de lo cotidiano se fueron revolviendo, moliendo y amasando de otro modo. A partir de las rutinas inventadas y de las huellas de otras olvidadas, el desenlace pandémico también ha reeducado lo que el gusto reconoce como apetecible. ¿De qué manera nos definen y elaboran los sabores de los tiempos que estamos viviendo? ¿Cómo nos cultivan los gustos que fuimos adquiriendo o que hemos recuperado? ¿De qué manera sus sabores subyacentes descansan sobre nuestro paladar y cómo nos alimentan?

* * *

A lo largo de esta serie de ensayos he procurado tocar la vitalidad que habita las heridas de la pandemia. Cuando las reconozco respiro en ellas para así reconocerlas, preguntarles de qué están hechas y aceptar las reflexiones que ofrendan para seguir caminando. Ha sido mi forma de honrar las vidas de los que se nos han ido, de saberme acompañada por ellos y de imprimir pequeñas transformaciones para que la cotidianidad nos sostenga y alimente de otro modo. Del encuentro entre esta búsqueda y el sentido del gusto, brincan de manera espontánea memorias asociadas a la comida para afirmar, «¡aquí estoy!, yo soy la pura potencia».

Aunque el virus nos obligó a festejarles a destiempo, poco me ha provocado más alegría en estos dos años que celebrar el cincuenta aniversario de la boda de mis padres. Fue una tarde de verano en 2021. Decidieron preparar una paella. Llevan tantos años cocinando juntos que son un equipo extraordinario, capaz de coordinarse a la perfección. Se dedican a la tarea culinaria con tal elegancia que a pesar del vaivén no sueltan la copa de vino. Mientras mi papá calcula la temperatura del asador para calentar la paellera, mi mamá limpia, corta, prepara y ordena todos los ingredientes. Le va pasando primero el pollo y las salchichas para freírlos sobre el aceite de oliva, seguido por los camarones. Conforme se cuecen, mi papá los va retirando del fuego para después incorporar el arroz al aceite ya impregnado de sus sabores. Cuando es el momento oportuno y sin que mi papá tenga que decir nada, aparece mi mamá con el caldo para irlo agregando poco a poco. El tempo es crucial, es lo que le permite al arroz cocinarse parejo, lo suaviza sin que pierda su forma, ni su textura. Mi parte favorita del espectáculo es cuando el azafrán entra a escena para asumir su papel protagónico, esparce brotes de amarillo anaranjado hasta que poco a poco el arroz lo va absorbiendo y el tono de la paella entera se va uniformando. Los ejotes y el pimiento rojo se colocan ya cuando al arroz le falta poco para estar listo y el toque final consiste en reincorporar todos los ingredientes de mar y tierra que ya fueron preparados al inicio de la aventura. Les quedó espectacular. Esa noche fue un festival de sabores que culminó con un brindis de champán de marca Ayala, la que fue la botella favorita de mi avi, mi abuelo, y un beso que selló su medio siglo juntos.

A una escala más ordinaria, en la rutina cotidiana de nuestra vida citadina, bajo una contingencia que se relaja y contrae según las olas virulentas del mundo, el deseo familiar de explorar lo que tenemos a la mano por medio de los sabores y sus mezclas ha sido el antídoto a las angustias y preocupaciones del momento. Nuestra pequeña familia de tres coincide en el antojo por los pollos horneados en casa. A Luis Felipe le encanta experimentar con distintas versiones —pollo parado, pollo sellado en una olla de barro vietnamita, rostizado de forma más clásica con papas, o con cerveza, en una capa sellada de especias, o con jugo de limón— y a Camilo y a mí comer los resultados. La oportunidad de jugar con los gustos, con las texturas sobre el paladar, y con las combinaciones de hierbas y de especias ha sido una fuente de placer que le agradezco a estos tiempos. Los sabores que despiertan la complicidad entre el sentido del gusto y del olfato han representado quizá el desvelamiento más tangible de los afectos, un apapacho a través del paladar, una forma de ingerir las memorias que alimentan el cuerpo y el alma.

Por la cantidad de guisos que se han presumido en Instagram entre mis conocidos, parece que nuestra casa no ha sido la excepción. Lo que se comparte es muy diverso, a veces los guisos son invenciones que emergen de los ingredientes aparentemente dispares que habitan el refrigerador en ese momento, otras veces son de una elaboración y preparación compleja, en otras ocasiones toman formas muy concretas —las recetas de las abuelas o de su región. Un amigo me compartió que en estos tiempos su guiso favorito, el que le ha dado energía y ánimo, ha sido el platillo ancestral de su pueblo, el caldo de piedra, una sopa de pescado que se prepara en la zona de Chinantla, en el estado de Oaxaca. El sabor explosivo en su sutileza proviene de la sencillez de sus ingredientes: pescado, cebolla, chile, jitomate, cilantro, epazote. Todos son colocados crudos en una jícara con agua. Su cocción se da en escasos segundos, cuando piedras al rojo vivo son incorporadas a la mezcla caldosa. La alta temperatura suelta de manera instantánea los nutrientes y el vapor con su respectivo chisporroteo. La preparación le da fuerza al cuerpo, además dicen que en sus orígenes el platillo era una forma de consolidar alianzas.

En mis redes también se comparte el gusto por lo extraordinario en un día cualquiera. Una amiga describió que, a finales de la primavera del primer año de la pandemia, decidió preparar la receta de la abuela, la pierna de Navidad, que acompañó de los tradicionales adornos. El antojo rompió todo protocolo, liberó el guiso del encuadre ceremonial festivo, junto con sus reglas y rutinas, para dejarlo relucir por sí mismo y así rendirle un homenaje divertido a la abuela. Otra amiga habló de la diversidad de moles que preparó a lo largo de los meses de encierro —negros, rojos, y el amarillo—, cada uno lleva horas, en algunos casos días, de elaboración.

