¿Qué es lo que hace que un poeta sea llamado así? ¿La furia, el rencor, el desánimo o la aceptación de sus versos en el gremio literario? Con esta interrogante, el poeta, escritor y periodista Juan Omar Fierro provoca, se expone a sí mismo y cuestiona a quienes leerán su poesía acerca de la creación derivada de la frustración, la angustia, la tristeza, la decepción y otras emociones que hacen querer gritar y abandonarlo todo. Recetas para instalarse en el rencor es un libro que puede resumirse como una ácida provocación. Compartimos, con la autorización del autor, varios de sus poemas.
Por: La Redacción
Foto: Cortesía del autor
Naufragios con bote salvavidas (todo es ficción)
Quiero salvarte Diótima, Dulcinea, Afrodita, Medea, Helena de Troya Virgen Santa, Fangoria, Lindsay, Rosario, Antonieta, Alejandra Pizarnik, Rosalía, Ulalume, Marina Tsvetáieva, Gloria, Inmaculada, Desconocida… Quiero salvarte, pero no he elegido mis batallas y estoy hasta el fondo de mi abismo, sin salvar mi sombra ni encontrar mi reflejo.
Bonsái
Limitado a pequeños jardines errantes, no se expande en frutos sino en resentimiento.
En su tronco recortado, madura savia con sabor a tierra yerma y sus minúsculas flores impregnan el aire con un bálsamo de falso horizonte.
Tósigo sin estatura, en la génesis de su parcela diminuta, causa ternura y provoca cuidados. No imaginan sus protectores que cultivan un ansia parricida, un violador petrificado.
Cuando más consagrados se encuentran en la poda de milimétricas hojas otoñales, el bonsái inyecta en sus pulsos distraídos una ponzoña breve a la que pocos sobreviven.
Pierden primero su vida cautelosa y vana, después la certeza de estar a salvo de sí mismos y al final se desploman en un burdo remedo del pensamiento, en un ocio enfermo de vanidad: patéticos capullos de la meditación.
Ya postrados por el aroma de estas hidras regordetas, sus anhelos de estación idílica se secan como flores doblegadas por la alquimia.
Jardineros miserables de su propio espejo, se quedan para siempre cuidando a sus verdugos, mientras los bonsái, gigantes del odio y la desesperación, ocultan bajo su corteza el corazón de Yago.
Del plagio como correspondencia
Esto es una conversación. Para que sea plena no escribas lo que sientas, no escribas lo que pienses, no escribas lo que hagas, no escribas lo que quieras, no escribas simplemente. El sentido es otro, enarbola los libros que nunca te han dejado, vomita los que jamás te hicieron digestión, desgaja los que te tiran a pedazos, detona los que te hicieron conflagrar. Si todavía crees que tienes algo que decir, sólo interrumpe de tajo esta conversación. No hay nada que yo pueda hacer, no hay nada que pueda escuchar de ti, como no habrá nada que logre nuestra voz. No justifiques tu extravío con los asaltos de la razón, ni con los rescates del sentimiento. Si no existe alternativa, entreguémonos un agnóstico silencio, un murmullo ahorcado en la cuerda de su propio eco, un mudo estertor de pozo inanimado. No te esfuerces en buscar mensajes ocultos en cada línea que has leído ni pretendas un paraíso de poesía en una correspondencia que no ha comenzado. Aceptó que le he dado forma y ritmo a mis palabras, pero esa concesión no me la doy a mí mismo, sino a la lengua que nos permite vivir aislados unos de otros. Pobres vocablos, ahora que carecen de sentido se aferran a los dictados de la música, a la camisa abstracta de la intensidad. ¿A qué suena entonces el fragmento de esta charla aún pendiente? ¿Cómo pretende este párrafo no lisiarse en un diálogo?
Sólo dos hombres pronuncian lo indecible y no atacan al silencio por la espalda:
Maldoror, pétalo de hierro. Hiperión, aurora punzocortante. Te amo.
Sda
La catrina Regina salió a pasear a Xochimilco
La querida Regina, hija de la fotoperiodista y colaboradora permanente de Diarios de Covid-19, Aracely Martínez, celebró a su manera el Día de Muertos yendo a pasear, con el tradicional atuendo de catrina, a uno de los sitios distintivos de la Ciudad de México: el epicentro de las flores, Xochimilco.
A través de la mirada de Aracely y de su vestimenta de Oaxaca, Regina simboliza en esta serie de fotografías, el amor a la tradición, a la mexicanidad y la potencia de ser mujer.
Con su vida inmersa en la convulsa Venezuela, país que enfrenta desde hace años una crisis política, económica y social, la autora propone la filosofía del perdón para avanzar hacia una solución a la problemática que enfrenta el país, en todas las dimensiones. Sostiene: «Los políticos de todas las tendencias usan en su retórica frases de Nelson Mandela, ejemplo para la humanidad, pero ¿realmente se cumple y sigue con la filosofía de paz, reconciliación, perdón que pregonaba?»
