La reinvención dulce de Yolotzin

Foto: Especial. Cortesía Yolotzin Flores

En medio del impacto que provocó la pandemia en el negocio familiar de venta de chocolates, una alumna de medicina en la Ciudad de México decidió volcarse a estudiar la comercialización del producto en redes sociales y, al mismo tiempo, sumar a otras personas al circuito de utilidades. Para ella, su hermana y su familia, la palabra “Xocolat” no solo es el nombre del negocio sino una nueva forma de resiliencia.

Por La Redacción

Cuando Yolotzin Flores Zavala contempló la escultura que ella misma había elaborado a base de chocolate -y que, tarde o temprano, iba a terminar en algún paladar-, gozó otra más de las lecciones que le había dejado la pandemia: “Ni sabía que yo podía hacer estas cosas, me dio mucha felicidad poder trabajar así con el chocolate. Es arte, pero te lo puedes comer”, dice entre risas. La alegría de ese momento formaba parte de una cadena de aprendizaje que empezó el año pasado, cuando la pandemia puso en peligro la continuidad del negocio familiar.

Las medidas de aislamiento hicieron que bajaran las ventas del negocio que la estudiante de medicina de 27 años y su hermana Nectic Magdalena, de 30, iniciaron en 2009. Conforme avanzaban las semanas, era menos la clientela que llegaba al local de chocolates, ubicado en la Carretera Vieja Xochimilco-Tulyehualco, alcaldía Xochimilco, en el sur de la Ciudad de México. Yolotzin decidió actuar.

“Me capacité más en negocios, tomé un curso de la ONU Mujeres y ahí me enseñaron a ver las debilidades como negocio. Entonces vi que una de las debilidades dentro de la pandemia es que no ofrecíamos servicios a domicilio y que, cuando llegó la pandemia, fueron un boom las redes sociales y era algo que yo quería hacer: mejorar la dinámica en línea”, explicó.

La tienda “Xocolatl dulces” tenía cuentas en Instagram y Facebook (@xocolatl.dulces10 y @xocolatl.dulces) que no recibían atención suficiente, debido a que el negocio estaba más enfocado a la venta directa en tienda. Las hermanas Flores Zavala decidieron crear productos enfocados en el significado emotivo del chocolate y ampliar el uso de las redes sociales para aplicar el envío a domicilio a través de las plataformas de Uber y otras similares.

“Éramos conscientes de que nuestros productos son alimentos con un papel social y afectivo de nuestra clientela y entonces creamos paquetes para enviar para cumpleaños, aniversarios y felicitaciones.”

Surgió un detalle: las tarifas dinámicas que utilizan las plataformas digitales de transporte privado, incrementaban de forma considerable los costos de envío y la clientela no estaba acostumbrada a precios tan altos. Yolotzin buscó a más personas afectadas por la pandemia y  encontró a una amistad suya que trabajaba en Uber y que también vio reducidos sus ingresos.

Entonces, aplicó tarifas fijas para envíos a domicilio: de 30 a 80 pesos dentro de la alcaldía y de 90 a 100 pesos a cualquier localidad fuera de Xochimilco, sin importar la distancia ni tarifas dinámicas. También instauró un día de promoción: los domingos, el costo de envío era de 90 pesos a cualquier zona de la Ciudad de México.

“Los clientes empezaron a sentirse seguros, porque podían enviar sus regalos sin salir y los productos se entregaban con todas las medidas de seguridad y las ventas empezaron a aumentar”, destacó la empresaria.

Decidió apostarle a las ventas digitales y, durante una brigada de negocios del Instituto de la Juventud, conoció a más personas que enfrentaban su misma situación. Les ofreció sumarse a la red para el envío a domicilio y, a través de este sistema, creó más empleos. “¿Por qué no te reinventas? Únete conmigo”, les decía.

Yolotzin y su hermana diseñaron un plan para que personas distribuidoras pudieran generar ganancias mediante la venta de sus productos y no solo obtuvieran un pequeño porcentaje. Además, decidieron vender chocolates cristalizados -una práctica característica del pueblo de Santa Cruz Acalpixca- y elaborar, en su propia casa, las frutas deshidratadas que incluyen algunos de sus productos. Dependiendo de la temporada, la producción llega a alcanzar los 900 kilogramos de chocolate y cada semana, en promedio, elaboran de 20 a 30 kilogramos.

“Creo que esto depende de estar dispuestos a cambiar las cosas como las conocemos”, dice Yolotzin, quien combina su ruta como mujer emprendedora con su preparación como médica cirujana, de la que solo le falta la titulación.

“Es algo muy bonito porque la gente ve al chocolate como golosina y como algo dulce y no lo ve como un alimento de alto valor nutricional, que puede ser trabajado en casa, desde cero. Es algo muy noble”, concluyó.


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Poetas en cuarentena

Mayra Mier*

Mayra Mier – Foto: Cortesía

Imagínate

No tenemos alas, pero sí imaginación, ella vuela sin cansarse,

verás que lindo será, si libre despega el vuelo te lo puedo demostrar.

Imagínate un mañana,

donde exista sólo amor, todos seamos libres,

como el mismísimo viento, se respeten los derechos,

se haga culto a la hermandad,

sea el hombre lo esencial, nos cuidemos mutuamente.

La familia esté primero,

tengamos mentes abiertas, que no importen ya los credos,

ni la forma de pensar, si pensamos diferente, no todo es siempre igual,

eso hace que el hombre sea un ser individual.

Que el pan nuestro nunca falte, demos gracias al Señor

por disfrutar de un mañana que brinde felicidad,

no pura imaginación. ¿Sería lindo, verdad? 

Muso 2021 ♥

Dicen  

Dicen que estoy muy loca, porque desbordo alegría,

mi risa siempre presente, eso confunde a la gente. 

Es que ellos no sospechan, 

qué me trae así de loca, 

tú… que también estás muy loco,

me haces feliz con creces,

río a mares, pero gozo,

así me lleno de vida,

haces mi vida plena y logro arrancar mis penas. 

Deja que loca me digan,

mientras contenta yo muera,

más vale morir de dicha,

que vivir la vida mía 

escaseando la alegría. 

Muso 2021 ♥

Muy especial

Hay un lugar especial

donde podemos amar,

allí no se ponen reglas,

nadie te va a molestar. 

Te dejo que adivines

sobre ese lugar de ensueño

donde nadie tiene dueño,

eres libre como el viento

y si llevo la razón

he de decirte, mi amor,

ese lugar que ya ocupas,

no es más que mi corazón. 

Muso 2021 ♥

Ponte los años

Ven… ponte tus años, pon maquillaje si así lo prefieres,

ya es tu cabello todo de plata, camina erguida, claro que puedes,

y el que no pueda, que muera de envidia.

Ya a estos años deja que digan, que no te importe,

vive tu vida, ten muy presente:

El vino… despacio,

los besos… más largos,

el sexo… sin pausa,

la vida… sin miedo.

Nunca te olvides

de estos consejos,

que así las penas

siempre van lejos.