El desacelere obligado también dio tiempo para meter literalmente las manos en la masa, sobre todo la masa madre que produce la fermentación natural a partir de la levadura y las bacterias que contiene toda harina. Aunque sencillo, el proceso es lento, requiere paciencia para atender bien la masa, aprender a tomar lo necesario y seguir cuidando la base original. Hornear pan y sus derivados fue un gran descubrimiento para muchos conocidos. Mi amiga María Paula le dedica cada domingo a esta tarea, y al día siguiente reparte sus frutos. En casa, seguido nos tocaba un pan. Con el tiempo, fui notando cómo las diferentes harinas con las que experimentaba y la forma de fermentación provocaban distintos sabores e incluso consistencias.

El gusto por la lentitud y las modificaciones sutiles, pero notables, se expresan también de otras formas, por ejemplo, en preparar alimentos empezando con su cultivo. Por un tiempo nosotros nos dedicábamos a germinar lentejas cada semana. Todos los días cambiábamos el agua en la que estaban parcialmente sumergidas y las regábamos ligeramente para humedecer los pequeños brotes. Otras amigas cuentan que con los frutos de su cosecha se inventaban todo tipo de recetas como salsas de tomate, salsas picantes, ensaladas y guisos de una variedad de verduras. Y otras, ya teniendo las zanahorias en mano, convertían la actividad de cortarlas en algo placentero, prolongaban el tiempo, para así darle mayor sustento a una sopa tailandesa.

A partir del conjunto de conocimientos compartidos, de guisos inventados, junto con sus respectivos ingredientes, la tierra entró a la casa. El goce adquirido a partir del tiempo desacelerado y la curiosidad de probar distintos platillos, así como de descifrar sus combinaciones, nos dio tierra, nos cobijó, nos apapachó, nos devolvió la sensualidad de lo cotidiano en momentos de un profundo desamparo. ¿De qué manera la amalgama de ingredientes que elegimos probar y recordar en estos tiempos transformaron nuestros gustos? ¿Qué anhelos guardan los tiempos y las temperaturas que cada componente de los guisos requiere para que broten sus secretos? ¿Qué pasados y campos de cultivo emergentes residen ahí?

* * *

Estoy segura de que todo proceso químico que fusiona ingredientes debe absorber algún elemento de lo afectivo. No sabría ni cómo distinguir el cariño de los demás elementos, ni cómo identificarlo, pero forma parte de las sustancias. Además de ser un componente, el deseo de cuidar al otro, de suavizar sus dolores, de compartir sus alegrías, de ser cómplice de su espíritu, es también el movimiento que cocina. El cariño es un verbo, es el acto mismo de oler la menta mientras separas sus hojas del tallo, es moler la canela, junto con el clavo, el comino y la pimienta negra, es revolver el ajo con la cebolla sobre el aceite antes de agregar el jitomate. El cariño es el impulso que le devuelve la vida a situaciones extremas. En la pandemia aprendimos a adaptar los gustos y a crear circunstancias gozosas en medio de situaciones inhóspitas, pero no fuimos los únicos en cocinar afectos y cocinar a partir de los afectos en momentos extremos. Por el contrario, lo que experimentamos alienta y se vincula con legados extendidos en el tiempo, con los sabores que residen entre las sombras húmedas del olvido pasado.

Recuperar sus memorias como el soporte de los platillos creados para que el paladar los reconozca y el cuerpo los incorpore, es el proyecto profesional de la arqueóloga de origen haitiano Peggy Brunache. Su talento consiste en mezclar el conocimiento técnico de la arqueología con el placer de la comida y las bondades de la historia. Para esta tarea conecta los hallazgos de su trabajo ubicado entre las ruinas de la plantación de azúcar Habitation La Mahaudiere, en la isla Grande Terre del país caribeño de Guadeloupe, con la ciudad en el país de Escocia, donde actualmente reside.

Guadalupe, como toda isla del Caribe, fue un centro de producción de azúcar con base en la mano de obra forzosa de personas esclavizadas. Peggy se dedica a recuperar lo cotidiano de esa época, más allá de los discursos basados exclusivamente en la explotación. Su proyecto se desprende de una pregunta muy básica: ¿qué comían? Las respuestas desdoblan las narrativas prevalentes que establecen que dependían de lo que el amo decidía darles. Se suele describir que comían las sobras de la casa grande, alimentos que igual podían ser destinados a los cuartos de esclavos o a la pocilga de los cerdos. Más que comida gustosa, consumían alimentos para sobrevivir. Sin embargo, el trabajo de Peggy insiste en que los artefactos y la evidencia orgánica que ha recuperado en las ruinas de Habitation La Mahaudiere apuntan a una realidad mucho más ingeniosa.

Las personas esclavizadas elaboraron gustos culinarios y produjeron alimentos a partir de sus propios conocimientos y comestibles que algunos lograban traer a escondidas desde el oeste del continente africano. A su vez, la creatividad les permitía diseñar lo que Peggy describe como una «estética vernacular» culinaria propia. El papel protagónico lo tuvieron las mujeres, quienes integraron técnicas y alimentos provenientes de sus regiones de origen, con lo que provenía de los pueblos originarios de las islas del Caribe, junto con lo europeo. Al mismo tiempo, descubrieron alimentos marinos —sobre todo mariscos—, y cultivaron verduras y hierbas para así elaborar diversos guisos, a pesar de los ingredientes limitados.

En Escocia, Peggy prepara algunos de los platillos típicos del Caribe, especialmente los caldos y estofados, e invita a un público interesado en probarlos. Conforme va sacando los platillos a degustar, narra las formas de prepararlos, describe los ingredientes, sus orígenes, y lo que ella ha descubierto trabajando en el sitio de excavación en Guadalupe. Desde una plática informal alrededor de la comida, resalta las formas en que las personas esclavizadas emprendían caminos culinarios innovadores a pesar de los recursos extremadamente limitados y las condiciones inhumanas. Su propósito consiste en entrenar el gusto para que en cada bocado haya un reconocimiento de la creatividad y del profundo espíritu que constituye ese legado. Es un ejercicio sutil, no se tiene que anunciar, ni las memorias hacerse presentes, se prueban, se mastican y se saborean sus tonalidades con cada bocado. Es así como Subtlety emerge del fondo de la taza de té y de café, para apropiarse del recinto que alguna vez le dio vida.