Por Marayira Chirinos*
Mural de la pintora y grafitera afgana Shamsia Hassani
El título de este artículo corresponde al de un libro escrito por el sacerdote mexicano Francisco Ugarte Corcuera, que llegó a mis manos como un valioso regalo de mi buen amigo Miguel Rodríguez Torres, quien lo distribuyó entre sus afectos para hacernos reflexionar y cambiar nuestras vidas luego que él, gracias a su lectura, entendió que, perdonando al responsable de la muerte accidental de su hija, se liberaba de un veneno llamado «resentimiento».
En la anterior entrega de Pensamiento Propositivo, traté un tema álgido en cualquier sociedad del mundo: La reconciliación; sin embargo, la disertación no estaría completa si no se aborda desde tres conceptos muy ligados a la reconciliación como son: el resentimiento, el odio y el perdón.
Los dos primeros, resentimiento y odio, por tratarse de sentimientos que probablemente generen acciones que deriven en disputas entre partes en conflicto, sean estas personas o naciones; y el último, el perdón, visto muchas veces como un signo de debilidad ligado al «ceder» o «perder», pero que amerita de una acción voluntaria que requiere de la conciencia y el deseo de las partes enfrentadas y normalmente (más no necesariamente), conlleva a la reconciliación.
Ugarte Concuera, por su parte, menciona en el libro que «el perdón es un acto de voluntad; por tanto, es posible tomar la decisión de perdonar, aunque el sentimiento sea adverso», punto clave este, porque se confunde comúnmente perdón con impunidad lo cual es un gran error. El perdón se trata de liberar el odio y el resentimiento del corazón de la persona o de la sociedad misma, es un acto de moral, no un acto legal que conlleve a dejar sin castigo delitos graves. No obstante, existe una delgada línea entre los que buscan justicia y los que buscan venganza. La justicia se puede obtener aun cuando se haya perdonado, la venganza por su lado es un acto ruin en el cual se emplea muchas veces el brazo de la ley y la justicia (la propia o la legal) para descargar el rencor y penalizar al ofensor; es por ello que hablar de perdón genera un gran debate en el país.
Si los gobiernos y los que los antagonizan realmente buscan la felicidad del pueblo, deben usar la llave del perdón para dejar atrás los resentimientos y poder vivir como nación libre de opresiones en nuestras mentes y corazones, aun cuando sean adversarios.
En Venezuela, los políticos de todas las tendencias usan en su retórica frases de Nelson Mandela, ejemplo para la humanidad, pero ¿realmente se cumple y sigue con la filosofía de paz, reconciliación, perdón que pregonaba? Mandela luego de 27 años preso, salió de su encarcelamiento para convertirse en Presidente de Sudáfrica y posteriormente reconciliar a su país, no para buscar venganza, salió a perdonar a sus carceleros porque su objetivo primordial era el bienestar y desarrollo de toda su nación. Digno ejemplo que deberíamos seguir todos si realmente queremos salir de la crisis en la cual estamos inmersos. ¡Si se puede!, solo es cuestión de querer hacerlo, porque perdonar es un asunto de voluntad y, en definitiva, hace más quien quiere, que quien puede.
*Comunicadora y politóloga venezolana. **Artículo publicado originalmente en el diario venezolano «El Universal», al que le agradecemos la autorización para su reproducción en este portal.
La experta en Economía y Política venezolana expone el panorama global de la injusta distribución de las vacunas contra el Covid-19 que, como ya había advertido el secretario general de la OMS, Tedros Adhanom, podría llevar al mundo a un «fracaso moral catastrófico». La articulista sentencia que la verdadera solución a la pandemia no pasa por gotear caridad, sino por intervenir sobre la causa de la desigualdad en el acceso a las vacunas: eliminar el monopolio del complejo médico farmacéutico.
Por Pasqualina Curcio*
Foto: Especial Diarios de Covid-19
En dos meses caducarán 241 millones de dosis de vacunas contra el Covid-19, sin contar los 34 millones que ya se vencieron y fueron descartadas en EEUU. Estos 241 millones forman parte de los 1.200 millones de dosis que les sobran a EEUU, Canadá, Reino Unido, Japón y la Unión Europea, las cuales también están próximas a vencerse e irán a parar al basurero si no son donadas y aplicadas antes de diciembre de este año (Informe de Arirfinity sobre pronóstico y caducidad de las vacunas contra el Covid-19 para 2021 y 2022).
A pesar de esto, los países ricos antes mencionados y miembros del G-7 siguen cerrando contratos con las empresas farmacéuticas para adquirir vacunas contra el Covid-19. Según la programación de compras hasta junio 2022 y considerando incluso que apliquen una tercera dosis a su población, les estarían sobrando y muy probablemente caducando 2.228 millones de vacunas para mediados del próximo año, cantidad que equivale al 41% de los 5.400 millones de dosis que se requieren para vacunar al 70% de la población de los países de bajos y medianos ingresos. De estos 2.228 millones de dosis excedentes, el 40% estará en los depósitos de EEUU, el 5% en el de Reino Unido (121 millones), el 45% en los países de la Unión Europea (999 millones de vacunas) y el 5% en Canadá (111 millones) (Airfinity).