Muso 2021 ♥

Mis manos

Miro mis manos ajadas,

es el paso de los años,

que sus huellas han dejado,

de mil batallas libradas.

Ellas me han dado el pan,

han servido con amor,

dieron luz a oscuridad,

han amado con creces,

tanto bueno en ellas crece,

que al mirarlas tal parece,

que en cada surco que aparece,

hermosas rosas florecen.

Muso 2021 ♥

Sin apuros

Te vestí con mis poemas, te arropé en cada verso,

sin embargo, en cada beso te desnudo sin apuro,

te recorro palmo a palmo,

sabiendo que siguen mis versos,

envolviéndote en su manto.

Que será de este amor, que se esconde en lo más puro

y aunque el tiempo no me alcance…

espero ya sin apuro.

Muso 2021 ♥

*Oftalmóloga cubana del Instituto Cubano de Oftalmología.

La caída del modelo Chicago: notas para una discusión imprescindible

El filósofo y economista chileno analiza el parteaguas que significó para Chile el estallido social del 18 de octubre de 2019 en contra de las medidas económicas del gobierno de Sebastián Piñera, de la clase política en general y de la Constitución de Pinochet, hoy en proceso de anulación y reflexiona sobre la necesidad de reemplazar el modelo neoliberal luego de su palpable fracaso.  

Por José Miguel Arteaga*

José Miguel Arteaga. Foto: Cortesía

En una columna anterior, “Crisis y superación del modelo neoliberal”, dijimos que el 18/O marca un punto de quiebre en nuestra reciente historia: amplios sectores populares y de capas medias actuando conjuntamente conquistaron decisivas posiciones de poder poniendo en jaque al gobierno, desahuciando la vieja Constitución e inaugurando un nuevo ciclo de progreso empujado por amplias mayorías conscientes de su papel y dispuestas a luchar. Estos procesos son parte de reformas dentro del capitalismo. Sólo se podrá ver si anuncian algo más estructural cuando se haya entrado de lleno a las tareas de esta etapa. Está pendiente definir con mayor certeza qué podría ser ese lejano mañana mejor.

La historia del mundo y las sociedades de hoy no ofrecen ejemplos con méritos suficientes para ser imitados a fardo cerrado, lo que obliga a ser críticos y creativos. No hay a la vista modelos viables de reemplazo que proyecten el capitalismo luego del fracaso neoliberal o que impliquen formas de socialismo que pudieran considerarse transitables.

En nuestro caso, la solución de estas cuestiones no puede constituir un freno al avance práctico. Al contrario, la teoría debiera abrirse paso en sinergias enriquecedoras con la lucha popular.

La sustentación social del nuevo proyecto es materia clave. La lucha dispersa y espontánea debe reforzarse con un liderazgo de propósito claro y estrategia bien diseñada. La posibilidad de cambios profundos obliga a la izquierda a avanzar en crítica y creatividad con mayor profundidad de lo hecho hasta ahora.

La redacción de la nueva Constitución se está realizando, pero el reemplazo del modelo Chicago está aún en pañales. Se observa un grave vacío de profesionales y técnicos en el ámbito económico, con ópticas críticas, abiertas a la comprensión del subdesarrollo, distintas a lo enseñado en las universidades de los países desarrollados, centros de adoctrinamiento en su exclusivo y excluyente beneficio.

Se requiere una mirada tercermundista para comprender las crisis que afectan a nuestros países, un relato común que profundice en su actual dependencia y subdesarrollo. Sólo con una mirada crítica, específica e histórica, se puede dar con soluciones reales, reposicionando la teoría de la dependencia, renovándola con los datos del mundo de hoy.

El vacío teórico de la izquierda está en el centro de una crisis histórica cuya superación implica avanzar en discusiones teóricas sobre cuestiones claves del subdesarrollo. Se hace necesario rescatar valiosas categorías con que se interpretó la realidad en el cercano pasado. Su aparente caducidad es una consecuencia más de la derrota política popular en esos años.

Este vacío atañe también a la forma que tomó el socialismo en la URSS, su fracaso y disolución, a lo que se agregan los problemas que enfrentan los países que han adoptado esquemas de partido único y socialismo como Cuba, Corea del Norte, Nicaragua o Venezuela.

Se requiere pensar a fondo la crisis actual en una época marcada por el repliegue de la hegemonía norteamericana y la conversión de China en una potencia mundial. Este ascenso requiere atenta mirada para evitar que se repitan relaciones de dependencia, dominación y asimetría centro periferia de graves consecuencias para el mundo en desarrollo.

Se debe repensar todo nuestro sistema institucional incluyendo un rol más protagónico del Estado, que asuma la defensa del interés común, desate una dinámica potente de desarrollo integral, rescate el dominio sobre los recursos naturales y sectores claves de la economía, rompiendo con la dominación imperialista y las trampas de la dialéctica centro periferia.

La democracia debe renovarse relegitimando sus estructuras y autoridades, con una mirada que aborde los más urgentes desafíos globales y mejorando en ese ámbito mayor su gama de instrumentos y soluciones.

El nuevo liderazgo popular debe establecer sólida alianza con amplios sectores medios. El nuevo protagonismo de mujeres, jóvenes, pueblos originarios, minorías segregadas y castigadas por el capitalismo arcaico y patriarcal son fuerzas creativas y liberadoras, parte esencial y refuerzo de las luchas de liberación.

La voluntad de vivir en un mundo social y ambientalmente sustentables forma parte esencial de la matriz de construcción del nuevo proyecto.

La estrategia de desarrollo debe tener un sólido fundamento técnico. La doctrina y la práctica del Estado subsidiario debe terminar. El Estado debe ejercer el control sobre mercados claves, administrar y operar empresas y servicios cuando sea de necesidad social y/o de interés nacional, castigando con dureza todo acto de corrupción. La Constitución y la ley deben ajustarse a las nuevas orientaciones y necesidades.

Los comicios de noviembre debieran concebirse como continuación de las luchas populares de las últimas décadas e inicio de un nuevo ciclo de luchas de liberación nacional y popular con objetivos de largo plazo, que incluyan las transformaciones globales y las nuevas capacidades que aportan las tecnologías emergentes, el mundo digital, la comunicación en línea y el uso de redes como alternativa al dominio de la comunicación corporativa en manos de grupos económicos poderosos.

Las determinantes económicas y los flujos de valor son decisivos en el mundo de hoy, pero no son los únicos. El análisis debe incluir las condiciones geopolíticas y las relaciones de poder a nivel global donde son decisivos el ocaso del imperio y la hegemonía norteamericana y el ascenso de China y su liderazgo en el modelamiento del mundo de mañana.

Es esencial entender en este contexto el destino futuro de América Latina y el Caribe (ALC). La figura de Allende trasciende nuestro país y se hace ejemplo de consecuencia revolucionaria a nivel continental.

La traición de la izquierda renovada que se hizo reformista, que contribuyó a poner término a la dictadura, pero terminó aliándose con la alta burguesía y los grupos económicos para perfeccionar y profundizar el modelo neoliberal, es parte de la historia de Chile de los últimos 30 años, origen y causa del estallido social.