* * *

En su escuela preescolar, Camilo y sus amigas y amigos aprendieron que en el sur de la Ciudad de México, más allá del asfalto que cubre lo que en su momento fueron lagos y ríos, entre los cerros del Ajusco y los canales de agua de Xochimilco, viven familias de pueblos originarios que defienden la tierra cultivando sus frutos. Muchos de los sabores que llegan a nuestra mesa provienen de ahí. Unos años atrás, Camilo y su grupo de bebés tuvieron la oportunidad de conocer a algunos de ellos. Visitaron el ejido de San Nicolás Totolapan, en el Ajusco, donde vive una de sus maestras, Cora y sus hijos, y donde vivía su marido Gerardo. Tienen una cooperativa de productos lácteos, llegamos a conocer la producción de la leche, los quesos y el yogur. Acariciamos y nos dejamos lamer por las vacas. También conocimos los campos de cultivo de las verduras que crecen en las faldas del cerro, entre los pinos y el sol de montaña. La visita sembró una pequeña semilla; a la par, los niños fueron aprendiendo la historia del valle de México, empezando con el lago de Xochimilco y la forma de cultivar la milpa en las chinampas, camas flotantes de capas de tierra y piedras que se construyen en zonas en las que predomina el agua. El propósito consistió en despertarles la curiosidad por el origen de lo que les gusta comer y probar, en reconocer las historias como parte viva del lugar que habitan y saber cuidar, cultivar, cosechar y agradecer sus frutos.

Ya entrando en la pandemia, bajo este mismo impulso promovido en gran parte por Cora en complicidad con Gerardo, que enseñaban desde el ejemplo, con las manos embarradas en la tierra, la escuela decidió centrar la enseñanza presencial a partir del cultivo y el trabajo de las emociones. Las actividades del día se anclaban en la rutina de trabajar en un huerto en su escuelita y atender las plantas.

Hace un mes, Gerardo murió de manera inesperada mientras recorría los campos de cultivo. Para absorber el impacto de la noticia me detuve en una imagen suya, caminando la milpa, sus pasos acompañados de los pequeños movimientos de las piernas de sus hijes. Lo inesperado sigue desgarrando la cotidianidad que ha marcado el paso de estos tiempos. Frente a la profunda incertidumbre que nos rodea, y que estalla entre tragedias, algo muy tangible y concreto que han podido aprender les niñes es identificar cómo se sienten y de dónde viene lo que comen. Cuando la fragilidad del momento se adueña de mi estado emocional, miro las fotos de Camilo y sus amiguitxs en las actividades que emprendieron en su escuela durante el primer año de la pandemia. Cuando veo sus manos y ropa llenas de lodo, o sus caritas saboreando jitomates cherry, el jugo escurriendo por sus cachetes, cuando los observo admirando el resultado de los cuidados cotidianos que le daban al huerto, maravillados por las pequeñas plantas, u observando con delicadeza las abejas y mariposas que flotaban en el aire, cuando recuerdo como Camilo llegaba a casa con ejotes recién cortados del huerto y la emoción por preparar una ensalada para comerlos, tengo la certeza de que estaban aprendiendo justo lo necesario para transitar por estos tiempos.

*Nota de la autora:
Esta serie de cinco ensayos emergió a partir de las reflexiones fugaces que logré registrar durante el primer año y medio de la pandemia. Fueron tomando forma gracias a las reuniones periódicas de escritura que sostuve con Duana Fullwiley, Courtney Morris, Christopher Loperena y Meredith Palmer. Agradezco las conversaciones con Magalí Lara, Mohan Ambikaiparker, Mauricio Orduña, Will Berry, María Paula Saffon y por supuesto, las sugerencias de Luis Felipe Ortega. También agradezco la mirada aguda y los comentarios atinados que Daniela Rico le hizo a cada uno de los textos.

**Texto publicado originalmente en sitio http://campoderelampagos.org, el 16 de enero de 2022.

El papel de las mutaciones del virus SARS-CoV-2 en la pandemia de COVID-19 (Parte I)

Desde la aparición de los primeros casos de infección por el virus SARS-CoV-2 (estimada a mediados de noviembre de 2019), hasta el 28 de febrero de 2022, se han confirmado más de 436 millones de casos, así como cerca de 5 millones 956 mil muertes atribuibles a la enfermedad COVID-19 en todo el mundo. En México, se han identificado más de 5.5 millones de casos y desafortunadamente, más de 318 mil personas han perdido la vida por esta condición. Durante más de dos años de circulación, el virus ha ido cambiando y mejorando su adaptación, por lo que conocer esas modificaciones adquiridas y entender el impacto que puedan tener en el curso de la pandemia, son útiles para entender la evolución del virus y para dirigir las medidas de prevención con base en evidencia.
Esta serie de dos publicaciones tiene como objetivo explicar, desde el punto de vista virológico, cómo y por qué el virus SARS-CoV-2 ha cambiado, describir las características de la variante Ómicron y las implicaciones de sus mutaciones en el aumento reciente de casos en el mundo. Finalmente, se explicará el posible comportamiento del virus hacia la recta final de la pandemia.

Por Noé Escobar Escamilla*

Foto: Luis Barrón

Después del aumento más importante de casos que ha habido en nuestro país desde que inició la pandemia, afortunadamente la tendencia continúa a la baja. Sin embargo, la pandemia aún no termina y el virus seguirá cambiando, por lo que, en esta primera entrega se describe cómo se originan las variantes del virus, qué hace distinta a Ómicron de otras variantes y lo que sabemos en este momento sobre el impacto de sus mutaciones en diferentes aspectos como la transmisión, y las vacunas.