El hecho de que 1.200 millones de vacunas se estén venciendo en los países ricos mientras más de la mitad de la población mundial espera ser inmunizada es una manifestación más de las grandes e inhumanas desigualdades que caracterizan al sistema económico que impera en más del 95% de los países del mundo. Es una señal más, entre muchas otras, del fracaso del capitalismo para dar respuesta a las mayorías, el mismo que, basado en la explotación, da prioridad a la ganancia de unos pocos por encima de la vida de muchos, ese mismo sistema económico que algunos insisten en defender y en calificar de exitoso por su supuesta «eficiencia».
Al respecto, Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo: «Debo ser franco: el mundo está al borde de un fracaso moral catastrófico, y el precio de este fracaso se pagará con las vidas y el sustento de los países más pobres». Denunció que incluso aun cuando defienden el acceso equitativo, algunos países y empresas continúan dando prioridad a los acuerdos bilaterales, evitando el mecanismo COVAX, lo que está provocando un aumento de los precios y mayores ganancias para la industria a costa de menor acceso para los pueblos.
A la fecha, se han producido 7.500 millones de dosis de vacunas contra el Covid-19 incluyendo la producción de China. Se están produciendo unos 1.500 millones al mes, al parecer, la industria farmacéutica ha acelerado la producción. De seguir este ritmo, para diciembre de 2021 se habrán fabricado 12.227 millones (Airfinity). Es el caso que, en el mundo se requieren 11.300 millones de dosis para inmunizar al 80% de la población mayor de 12 años. Eso significa que, si los países ricos no acumularan y concentraran las vacunas que luego se les terminan venciendo en sus depósitos y, por el contrario, hubiese habido una distribución justa, es decir, humana, de las vacunas, no solo hubiésemos podido alcanzar la meta de inmunización antes de finalizar el 2021, sino que se podría evitar 1 millón de muertes de aquí a junio 2022. Desde que comenzó la pandemia han muerto 4.757.000 personas.
Antonio Gutérres, Director General de Naciones Unidas informó en la reciente Cumbre de ese organismo celebrada el 22 de septiembre que, hasta el momento se han administrado más de 5.700 millones de dosis de vacunas en el mundo (se han vacunado 3.490 millones de personas, el 44% de la población mundial), pero que el 73% de ellas se aplicaron en sólo diez países. Dijo que «los países de ingresos altos han administrado 61 veces más dosis por habitante que los países de ingresos bajos. Solo el 3% de los africanos se ha vacunado». Los países pobres no han vacunado ni el 2% de su población.
La cada vez mayor acumulación y concentración de capital, y por lo tanto de poder, es uno de los objetivos y de las principales características del modo de producción que hoy impera en el mundo sin importar a costa de qué o, mejor dicho, a costa de quiénes y de cuántos. La humanidad ha llegado al punto que, en esta fase superior del capitalismo, la concentración y con ella la desigualdad es tan bárbara que, no solo el 1% de la población mundial se apropia del 84% de lo que produce la clase trabajadora (OXFAM), sino que 5 empresas privadas tienen hoy el monopolio y el poder de decidir quiénes viven y quiénes mueren en el mundo, nos referimos a Pfizer/BioNtech, Moderna, Astrazeneca, Johnson&Johnson y Novavax que se reparten el 45%, 24%, 12%, 12% y 6% respectivamente del mercado mundial de 100.000 millones de dólares en vacunas contra el Covid-19. Poder que, obviamente, está por encima del de los gobernantes y de la propia ONU. A los hechos nos remitimos.
La propuesta planteada esta semana por Joe Biden en la 76° Asamblea Nacional de la ONU de comprar 500 millones más de dosis de vacunas a la empresa Pfizer para donarlas a los países pobres, no solo es inmoral y descarada cuando acaban de botar 34 millones de dosis vencidas y cuando igual destino pudiesen tener 576 millones que están por vencerse de aquí a diciembre de 2021 en ese país, sino que termina siendo una trampa para seguir garantizando ventas, ganancias y poder a las farmacéuticas.
La verdadera solución a la pandemia no pasa por gotear caridad, sino por intervenir sobre la causa de la desigualdad en el acceso a las vacunas, nos referimos a eliminar el monopolio del complejo médico farmacéutico lo que, a su vez, pasa por levantar uno de los mecanismos más inhumanos que inventó el capitalismo para legalizar y legitimar la mayor concentración de capitales y con ésta dichos monopolios/poderes privados: los derechos de propiedad intelectual y las patentes.
