En cuarentena desde hace dos años

Por Nadine Lacayo*

La autora de este texto en su casa. Foto: cortesía Nadine Lacayo

No es solamente de la cuarenta mundial de lo que quiero escribir y compartir con Diarios de Covid-19, sino también de la peste que sufre Nicaragua desde la rebelión de abril de 2018, hace dos años ya, por los horrores que siguen aconteciendo aquí. El Covid-19, con todo el drama y el miedo que cobija al mundo, solo vino a sumarse a la tragedia que ya vivíamos y, en consecuencia, el hedor a muerte se ha hecho más intenso, igual que la cárcel, la persecución y el masivo exilio. Ahora se suman más muertos, el hambre se extiende y la represión que no se ha detenido ni un solo día. El virus insaciable de poder y de locura del régimen autoritario que impera aquí ya había sumido a Nicaragua en una crisis política, económica y social, de graves consecuencias.

En lo personal, mi encierro en mi casa en Managua no es absoluto en términos mentales ni físicos. A veces, aunque puntualmente, debo salir por víveres u otras urgencias domésticas. Pero en estos días de soledad es poco lo que de “afuera” puedo decir que extrañe o me haga falta. O, mejor dicho, en mi confinamiento, extraño lo que siempre he extrañado: la libertad plena y la justicia en Nicaragua. También extraño a mis hijos y a mis nietos que viven fuera de este país en el que nacieron. Extraño las carcajadas de mis amigas y a tres de ellas que han muerto por distintos motivos durante estos dos últimos años.

Además, por este tiempo de abril –caliente como el demonio–, extraño ver los hermosos y amarillos árboles corteses al pasar por la carretera que conduce a Chontales o Chinandega. Me hace falta terriblemente la lluvia que aún no se suelta tumultuosa sobre estas tierras de temperaturas infernales. Echo de menos los aguacates que este año no nacieron porque el viento fogoso arrasó con las flores de ese árbol generoso de mi patio. Me hace falta mi gato Sócrates a quien después de 18 años de compañía enterré en mi jardín el 19 de marzo, y también Carmelo, el perro “zaguate” que dejó mi hija Ana a mi cuidado antes de irse a Ámsterdam y que tuve que dormir en medio de la pandemia porque ya sufría en su senectud.

Del mundo en general no extraño nada, excepto los tulipanes de Holanda

Luego de comunicarme casi a diario con mis hijos y con su padre, leo y escribo un rato y me lleno el día con labores domésticas: riego las plantas muy de mañana; al caer la noche persigo a los zompopos -hormigas de cabeza grande que devoran las hojas por las noches- que son los principales enemigos de mis cítricos; hago mi propio yogur casero y mi cereal con granos y semillas; doy de comer a Xica y a Shagua -las perras que son madre e hija- y, después que almorzamos vemos juntas un rato las noticias. Y también trapeo, limpio, ordeno; en fin, me ocupo de todas esas cosas comunes y corrientes que alguien como yo, que vive sola, debe asegurarse. No es verdad, al menos en mi caso, que ahora con esta cuarentena cuente con nuevas horas de ocio.

Del mundo en general no extraño nada, excepto los tulipanes de Holanda que vería en este mayo en mi viaje a ese país, planeado desde enero, pero súbitamente suspendido.

¿Qué más extraño? El mar, que está a una hora y media de Managua, una butaca en el cine frente a una película buena, algún recital de poesía que no sea en un video, a la muchacha del salón de belleza que me cortaba el cabello con frecuencia, a amigos y amigas que me visitaban; eso y otras pequeñas cosas son las que más extraño. Después, nada, a lo sumo la bullaranga del mundo y, ya lo dije, a los tulipanes.