Mutaciones, variantes y cómo se generan
Ambos términos se han vuelto populares últimamente, a pesar de que son parte del estudio constante de la vida y de la evolución. Una mutación es un cambio a nivel genético y, en un virus, una variante se define por un conjunto de mutaciones y puede recibir diferentes nombres como serotipo, genotipo, subgenotipo, linaje o sublinaje; aunque de distinto nombre, todos ellos son en sí variantes de una cepa original.
Los virus mutan y seguirán haciéndolo, nos guste o no, nos afecte o no. Lo relevante radica en qué tan rápido lo hacen y en las oportunidades que tienen para hacerlo. Cuando una persona se infecta, se vuelve una máquina productora de millones de partículas virales; sin embargo, ni la máquina ni el mismo virus son perfectos, así que los millones de copias tendrán sutiles diferencias a nivel genético.
Dentro del individuo, la selección natural aplica diferentes presiones sobre las partículas, lo que deriva en la selección de aquellas cuyas mutaciones representen una ventaja biológica, por ejemplo, para ser transmitidas a otro individuo. Para que una nueva variante pueda establecerse en la población, primero debe lograr transmitirse de un individuo a otro, superando diferentes etapas: primero, ser seleccionada y replicarse en el individuo; después, salir de él en una cantidad suficiente que, al entrar en contacto con un segundo individuo susceptible de infectarse, ingresar en él y sobrepasar sus mecanismos de defensa naturales, permita que unas cuantas partículas logren establecerse finalmente, replicarse y transmitirse de nuevo.

Algunos virus como el SARS-CoV-2 no solo se replican entre una misma especie, sino que pueden saltar de una a otra, por lo que este proceso se vuelve más complejo y requiere más tiempo. Hablando de una epidemia o de una pandemia, en las que se produce un número importante de casos en diferentes lugares de forma simultánea, el proceso dará lugar a diferentes variantes circulando al mismo tiempo, incluso en el mismo lugar.


Estas variantes tendrán características diferentes en mayor o menor grado, así que inicialmente co-circularán y eventualmente, comenzarán una competencia y desplazamiento por parte de aquellas que tengan mayores ventajas selectivas. De esta manera, durante la pandemia han surgido y se han recambiado las diferentes variantes del SARS-CoV-2 consideradas de preocupación (VOC, por las siglas en inglés de Variant of Concern) como Alfa, Beta, Gamma y Delta.
En un evento epidémico o pandémico, la diversificación genética del agente causante (traducido como el surgimiento de variantes) es proporcional al número de casos. A su vez, el número de casos está relacionado no solo con las características del virus (como su transmisibilidad, virulencia y tasa de mutación), sino también con las del hospedero (como su susceptibilidad) y con factores ambientales (como la presencia de vectores o de condiciones que facilitan la propagación).
En el caso del SARS-CoV-2, ahora conocemos mejor las características que permiten su transmisión y, por ende, su diversificación: es un virus que no muta tan rápido ni tan frecuente en comparación con otros virus respiratorios, pero los cientos de millones de casos que ha causado en más de dos años de su existencia –aún no se conoce la fecha exacta en que pudo haberse originado– le han supuesto cientos de millones de oportunidades de cambiar en un corto tiempo. Respecto de la susceptibilidad del hospedero, a pesar de que el virus es capaz de infectar tanto a individuos vacunados como no vacunados, hay una diferencia clara e importante entre estos dos grupos en relación con la gravedad de la enfermedad, al tiempo en que el virus se mantiene replicándose en el organismo y en que puede liberarse y contagiar. De la misma forma, hay una diferencia entre individuos sanos e individuos con comorbilidades, sobre todo enfermedades crónico-degenerativas. Finalmente, en cuanto a las condiciones ambientales, hoy sabemos que la transmisión más eficiente se presenta en lugares aglomerados y/o con poca ventilación.

¿Qué podemos hacer para evitar que el virus mute?
Nada, es parte de su naturaleza y de la de todos los organismos.

¿Seguirán surgiendo variantes?
Desde luego, mientras el virus siga existiendo continuará cambiando: la rapidez con la que lo haga, la forma en que cambie y las consecuencias de sus cambios dependen en gran medida del número de casos que sigan ocurriendo.

¿Qué podemos hacer para minimizar el impacto de las variantes?
Disminuir el número de casos, no hay otra opción mejor.

¿Cómo lo hacemos? A través de las medidas de prevención que ya conocemos –las que sí funcionan–: vacunación y refuerzo, uso de cubrebocas, higiene de manos, sana distancia (hoy en día traducida en evitar lugares saturados, reuniones innecesarias y disminuir el número de personas en un mismo lugar) y ventilación de espacios. No está de más enfatizar que estas medidas en su conjunto continúan –y seguramente continuarán– siendo efectivas para minimizar el riesgo de infección por cualquier variante del virus.

Sobre el posible origen de Ómicron
A finales de noviembre, Sudáfrica y Botswana, a través de su sistema de vigilancia genómica, identificaron y notificaron la presencia de una variante con un número inusual de cambios, incluyendo más de 30 en su proteína S, que es la encargada de unir al virus con la célula del tracto respiratorio a través del receptor ACE2.
A dos meses y medio de eso, con los datos genéticos del virus disponibles al 7 de febrero, se observa que Ómicron claramente ha desplazado a Delta en la mayoría de países, incluido México. Ahora bien, la atípica cantidad de mutaciones entre Ómicron y el resto de VOC hace que resulte complicado establecer una relación ancestral con ellas, de tal forma que en este momento es difícil tener una inferencia razonable sobre dónde, cómo y cuándo surgió. Sin embargo, existen tres teorías que podrían explicarlo: 1) Generación a través de una velocidad evolutiva acelerada y no observada en variantes previas. Esta posibilidad considera la combinación de dos eventos: primero, que la variante pudo generarse a través de una velocidad de cambio atípicamente rápida en la población y segundo, que esta pasó desapercibida por los sistemas de vigilancia genómica de los diferentes países, hasta que fue identificada en Sudáfrica.

