Si esto fuera 1692, tú y yo habríamos sido acusadas de brujería

A propósito de la fiesta por el Día de Muertos y la tradición de los disfraces de criaturas y demonios, la autora retoma la figura de las brujas para explicar, a lo largo de diez puntos, las características que llevaban a las mujeres a la marginación, el rechazo y la horca. Andrea lo resume en sus piezas de collage y en una de las líneas de este texto: «Las mujeres siempre hemos estado más cerca de la hoguera que de la salvación y, de haber vivido en esa época, tú y yo muy seguramente habríamos sido denunciadas».

Por Andrea Mireille*

Ser mujer es un asunto complicado. Siempre lo ha sido, para nosotras, prácticamente todo tiene consecuencias inmediatas y en contra. Jamás se nos concede la ligereza con la que se juzga las acciones de los hombres y la cacería de brujas no fue la excepción. Veneradas, temidas, deseadas e imitadas, las brujas forman parte del imaginario colectivo desde tiempos en los que la ignorancia y la confusión reinaban, es decir, más o menos como ahora.

Sin importar cuánto rezaras, ni qué tan «pura» fueras, en cualquier momento podías ser acusada y ejecutada. Las mujeres siempre hemos estado más cerca de la hoguera que de la salvación y, de haber vivido en esa época, tú y yo muy seguramente habríamos sido denunciadas. Esta es una lista de las razones más ridículas y misóginas por las cuales podías ser acusada de brujería.

1.Por ser mujer
A lo largo de la historia hemos sido percibidas como criaturas inferiores, malvadas y traicioneras. «El mal necesario», siempre causantes de todos los males del mundo: se nos responsabiliza, entre muchas otras cosas, de la caída de la humanidad (Eva, Pandora) y de ser la tentación y la perdición de los hombres, ya sea como vampiresas, mantis o, en el caso de las brujas, lanzando hechizos para provocar en los hombres «un amor insensato» e incluso «quitarles fuerza genital» o desaparecerles el pene.En esa época, ser mujer equivalía a ser proclive al pecado y al mal, en Salem, de 19 personas ejecutadas, 14 eran mujeres.

2.Por pensar, leer y escribir
Para mantener a las mujeres sometidas y controladas, se les encerró en el hogar y se les hizo creer que sus únicas funciones eran las interminables labores domésticas así como parir y criar. Las únicas opciones que tenían eran ser madres, hijas, esposas, sirvientas, viudas o putas.

El Malleus Maleficarum, manual sobre el que se asentó la quema de brujas pone de manifiesto el odio y temor  hacia las mujeres con algún grado de conocimiento, también al ejercicio de su sexualidad. «Una mujer que piensa sola, piensa mal», asegura el libro que también refiere «un exceso de lujuria», además, está lleno de quejas sobre como las mujeres no desean ser gobernadas, algo considerado «un defecto natural en ellas». Por lo tanto, mostrarse como una mujer inteligente, decidida, conflictiva o demandante te convertía en una bruja, peor si tenías ideas propias o si sabías leer o escribir, pues seguro usarías tu conocimiento para firmar el libro del diablo y unirte a él.

3.Por conocer distintas hierbas y manipularlas
Ser la loca de las plantas no era bien visto en 1692. Tomarte un tecito para los cólicos podía llevarte a la horca, también machacar algunas hierbas y esparcirlas por tu pecaminoso cuerpo. Las sospechas sobre el uso de plantas se debe a que quién tuviera conocimiento de ellas podía curar, pero, también envenenar, u horror de los horrores, alterar la conciencia o ayudar a otras mujeres a abortar.
De acuerdo con el investigador Michael Ostlig, una mujer, Dorota Pilecka fue quemada en la hoguera por admitir que manipulaba distintas hierbas, que de acuerdo con sus inquisidores, usaba con «fines perversos», aunque los casos fueron pocos, tener plantas y usarlas podía traerte problemas graves.

4.Por tener amigas
«Mujeres juntas ni difuntas», la unión femenina siempre ha sido temida, mal vista y ha sido desalentada a toda costa. En esa época, si un grupo de mujeres se reunía, solo era para una cosa: adorar al diablo. Nada de echarse un cafecito para ponerse al día o tomarse una selfie con filtros chafas, todos esos famosos Girl squad de series y películas habrían terminado en la hoguera.Los juicios y ejecuciones inspiraron tanto miedo, que popularizaron una de las estrategias más hábiles y socorridas del patriarcado: dividirnos. Las mujeres acabaron acusándose entre ellas con tal de salvarse. Afortunadamente, esto se está transformando, no sin la desconfianza y el resurgimiento de los mismos viejos temores en los hombres.