En cierto modo me siento una confinada privilegiada y, aunque no evado la angustia y la incertidumbre que vivimos en todo el mundo como nunca antes como en estos días de encierro, saboreo las cosas sencillas que me rodean: mi música, mis libros, mi jardín que es hermoso, el par de perras bóxer que no sé qué haría sin ellas y ellas sin mí. Todas las mañanas me asomo al cielo a respirar y en la noche observo un rato las estrellas igual que cuando era niña. Y, lo más importante, al final de la tarde me comunico por WhatsApp o por teléfono con mi red de amigos y amigas para desafiar con la risa y el cruce de memes el tedio y la tristeza de este país y del mundo. Si no fuera por la mascarilla y el uso intensivo de alcohol y desinfectante que estoy utilizando, en mi caso no puedo establecer una gran diferencia entre el estilo de vida que llevaba antes de la pandemia y el que llevo ahora. Desde aquel abril del 2018 –en parte por la represión que convirtió las calles con sus hordas armadas en espacios peligrosos–, se acentuaron mis tendencias de ermitaña.

Me refiero, particularmente, al “aislamiento en casa” que, dicho sea de paso, en el caso de Nicaragua es absolutamente voluntario. Al igual que yo, un alto porcentaje de la población optó con mayor rigurosidad desde mediados de marzo por “aislarse” y, los que no, tuvieron y tienen la necesidad de salir con su mascarilla hechiza o sin nada a trabajar a sus oficinas, negocios o a vender cualquier cosa en la calle; es decir, salen a “rebuscarse la vida”.

Este “quédate en casa” que asumimos la mayoría de los nicas se debe a la información que gran parte de la población obtuvo por las redes sociales, algunos pocos noticieros que son independientes del gobierno y los medios internacionales que nos llegan por la televisión. El confinamiento no emanó del gobierno, ni siquiera en forma de consejo o de una leve insinuación. Por el contrario, el régimen ha promovido actividades masivas de distinto tipo que me abstengo de describir ya que son mundialmente conocidas, incluso por la OMS.

Si lo desean, los lectores y lectoras de Diarios de Covid-19 podrán ver y comprobar estas noticias en la web ya que es difícil, muy difícil de creer que un gobierno niegue absolutamente lo que ocurre y politice hasta una letal pandemia, alterando y ocultando la información sobre los contagios y las víctimas fatales. Aunque, debo decirlo, en este día en que les escribo, parece que el régimen comienza a reaccionar y, aunque con timidez, al fin orientan a los empleados públicos a ponerse mascarillas, y la alcaldía de Managua mandó a desinfectar todos los mercados. Espero que no sea tarde o tan tarde.

Pero al final de cuentas, en medio de las nubes negras que nos franquean, he aprendido algo que todos los días compruebo y es que, a pesar de todo lo que ocurre, la vida siempre se abre camino. A pesar de que la muerte y el hambre rondan en el mundo y que una sombra oscura aún envuelve a Nicaragua, los lirios de mi jardín vuelven a amanecer entre la maleza descuidada del enjambre de mis sábilas.

*Socióloga y escritora (Granada, Nicaragua, 1956), autora del libro Polvo en el viento (2017), una estremecedora historia de amor durante la insurrección armada que llevó al triunfo de la revolución sandinista en 1979. Ha publicado además Flores y gatos (2005), A cielo abierto (2012), Ella ya es toda una señorita (2014) y otros cuentos publicados en revistas y periódicos. Facebook: Nadine Lacayo Renner

La prisión

Roberto de Jesús Quiñones Haces*

La prisión es el viejo Enrique
gastando el tiempo
tras colillas de cigarros.
Es Pompi el haitiano
invocando a sus ancestros
mientras sus ojos parcelados por barrotes
se estiran hasta el cielo.
La prisión es el odio en la mirada
el rancho podrido que te sirven
la añoranza por los hijos
la cábala nocturna cercenada con golpes
en las rejas
y reflectores que tajan la noche
y las desesperanzas.
A nadie importan los ojos extraviados
de los presos
sus manos huérfanos de abrazos
sus sueños o sus lágrimas
mientras una esquirla de sal
les viene a horadar el alba.
Ellos solo tienen una vida gris
como la humanidad de sus jueces.
Si amanecen muertos serán
un velorio desconocido
como nuestro sufrimiento.

*Periodista cubano independiente, poeta y abogado. Se encuentra encarcelado injustamente desde el 11 de septiembre de 2019. Desde Diarios de Covid-19 hacemos un llamado para su liberación.