El asunto de la concentración de los capitales que derivan en monopolios privados es tan perverso que los propios padres del monetarismo/neoliberalismo (lo más salvaje del capitalismo) lo reconocen. Friedrich von Hayek, escribió en su libro Los fundamentos de la libertad: «(…) si existe peligro de que un monopolista adquiera poder de coacción, el método más eficaz para impedirlo consiste, probablemente en exigirle que sus precios sean los mismos para todos y prohibirle toda discriminación entre sus clientes».
Por su parte, Milton Friedman, discípulo de Von Hayek, escribió en su libro Capitalismo y libertad: «(…) la elección entre los males del monopolio privado, del monopolio público o de la regulación pública no puede hacerse de una vez para siempre independientemente de las circunstancias de los hechos. Si el monopolio técnico lo es de un servicio o artículo que se considera esencial, y si su poder monopolístico es considerable, puede ser que incluso los efectos a corto plazo de un monopolio privado, sin regulación, fueran intolerables. En este caso la regulación o la propiedad estatal sería lo más conveniente». ¿Qué tal? Y resulta que en este mundo capitalista en el que vivimos y en medio de la peor pandemia, los inmorales gobiernos de los países ricos se oponen a la eliminación de las patentes y por el contrario, insisten en legalizar el monopolio y el poder de la industria farmacéutica privada sin importar cuántos mueran.
*Profesora y Máster en Políticas Públicas y Doctora en Ciencia Política. Integrante de la Red de Intelectuales, artistas y movimientos sociales en Defensa de la Humanidad; de la Sociedad de Economía Política Latinoamericana (SEPLA) y del Grupo de Trabajo de Estudios Sociales para la Salud de CLACSO. Escritora y articulista. Premio Nacional de Periodismo en Opinión 2020.
A propósito de la fiesta por el Día de Muertos y la tradición de los disfraces de criaturas y demonios, la autora retoma la figura de las brujas para explicar, a lo largo de diez puntos, las características que llevaban a las mujeres a la marginación, el rechazo y la horca. Andrea lo resume en sus piezas de collage y en una de las líneas de este texto: «Las mujeres siempre hemos estado más cerca de la hoguera que de la salvación y, de haber vivido en esa época, tú y yo muy seguramente habríamos sido denunciadas».
Por Andrea Mireille*
Ser mujer es un asunto complicado. Siempre lo ha sido, para nosotras, prácticamente todo tiene consecuencias inmediatas y en contra. Jamás se nos concede la ligereza con la que se juzga las acciones de los hombres y la cacería de brujas no fue la excepción. Veneradas, temidas, deseadas e imitadas, las brujas forman parte del imaginario colectivo desde tiempos en los que la ignorancia y la confusión reinaban, es decir, más o menos como ahora.
Sin importar cuánto rezaras, ni qué tan «pura» fueras, en cualquier momento podías ser acusada y ejecutada. Las mujeres siempre hemos estado más cerca de la hoguera que de la salvación y, de haber vivido en esa época, tú y yo muy seguramente habríamos sido denunciadas. Esta es una lista de las razones más ridículas y misóginas por las cuales podías ser acusada de brujería.
1.Por ser mujer A lo largo de la historia hemos sido percibidas como criaturas inferiores, malvadas y traicioneras. «El mal necesario», siempre causantes de todos los males del mundo: se nos responsabiliza, entre muchas otras cosas, de la caída de la humanidad (Eva, Pandora) y de ser la tentación y la perdición de los hombres, ya sea como vampiresas, mantis o, en el caso de las brujas, lanzando hechizos para provocar en los hombres «un amor insensato» e incluso «quitarles fuerza genital» o desaparecerles el pene.En esa época, ser mujer equivalía a ser proclive al pecado y al mal, en Salem, de 19 personas ejecutadas, 14 eran mujeres.
2.Por pensar, leer y escribir Para mantener a las mujeres sometidas y controladas, se les encerró en el hogar y se les hizo creer que sus únicas funciones eran las interminables labores domésticas así como parir y criar. Las únicas opciones que tenían eran ser madres, hijas, esposas, sirvientas, viudas o putas.
El Malleus Maleficarum, manual sobre el que se asentó la quema de brujas pone de manifiesto el odio y temor hacia las mujeres con algún grado de conocimiento, también al ejercicio de su sexualidad. «Una mujer que piensa sola, piensa mal», asegura el libro que también refiere «un exceso de lujuria», además, está lleno de quejas sobre como las mujeres no desean ser gobernadas, algo considerado «un defecto natural en ellas». Por lo tanto, mostrarse como una mujer inteligente, decidida, conflictiva o demandante te convertía en una bruja, peor si tenías ideas propias o si sabías leer o escribir, pues seguro usarías tu conocimiento para firmar el libro del diablo y unirte a él.