Estos hechos están en la raíz del descrédito profundo de la derecha y la centroizquierda en el Chile actual y la razón de que sólo la izquierda tenga la credibilidad suficiente y la capacidad de levantar una alternativa viable al viejo país que sucumbió.

Esta realidad se oculta en las comunicaciones de hoy, donde pesa el enorme poder de los medios de masas propiedad oligárquica y de consorcios extranjeros, marcando la necesidad de una asepsia crítica profunda y prolongada que ponga las cosas a la luz del desnudo conquistado por el pueblo en las calles.

*Filósofo y economista chileno, @josemiguelart17

Este artículo fue publicado en la revista Quinto poder, y reproducido aquí con la autorización del autor. https://www.elquintopoder.cl/sociedad/la-caida-del-modelo-chicago-notas-para-una-discusion-imprescindible/

De lectores

Facebook-Metaverso: ¿Cambiar para seguir haciendo lo mismo?

Es casi seguro que los usuarios se muestren renuentes a dejar que sus actividades puedan ser utilizadas con fines comerciales.

«Monolitos flotando» – David Silva /FB: David Silva

Por Guillermo Rothschuh Villanueva*

La crisis en que se encuentra sumergida Facebook -viene dando tumbos desde 2016- obligó a su mayor accionista, Mark Zuckerberg, a tomar medidas emergentes. El anuncio de la creación de Metaverso, el pasado 28 de octubre, constituye un paso adelante en la prodigiosa era de Internet. La revolución científico-técnico no se detiene, aguijoneada por las circunstancias. Con esta decisión cree salirle al paso a la caída en picada de su credibilidad. Los señalamientos contra Facebook forman parte de las acusaciones lanzadas contra Google, Amazon, YouTube e Instagram. La admisión tardía ante el Congreso de los Estados Unidos, aceptando la existencia de miles de cuentas falsas en Facebook, pusieron en mal predicado al estratega de la red más grande del mundo.

Las filtraciones y deserción de Frances Haugen, experta en temas de algoritmos y seguridad digital, fueron el puntillazo. Haugen operó como garganta profunda, filtrando valiosos documentos al Wall Street Journal. Cuando decidió salir a la palestra pública, ya había asestado un golpe contundente a Facebook. Al declarar que Zuckerberg anteponía las ganancias y no la seguridad de los usuarios, solo vino a confirmar lo que muchos académicos y estudiosos del tema digital venían alegando. Tal vez lo más riesgoso del CEO de Facebook fue haber mentido ante los congresistas. Estaba consciente de los millones de fake news diseminados y los millares de cuentan falsas que operaban en su plataforma digital. Su olvido a la hora de rectificar resultó un bumerang.

Las declaraciones de Haugen sirvieron como detonante, decenas de especialistas se sumaron a la arremetida. En menos de dos meses, Haugen se transformó en una figura connotada, sus puntualizaciones desean ser conocidas por distintos estamentos políticos. Los primeros en llamarla a testificar fueron los miembros del subcomité para la Protección del Consumidor y la Seguridad de los Datos de Estados Unidos. Estaban interesados en enterarse de lo dañino y nocivo que resultan los algoritmos de Facebook para la niñez y adolescentes. Nada nuevo si tomamos en consideración los resultados de estudios realizados en España y en el propio Estados Unidos. Evidencian que los algoritmos favorecen la violencia y pornografía. Voces muy pocas veces escuchadas.

Estando pendiente en Bruselas la aprobación de dos leyes referidas al tema de la seguridad y funcionamiento de los algoritmos, Haugen fue invitada a comparecer ante la Eurocámara, para ofrecer luces. Después de compartir sus argumentos, esbozó cuatro recomendaciones. La primera está dirigida a la emisión de leyes neutrales, algo sumamente complejo; en segundo lugar, obligar a que las tecnológicas jerarquicen su información; en tercero, volver responsable a Facebook (ahora Metaverso), de la información negativa que publique y, por último, garantizar el acceso al ente regulador a los datos esenciales de la empresa. Los resultados que ofrezca esta experiencia a los europeos, podrían servir en el futuro de ejemplo a los demás países del mundo.

Las prescripciones de Haugen son precisas, se trata de cambiar o emitir nuevas leyes. La debilidad que confrontan los gobiernos se debe a que las tecnológicas funcionan sin ataduras legales. ¿A qué obedecerá la tardanza de los parlamentarios en la formulación de normas encaminadas a proteger a la ciudadanía e intereses de su nación? Llevan más de cuatro años de estar amagando, sin llegar a nada. ¿Cuándo darán el paso esperado? Uno de los escollos que los parlamentarios deberán sortear, consiste en no adquirir compromisos con estas empresas. En Europa, los mastodontes digitales invierten en lobby más de cien millones de euros. Las regalías que otorgan terminan frenando iniciativas y pervirtiendo sus compromisos con la ciudadanía. Algo muy usual.

Académicos estadounidenses (Michael A. Cusumano del Instituto Tecnológico de Massachusetts), piensan que Meta tiene un propósito distractivo. El cambio de nombre se “debe sobre todo a un intento de que nos fijemos menos en sus verdaderos problemas”. Soy de los que creen que aun cuando el anuncio de Meta tiene una intencionalidad distractiva, se trata de una decisión que Zuckerberg -debido al trago amargo que no acaba de digerir- creyó que había llegado la hora de hacer público, un proyecto que venía trabajando desde hace varios años. Sin duda muchos jóvenes se sentirán encandilados, al disponer de videojuegos en 3D a bajo costo. Además, Meta los introducirá en el mundo paralelo de la realidad virtual. El ofrecimiento supone una gran oferta. Esperemos resultados.

Zuckerberg se ha empeñado en dar visos de certeza a las medidas que está adoptando. Para resultar creíble, en momentos que más lo necesita, tuvo que paralizar el proyecto de Instagram para niños y ofreció que no volverá a utilizar el reconocimiento facial de mil millones de usuarios. ¿Habrá quién se lo compre? Instagram cayó en desprestigio. Jóvenes de distintos rumbos del planeta, revelaron lo dañino que han resultado para su autoestima los cánones de belleza que prescribe. Con la salvedad de que, para descargar la aplicación en el móvil, ahora hay que pasar por el sistema iOS de Apple y Android Google. Los primeros efectos son visibles. Es casi seguro que los usuarios se muestren renuentes a dejar que sus actividades puedan ser utilizadas con fines comerciales.

Haugen se ha encargado de agriar la fiesta a Zuckerberg, para ella resulta paradójico que mientras el CEO de Facebook anuncia la disponibilidad de sumas millonarias para pagar a los especialistas a cargo del diseño y construcción de Meta, no cuente con recursos suficientes para enfrentar el desafío número uno de gobiernos y usuarios: su inseguridad.  En la división separada de Facebook -Reality Labs- este año tienen planeado invertir 10 mil millones de dólares. La queja de Haugen resulta apropiada. ¿Por qué no encaminó sus pasos para terminar con el mayor dolor de cabeza? La respuesta obedece a que Facebook opera como un negocio. Dar de baja a los ingresos provenientes de la polarización que la red ocasiona, supondría perder millones de dólares.