Tapaboca (y otros poemas)

Luz Mary Giraldo*

TAPABOCA

Te asomas a la ventana
y oyes pájaros
que no son de papel.
Lavas tus manos
y como repudiando el mundo
repites el gesto una y otra vez.
Llenas la silla vacía con tu cuerpo
apagas la lámpara de olvidar la noche
las palabras saltan de las páginas
abriéndote los ojos.
Tapas la boca
y con miedo escondes el vacío.

SÚPLICA

Si Dios se asomara a la ventana
y en silencio dijera tan sólo una palabra
tal vez los niños que fuimos
podamos respirar.

LA VENDIMIA                                             

Llegará el día de recoger la cosecha y seleccionar frutos.
Nos miraremos de frente y sabremos cuán dulce
o cuán amargo fue el sabor de la vida entre las páginas.
Llegará la hora de pedirnos cuentas o saborear el vino de la tarde.
Veremos que llegó el otoño y la historia subió paso a paso la escalera
o bajó uno por uno los peldaños.
Sabremos que el viento vino a sacudir las hojas
o a quebrar el tronco o nuestras ramas.
Entenderemos que medimos flaquezas y estuvimos vivos.
Tal vez nos abracemos sin decirnos nada
y pensemos que valió la pena
que no nos sorprendió el invierno
que estuvimos juntos en primavera y en verano
que todo estuvo a la altura de los cuerpos o en la debilidad de los corazones.
Los dioses dirán que no pasamos de largo por ninguna estación.
Tal vez nos miremos a los ojos y con las manos en el pecho
aceptemos que la vida tejió hondas cicatrices
el bucle de las nubes en algún cielo perdido
borrones y certezas y la pasajera felicidad.
Tal vez cerremos el libro donde instalamos las palabras
y sabremos que en el fin del mundo siempre hay un abrazo nuevo.
Tal vez no existan peldaños o ascensores
pero levantaremos la mirada y brindaremos
por lo vivido
y lo que no.

*Luz Mary Giraldo es poeta, ensayista, antóloga y profesora colombiana. Con varias distinciones nacionales e internacionales, entre ellos Gran Premio Internacional de Poesía en Curtea de Arges, Rumania; Premio Internacional de Ensayo Convenio Andrés Bello y Premio Nacional Poesía de la Casa Silva. Instagram: @luz.giraldo.33821, Facebook: luz.giraldo.33821

Reflexiones desde el confinamiento

Foto de Cottonbro en Pexels.com

Por Javier Molina*

EL VIAJE PERDIDO

Hace justo un año yo estaba en China, desorientado ante el país más hermético e indescifrable que he conocido en la vida.

Durante ese viaje decidí parar. Bajar el ritmo y viajar menos y mejor. Llevaba mucho tiempo reflexionando y haciendo autocrítica: el ritmo enloquecido con el que la gente se desplazaba sin ton ni son a golpe de selfie no tenía ningún sentido. El superávit masivo se estaba convirtiendo en la demencia masiva.

Ahora todo ha explotado por los aires y hay quien dice que no volverá a ser como antes. Que nuestra vida fácil y hedonista se acabó hasta nuevo aviso. Pero el mundo está ansioso por volver al ruedo: millones de primermundistas esperan a que todo termine cuanto antes para salir escopetados a volar donde sea y volver a inundar las redes de selfies viajeros como si nada hubiera pasado.

Ayer un amigo sabio lo expresó de forma inmejorable. Ese ir y venir compulsivo llamado turismo se había convertido en la mayor forma de dar sentido a nuestra existencia y de sentir “que somos algo” en esta sociedad vacía de consumo y trabajo.

Parece una broma, pero quizás esta tragedia de pandemia nos esté salvando de algo mucho peor

¿Terminará la locura? ¿Cambiará nuestra forma de viajar?

Yo, la verdad, no deseo que termine así, sin más. No deseo que termine, pero sí deseo que cambie y que baje de ritmo, aunque ello suponga que seamos más pobres o precarios. Los viajes masivos no eran lógicos ni sostenibles para el medio ambiente. Hoy tememos al coronavirus, pero mañana podemos encontrarnos algo peor: que la capa de ozono termine de agujerearse, que el planeta se inunde y que el sol calcine a los seres vivos, que acabemos abrasados o desintegrados ante un clima inhabitable. Suena apocalíptico, lo sé, pero ¿acaso es imposible? ¿Hay algo imposible al día de hoy?