3.Por conocer distintas hierbas y manipularlas Ser la loca de las plantas no era bien visto en 1692. Tomarte un tecito para los cólicos podía llevarte a la horca, también machacar algunas hierbas y esparcirlas por tu pecaminoso cuerpo. Las sospechas sobre el uso de plantas se debe a que quién tuviera conocimiento de ellas podía curar, pero, también envenenar, u horror de los horrores, alterar la conciencia o ayudar a otras mujeres a abortar. De acuerdo con el investigador Michael Ostlig, una mujer, Dorota Pilecka fue quemada en la hoguera por admitir que manipulaba distintas hierbas, que de acuerdo con sus inquisidores, usaba con «fines perversos», aunque los casos fueron pocos, tener plantas y usarlas podía traerte problemas graves.
4.Por tener amigas «Mujeres juntas ni difuntas», la unión femenina siempre ha sido temida, mal vista y ha sido desalentada a toda costa. En esa época, si un grupo de mujeres se reunía, solo era para una cosa: adorar al diablo. Nada de echarse un cafecito para ponerse al día o tomarse una selfie con filtros chafas, todos esos famosos Girl squad de series y películas habrían terminado en la hoguera.Los juicios y ejecuciones inspiraron tanto miedo, que popularizaron una de las estrategias más hábiles y socorridas del patriarcado: dividirnos. Las mujeres acabaron acusándose entre ellas con tal de salvarse. Afortunadamente, esto se está transformando, no sin la desconfianza y el resurgimiento de los mismos viejos temores en los hombres.
5.Por tener animales de compañía Una vez que entregabas tu corrupta y sucia alma a Satanás, este te asignaba un demonio en forma de animal doméstico. Tener un animal que trajera alegría a la inmunda vida de esa época te hacía sospechosa de brujería. Fue en este período de la historia cuando los gatos, especialmente, los negros adquirieron la mala fama que aún los acompaña, sin embargo, no fueron los únicos en sufrir: muchos perros fueron asesinados, al igual que ranas, serpientes, ratas y conejos, que igualmente, eran considerados aliados del mal.
6.Por tener marcas de nacimiento, lunares, manchas y pezones extra Ese lunar que consideras tan sexy podía llevarte directito a los tribunales, cualquier marca corporal era señal de que el diablo había pasado por ahí. Tener pezones supernumerarios era especialmente, sospechoso, pues se creía que en ellos —y en cualquier parte considerada extraña— los demonios podían lamer y mamar (y ya sabemos a lo que eso lleva).
7.Por alterar la conciencia Es bien sabido que muchas mujeres acusadas de brujería, solo estaban experimentando con su consciencia. Dicho esto, hay que admitir que ver en exteriores a una mujer desnuda, con un palo de escoba entre las piernas debió ser, cuando menos, desconcertante. El famoso ungüento de las brujas era una poderosa mezcla de Mandrágora, Belladona, Solanáceas, Datura Stramonium y muchas hierbas más, también se dice que esta pasta incluía Amanita Muscaria y Bufotenina, ¡uff, qué atasque! Muchas de estas sustancias podían causar la muerte al ingerirse directamente, pero absorbidas a través de la piel y las mucosas daban la sensación de volar, podían causar visiones e incluso potentes orgasmos, aunque este remedio era usado para curar heridas y durante las labores de parto, terminó señalado como un elemento propio de las brujas.
8.Por no tener hijos (o tener muy pocos) Cómo chinga la gente con lo de tener hijos, eso no es nada nuevo, recordemos el punto número dos: la misión de las mujeres era parir. Una mujer sin hijos o con pocos, no era común en esos tiempos, por lo tanto, al igual que en el presente, causaba malestar y sospecha. Si las mujeres cercanas no podían concebir, el riesgo aumentaba, pues se creía que una bruja envidiosa era quien lo impedía, y esa bruja muy seguramente, era la que no tenía hijos, o nomás tenía uno o dos.
9.Por intentar adivinar cómo sería tu marido. Actualmente, un esposo es un accesorio demodé, pero en esa época era fundamental, por lo que era normal imaginar a un compañero de vida; sin embargo, tratar de adivinar su nombre o su apariencia era cosa de brujas y si te caían en la movida, podías terminar ejecutada por delitos de adivinación.
10.Por ser «vieja» (y pobre) Ahora está muy de moda esa pendejada de que los 40 son los nuevos 30 y los 30, los nuevos 20, pero en ese capítulo de la historia, o eras demasiado joven para ser venerable, o estabas en la edad correcta para establecer relaciones con el maligno. A ello se sumaba tu condición económica pues, las brujas, aún con todo su poder, no manejaban mucho efectivo que digamos. De hecho, Sara Good, una de las primeras mujeres acusadas y procesadas, iba de casa en casa pidiendo comida y solicitando ayuda, lo que lejos de suscitar el famoso amor al prójimo, solo despertó sospechas y terminó siendo colgada.
Aunque en su tiempo llegó a considerarse una especie de «terapia social», la teoría feminista fue la encargada de definir la quema de brujas como lo que realmente fue: una guerra contra las mujeres. Silvia Federici, explica que este suceso contribuyó a destruir el poder social de la mujer, y a desvalorizarla como sujeto, una de muchas batallas cuyo jaloneo aún experimentamos las mujeres en el mundo.