¿Qué tan posible es no detectar una variante? La infraestructura tecnológica de todas las naciones ha hecho posible obtener más de 8 millones 100 mil genomas virales, lo que representa casi el 2% de los casos confirmados –los casos totales son desde luego más que esos–. Dicho porcentaje puede parecer pequeño, pero hace del SARS-CoV-2 el virus del que más genomas se han obtenido y el más estudiado a nivel genético en toda nuestra historia. 2) Hipermutación en un paciente con infección crónica. Se han documentado infecciones persistentes con duración de meses en pacientes inmunocomprometidos.


En estos casos, el virus continúa activo y replicándose por tiempos prolongados, lo que no solo le da una mayor oportunidad de cambiar, sino que, además, le permite entrar en contacto prolongado con los mecanismos de la respuesta inmune, lo que acelera la selección de cambios que favorecen la evasión a los mismos.

No obstante, sabemos que las diferentes mutaciones de Ómicron actúan en conjunto, y eso se logra mediante un tiempo determinado de selección, que se estima mayor que la duración de las infecciones crónicas; a menos que haya surgido del contagio entre un grupo de individuos inmunocomprometidos infectados. 3) Origen a partir del salto de variantes entre el humano y otros animales. De inicio debemos considerar dos antecedentes: primero, los receptores ACE2 se encuentran en células de diferentes mamíferos y segundo, el origen más probable del SARS-CoV-2 es de tipo zoonótico, lo que significa que llegó al humano a través de un intermediario animal. La tercera teoría supone un primer salto de un virus de humano a un roedor y un segundo salto del roedor al humano, debido principalmente a dos hallazgos: i) Ómicron contiene mutaciones de virus mantenidos en roedores y ii) Esta variante es en realidad un conjunto de cuatro sublinajes denominados BA.1, BA.1.1, BA.2 y BA.3, los cuales son tan diferentes entre sí, como lo son las diferentes VOC. Entonces, la teoría supone que cada sublinaje pudo haber derivado de un salto diferente entre diferentes especies. A través de cualquier explicación, es necesario conocer el origen de Ómicron, para identificar la o las potenciales fuentes de futuras variantes con características mejoradas de transmisión y evasión.

Ómicron y puebas de diagnóstico
Existen dos tipos de pruebas con utilidad diagnóstica: las pruebas de detección del material genético viral, principalmente aquellas basadas en PCR (por las siglas en inglés de Polymerase Chain Reaction) y las de detección de antígeno, que identifican principalmente a la nucleoproteína del virus. El éxito de ambos tipos de pruebas radica en gran medida en la detección de fragmentos de genes o de la proteína del virus que sean conservados, es decir, que típicamente no cambien o casi no cambien, a fin de garantizar el diagnóstico independientemente de la variante que infecte al paciente. Entonces, es lógico pensar que las múltiples mutaciones de Ómicron podrían afectar su detección.
En realidad, esta variante no afecta significativamente al diagnóstico por diferentes razones: comenzando por las pruebas de PCR, i) de los cientos de estuches para realizar el diagnóstico que se han desarrollado, pocos de ellos detectan el gen S que, como se ha mencionado, es donde existe la mayor cantidad de mutaciones. ii) Los estuches incluyen la detección de al menos dos genes del virus. Incluso si se hiciera un diagnóstico utilizando uno de los pocos estuches que detectan el gen S y este no llegara a identificarse por el número de cambios, el o los genes restantes permitirían definir una muestra como positiva, debido a que prácticamente desde el inicio de la pandemia la detección de un solo gen del virus es suficiente en regiones con alta prevalencia (lo que en este momento sucede en la mayoría de países), de acuerdo con los lineamientos de la OMS. En cuanto a las pruebas de antígeno, es razonable hipotetizar que tampoco se ven afectadas por el número de mutaciones, debido a que estas no se encuentran en la nucleoproteína. Los posibles resultados falsos negativos en este tipo de pruebas pueden explicarse por la diferente sensibilidad (cantidad mínima de proteína que pueden detectar) de las pruebas y sobre todo, por aplicarse fuera de los tiempos recomendados.

Tiempo de liberación del virus
Se ha observado que esta variante se replica menos en las vías respiratorias inferiores, en comparación con otras VOC. Esto puede explicar en parte una mayor proporción de casos de enfermedad leve, pero también, una liberación más prolongada del virus durante la fase aguda.
Esto último tiene consecuencias en el periodo de aislamiento, ya que, a finales de enero, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomendaron disminuir el periodo de aislamiento de los casos positivos a al menos cinco días. Sin embargo, ante la posibilidad de que el virus siga liberándose aún en ese tiempo, una opción es seguir conservando el aislamiento unos días más, por ejemplo, diez días como se recomendaba el año pasado.

Evasión de los anticuerpos y vacunas
Una variante con más cambios que la utilizada para formular las vacunas, hace que dependamos más de las dosis de refuerzo para conservar la efectividad contra ella. No obstante, es necesario enfatizar que ya se ha demostrado que los esquemas completos de vacunación y las dosis de refuerzo son efectivos contra Ómicron y que hasta el momento no ha surgido ninguna VOC que evada por completo a la respuesta inmune.
Si bien es cierto que en este momento la prioridad mundial es la distribución equitativa y aplicación masiva de las vacunas disponibles, en cuanto la situación epidemiológica lo permita, será necesaria la evaluación y aplicación de versiones actualizadas, formuladas a base de Ómicron y/o de nuevas variantes que puedan surgir, lo que, como hasta ahora, será de gran utilidad para minimizar el impacto de la infección a nivel poblacional.
Como ha podido leerse, hay una clara relación entre los aspectos genéticos de la variante Ómicrón y algunas implicaciones en la infección y en aspectos fundamentales de la prevención de contagios.
En la segunda entrega de esta reseña se explicarán algunos aspectos evolutivos del virus, que han llevado a su diversificación desde la versión original hasta los sublinajes de Ómicrón (como BA.2 que en este momento se encuentra causando un rápido aumento de casos en algunos países como Dinamarca, Suecia e India, desplazando a BA.1) y algunas perspectivas sobre la propagación del virus y el curso de la enfermedad a casi dos años de la declaratoria de pandemia.