Ojalá todos reflexionemos sobre el ritmo demencial que llevábamos y las consecuencias nefastas y terminales que todo eso (no sólo nuestros viajes, nuestros carros, nuestro tráfico, nuestros hábitos de consumo y alimentación) estaban teniendo para el planeta.

Parece una broma, pero quizás esta tragedia de pandemia nos esté salvando de algo mucho peor. Ojalá lo tengamos en cuenta. Ojalá.

UN AVISO Y UN DESEO DE BUENA SUERTE

Cuando la ola estaba a punto de estallarnos en la cara, la gente aún lucía despreocupada. En Latinoamérica pensaban que este cúmulo de muertes es un problema del mundo norteño, gélido y temeroso de Europa. En el fondo les entendí, porque nosotros mismos pensábamos que esto era un virus chino (cosas de asiáticos) y que no nos iba a tocar. Cuando llegó a Italia seguimos pensando lo mismo (qué desastre los italianos, la que han liado). En fin, ni unos ni otros tenemos remedio.

El coronavirus finalmente nos llega a todos. Colapsa hospitales generando situaciones catastróficas que parecen sacadas de una guerra. La sanidad española e italiana están ahora mismo viviendo un drama inimaginable, dejando morir a cientos de ancianos cada día para salvar a los jóvenes contagiados.

Imagino esta situación en un hospital mexicano y se me ponen los pelos de punta. Sigo cruzando los dedos para que el clima ayude a México a que el virus vaya más lento. Para que no colapse tanto como en Europa. Para que no provoque las miles de muertes diarias que está provocando en Italia y España, donde además de irresponsabilidad hemos tenido todas las malas suertes posibles: un puente festivo, una manifestación masiva, una semana primaveral en la que todo Madrid salió de fiesta, un montón de ancianos afectados…

El que sea creyente, que rece. Porque necesitaremos suerte

Dicen que este virus se ceba más en países donde hay más contacto humano y donde las costumbres son más cálidas y cercanas: besos, abrazos, toqueteos… Ello explicaría la lentitud con la que crecen los contagios en Alemania. Puede ser, pero también, desgraciadamente, afecta más donde hay más proporción de ancianos: y en este punto, países como España e Italia son los campeones del mundo.

Cruzo los dedos todos los días por México y Latinoamérica. Tienen a su favor que están a quince grados más que nosotros y que el porcentaje de ancianos es muchísimo menor. Pero tienen en contra su mayor virtud: el contacto humano allá es tan efusivo o más que en España. Hay que ser realistas. El virus ya está allí. Hay que tomar medidas. Que nadie espere que se pase en un mes o que por arte de magia no se expanda. Hoy sabemos que eso no es posible. Nos quedan meses y meses de parón, quizás un año. Nosotros ya estamos haciéndonos una idea. Sólo queda ser cívicos y esperar un medicamento.

Y el que sea creyente, que rece. Porque necesitaremos suerte.

*Javier Molina, Madrid. Es escritor e historiador con doctorado en la UNAM. Como periodista ha trabajado en El País, SinEmbargo, Eldiario.es, ABC, Público, Soho, Gatopardo, Letras Libres y Vice, entre otros medios. Es autor de tres novelas.

Nicaragua, la orquesta del Titanic

Por Gabriela Selser*

Foto: Especial

A un mes y medio de haber muerto la primera persona contagiada por coronavirus en Nicaragua, el gobierno de Daniel Ortega insiste en que no decretará cuarentena. Por el contrario, tras las vacaciones de abril ordenó que 1,8 millones de estudiantes volvieran a clases y que 170.000 empleados públicos retornaran a sus labores, bajo el argumento de que “si el país se paraliza, se muere”.