Cuando más se sabe sobre la manera en cómo opera Zuckerberg, mayor desencanto provoca. Desde hace años eran conocidos los efectos tóxicos de sus productos. El profesor Cusumano insiste en recordar la desconfianza existente entre los usuarios acerca de la veracidad de Facebook. Señala que la red social “ha estado centrada principalmente en vender anuncios y hacer crecer los ingresos, y la información falsa y las teorías de la conspiración generan más tráfico en internet y más potencial para conseguir anuncios”. Más grave resulta que sus más altos ejecutivos se hayan mostrado ciegos y sordos, ignorando “durante mucho tiempo las quejas de algunos empleados sobre estas prácticas”. Esta fue la razón fundamental por la que Haugen dejó Facebook. Cree que no dará marcha atrás.

Una sociedad como la estadounidense, con un constante crecimiento de expertos en la operación de redes, donde guardan un alto predicado a los resultados numéricos, más de algún especialista se encargaría de rectificar a Facebook. Mientras Zuckerberg pregonaba ante los congresistas, como demostración de eficacia, que eliminaban el 95% de los mensajes de odio, los aguafiestas se encargaron de rectificarle. Según sus cálculos, solo el 5% de estos mensajes son eliminados. Como señalan los entendidos, la red se ha caracterizado por la opacidad y una conducta evasiva. Quienes mejor lo saben son los servicios de seguridad estadounidense. Cuando develaron las cuentas falsas en Facebook, enfrentaron la ira de Donald Trump. Un revés para el recién electo presidente.

Una de las preguntas de los eurodiputados a la experta estadounidense, fue sobre qué pasaría si dejaran que Facebook fuese la encargada de poner fin a tanta ignominia. ¿Una pregunta capciosa? ¿Una bomba de profundidad encaminada a que Haugen dijese que no? Los encargados de echar por tierra la autorregulación fueron los dueños de las grandes tecnológicas. En vez de mostrarse sensibles ante los reclamos de los usuarios, pidiéndoles poner fin a tantos desmanes, optaron por la autocomplacencia. Mientras sus lobistas lograban en Estados Unidos y Europa acuerdos exitosos con los miembros del Poder Legislativo, sentían que su poder se acrecentaba y que esto dificultaría -como en verdad está ocurriendo- tomar acciones restrictivas en su contra. Llegó la hora.

*Comunicólogo nicaragüense, Doctor en Derecho y ex Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA), de Managua. Este artículo fue publicado el 14 de noviembre en el periódico Confidencial (www.confidencial.com.ni) y reproducido aquí con la autorización del autor.

RELATOS VIRALES

HISTORIAS DE UNA PANDEMIA

La resurrección de Mariano

Acuarela Adriana Bancalari- Resistencia/Argentina – IG: adrianabancalari

Por Esther Baradón Capón*

Tengo la costumbre de comprar café de grano en un expendio cerca de mi casa y Mariano es una de las personas que ahí atienden. Cuando comenzó la pandemia y aún en semáforo rojo, me sorprendía que ni él, ni nadie en el expendio usaran cubrebocas, lo que nos obligaba a guardar la sana distancia.

En una ocasión se me ocurrió preguntarle a Mariano por qué no lo usaba y me dijo que pensaba que esa enfermedad no existía, que todo era un invento de los gobiernos para controlar a los ciudadanos y que, además, él sabía de varios casos de personas que habían fallecido de otras enfermedades y en el acta de defunción se reportaba que había sido por covid. Lo decía con tanta seguridad y vehemencia que casi logra convencerme.

En toda la pandemia, ni una sola de las veces que he ido a comprar café han usado el cubrebocas en ese expendio.

En una ocasión que fui a surtirme de este maravilloso grano, me atendió Mariano, por supuesto sin cubrebocas y después de especificarle de qué granos quería la mezcla y el molido deseado, me entregó el café y como no había otros compradores, aproveché para saciar mi curiosidad y le pregunté si seguía creyendo que la enfermedad no existía.

Como respuesta empezó a contarme que se había contagiado y por todo lo que pasó, que al principio pensó que era una gripe que quiso curar con antigripales y vitamina C.

Como al cuarto día sintió que no mejoraba, por el contrario, se sentía peor. Fue entonces cuando decidió ir con el doctor del barrio, quien le confirmó las sospechas de que se trataba de una gripe muy severa y le recetó unas ampolletas.

Durante una semana se estuvo inyectando una al día, pero siguió sin mejorar y con una tos intensa que no le permitió dormir.

Regresó a consulta con el mismo doctor quien le sugirió otra serie de ampolletas y fue cuando decidió mandarlo al diablo.

Una vecina le había recomendado un doctor que por las mañanas trabaja en el prestigiado hospital Siglo XXI y en las tardes da consultas privadas, en la misma colonia donde vive Mariano, así que saliendo del consultorio del médico que tal vez ni había terminado la carrera y siguiendo las indicaciones de la vecina, él y su esposa se fueron caminando hacia el consultorio del médico recomendado.

Llegó sin aire y con la sensación de que iba a desfallecer. Se encontraron con una sala de espera atiborrada y se sintió apenado pensando que podría contagiar a los que ahí esperaban su turno para la consulta.

Las personas que se encontraban en la sala se percataron de su lamentable estado de salud y cuando él se disponía a abandonar el lugar, alguien corrió tras él, indicándole que le cederían sus turnos para que entrara a consulta en cuanto el médico se desocupara

Al entrar Mariano al consultorio el médico no pudo ocultar su expresión de alerta. Enseguida, además del cubrebocas que portaba, se puso una careta y no se acercó a Mariano en ningún momento. Le indicó a su esposa cómo colocarle el oxímetro en el dedo índice y le pidió que leyera las cantidades que indicaba el aparato. Cuando la esposa le dijo 60, el doctor no dudó cuál era el diagnóstico. Era evidente que se trataba del covid.

Les dijo que de inmediato compraran un tanque de oxígeno, el cual debería usar de forma intermitente, llenó la receta con los nombres de los medicamentos que en ese momento se conocían y que debía tomar paracetamol para la fiebre y las molestias, tés de hierbas con miel y limón y que por ningún motivo podía regresar caminando, que llamaran a algún pariente que pasara por ellos lo antes posible y debía sentarse en la parte trasera del coche, con las ventanas abiertas.

Al llegar a casa lo recostaron y enseguida salieron a comprar los medicamentos recetados y a el tanque de oxígeno, que les costó mucho trabajo conseguir.

La fiebre no bajaba de 39°C y su esposa tenía que cambiarle las camisetas empapadas de sudor.

Su mujer le ponía en la frente compresas de agua fría y en menos de 30 segundos se convertían en paños calientes. La tos no cedía y no pudo ni por un segundo conciliar el sueño, viviendo un verdadero viacrucis.

