Poetas en cuarentena

De infinito amor

Por Santiago Montobbio

LAS CALLES DESIERTAS -O CON POCA GENTE.
El miedo. El temor que se palpa y siente
mientras ando por estas en general pobladas
calles -Rambla Cataluña y Paseo de Gracia.
Barcelona fantasmal, y el país todo. Por
el miedo. Temores antiguos y nuevos,
la responsabilidad de defenderse, de
resguardarse de un nuevo peligro, pero
que es el mismo, es el que puede
en cualquier momento cercar al hombre.
Un paseo triste el de esta mañana.
Entre gente que se aparta, y tiene
miedo. Aunque hay de todo. Días
duros e inciertos por venir. Los amigos
encerrados en casa, un confinamiento
en las relaciones, en la vida, en los hábitos.
Es triste el peligro, sentir por él la indefensión,
la fragilidad humana. Parece que queden lejos
los días buenos, y sean un sueño. Es
el efecto que produce siempre la enfermedad,
la muerte, el daño. La soledad inhóspita
y fiera. Camino por estas calles queridas
y esta mañana mucho más vacías y deseo
y entono muy quedo y adentro del corazón
una oración porque vuelva pronto la vida.

EL ÁRBOL EN EL BALCÓN. EL ÁRBOL DESDE
el balcón. Un poco de luz y aire
desde casa, y por ello de nuevo
ganas de escribir, unidas a las
de vivir. Buscar el aire, sentir
el aire, necesitar el aire.
Para vivir, para cantar. No
hay jardín aquí, pero sí
balcón. Un poema junto
al balcón, sintiendo el
aire libre, ahora no tan
libre, para nosotros
retenido, pero que
también así nos
llega. Y este
plátano que casi
al balcón nos
llega, su verde
tierno que empieza,
en las hojas
formándose. Poemas aún
de la vida al aire libre,
aunque más reducida. Poemas
junto al balcón. Escribo
y siento el aire. Levanto
la vista y me saluda
el verde, me da
la bienvenida en
sus formas que
empiezan, brotan.
Brote la poesía,
nazca en cualquier
parte, también
en el encierro.
Buscar el aire
dentro, desde
casa. Buscarlo
en cualquier
sitio y todo
momento. Sentir
en él la poesía.
Mi vida al aire libre
tituló a su autobiografía
sui generis Miguel Delibes,
porque así quiso a la suya,
y a veces lo he recordado
y recuerdo de nuevo ahora,
por tantas cosas -entre otras
porque lo he tenido presente
antes en una prosa, más pronto
de la mañana-, y también
porque así quiero yo la vida.
Al aire libre. Vida al aire libre,
vida de la poesía. Así sentirla
y buscarla e írnosla encontrando
como podamos estos días, en los
poemas y en las prosas, en los
sueños, en las esperanzas. El
plátano ha de crecer en el verde
de sus hojas, y espero y deseo
que también junto a él
todo lo íntimo que hay
en nosotros. Que aguante
resguardado y puro, como
poema, como aire libre.

LAS MANOS CUARTEADAS, TAMBIÉN
de lavar con trapos con lejía.
Picor hermano del de los ojos.
Crema reparadora. Pica. Pero
ayuda. Ayuda también escribir
un poema. Es por la tarde. He
dado noticia de la publicación
del libro. Estamos en el despacho.
Mi madre lee el periódico -con
guantes. El aire es sereno. Yo escribo
este poema, con cierta dificultad
por la crema que he puesto
a estas manos cuarteadas.
Cuarteada está también
el alma estos días. Nos
salve la primavera. Sea
por ella la salvación,
tal en el poema de Guillén.

LA ORQUÍDEA MORADA EN LA MESA DEL DESPACHO
de mi padre y que le regalaron a mi madre.
Pensábamos que había muerto, pues lo parecía,
seca, yerta. Pero no la tiramos y la seguimos
cuidando. Hay que ser partidario de la esperanza,
de la vida, y nosotros lo somos. Teníamos razón
en esa esperanza. Sólo descansaba, dormía.
Tomaba fuerzas. Y está espléndida, e ilumina
con su belleza el despacho desde la mesa
de mi padre. La tengo junto a mí
mientras escribo. La vida vuelva,
como ella. Y esplenda en su belleza.

VEO AHORA AL MIRAR POR EL BALCÓN PAPELES O PLUMAS
que caen del piso de arriba. Juegos con almohadas
en los que se persiguen quizá los niños de arriba, juegos como sea,
juegos que se dan mientras corren alegres por el piso.
Los escucho en su alegría, mi madre siente lo mismo
y me dice qué ánimo tienen: ese ánimo de los niños
nos vuelva desde un recodo perdido de nosotros mismos,
de una noche olvidada, de la infancia antigua,
y tengamos para estos días arte, infinito amor.

“POEMAS CONFINADOS”, ME DICE MI MADRE CUANDO LE DIGO QUE VEO Y SIENTO
que ya hay un libro de poemas escritos en el confinamiento.
Ella llega al despacho para leer -con guantes- el periódico.
Esto le digo, y esto ella me responde. Pero yo prefiero
poner como título “De infinito amor”. Que el amor nos confine,
que nos confinemos en el amor. Que confinados tengamos aún amor.
Y que esto se perciba y sienta en los poemas. Porque también siendo poemas confinados
han de seguir siendo, como todos lo son, poemas de amor,
de amor a la vida, y por él escribir y mantener la espera.

LA SALVACIÓN POR LA PALABRA. LA SALVACIÓN POR LA PALABRA.
La poesía es esta agua que nos salva.
Palabras de amor, palabras.

Del libro De infinito amor (Cuaderno del encierro), Colección de Poesía El Bardo, Los Libros de la Frontera, Córdoba, España, 2021.

Publicado por adrianaesthela

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