Autobuses circulando normalmente, gente chapoteando en las lagunas, mercados operando con normalidad y veladas boxísticas organizadas por el gobierno, son el día a día en este país frente a una pandemia que ya comienza a pasar factura. Los datos oficiales hablan de cuatro muertos y 14 contagiados, pero organismos independientes duplican la cifra de fallecidos y suman más de 400 casos positivos de Covid-19.

El gobierno ha desautorizado al Observatorio Ciudadano, una red de monitoreo integrada por especialistas médicos independientes y activistas  sociales que advierten que el estallido “está a la vuelta de la esquina”. Gracias a sus advertencias en las redes sociales es que miles de personas han optado por la auto-cuarentena, sin más protección que la de sus propias familias.

Ortega alega que la economía de Nicaragua depende del trabajo informal, es decir, de cientos de miles de agricultores, dueños de pequeñas empresas y vendedores ambulantes, quienes “no pueden quedarse en su casa”. Desde su encierro en el supervigilado reparto El Carmen de Managua, donde pasa la cuarentena con su mujer y vicepresidenta, Rosario Murillo, y todos sus hijos, nueras y nietos, el ex guerrillero de 74 años retuerce los protocolos de la Organización Mundial de la Salud y acusa a la oposición de pretender “un nuevo golpe de Estado”. “Los que ahora andan con ese discursito (“Quedate en casa”) son los mismos que quisieron destruir el país en 2018”, dijo el pasado jueves en una comparecencia por televisión, aludiendo a las protestas sociales que lo pusieron en jaque hace dos años.

Como parte de su incomprensible campaña que expone al contagio masivo, el gobierno organizó entre marzo y abril 81 marchas, carnavales, festivales de playa y procesiones religiosas, a las que asistieron miles de activistas sandinistas. No obstante, según la Cámara de Turismo, la actividad en el sector cayó en un 70% en ese período, debido a que la mayoría de la gente prefirió encerrarse y los extranjeros fueron evacuados en vuelos fletados desde Europa y Estados Unidos.

Miles más también han decidido no enviar a sus hijos a la escuela, desafiando las órdenes del Ministerio de Educación que envía a los maestros a realizar visitas casa por casa para amenazar con la expulsión a los alumnos que falten a clase. “En Nicaragua no tenemos coronavirus, todo es una campaña de los golpistas”, escriben los activistas del gobierno en las redes sociales.

Así estamos. Como en aquella escena surrealista de “Titanic”, en la que un grupo de músicos tocaba sin cesar sus violines para que los pasajeros olvidaran que el barco había chocado contra un iceberg

Una de las calles de la ciudad turística de Granada, sin visitantes. Foto: Johnny Cajina

Así estamos. Como en aquella escena surrealista de “Titanic”, en la que un grupo de músicos con smoking tocaban sin cesar sus violines para que los pasajeros olvidaran que el barco había chocado contra un iceberg y avanzaba inexorablemente hacia su hundimiento en las aguas gélidas del Atlántico.

“Nicaragua es como la orquesta del Titanic. Mientras el mundo se derrumba alrededor, allí se insiste en que no hay problema”, dijo el comentarista deportivo uruguayo Bernardo Pilatti, al comentar desde Miami la insólita velada de boxeo que el gobierno de Managua promovió el 25 de abril, con boxeadores casi desconocidos, entradas regaladas y que fue transmitida en vivo por un programa de la cadena deportiva ESPN.

“Mientras todo el deporte está bajo cuarentena, el boxeo se sumó al peor oportunismo político para vender una cartelera a contramano de la realidad, donde se abusó de la necesidad económica de boxeadores humildes, llevados al ruedo como carne de cañón, para promover un evento propagandístico, desatinado y totalmente irracional, donde lo menos importante fue el boxeo”, dijo Pilatti.

Nadie se atreve a confirmar si el programa Knock Out-ESPN pagó a Nicaragua por los derechos de retransmisión de la velada o si fue el gobierno de Ortega el que pagó a la cadena por difundir lo que sucedía “en el único gimnasio abierto en todo el mundo”, como me dijo el ex bicampeón mundial Rosendo Álvarez, cuya promotora Bufalo Boxing organizó la jornada.