Esa noche fue tal su delirio que en algún momento que no recuerda con claridad, acostado sobre las sábanas mojadas, se vio a sí mismo dando vueltas alrededor de la habitación y detrás de su espectral silueta aparecieron las de su difunto hermano y su abuelo. Le hacían señas como si le pidieran que los siguiera al otro mundo. Sintió que su cuerpo estaba ahí sobre la cama, pero su alma seguía deambulando por el cuarto.

Es sabido que esto les sucede a algunas personas cuando están por partir de este mundo, pero Mariano se aferró a la vida tomando, con la poca fuerza que le quedaba, la mano de su esposa, quien al mismo tiempo le imploraba que no la abandonara y que no se diera por vencido. Así siguieron tomados de la mano, hasta que Mariano se quedó profundamente dormido.

A la mañana siguiente despertó un poco mejor, feliz de seguir con vida y con un poco más de fuerza. Siguió su tratamiento, los tés, el oxígeno, dormía casi todo el tiempo, hasta que logró vencer a la enfermedad en la que no creía.

Me dijo que le quedaron secuelas, que bajó 10 kilos, el pulmón izquierdo le duele constantemente y se cansa con facilidad, pero que le está echando muchas ganas alimentándose sanamente, duchas de agua fría y mucho ejercicio.

Cuando me relataba por todo lo que pasó yo pensaba en que nunca ha querido usar cubrebocas, hasta la fecha, y además no quiere vacunarse porque tiene la certeza de que, por haber padecido el virus, eso lo hace inmune. Argumenta saber de personas que, incluso vacunadas, se han enfermado y algunas hasta han fallecido de covid…

*Amante de las artes, la música, la fotografía y el teatro, y aficionada a la escritura. Twitter: @BaradonEsther

La crisis climática y la caducidad del paradigma capitalista

Por José Miguel Arteaga*

José Miguel Arteaga. Foto: Cortesía

La caída del modelo neoliberal, versión diseñada para darle un último respiro a un sistema económico que se agota, no es sólo un fracaso táctico del modo de producción capitalista que pudiera remediarse con nuevas fórmulas de ajustes de alcances limitados que, a corto plazo, inevitablemente se derrumban por la mayor desigualdad que generan y la mayor profundidad de la fractura entre sociedad y naturaleza.

Se va poniendo en evidencia que estos procesos responden a crisis de mucha mayor hondura, llegando a tocar y remover estratos muy profundos de las relaciones estructurales entre economía, sociedad y naturaleza. Trabajar en estos terrenos para buscar soluciones implica entrar de lleno a cuestiones claves de epistemología, ética y ontología. Sin un pensamiento de estas características no daremos con los conceptos apropiados para avanzar y salir nuevamente a tierra firme desde los críticos escenarios en que nos ha situado la historia.

Una condición básica de toda auténtica epistemología es la prueba de la consistencia del paradigma que analiza. En los casos en que los conceptos fundamentales que articulan el paradigma se refieren a realidades del mundo objetivo susceptibles de experiencia, no basta con la demostración de la consistencia abstracta de su entramado conceptual. En estos casos se requieren juicios de realidad, lo que significa probar la coherencia entre lo afirmado por el paradigma y la realidad verificable de los hechos consumados.

El paradigma es una herramienta conceptual para comprender, compartir y tratar los sucesos que ocurren al interior del espacio de dominio definido entre las fronteras que traza su arquitectura y diseño, único espacio donde tiene vigencia.

En caso de que el escenario y la trama interior del espacio de dominio sufran un cambio sustantivo, el paradigma deja de cumplir la fuerza probatoria de apoyo y de mandato a las actividades que se desenvuelven en su interior.

Por ello no es raro que la continuación del uso sin transformación sustantiva de un paradigma que ha perdido vigencia por los cambios materiales de sus condiciones de origen no responda como se pide a los llamados que desde su interior se realizan para obtener determinados resultados.

Un ejemplo de esto se presenta justamente ahora con la crisis climática y los llamados que se hacen para remediarla desde dentro de las fronteras del paradigma capitalista. Se pretende buscar, sin transformación radical de los postulados de este paradigma, soluciones cuyas medidas no tienen ninguna eficacia debido a que los parámetros reales del escenario ya no corresponden a los que estuvieron al inicio de su formulación y tuvieron plena vigencia mientras ellas se mantuvieron durante siglos.

La situación requiere un nuevo paradigma económico y de desarrollo, reestructurando por completo las viejas categorías, incorporando esta vez la infaltable participación de la naturaleza en todos los procesos de producción y reproducción de la humanidad. Esto significa incorporar a la economía política tanto los aportes como el deterioro que sufren en los procesos de producción social los ecosistemas y los recursos naturales. Esta condición es la única que puede asegurar que la naturaleza no sea explotada como un barril sin fondo. De hecho, la tierra y en particular la biosfera son sistemas limitados y finitos y hay pruebas suficientes que ya muchos de sus componentes críticos se están agotando.

El metabolismo económico social que se realiza entre las actividades productivas humanas y de la biosfera fue seccionado y reducido conceptualmente en la economía política en uno de sus aportes más esenciales en los inicios de la era industrial en el siglo XVIII, en coincidencia con el inicio de la Edad Moderna y del capitalismo, el desarrollo de la burguesía como clase dominante y la fundación de la economía política clásica con Smith y Ricardo.

El recorte fue estructural. Imprimió un sello clásico y definitivo durante la vigencia del paradigma a los conceptos de fuerzas productivas, mercancía, valor, trabajo y capital. Otros conceptos derivados como dinero, mercados, intercambio de equivalentes recibieron también ajustes en su significado.

De esta forma se excluyó al viejo estilo de clase dominante como realidades extraeconómicas a la naturaleza y sus recursos. Todos los ecosistemas y servicios prestados por ellos a los procesos productivos quedaron excluidos de las categorías de la economía política, aun cuando fueran esenciales para la producción y reproducción de los humanos. Se consideró que su contribución material a estos procesos vitales no agregaba ni reducía valor, no generaba activos ni pasivos ambientales, desconociendo su innegable participación en la generación de riqueza y formación de capital, así como la reducción del patrimonio natural cuando las actividades productivas humanas generan pasivos ambientales.

La razón de esta exclusión provino principalmente de la abundancia y la aparente total disponibilidad de recursos naturales como el aire, el clima, el agua dulce, la biodiversidad y un conjunto de condiciones bio geofísicas de equilibrio sistémico que se consideraron como inmutables y dadas de antemano como propiedades permanentes de la Tierra y la biosfera.

La distinción que se hizo entre valores de uso y valor de cambio (valor) sirvió para reconocer, por una parte, la unidad material del metabolismo sociedad – naturaleza y, por otra, la separación radical entre ambas. En términos de la economía política de Marx, en esta separación y extrañamiento creciente se encuentra la raíz de la profunda alienación del hombre y la gran fractura entre humanidad y naturaleza que caracteriza en esencia al capitalismo.

