La reinvención dulce de Yolotzin

Foto: Especial. Cortesía Yolotzin Flores

En medio del impacto que provocó la pandemia en el negocio familiar de venta de chocolates, una alumna de medicina en la Ciudad de México decidió volcarse a estudiar la comercialización del producto en redes sociales y, al mismo tiempo, sumar a otras personas al circuito de utilidades. Para ella, su hermana y su familia, la palabra “Xocolat” no solo es el nombre del negocio sino una nueva forma de resiliencia.

Por La Redacción

Cuando Yolotzin Flores Zavala contempló la escultura que ella misma había elaborado a base de chocolate -y que, tarde o temprano, iba a terminar en algún paladar-, gozó otra más de las lecciones que le había dejado la pandemia: “Ni sabía que yo podía hacer estas cosas, me dio mucha felicidad poder trabajar así con el chocolate. Es arte, pero te lo puedes comer”, dice entre risas. La alegría de ese momento formaba parte de una cadena de aprendizaje que empezó el año pasado, cuando la pandemia puso en peligro la continuidad del negocio familiar.

Las medidas de aislamiento hicieron que bajaran las ventas del negocio que la estudiante de medicina de 27 años y su hermana Nectic Magdalena, de 30, iniciaron en 2009. Conforme avanzaban las semanas, era menos la clientela que llegaba al local de chocolates, ubicado en la Carretera Vieja Xochimilco-Tulyehualco, alcaldía Xochimilco, en el sur de la Ciudad de México. Yolotzin decidió actuar.

“Me capacité más en negocios, tomé un curso de la ONU Mujeres y ahí me enseñaron a ver las debilidades como negocio. Entonces vi que una de las debilidades dentro de la pandemia es que no ofrecíamos servicios a domicilio y que, cuando llegó la pandemia, fueron un boom las redes sociales y era algo que yo quería hacer: mejorar la dinámica en línea”, explicó.

La tienda “Xocolatl dulces” tenía cuentas en Instagram y Facebook (@xocolatl.dulces10 y @xocolatl.dulces) que no recibían atención suficiente, debido a que el negocio estaba más enfocado a la venta directa en tienda. Las hermanas Flores Zavala decidieron crear productos enfocados en el significado emotivo del chocolate y ampliar el uso de las redes sociales para aplicar el envío a domicilio a través de las plataformas de Uber y otras similares.

“Éramos conscientes de que nuestros productos son alimentos con un papel social y afectivo de nuestra clientela y entonces creamos paquetes para enviar para cumpleaños, aniversarios y felicitaciones.”

Surgió un detalle: las tarifas dinámicas que utilizan las plataformas digitales de transporte privado, incrementaban de forma considerable los costos de envío y la clientela no estaba acostumbrada a precios tan altos. Yolotzin buscó a más personas afectadas por la pandemia y  encontró a una amistad suya que trabajaba en Uber y que también vio reducidos sus ingresos.

Entonces, aplicó tarifas fijas para envíos a domicilio: de 30 a 80 pesos dentro de la alcaldía y de 90 a 100 pesos a cualquier localidad fuera de Xochimilco, sin importar la distancia ni tarifas dinámicas. También instauró un día de promoción: los domingos, el costo de envío era de 90 pesos a cualquier zona de la Ciudad de México.

“Los clientes empezaron a sentirse seguros, porque podían enviar sus regalos sin salir y los productos se entregaban con todas las medidas de seguridad y las ventas empezaron a aumentar”, destacó la empresaria.

Decidió apostarle a las ventas digitales y, durante una brigada de negocios del Instituto de la Juventud, conoció a más personas que enfrentaban su misma situación. Les ofreció sumarse a la red para el envío a domicilio y, a través de este sistema, creó más empleos. “¿Por qué no te reinventas? Únete conmigo”, les decía.

Yolotzin y su hermana diseñaron un plan para que personas distribuidoras pudieran generar ganancias mediante la venta de sus productos y no solo obtuvieran un pequeño porcentaje. Además, decidieron vender chocolates cristalizados -una práctica característica del pueblo de Santa Cruz Acalpixca- y elaborar, en su propia casa, las frutas deshidratadas que incluyen algunos de sus productos. Dependiendo de la temporada, la producción llega a alcanzar los 900 kilogramos de chocolate y cada semana, en promedio, elaboran de 20 a 30 kilogramos.

“Creo que esto depende de estar dispuestos a cambiar las cosas como las conocemos”, dice Yolotzin, quien combina su ruta como mujer emprendedora con su preparación como médica cirujana, de la que solo le falta la titulación.

“Es algo muy bonito porque la gente ve al chocolate como golosina y como algo dulce y no lo ve como un alimento de alto valor nutricional, que puede ser trabajado en casa, desde cero. Es algo muy noble”, concluyó.


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Publicado por adrianaesthela

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