+Noé Escobar es Químico Bacteriológo Parastitólogo, además de Maestro y Doctor en Ciencias en Biomedicina y Biotecnología Molecular por el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Es investigador en la Secretaría de Salud y se dedica al estudio genético de diferentes virus de importancia epidemiológica. Twitter: @NoEsc14

Relatos virales

Historias de una pandemia

                                 En plena Navidad

Acuarela Adriana Bancalari – Resistencia / Argentina

Por Esther Baradón Capón*

Para Rogelio y toda su familia, aunque no son religiosos, la Navidad es una fecha muy importante por el hecho de que se reúne la familia, por la cena, el brindis y, por qué no decirlo, por los regalos.

En diciembre de 2020, uno de los sobrinos estuvo consultando a los familiares si reunirse o no para celebrar la Navidad. Una parte estaba de acuerdo y confirmaron su presencia, y la otra parte decidió que era mejor cancelar. Estábamos en el pico de la primera ola -¿o era la segunda ola?- y finalmente tomaron la decisión de, por primera vez en su vida, que ese año no se congregarían.

En diciembre de 2021 decidieron reunirse ya que, a diferencia del apño anterior, todos estaban vacunados, los mayores con tres dosis, los más jóvenes con dos.

Rogelio es una de las personas que más se ha cuidado de no contagiarse de covid. Siempre usa cubrebocas y cuando camina por las calles, por ejemplo, se baja de la acera si ve a alguien que viene en sentido contrario y más aún si ese alguien va hablando por el celular.

En esta última Navidad la cena fue en casa de su hermana Sonia, quien también se cuida en exceso y, además del cubrebocas, usa careta. Este año no faltó nadie, ni siquiera su sobrino Agustín y su esposa, quienes en años anterior celebran la fecha con la familia de ella.

Cuando Rogelio llegó a casa de Sonia se dio cuenta de que nadie estaba usando el cubrebocas, por lo que decidió sentarse en una esquina alejado del resto de la familia.

Su cuñado, un chef francés, le llevaba bocadillos, su sobrina le servía vino y la hermana el pavo, los romeritos y el infaltable bacalao. Rogelio solo se quitó el cubrebocas para comer y lo puso a un lado, y cada vez que alguien se le acercaba, se lo ponía. Fue así como transcurrió la cena para Rogelio.

Estando ya en los postres, su querido sobrino Agustín se acercó a saludarlo más en corto y para invitarlo para la cena de fin de año que se llevaría a cabo en su cabaña en un bosque, a las afueras de la ciudad.

Rogelio se puso de pie para abrazarlo, pues hacía mucho que no lo veía, cuando se percató de que no llevaba puesto el cubrebocas y de manera instintiva dio unos saltos hacia atrás. Se dispuso a buscar el cubrebocas, pero este no aparecía por ningún lugar.

Todos se pusieron a buscarlo y nada, hasta que su sobrina fue hasta un cajón y le ofreció uno nuevo. Solo así pudo Rogelio seguir conversando con Agustín. Parece que alguien confundió el cubrebocas y lo tiró a la basura

Al día siguiente, Rogelio recibió la noticia de que la esposa de Agustín presentaba síntomas y había ido a hacerse la prueba de covid, dando el resultado positivo. De Agustín no se sabía todavía nada, porque apenas iba a practicarse la prueba.

Así empezó el tormento para Rogelio y el resto de la familia. No dejaban de comunicarse entre ellos, preguntándose en cuánto tiempo aparecían los síntomas, que cómo era posible que no se habían dado cuenta, que por qué no usaron cubrebocas…

Estoy segura de que son circunstancias que todos hemos vivido durante esta pandemia de una manera u otra.

Al final, Agustín también resultó positivo. Asintomático, pero positivo. Los pelos se les pararon de punta a Rogelio y a toda su familia. Era como una carambola.

Rogelio pensaba, ¿por qué a él que tanto se había cuidado? ¿De qué sirvió sentarse durante toda la cena en una esquina, como niño castigado?

Rogelio, al no tener un termómetro en casa iba al supermercado más cercano a tomarse la temperatura. Empezó a tomar vitaminas y té de jengibre.

Pasaron uno, dos, tres días y finalmente nadie más se contagió, pero eso sí, vivieron algo que les dio una lección que seguramente pronto olvidarán y todo empezará de nuevo.

*Amante de las artes, la música, la fotografía y el teatro, y aficionada a la escritura.

Twitter: @BaradonEsther FB: Esther Baradon

Latinoamérica, en riesgo de perder 20 años de avances en vacunación: OPS

En su más reciente informe sobre el avance de la pandemia en América Latina, la Organización Panamericana de la Salud alerta sobre la forma en que el Covid-19 ha dejado hasta el último lugar en la fila de atención a la población infantil. A la falta de inmunización y del regreso a clases presenciales, se suma el rezago en la atención médica ordinaria, que ha dejado a muchas niñas y niños sin el cuadro básico de vacunación.

Por La Redacción

Foto: Luis Barrón

En medio del incremento en casos de Covid-19 en América Latina -donde solo en una semana se registraron ocho millones de nuevos casos-, la Organización Panamericana de la Salud (OMS) alertó que la región podría perder dos décadas de progreso en la vacunación debido al rezago en los esquemas básicos de vacunación de niñas y niños.

La directora de la OPS, Clarise Etiénne, advirtió en conferencia de prensa el 26 de enero, que la población infantil, además del riesgo de contraer covid, también ha comenzado a quedarse sin la atención médica básica.

“En los últimos dos años, millones de niños y niñas en la región de las Américas han perdido las consultas médicas de rutina, por lo que se han quedado atrás en los esquemas ordinarios de vacunación. De hecho, la cobertura de vacunación ha disminuido tanto, que los países corren el riesgo de perder dos décadas de progreso en el ámbito de la inmunización”, señaló Etiénne.

“En consecuencia, los países están comenzando a registrar brotes de enfermedades que durante años habían estado bajo control: Brasil, por ejemplo, está luchando contra un brote de sarampión, mientras que Haití y República Dominicana están combatiendo la transmisión de la difteria, que constituye una amenaza para el crecimiento y el desarrollo infantiles”, puntualizó.