El paradigma capitalista es ya un producto de esta gran fractura, abismo irreparable en ese contexto, que instala al homo sapiens como animal superior por encima del resto de la naturaleza y que a la vuelta de unos pocos siglos se transforma por sus mismas actividades en una situación material por completo distinta, con una humanidad orgullosa de su poderío frente a una naturaleza en un inevitable proceso de destrucción.

No se hace posible la reversión de este proceso metabólico destructivo ilimitado sin emprender el trabajo de cambios radicales en el paradigma dominante. Estos cambios debieran apuntar al pleno reconocimiento de la profunda igualdad valórica entre la tierra y todos sus habitantes. Por tanto, también al reconocimiento del gran ensamble metabólico material que determina a la especie humana y con ello a la incorporación con plenos derechos de las fuerzas productivas naturales sin distinción jerárquica a la producción y reproducción de la vida humana. Con ello también al reconocimiento del aporte de la naturaleza en el sentido más amplio a la creación de riqueza, al desarrollo de biodiversidad y al desarrollo humano como ser natural y social.

La crisis climática, una de las más graves demostraciones de la destrucción de las condiciones naturales previas a la industrialización de la modernidad, está señalando a gritos la realidad profunda del mundo en que vivimos y el abismo en que nos encontramos. Por fortuna nos están convenciendo de la gravedad de la situación y obligando a reestructurar las relaciones que definieron el tipo de metabolismo codificado en la modernidad por la burguesía y el capitalismo. Nos están diciendo que no hay otra salida que democratizar en profundidad nuestro paradigma fundamental, con el reconocimiento de la unidad material y la misma jerarquía ontológica a la naturaleza como totalidad.

Esta nueva condición obliga a reestructurar por completo nuestras categorías económicas de modo tal que todas sus operaciones y actividades incorporen en sus cálculos y proyectos, en la contabilidad de negocios e intercambios, en las cuentas locales y nacionales, esa igualdad fundamental.

Sólo de esta forma, con un golpe de timón claro y decidido, podemos apelar a los instrumentos de real eficacia para el cambio de rumbo que necesitamos, iniciando la construcción de un camino que nos lleve a un modo de vida sustentable.

Tal vez así podamos decir que no demasiado lejos llegará un día en que el capitalismo será exhibido en un museo como una vieja locomotora que trabajó durante siglos con eficiencia en los rieles de la historia, pero que como todo sistema vivo tuvo su fecha de vencimiento y hubo que retirarlo.

*Filósofo y economista chileno. Twitter: @josemiguelart17

Este artículo fue publicado en El quinto poder y reproducido aquí con la autorización del autor. https://www.elquintopoder.cl/sociedad/la-crisis-climatica-y-la-caducidad-del-paradigma-capitalista/

Poetas en cuarentena

Sin un muerto

Por Irene Selser*

Sin un muerto a quien llevarle flores,

–los míos, polvo emancipado–

me acerqué el sábado al Panteón francés de La Piedad,

un pequeño Montparnasse en la Ciudad de México.

Allí descansan muchas celebridades,

Roberto Gómez Bolaños –El Chavo del 8–,

la segunda esposa de Porfirio Díaz

y el galán de cine autóctono Mauricio Garcés,

empujado a la ruina como Alexey Ivanovich,

alter ego, el jugador, de Dostoievski,

por su azarosa afición, apasionado de las letras

tanto como de los colores rojinegros de la ruleta.

Hubiera deseado deambular por la vereda central

entre tablillas de mármol, blancas y agrietadas por las penas,

admirar los mausoleos neoclásicos levantados hace cien años

por familias de apellido lustroso;

acariciar los relieves góticos de cruces, vírgenes y cristos

que pueblan el cementerio más antiguo

de esta contradictoria y magnífica urbe.

Cipreses viejos como mi espíritu –dice Ayub, el astrólogo–

procuran frescor a los que un día fueron.

Hereux qui mort dans le Seigneur,

reza el letrero en la entrada estilo art nouveau,

con una barda grafiteada y decenas de puestos de flores

que brindan colorido a la añoranza.

Más no pude ingresar en el templo de las lágrimas,

donde los ángeles lloran aferrados a las piedras.

El camposanto es privado

y el guardián exigió el nombre del difunto,

en qué tramo su cripta

–el check-in y el check-out.

Y aquí estoy en la calle,

con un ramo de jazmines bajo el sol de la siesta

y sin un muerto.

Aceitunas negras

A la muerte es preferible cubrirla de halagos, inclinarse ante sus ojos color avellana como creía Pavese o de un negro rotundo como el heraldo César que, entre burros andinos y cálices funestos, doblegó a la gramática con una piedra en el abdomen.

El nieto de dos abuelas chimúes murió en plena primavera en su París de ayuno, lejos de la España de cadáveres tristes, utopía traicionada.

En su tumba en Montparnasse, entre jarrones blancos y flores rojas, una mano rellena los jueves un frasco de aceitunas negras del Perú. Lo mejor para aderezar un filete de pollo con espinacas, pimiento y nueces pecanas como a Vallejo le gustaba.

De culto

Las cabezas decapitadas penden del tzompantli en el Templo Mayor, rinden culto a la vida en el altar de los sacrificios. Los cráneos en hilera miran hacia el santuario de Huitzilopochtli, dios de la guerra, patrón de Tenochtitlan, responsable de que el sol se asome.

¡Más de cien mil, digo, y otra vez sobre cien mil! escribe a la Corona Hernán Cortés, horrorizado tras el hallazgo fúnebre, mientras la “lepra de granos mayores”, hueyzahuatl, la viruela, la primera pandemia en América, se alía con los conquistadores y en semanas diezma en desigual batalla al imperio azteca.

Una señal divina, Dios consideró adecuado enviar la viruela a los indios, a pesar de la gran pestilencia en la ciudad, relata el soldado y cronista Francisco Aguilar.

Al menos, los degollados en ofrenda –¿cuántos holocaustos ha enarbolado la humanidad?– no padecían los síntomas de ese terrible mal, con fiebre e intensos dolores de cabeza al igual que los contagiados de la Covid-19. Tampoco podían caminar y si se movían gritaban mucho, cuenta fray Bernardino de Sahagún, seguro de que, si la epidemia no hubiera existido, los españoles habrían salido derrotados.

Mientras tanto, los cráneos empalados hace setecientos años brindan con mezcal a mediodía, la hora de los puntuales. Gozan con ese sabor ahumado, no tan dulce como el tequila. Lo besan y se alistan para sumarse a los festejos del Día de Muertos; calaveritas –esta vez– de chocolate y panes de azúcar en forma circular como el ciclo de las cosas. En el centro, esferas que simulan la tapa de los sesos. Antropofagia de trigo y dulzura.

*Periodista, traductora y editora (edita.express@yahoo.com).

De su libro Don de la ausencia.

Editora de Diarios de Covid-19 (www.diariosdecovid19.com.mx).

Facebook: Irene Selser / diariosdecovid@gmail.com

Poetas en cuarentena

Despatriada

Fotografía: Gioconda Belli – Cortesía: Universidad Externado de Colombia / Clara Mercedes Arango

Por Gioconda Belli*

No tengo dónde vivir.