En tanto que la palabra bruja se redefine, se glamoriza y se banaliza, sabemos que las mujeres seguimos bajo ataque y sospecha. El Malleus Maleficarum es un espejo en el que aún nos reflejamos, sin embargo, ahora lo hacemos con el poder de los nuevos aquelarres que hemos formado.
Convocatoria de calaveritas literarias Diarios de Covid-19
En México, la muerte es vista desde una perspectiva festiva, antisolemne, incluso burlona, en comparación con otras culturas.
Una de las tradiciones más entrañables de la celebración del Día de Muertos son las calaveritas literarias, poemas en tono satírico con forma de epitafio, dedicada a amistades, personas del ámbito público, familiares o colegas de quienes se resaltan sus vicios o características cómicas y se les advierte que la Muerte –“La Huesuda, Catrina, Calaca, La Flaquita, Niña Blanca”– vendrá por ellas y ellos.
La historia de estas piezas literarias relata que, desde la época de la Colonia, el tono tan crítico y popular de las calaveritas hizo que distintos gobiernos las censuraran.
En Diarios de Covid-19 te convocamos a que nos envíes tus calaveritas literarias, que serán publicadas en la edición del domingo 31 de octubre. La fecha límite para el envío es el sábado 30 de octubre y la temática de las piezas es la pandemia.
Una vez que se publiquen, las 3 calaveras más votadas serán premiadas con una taza de los Diarios de Covid-19 y un libro.
Para participar, envía tu calaverita a: diariosdecovid@gmail.com con el asunto “CONCURSO CALAVERITAS”.
En este nuevo artículo sobre «Pensamiento Propositivo», la periodista y comunicadora venezolana habla sobre los pasos que siguen a una pérdida, traición o un acontecimiento difícil de procesar.
La vida está llena de circunstancias difíciles: la muerte de un ser amado muy cercano, el descubrimiento de una traición, separaciones, el despido de un trabajo, accidentes con serias secuelas físicas… La lista de episodios desafortunados es larga y la pregunta siempre es la misma: «¿Y ahora qué?».
Frente a esto resulta inevitable la sensación de vacío, el quemante malestar estomacal y el dolor (literal) en el corazón, cuyas neuronas también responden a nuestras emociones.
¿Cómo neutralizarlo? No es fácil, pero sí se puede. Educar a nuestro cerebro para dejar de pensar en lo catastrófico que resulta la situación en sí demora un tiempo. En unos casos más que en otros, en dependencia de la madurez e inteligencia y sabiduría emocional que se tenga. No es de un solo porrazo, si dices haberlo logrado así es probable que te estés engañando con un maquillaje emocional que suavice el ambiente que rodea la situación, pero por dentro te estás quemando y eso, querido amigo, termina por explotar en algún momento o, peor aún, por implorar hacia tu interior y desarrollar enfermedades como el cáncer.
El pensamiento propositivo sugiere siempre mirar en perspectiva la situación, entender ante todo que cada una de esas situaciones, por difícil que parezcan, enriquecen y fortalecen nuestro temperamento. Nunca debemos ver como un castigo lo que nos pasa, por el contrario, y, aunque parezca paradójico, debemos agradecer esas duras situaciones; solo a través de ellas tenemos la maravillosa oportunidad de valorar muchas otras cosas.
A veces ocurre que los problemas parecieran más grandes de lo que son, llegamos a creer que es casi imposible encontrar una solución a la sensación desagradable que estamos experimentando, y empezamos a sentir que el piso comienza a abrirse bajo nosotros, provocándonos una profunda sensación de vacío, tristeza y ansiedad, que, lejos de ayudarnos a encontrar salidas, lo único que nos aporta es estrés emocional, nos bloquea y cerramos nuestra mente al abanico de oportunidades que nos permitan ver una luz en el camino.
Para ayudarte a hacer frente a los momentos difíciles e inesperados de la vida, podemos aplicar una guía orientadora propositiva que te ayude a salir más rápido de esa sensación:
1.- Evita buscar el por qué de lo sucedido: encontrar las razones de lo sucedido solo conduce a agregar más carga negativa a lo ocurrido. Lo recomendable es buscar el propósito tras lo sucedido, el para qué sucedió, eso nos ayuda a superarnos exponencialmente y a elevar nuestros niveles de motivación necesarios para seguir avanzando más crecidos. El pasar horas pensando en el problema que tanto preocupa causa ansiedad y agrega mayor carga negativa al problema.
2. No te victimices: pasó lo que tenía que pasar y fue a ti a quien le correspondió vivirlo. Agradece por eso, porque fuiste elegido para enfrentar una prueba que hará de ti una mejor persona. No inviertas tu tiempo en ansiedad, estrés, tristeza, preocupación y todos estos sentimientos y emociones negativas que generan otro tipo de problema interno en ti, y que pudiera derivar en un problema serio de salud.