También es imposible no recordar a aquellos músicos de smoking negro tocando sus violines sobre la cubierta del Titanic, cuando el Ministerio de Salud brinda sus escuetos reportes matutinos y asegura que “no tenemos transmisión comunitaria, gracias a dios”. O cuando en otros informes, la misma entidad revela que la neumonía mató en estos dos meses a 66 personas y enfermó a más de 22.000. Muchos se preguntan cuántos de esos pacientes en realidad contrajeron el coronavirus.

El gobierno ha centralizado el manejo de la pandemia, de la misma forma que acapara desde hace 14 años la información pública. Al sacerdote Rolando Álvarez, obispo del departamento de Matagalpa (norte), se le prohibió instalar unas clínicas móviles y un call center para monitorear casos de coronavirus. Y al hospital Vivian Pellas, uno de los centros privados más importantes del país, la aduana le retuvo un lote de pruebas rápidas que habían importado para apoyar la detección de casos de Covid-19.

«Procesión de los Encadenados», el 10 de abril en la ciudad de Masatepe . Fotografía: Alfredo Zuniga

Las autoridades tampoco informan sobre el destino de las 26.000 pruebas rápidas donadas por Corea del Sur, en medio de los reclamos de los médicos que preguntan por qué sólo se toman 50 muestras por día, cuando deberían tomarse por lo menos 2.000. A médicos y directores de hospitales que han revelado casos de coronavirus los han amenazado y despedido, mientras trabajadores de la salud comenzaron a demandar públicamente equipos de protección personal tan básicos como mascarillas, guantes, trajes y zapatos de tela.

“Estamos por entrar a la guerra, a la primera línea de fuego, y no tenemos armas”, expresó con lágrimas en los ojos la doctora Verónica Avilés, una cirujana mastóloga, mientras me mostraba en su celular las fotos de varios médicos y enfermeras mexicanos, algunos de ellos amigos suyos, fallecidos por coronavirus.

Los especialistas afirman que la estrategia de Daniel Ortega es similar a la de su colega brasileño, Jair Bolsonaro, que minimizó la pandemia y supeditó la vida de su gente al interés económico del país. A la vuelta de tres meses, Brasil suma 6.330 muertos y 91.590 contagiados por el coronavirus. Y siguen cavando más fosas.

*Gabriela Selser es periodista argentina-nicaragüense. Escribe desde Managua para la televisora alemana Deutsche Welle y la agencia internacional de noticias Associated Press (AP) y es secretaria de la Junta Directiva de PEN Internacional/Nicaragua.

Leo en la prensa…

Santiago Montobbio*

LEO EN LA PRENSA QUE EL VIRUS ESTÁ MATANDO A UNA GENERACIÓN.
Y que lo peor no es que se mueran sino cómo lo están haciendo.
Porque se van solos. Lo escribe una médico, y me hiela
el corazón. Tengo en el mío el temor de los mayores,
de todos, y más aún de mi madre, con quien vivo.
Tengo todos los cuidados y precauciones que puedo.
Pero el peligro persiste, acecha en una esquina.
Se me ha acercado un hombre mayor y se ha puesto
a mear su perro junto a mí mientras recogía en el portal
el diario en el buzón de La Vanguardia. Que leemos
con guantes, y que no he renunciado a recoger
precisamente por mi madre, pues es privarle de una
ocupación esencial -su lectura-, y que más lo es
estos días ella por completo encerrada en casa.
El riesgo es mínimo, no hay casi riesgo, porque no he
de ir a comprarla, la tengo en el buzón, en el portal.
Pero hoy me ha pasado esto. Todo da miedo. Hasta
lo más mínimo. Leo al subir esta certificación
de la tragedia de los mayores ante este virus,
su indefensión, abandono y final terrible,
dicha así, como he transcrito, por esta médico.
Y me hiela el corazón. Y el dolor que siento
me hace escribir este poema.