Escogí las palabras.

Allá quedan mis libros

Mi casa. El jardín, sus colibríes

Las palmeras enormes

Las apodadas Bismarck

Por su aspecto imponente.

No tengo dónde vivir.

Escogí las palabras.

Hablar por los que callan

Entender esas rabias

Que no tienen remedio.

Se cerraron las puertas

Dejé los muebles blancos

La terraza donde bailan volcanes a lo lejos

El lago con su piel fosforescente

La noche afuera y sus colorines trastocados.

Me fui con las palabras bajo el brazo

Ellas son mi delito, mi pecado

Ni Dios me haría tragármelas de nuevo.

Allí quedan mis perros Macondo y Caramelo

Sus perfiles tan dulces

Su amor desde las patas hasta el pelo.

Mi cama con el mosquitero

Ese lugar donde cerrar los ojos

E imaginar que el mundo cambia

Y obedece mis deseos.

No fue así. No fue así.

Mi futuro en la boca es lo que quiero

Decir, decir el corazón, vomitar el asco y la ranura.

Queda mi ropa yerta en el ropero

Mis zapatos, mis paisajes del día y de la noche

El sofá donde escribo

Las ventanas.

Me fui con mis palabras a la calle

Las abrazo, las escojo

Soy libre

Aunque no tenga nada.

*Este poema de la escritora, poeta y activista nicaragüense Gioconda Belli fue publicado en el suplemento Babelia del periódico El País en su artículo «Despatriada: una memoria personal del exilio», a propósito de su nuevo destierro a causa de la dictadura de Daniel Ortega. Es reproducido aquí con el permiso de la autora. https://elpais.com/babelia/2021-10-16/despatriada-una-memoria-personal-del-exilio.html?

Columna Trascender

«El amor no termina con la muerte»

Por Blanca Fernández*

Los «Ositos del recuerdo» son hechos por la diseñadora de modas mexicana Irma de la Parra (FB: Ositos del Recuerdo by Irma de la Parra) con las prendas de personas fallecidas que les llevan sus familiares como una forma de tenerlos cerca. Fotografía: Luis Barrón

«Cuando dos almas se quieren
Por más que se alejen
No se pueden nunca olvidar
Por eso cuando yo muera
Cielito lindo, nunca me dejes de amar…»

Cuando perdemos a un ser querido, duele el pasado al que no podemos volver, duele el presente en el que ya no está más con nosotros y especialmente duele el futuro, ese que tendremos que continuar con su ausencia.

Sin embargo, existen días como el 2 de noviembre, en los que podemos sentir aún más la conexión espiritual con nuestros muertos. Esperamos su llegada, les servimos su comida y bebida preferida, deseamos se manifiesten en nuestros sueños y nos dejen una señal que nos brinde la tranquilidad de saber que donde quiera que estén nos siguen amando.

Este ritual nos ayuda a dolernos saludablemente, es una herramienta de afrontamiento si atravesamos un proceso de duelo o a recordarles con amor si ya logramos resignificar la pérdida.

Confirmamos con ello que la muerte se lleva un cuerpo, una vida, nos obliga a cerrar ciclos, a despedirnos de nuestros familiares, se lleva también una parte de nosotros.  Pero hay algo que nunca termina y es el amor que seguiremos sintiendo por los que ya no están.

El amor no termina con la muerte, el amor es aún más fuerte y prevalece después de ella, el lazo que nos une con mamá, papá, tu hermano (a), tu abuela (o), es eterno… No tiene final.

A todos los que viven en el recuerdo de nuestro corazón, sean bienvenidos.

«Cuando dos almas se quieren, por más que se alejen no se pueden nunca olvidar…»


*Tanatóloga y comunicóloga. Su página en Facebook es: Tanatóloga-Blanca-Fernández

Superar el duelo colectivo será difícil, pero los peruanos tenemos bastante resistencia: Rubén Barcelli

En entrevista con Diarios de Covid-19, el escritor y periodista Rubén Barcelli nos habla del El Perú en cuarentena, una compilación de dieciséis crónicas en las que autoras y autores retratan episodios de la pandemia que, en ese país andino, no solo desnudó un sistema de salud precario, sino un modelo de desigualdad que cobró numerosas vidas y provocó un voto de castigo en las recientes elecciones presidenciales.

Por Adriana Esthela Flores*

Foto: Especial

«El mundo, uno en el que habitamos hasta el inicio del 2020, nos abandonó sin previo aviso y nos dejó a merced de esta película de ciencia ficción, de esta nueva y despiadada temporada de Black Mirror. Lo fantástico tomó el control de lo cotidiano en nuestras vidas y no había cómo divisar la luz al final del túnel.»

La desolación que refleja el periodista y escritor Rubén Barcelli en el texto «El mundo que nos abandonó», que aparece como prólogo del libro El Perú en cuarentena, es una de las principales reflexiones de esta compilación de dieciséis crónicas en las que distintas voces cuentan cómo enfrentaron la pandemia en Perú, el país con mayor tasa de mortalidad en el mundo por el covi.

El libro contiene títulos que abordan el confinamiento, como «El clóset de la pandemia», de Emma Cadenas; los escenarios de la muerte que rondaba en los rincones, como «El monstruo que mataba en silencio», de Alexis Castro; la crítica al sistema que derivó en el elevado número de casos y muertes, con «Y cómo muere tanto pobre», de Eloy Jáuregui y un dolor insoportable, resumido en dos palabras, como el título de la crónica «Crematorio general», de Luis Miranda.

El conjunto de crónicas consiste en una batalla contra la desmemoria y también, como señala la parte final del prólogo, una lección de supervivencia y respiro después de días de mucha oscuridad que dejaron numerosas consecuencias, entre ellas, la político-electoral. Esta es parte de la conversación con Rubén Barcelli, periodista, escritor y editor del libro.

Foto: Twitter del autor.

¿Cómo surgió la idea del libro?

Durante toda la etapa de la pandemia y la cuarentena había estado hablando con muchos amigos periodistas, investigadores, buenos amigos,  gente con la que había tenido contacto y durante la cuarentena habíamos estado hablando por teléfono, en contacto, pero aislados y entre todos habíamos compartido ese sentimiento de incertidumbre, esos sentimientos encontrados que nos producía este estado tan especial, particular y triste. Entonces, las historias se me fueron formando en la cabeza y al momento de tener la idea, consideré también que iba más allá de un post en redes sociales, todos querían contar una historia más profunda, más amalgamada en el ámbito narrativo y ese conjunto merecía un empaque no tan efímero como las redes, sino un empaque de libro.

¿Cómo vivió Perú los momentos más dramáticos de la pandemia?