5.Por tener animales de compañía
Una vez que entregabas tu corrupta y sucia alma a Satanás, este te asignaba un demonio en forma de animal doméstico. Tener un animal que trajera alegría a la inmunda vida de esa época te hacía sospechosa de brujería. Fue en este período de la historia cuando los gatos, especialmente, los negros adquirieron la mala fama que aún los acompaña, sin embargo, no fueron los únicos en sufrir: muchos perros fueron asesinados, al igual que ranas, serpientes, ratas y conejos, que igualmente, eran considerados aliados del mal.

6.Por tener marcas de nacimiento, lunares, manchas y pezones extra
Ese lunar que consideras tan sexy podía llevarte directito a los tribunales, cualquier marca corporal era señal de que el diablo había pasado por ahí. Tener pezones supernumerarios era especialmente, sospechoso, pues se creía que en ellos —y en cualquier parte considerada extraña— los demonios podían lamer y mamar (y ya sabemos a lo que eso lleva).

7.Por alterar la conciencia
Es bien sabido que muchas mujeres acusadas de brujería, solo estaban experimentando con su consciencia. Dicho esto, hay que admitir que ver en exteriores a una mujer desnuda, con un palo de escoba entre las piernas debió ser, cuando menos, desconcertante. El famoso ungüento de las brujas era una poderosa mezcla de Mandrágora, Belladona, Solanáceas, Datura Stramonium y muchas hierbas más, también se dice que esta pasta incluía Amanita Muscaria y Bufotenina, ¡uff, qué atasque!
Muchas de estas sustancias podían causar la muerte al ingerirse directamente, pero absorbidas a través de la piel y las mucosas daban la sensación de volar, podían causar visiones e incluso potentes orgasmos, aunque este remedio era usado para curar heridas y durante las labores de parto, terminó señalado como un elemento propio de las brujas.

8.Por no tener hijos (o tener muy pocos)
Cómo chinga la gente con lo de tener hijos, eso no es nada nuevo, recordemos el punto número dos: la misión de las mujeres era parir. Una mujer sin hijos o con pocos, no era común en esos tiempos, por lo tanto, al igual que en el presente, causaba malestar y sospecha. Si las mujeres cercanas no podían concebir, el riesgo aumentaba, pues se creía que una bruja envidiosa era quien lo impedía, y esa bruja muy seguramente, era la que no tenía hijos, o nomás tenía uno o dos.

9.Por intentar adivinar cómo sería tu marido.
Actualmente, un esposo es un accesorio demodé, pero en esa época era fundamental, por lo que era normal imaginar a un compañero de vida; sin embargo, tratar de adivinar su nombre o su apariencia era cosa de brujas y si te caían en la movida, podías terminar ejecutada por delitos de adivinación.

10.Por ser «vieja» (y pobre)
Ahora está muy de moda esa pendejada de que los 40 son los nuevos 30 y los 30, los nuevos 20, pero en ese capítulo de la historia, o eras demasiado joven para ser venerable, o estabas en la edad correcta para establecer relaciones con el maligno. A ello se sumaba tu condición económica pues, las brujas, aún con todo su poder, no manejaban mucho efectivo que digamos. De hecho, Sara Good, una de las primeras mujeres acusadas y procesadas, iba de casa en casa pidiendo comida y solicitando ayuda, lo que lejos de suscitar el famoso amor al prójimo, solo despertó sospechas y terminó siendo colgada.

Aunque en su tiempo llegó a considerarse una especie de «terapia social», la teoría feminista fue la encargada de definir la quema de brujas como lo que realmente fue: una guerra contra las mujeres. Silvia Federici, explica que este suceso contribuyó a destruir el poder social de la mujer, y a desvalorizarla como sujeto, una  de muchas batallas cuyo jaloneo aún experimentamos las mujeres en el mundo.

En tanto que la palabra bruja se redefine, se glamoriza y se banaliza, sabemos que las mujeres  seguimos bajo ataque y sospecha. El Malleus Maleficarum es un espejo en el que aún nos reflejamos,  sin embargo, ahora lo hacemos con el poder de los nuevos aquelarres que hemos formado.

*Periodista y escritora mexicana.

https://www.linkedin.com/in/andrea-mireille-a904254b/?originalSubdomain=mx

Publicado por adrianaesthela

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