A este escenario, se suma la peor crisis educativa en la región, que aumenta la posibilidad de que un alto porcentaje de niñas y niños dejen de estudiar, lo que afectará su salud mental y psicológica, y podría tener consecuencias a largo plazo.

La OPS afirmó que “lo primero y más importante” que deben hacer los gobiernos a favor de las infancias, es garantizar su regreso seguro a las escuelas, al considerar que el aprendizaje virtual no puede reemplazar las clases en persona. Para ello, añadió, deben promover el uso de mascarillas y el distanciamiento social y asegurarse de que haya una ventilación adecuada.

En cuanto a la vacunación en infancias destacó que las niñas y niños con comorbilidades, como diabetes y asma, son “especialmente vulnerables”. Además, señaló que en 12 países donde ya se alcanzó una cobertura de vacunación del 70 por ciento (la planteada por la OMS), “se deben considerar los beneficios de vacunar a la población infantil para reducir aún más la transmisión del SARS-Cov-2”.

Sin embargo, enfatizó que antes de considerar la posibilidad de vacunar a la población infantil sana, los países deben garantizar una cobertura alta en los grupos con mayor riesgo de enfermedad y muerte por Covid-19.

“Ahora más que nunca, necesitamos datos sobre la manera en que el virus está afectando a personas de diferentes edades, sexos, grupos y zonas geográficas, para que podamos equipar a los municipios y distritos locales con las herramientas que necesitan para gestionar el riesgo y orientar a su población en estos momentos”, destacó Etiénne.

Covid en América Latina

(Fuente: OPS, datos de última semana de enero 2022)

Casos nuevos: 8 millones
Muertes: 18 mil

Norte

EEUU tiene el mayor número de infecciones nuevas.

En estados del sur de México, las infecciones nuevas se han triplicado.

Centro

El número de muertes aumentó 107% en comparación con la semana anterior.
Belice tiene las tasas más altas de infecciones nuevas y el aumento de casos se ha acelerado en Honduras y Costa Rica.

Sur

En Paraguay y algunas de las Guayanas, el número se duplica cada dos días. Bolivia, Perú y Ecuador: porcentaje alto de nuevos casos. Argentina: Más de 797 mil casos. Brasil: 477 mil casos.

Estudiantes de la UNAM crean prueba PCR

Por Gaceta UNAM

Un grupo de 30 estudiantes de Física, Matemáticas, Biología y Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desarrollaron un biosensor para detectar el Covid-19 a través de pruebas PCR, con el que buscan llegar a la población de bajos recursos en el país.

La prueba se realiza en un laboratorio de la Facultad de Ciencias de la UNAM y hasta ahora el equipo ya ha llevado a cabo más de 19 mil test. El biosensor es capaz de detectar la cantidad de virus que alberga la persona y tiene un margen de error mínimo.

Aunque el proyecto ya fue validado por el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE), aún espera la certificación oficial para que se pueda aplicar en otros países que soliciten, para el ingreso, una PCR negativa.

Fuente: Gaceta UNAM

Poetas en Cuarentena

En esta edición presentamos tres piezas de la poeta regiomontana Ofelia Pérez Sepúlveda (1970, Guadalupe, Nuevo León). La autora, también conocida por su carrera como periodista y promotora cultural y por sus premios de poesía, leyó estas obra durante una charla organizada por la Coordinación de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, el pasado 28 de enero.

Invierno en Monterrey. Por: Adriana Esthela Flores

Es el principio
nuestros duendes nos aman
algunos estrenan la soledad del fuego
otros nos estiran la piel
se sonríen
debe ser verano
vientre de mujer a punto de alumbrar
debe ser aire polvo piedra
en el fin de los ríos
las ciudades.

(De poemario Doménico)

El ángel

Ven
aquí empieza una historia, un retablo
un círculo de sueños que no acaba
un mundo por nacer
otra guerra
Afuera la ciudad
no la escuches
no te acerques a los hombres y mujeres
no los toques
Ven
aquí baja el cielo
aquí sabe el cielo a durazno
aquí puedes hacer el cielo y el amor
en menos de siete días
y en menos de siete días
tu carne y tu sed serán saciadas
Ven
aquí va de nuevo el barco 
aquí zarpamos
más allá, se hunde
tu puedes enterrarme en esa isla
y puedes decir a los hombres que nuestro amor
que el amor es una flor
pedazo de carne expuesta a la oscuridad
a las criaturas que habitarán la oscuridad
Ven, humana mía
pequeña mía
hermana mía
Ven y muérdeme la espera
traiciónalos a todos
y mientras duermes
te contaré una historia
montados uno en otro.


IV

Pero luego
en el trayecto imaginario de un automóvil blanco
la verdad se rebela y estaciona
verdad de compartir la sal
el agua
y compartir de pie, también
las piedras dirigidas
y de nueva cuenta
la palabra
agua de cielo
barra de hielo que evapora el corazón
¿Y dónde dicen los otros que está la poesía?
¿Acaso el ritmo del caballo sobre el que galopa el mundo
recrea la vereda?
Acá, temeroso mamífero
alebrije de colores
¿Acaso dios no tiembla, no hiere, no encabrona 
este amasijo de colores
esta luz mercurial
esta avenida?
De repente. la tribu protegía 
yo oía las estrellas girando y el mundo
una aventura
un asombro perpetuo me colmaba
por qué migrar
Así he andado la ciudad
mostrándole a la tribu mi barra de hielo intacta
he corrido de uno a otro extremo
con el estigma de mi barra de hielo intacta
apagadas las luces con el valor 
de mi barra de hielo intacta
guardado mi corazón de los pasos a desnivel
de mi barra de hielo intacta
sangrado de soledad en el diamante silencio
de mi barra de hielo intacta
he andado detras del automóvil
y mi barra de hielo intacta
ha llorado conmigo intacta 
Y quién de entre la tribu
Qué luz para la luz de la luciérnaga
que existe en una esquina de mi barra de hielo 
qué amor para el amor que no encontré

recuerdo una vez una fiesta 
y llegaron con regalos
recuerdo que dejaban tragara del banquete
recuerdo canté
reí 
y aún andando la ciudad
empujando mi barra de hielo
no tengo hambre de la tribu
¿Puede un relámpago abrirme el corazón
liberar a la luciérnaga que duerme en mi barra de hielo intacta?

