Pensamiento propositivo I

A mayor edad, ¿más propositivos?

En esta edición, la autora habla sobre la combinación de la magia y la bendición de una edad avanzada, con el poder de sus pensamientos «ya educados» con el paso del tiempo.

Por Marayira Chirinos*

Foto: Francisco Castillejos

Hoy día, independientemente de nuestra edad cronológica, estamos en capacidad de discernir entre lo que nos conduce al bienestar o el malestar emocional. La importancia que le damos al HOY y la certeza de que «mañana no sabemos», nos ha hecho acelerar esa madurez de las emociones que nos impulsa a ser más propositivos.

Sin duda, el factor pandemia ha incidido en gran medida a que en estos tiempos ya logremos entender que los pensamientos pueden ir moldeándose y madurando en el tiempo, hasta el punto de reconocer cuando nos hacen daño y, sin mucho reparo, dejarlos atrás.

Ahora bien, existen experiencias que solo los años nos dan, y enseñanzas que solo esas experiencias traen consigo. Por esa razón hoy, desde el pensamiento propositivo, logramos articular algunas fórmulas sobre la base experimental y siempre documentada y certificada por especialistas, que señalan que el paso de los años lleva consigo una variedad de cambios que generan ganancias y pérdidas de diversa índole; por lo que el envejecer no puede ser visto solamente como una etapa de decadencia, sino, por el contrario, como uno de los momentos más sólidos de nuestra vida, donde el capital emocional ya está consolidado y con las puertas abiertas para demostrar que la vida es hoy, y que cada minuto cuenta.

Esa madurez emocional que logramos alcanzar a una avanzada edad está distanciada por una línea muy delgada de la vulnerabilidad propia de la edad. Sin embargo, es un campo interesante que nos permite disertar sobre el envejecimiento y sus múltiples terrenos que van desde las clásicas teorías gerontológicas hasta la psicobiología y la neurociencia.

Para ahondar sobre los matices de un envejecimiento saludable del cuerpo y del pensamiento, nos apoyamos en la psicogerontóloga venezolana Victoria Tirro que entendió hace años que para abordar esta etapa tan llena de sabiduría es importante aplicar la psicología positiva y conocer herramientas que hagan de este momento una combinación de experiencia, disminución de factores desgastantes y armonía entre la persona de edad avanzada y su entorno.

Envejecer tiene, sin duda, una magia muy especial. Esos ojos que comienzan a perder su brillo tienen tras de sí un complejo aparato cerebral que percibe estímulos y reacciona diferente a como lo hacía años atrás, porque su valoración frente a la vida ha cambiado. Es por esa razón que debemos «aprovechar» las ventajas de la experiencia acumulada durante la juventud prolongada, para estimular ese cerebro poderoso que tiene la capacidad de disminuir las dolencias propias de la edad donde los pensamientos «envejecidos o maduros» juegan un rol determinante.

Un adulto con pensamientos de este tipo no da cabida a ningún agente perturbador; por el contrario, se convierte en fuente VIVA de positivismo y propositivismo dentro de sus limitaciones, con amplísimas cualidades estimulantes para quienes, con toda la fuerza física y años por delante, solemos darnos trancazos emocionales y ahogarnos en pequeñas contrariedades.

Las personas maduras física y emocionalmente son capaces de controlar, gobernar y manejar sus emociones y las que les contagian. Eligen lo que quieren conservar y lo que no, sin el más mínimo sentimiento de culpa, lo que les ayuda a ser muy eficientes en la construcción de sus pensamientos y en el mantenimiento del verdadero equilibrio de sus relaciones con el entorno.

Ocurre con frecuencia que a una edad avanzada las personas se dediquen a escribir más, eso ocurre porque la madurez emocional alcanzada brinda la conciencia especial de los pensamientos y los sentimientos propios y ajenos. Se desarrolla mejor la empatía y se quiere dejar constancia escrita de ese sentir.

Envejecer es un premio, no un castigo y como tal debemos asumirlo, además de que, en el mejor de los casos, tendremos la fortuna de transitar ese camino del envejecimiento, por eso debemos hacerlo saludable mental y físicamente. Desarrollemos la empatía, hagamos el ejercicio mental de cómo nos gustaría pensar y sentir cuando nos llegue ese momento.

*Politóloga, comunicadora y locutora venezolana. Mamá de Sara, Abraham y Samuel. Twitter: @marayirachirinos y @pensamientopropositivo

Publicado por adrianaesthela

Reportera

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