3. Enfócate en encontrar lo bueno de lo ocurrido: viene de la mano de la primera recomendación y es quizás la más difícil y paradójica. Estamos programados para pensar en negativo cuando algo desagradable sucede. Sin embargo, debemos tener la plena confianza de que se trata de algo que conduce a otra cosa mejor. Todo en la vida trae una enseñanza adherida y la enseñanza en sí misma ya es algo positivo. El descubrir algo desconocido por ti antes de vivir dicha situación ya debemos darle gran valor.
¿Y ahora qué? Ahora seguro tienes mayor agudeza en la percepción de las cosas, mayor templanza para enfrentar momentos de dificultad y el estímulo necesario para recomenzar tu vida, en la misma dirección o en otra radicalmente diferente. Mantén tu pensamiento propositivo y conviértelo en accionar.
*Periodista y comunicóloga venezolana. Madre de Sara, Samuel y Abraham. Texto publicado originalmente en el periódico El Universal, de Venezuela.
LAS CALLES DESIERTAS -O CON POCA GENTE. El miedo. El temor que se palpa y siente mientras ando por estas en general pobladas calles -Rambla Cataluña y Paseo de Gracia. Barcelona fantasmal, y el país todo. Por el miedo. Temores antiguos y nuevos, la responsabilidad de defenderse, de resguardarse de un nuevo peligro, pero que es el mismo, es el que puede en cualquier momento cercar al hombre. Un paseo triste el de esta mañana. Entre gente que se aparta, y tiene miedo. Aunque hay de todo. Días duros e inciertos por venir. Los amigos encerrados en casa, un confinamiento en las relaciones, en la vida, en los hábitos. Es triste el peligro, sentir por él la indefensión, la fragilidad humana. Parece que queden lejos los días buenos, y sean un sueño. Es el efecto que produce siempre la enfermedad, la muerte, el daño. La soledad inhóspita y fiera. Camino por estas calles queridas y esta mañana mucho más vacías y deseo y entono muy quedo y adentro del corazón una oración porque vuelva pronto la vida.
EL ÁRBOL EN EL BALCÓN. EL ÁRBOL DESDE el balcón. Un poco de luz y aire desde casa, y por ello de nuevo ganas de escribir, unidas a las de vivir. Buscar el aire, sentir el aire, necesitar el aire. Para vivir, para cantar. No hay jardín aquí, pero sí balcón. Un poema junto al balcón, sintiendo el aire libre, ahora no tan libre, para nosotros retenido, pero que también así nos llega. Y este plátano que casi al balcón nos llega, su verde tierno que empieza, en las hojas formándose. Poemas aún de la vida al aire libre, aunque más reducida. Poemas junto al balcón. Escribo y siento el aire. Levanto la vista y me saluda el verde, me da la bienvenida en sus formas que empiezan, brotan. Brote la poesía, nazca en cualquier parte, también en el encierro. Buscar el aire dentro, desde casa. Buscarlo en cualquier sitio y todo momento. Sentir en él la poesía. Mi vida al aire libre tituló a su autobiografía sui generis Miguel Delibes, porque así quiso a la suya, y a veces lo he recordado y recuerdo de nuevo ahora, por tantas cosas -entre otras porque lo he tenido presente antes en una prosa, más pronto de la mañana-, y también porque así quiero yo la vida. Al aire libre. Vida al aire libre, vida de la poesía. Así sentirla y buscarla e írnosla encontrando como podamos estos días, en los poemas y en las prosas, en los sueños, en las esperanzas. El plátano ha de crecer en el verde de sus hojas, y espero y deseo que también junto a él todo lo íntimo que hay en nosotros. Que aguante resguardado y puro, como poema, como aire libre.
LAS MANOS CUARTEADAS, TAMBIÉN de lavar con trapos con lejía. Picor hermano del de los ojos. Crema reparadora. Pica. Pero ayuda. Ayuda también escribir un poema. Es por la tarde. He dado noticia de la publicación del libro. Estamos en el despacho. Mi madre lee el periódico -con guantes. El aire es sereno. Yo escribo este poema, con cierta dificultad por la crema que he puesto a estas manos cuarteadas. Cuarteada está también el alma estos días. Nos salve la primavera. Sea por ella la salvación, tal en el poema de Guillén.
LA ORQUÍDEA MORADA EN LA MESA DEL DESPACHO de mi padre y que le regalaron a mi madre. Pensábamos que había muerto, pues lo parecía, seca, yerta. Pero no la tiramos y la seguimos cuidando. Hay que ser partidario de la esperanza, de la vida, y nosotros lo somos. Teníamos razón en esa esperanza. Sólo descansaba, dormía. Tomaba fuerzas. Y está espléndida, e ilumina con su belleza el despacho desde la mesa de mi padre. La tengo junto a mí mientras escribo. La vida vuelva, como ella. Y esplenda en su belleza.