Postales de Venezuela

A través de estas imágenes tomadas durante el confinamiento, el fotógrafo Valentín Guimaraes nos lleva a la cotidianidad de varios rincones de Caracas, desde uno de los barrios más populares -el de la Vega- hasta las fachadas de los tradicionales restaurantes de portugueses cerca de Sabana Grande o la sencilla puerta de una casa. Su obra, que se puede apreciar en la cuenta de FB @rastavafotografia7, consta de una serie de postales poco difundidas sobre este país sudamericano, que incluyen festivales de rap freestyle.

No quiero vivir del arte, quiero vivir haciendo arte
Desde la ventana
Lactancia materna en Venezuela
Robando momentos al olvido
Honorio
Mecánico de madrugada

Tendencias para el año 2022

Al retomar las recomendaciones del consultor Jorge Glass acerca de lo que viene para este 2022, la autora señala que en este año se aplicarán las duras lecciones que dejó el arranque de la pandemia: todo lo que pasó en 2021 se acelerará y se volverá exponencial. El que aprendió a trabajar en 2021 está listo para 2022, más adaptado, más preparado, más transformado; el que no se supo cambiar y sigue pensando que todo regresará a como era antes, está en problemas, porque eso que espera ya nunca regresará.

Por Marayira Chirinos*

Foto: Atardecer en Etla, Oaxaca. Por: Aracely Martínez

Por Marayira Chirinos*

Iniciando 2021 ofrecimos en Pensamiento Propositivo las tendencias del año en pandemia, sacadas a la luz por el consultor de innovación y nuevos métodos de negocios Carlos Glatt. 

Transcurrido el año, y confirmado lo certero de su proyección hecha desde el estudio del mercado profesional, la dinámica académica y el propio comportamiento humano, decidí hacer lo propio para arrancar este 2022.

Señala Glatt que 2020 fue un año NEGRO, 2021 fue GRIS y 2022 es un año BLANCO, más humano, más enfocado en nuevas vivencias y emociones, en crear nuevas oportunidades en todos los aspectos. El 2021 fue un año de prueba: un PROTOTIPO, un buen ejercicio; lo que viene ahora, lo que estamos viviendo HOY es “la experiencia real de la nueva realidad”. 

Todo lo que pasó durante 2021 simplemente se acelerará y se volverá exponencial, desde el éxito hasta el fracaso. El que aprendió a trabajar en el 2021 está listo para el 2022, más adaptado, más preparado, más transformado; el que no se supo cambiar y sigue pensando que todo regresará a como era antes, está en problemas porque eso que espera ya nunca regresará.

Después de leer muchos reportes, consultar a los mayores expertos del mundo e imaginar tendencias con base en lo que está pasando, Carlos Glatt enumera las tendencias que debemos contemplar a la hora de diseñar o rediseñar nuestro Plan 2022:

EMPRESAS ANTI-FRÁGILES
¿Qué empresas tienen futuro? Según Glatt son las empresas que logren humanizarse, mantener sus valores, su cultura, su flexibilidad y sus principios, las que sean expertas en adaptarse y lograr alianzas. Una empresa humana es 100% transparente con el talento, con los clientes, los proveedores, los socios, los aliados; la transparencia es el principal valor hoy en día. El mayor secreto está en ver a tu talento como personas y no como empleados. La antifragilidad se consigue con alianzas, con inversiones, con desarrollos, pero siempre con respeto y tolerancia.

EN MIS TIEMPOS TODO ERA MEJOR
Es una frase que escucharemos mucho este año de una generación que no entiende a la siguiente, que la condena y ataca. A raíz del crecimiento exponencial de conceptos como el trabajo sin horarios y a distancia, las nuevas formas de generar riqueza en Crypto monedas, los NFT´s, etc., o el cambio de paradigma a una vida más lenta y natural hace que se rompa un patrón de creencias y valores entre generaciones como no se había dado desde la última pos guerra.

EL VERDADERO LUJO ES VIVIR DESCALZO
El mayor lujo hoy no está en la ropa o en la joyería, en el auto o en el yate, está en poder vivir feliz, generando recursos, al mismo tiempo que viviendo en contacto con la naturaleza.

PANDÉMICO A ENDÉMICO
Cuando una enfermedad se queda en la sociedad por siempre, como lo que está pasando con el covid, se le llama endémica. Tristemente, deja de recibir tantos recursos para la investigación y la cura global en el momento que la clase alta y media tienen recursos y medicinas para curarse; esto la convierte en una enfermedad que mata a personas ubicadas en la base de la pirámide social, lo cual es el siguiente paso a consolidarse en este año que inicia.

LOS CUELLOS DE BOTELLA CONTINUARÁN
El aumento de precio en las importaciones y el bajo suministro en muchas industrias de piezas clave seguirá siendo la principal causa de desabasto. Continuaremos sufriendo faltantes por otros 12 meses. Lo bueno es que muchos hemos dejado de consumir tanto, pasando de lo que “podemos comprar a lo que debemos comprar”. Este año debe de ser enfocado a comprar menos cantidad, reparar lo que no funciona y siempre buscar el consumo local, lo que representa un punto positivo para nuestro crecimiento.

Esto es tan solo una parte de este pronóstico que Carlos Glatt compartió con Pensamiento Propositivo. Seguiremos ahondando en él desde nuestra mirada, porque siendo conscientes de lo que se viene podemos adaptarnos y actuar propositivamente en consecuencia. Esa es la vida que debemos aprender a vivir. Hasta una próxima entrega.

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*Periodista, comunicóloga y locutora venezolana. Madre de Sara, Abraham y Samuel.