En mi caso, fue en la primera quincena de marzo de 2020 cuando el presidente dio un mensaje a la nación y llamó a la cuarentena total. Yo tenía a mi hija en el colegio, que había entrado a primer grado de primaria y tuve que ir a sacarla del plantel. Y como yo fue mucha gente que tuvo que salir del trabajo más temprano, los obreros interrumpieron su jornada, las fronteras cerraron y los hospitales comenzaron a llenarse de pacientes de covid. Y lo que pasó aquí fue que se produjo una cuarentena total. El toque de queda fue prácticamente total.

Y lo que hubo fue, por un lado, gente como nosotros que tiene ciertos recursos para poder guarecerse en un lugar y, por otro lado, aparecieron hordas de personas que se pusieron a caminar por las carreteras porque era gente que no tenían un lugar, un techo. En Lima, por ejemplo, la ciudad donde se centraliza toda la actividad económica del país, la gente se estaba regresando a sus lugares de origen, a las provincias. Entonces, al estar cerrado el tema de las fronteras provinciales, tuvieron que hacerlo a pie, pasaron por las carreteras caminando y se fueron al interior del país, a la sierra, Cuzco, Payán, Tacna, a la selva, caminando. Fue una etapa muy dura.

Dado que en Perú el 70% de la economía es informal, al cerrarse el movimiento económico, la mayoría de la gente que vive el día a día dejó de tener recursos y por ello, mucha gente no murió solo de covid sino por la precariedad que generó la cuarentena: hablamos de gente sin trabajo, gente que se vio obligada a contagiarse porque tenía que salir a buscar sustento para sobrevivir. Las clases medias logramos resistir apalancados en ciertos beneficios, pero la gran masa tuvo que sufrir lo más duro.

«Con la pandemia, cuando empezamos a salir, se comenzaron a habilitar mercados en los barrios, en el súper, entonces se empezó a generar una nueva sociedad, un nuevo barrio.»

En medio de esto, hubo lecciones de solidaridad y resistencia, como señalas en tu texto. ¿Cuáles fueron las crónicas que te hicieron sentir esperanzado?

Está, por ejemplo, la de Eloy Jáuregui, uno de los cronistas más reconocidos del país, sufrió covid en la etapa más dura de la pandemia y hasta hoy tiene secuelas graves. Durante la crónica, cuenta cómo fue su recuperación, muchos pasajes donde pudo recuperarse gracias a la solidaridad de sus amigos, de sus editores. Y otras crónicas hablan de la solidaridad que se empezó a producir en los barrios, la gente regresó al barrio.

Tengo que explicar que en Lima, sobre todo antes de la pandemia, la gente no se vinculaba con los vecinos de su zona, veía su distrito como distritos dormitorio: iba, venía, dormía, tenía sus amigos de la oficina, familiares y amistades, pero no se vinculaba con la gente de su entorno físico. Y ahora, con la pandemia, cuando empezamos a salir, se comenzaron a habilitar mercados en los barrios, en el súper, entonces se empezó a generar una nueva sociedad, un nuevo barrio dentro de los parques. Comenzamos a reconocernos todos y eso también es un fenómeno que aparece y nos lleva a pensar en que la pandemia tuvo algo de positivo.

En el prólogo haces la pregunta de si alguna vez dejaremos de llorar en silencio, en algún momento podremos sobrellevar la pena. ¿Cómo te sientes en este momento?

En el Perú ha sido muy duro, sobre todo con las muertes. Nosotros nos enterábamos por los medios que se morían familias enteras, entonces esos fallecimientos han traspasado las barreras de los estratos sociales, hemos pasado muchísimo eso.

El año pasado se sinceraron las cifras, teníamos cifras de fallecidos y cuando el gobierno lo actualizó, lo actualizó al doble porque no había una cifra real, porque hay mucha gente que no había muerto en los hospitales sino en sus casas. Entonces, todos hemos tenido algún episodio, alguien del trabajo, algún familiar, algún padre de familia, en el colegio, compañeros de colegio, alguien vinculado con una persona cercana… Es como un duelo colectivo.

Eso me hace recordar un poema de John Donne, que es epígrafe de una novela de Hemingway, es algo así como «cada hombre no es una isla en sí mismo».

Y ese duelo colectivo fue compartido con todos, todos ya cargábamos a nuestros muertos en sociedad y superar eso va a ser difícil, pero a pesar de tantos dolores, los peruanos estamos acostumbrados a vivir esos episodios en nuestra historia. Tenemos bastante resistencia a eso: hemos sufrido terrorismo, situaciones similares, y de alguna manera, tenemos las penas en nuestros hombros.

«Yo estoy seguro de que si el covid no se hubiera producido en el momento en que se produjo, tal vez los resultados de las elecciones presidenciales de principios de año no hubieran sido los que han llegado a producirse.»

¿Qué herida dejó el covid?

La principal muestra, el principal resultado son las elecciones presidenciales. Hemos elegido a un presidente vinculado con la izquierda radical en contraposición con las últimas elecciones, en las que tanto el presidente como el partido que ganó eran de derecha y extrema derecha. Los peruanos hemos castigado a los gobiernos de elecciones anteriores, porque nos entregaron un precario sistema de salud que no estaba preparado para el tema del covid. Perú es uno de los países que peor ha enfrentado la pandemia, justamente porque su sistema de salud era muy endeble.

La mayoría de peruanos lo que hizo fue virar hacia la izquierda, lo que fue un cambio radical. En mi opinión, esto ha sido, digamos, una de las primeras respuestas ante el covid. Yo estoy seguro de que si el covid no se hubiera producido en el momento en que se produjo, tal vez los resultados de las elecciones presidenciales de principios de año no hubieran sido los que han llegado a producirse.

¿Cuál es la intención del libro?

Que no lo olviden, el libro es un envase para proteger a la memoria del olvido. Estoy convencido de que haber hecho ese libro en ese momento, con tantas plumas y voces de tanta calidad, va a hacer que, en los próximos años, la gente quiera revisar qué es lo que ha ocurrido en la etapa más dura de la pandemia y puedan tener este libro como una referencia en el archivo, que puedan visitarlo, leerlo y transmitir cómo es que se sentían estas personas en esta época de aislamiento. El mundo que teníamos ante nuestros ojos hasta inicios del 2000 ha desaparecido. Ahora, tendremos que entregar un mundo distinto: por más que la pandemia concluya o se supere, el mundo que estará frente a nuestros ojos no va a ser el mismo que a inicios del 2000.

Hasta la entrega de este texto, Perú superaba los 2.2 millones de casos y más de 200 mil muertes por Covid-19 en una nación habitada por casi 33 millones de personas que, desde julio, es gobernada por el maestro y dirigente sindical Pedro Castillo.

El prólogo escrito por Rubén concluye justo con unas líneas para sobrellevar las lecciones que ha dejado el virus en una nación, como señala el escritor, acostumbrada a llevar penas sobre sus hombros: «En esta misma tierra en la que enterramos a nuestros muertos, hoy se abren los girasoles, los geranios y las cantutas. Y es que resistimos, finalmente. El Perú ha resistido. Aquí estamos».


*Periodista, directora de Diarios de Covid-19, poeta en la clandestinidad, aprendiz de cocina. Mamá de Simba.