VEO AHORA AL MIRAR POR EL BALCÓN PAPELES O PLUMAS que caen del piso de arriba. Juegos con almohadas en los que se persiguen quizá los niños de arriba, juegos como sea, juegos que se dan mientras corren alegres por el piso. Los escucho en su alegría, mi madre siente lo mismo y me dice qué ánimo tienen: ese ánimo de los niños nos vuelva desde un recodo perdido de nosotros mismos, de una noche olvidada, de la infancia antigua, y tengamos para estos días arte, infinito amor.
“POEMAS CONFINADOS”, ME DICE MI MADRE CUANDO LE DIGO QUE VEO Y SIENTO que ya hay un libro de poemas escritos en el confinamiento. Ella llega al despacho para leer -con guantes- el periódico. Esto le digo, y esto ella me responde. Pero yo prefiero poner como título “De infinito amor”. Que el amor nos confine, que nos confinemos en el amor. Que confinados tengamos aún amor. Y que esto se perciba y sienta en los poemas. Porque también siendo poemas confinados han de seguir siendo, como todos lo son, poemas de amor, de amor a la vida, y por él escribir y mantener la espera.
LA SALVACIÓN POR LA PALABRA. LA SALVACIÓN POR LA PALABRA. La poesía es esta agua que nos salva. Palabras de amor, palabras.
Del libro De infinito amor (Cuaderno del encierro), Colección de Poesía El Bardo, Los Libros de la Frontera, Córdoba, España, 2021.
No quiero mi prudencia de caballito de cartón en el baño,
ni el libro para colorear que encargué,
ni quiero ya la planta que compré en mi cumpleaños
y que insiste en plagarse y morir.
No quiero bodas a las que llego tarde,
ni entrevistas en las que soy brillante,
ni invitaciones en las que falta mi nombre,
ni promesas de papel picado humedecido.
No quiero ser secretaria bilingüe,
ni tampoco ilusa de medio tiempo.
Perdí el interés por las sopas de lata,
por el tianguis de mi barrio
y hasta por la rata que decidió acantonarse en el jardín,
y más bien me ponen nerviosa los cafés interminables
donde mi boca habla sin freno y me traiciona.
Dejé de entender lo poco que entendía.
Ahora soy invisible,
como debemos ser las mujeres
cuando tenemos el descaro de ser feas
y viejas.
De nuevo escuincla,
hablo, pero nadie me escucha;
la gente y la vida me pasan de largo.
De nuevo al margen
(ridícula cuando no invisible)
pocas cosas suavizan mi vida sin propósito:
mi colcha con borreguita;
la luz sosegada que restaña mis dolores por las tardes;
mi tronquito escribano que baila sobre el teclado;
las vocecitas exigentes de mis gatos,
y uno o dos libros.
De lo demás,
no quiero ya saber más nada.
*Escritora y especialista en semiótica, deconstrucción y enseñanza de la lengua española (Ciudad de México, 1973). Fundadora del Círculo de Poetas Auris donde ha desarrollado diversas técnicas de lectura de poesía en voz alta. Cuenta con diversas publicaciones, literarias y ensayísticas. Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas (UNAM) y Máster en Saberes sobre subjetividad y violencia (Colegio de Saberes).
En una casa de madera y cartón, en un asentamiento irregular, sin ningún tipo de servicios, entre el Aeropuerto internacional de la Ciudad de México y las vías del tren, en la zona de Nezahualcóyotl, vive una reina: Sofía Elizabeth Ramos Rodríguez, ganadora de la medalla de oro en marcha de los 10 km del Campeonato Mundial de Atletismo Sub-20.
Entrenaba todos los días durante la pandemia, sobre las vías, ida y vuelta acompañada por su mamá, Marha Patricia Rodríguez. Lo hacía para no perder su nivel deportivo, ya que se acercaba el Campeonato Mundial de Atletismo y, debido a la emergencia sanitaria, cerraron las instalaciones donde practicaba.
Desde que Sofía tenía nueve años, su madre la incorporó al mundo del deporte. Aunque en un principio la marcha no fue de su agrado, poco a poco le fue agarrando el gusto, pues era una disciplina en la que destacaba tanto que empezó a cosechar triunfos nacionales e internacionales, como la medalla de oro que consiguió en Kenia.
La mayoría de sus logros han tenido un toque especial y muy personal, ya que han sido solventados principalmente por su familia, por algunos donativos y por aportaciones de la Comisión Nacional del Deporte (CONADE).
A pesar de ser humildes y de escasos recursos, eso no es un obstáculo, pues Sofia y su familia venden en tianguis populares, todos los días, para conseguir recursos que le permitan a la campeona continuar sus entrenamientos.
Su siguiente sueño es ir a los Juegos Olímpicos: «Quiero escuchar el Himno Nacional y ver mi bandera», expresa la Campeona Mundial Sub-20. «Para ello, sigo preparándome y cuando obtenga una medalla olímpica, me gustaría dejar la marcha», concluyó.
Sofia Elizabeth le planteó una petición al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador: que reconozca su trabajo y su desempeño en la marcha mexicana.
*Fotoperiodista, ganadora del Premio Nacional de Periodismo en Fotografía 2009.