*Santiago Montobbio es poeta, oriundo de Barcelona (1966-). Su primer libro, Hospital de Inocentes (1989) mereció el reconocimiento inmediato de autores como Juan Carlos Onetti, Ernesto Sabato y Camilo José Cela. Autor de nueve libros traducidos a diversos idiomas, el último de ellos es Vuelta a Roma (2020). Enlace: El poema es todo

El Covid-19 desde Barcelona

Por Sergio Porrati y María Fernanda Bacigaluppi*

200.000 afectados a la fecha, 20.000 hace exactamente un mes
               (el 50% se reparten entre Madrid y Cataluña)
 30.000  afectados  dentro del personal sanitario
 21.300  fallecidos
 82.500  dados de alta

La gente en su mayoría aceptó rápidamente el confinamiento decretado por el gobierno el 15 de marzo de 2020. Pocos casos de detenciones y multas han sido registrados. Solo se permite salir para ir a la farmacia o al supermercado. Otras salidas tienen que estar respaldadas por un certificado. Desde hace unos días comenzaron las actividades de desconfinamiento parcial.

Entre otros males, el Covid-19 ha dejado a millones de personas varadas en diferentes destinos del mundo sin posibilidad de retorno, una situación que los pone al límite. Diferentes vivencias los dejan en los extremos de la supervivencia donde ni siquiera disponiendo de dinero pueden acceder a comer, alojarse o conseguir un regreso a su país de residencia.

Cientos de países han cerrado sus fronteras, vuelos y transportes cancelados sin fecha cierta de retorno. Hoteles, alojamientos y restaurantes, cerrados. Seguros médicos y visados caducados. Consulados desbordados con presupuestos agotados por la crisis. Tarjetas de crédito con fondos límite superados.

Duros testimonios, tratamientos médicos cesados por la falta de medicación, medicamentos inaccesibles por precio o falta de la prescripción médica necesaria. Si ya es duro el confinamiento en casa, podemos imaginarnos en una situación como esta.

Miles de personas varadas en los aeropuertos durmiendo y aseándose precariamente con lo que se dispone. La magnitud de esta crisis nos enfrenta al desconocimiento de tantas otras cosas que esta pandemia está provocando.

Tal vez el Covid-19 nos coloque al límite para tomar conciencia que siempre hay verdades paralelas y que la dimensión del drama tiene cientos de aristas que desconocemos, además de la nuestra.

*Sergio Porrati y María Fernanda Bacigaluppi son conductores del programa ZOOM BARCELONA, La Radio Argentina en Cataluña, que se transmite por la emisora RKB 106.9

Luna Nueva de abril de 2020

Por Ayub Estephan*

Por sendas misteriosas llegó el Mal;
a su furor fue inútil toda súplica.
Era la Muerte que el bello festín
interrumpía con dolor y lágrimas.
La poesía cantó así nuestra triste pobreza,
pero quedaba el misterio de la Noche eterna,
el grave signo de un poder lejano.
A su fin se inclinaba el viejo mundo.
Huyeron los dioses, con todo su séquito.
Sola y sin vida estaba la Naturaleza.
La Luz ya no fue más la mansión de los dioses,
con el velo de la Noche se cubrieron.
Y la Noche fue el gran seno de la revelación,
a él regresaron los dioses, en él se durmieron,
para resurgir, en nuevas y magníficas figuras,
ante el mundo transfigurado.”
(“Himnos a la Noche”,
Canto V, fragmentos. Novalis)

El 22 de abril a las 22:26 hrs. (UT) tuvo efecto el novilunio de este mes de abril, en el signo fijo y de elemento tierra, Tauro, a 03°24’09’’.

El grado 3° de Tauro es representado por una “cruz doble”, simbolizando la sombra de una sensibilidad morbosa e impresionable que flota suspendida en el ambiente, y que impele a la gente a ofrendar sacrificios a sus dioses personales en las aras de sus hogares, con la consigna implícita de impetrar la salvación mediante sumarios actos piadosos. Todo ello en vano, pues las deidades, indiferentes, han retornado a la oscuridad de la Noche, y ahí duermen el sueño de las crisálidas, aguardando tiempos nuevos. En su parte positiva, el grado 3° de Tauro, está representado por una “escala que asciende hacia un césped repleto de tréboles”, que simboliza el indómito alcance del espíritu humano en una cooperación posible y ventajosa con el universo natural, y la intuición del hombre acerca de la realidad divina cuando se aferra a la belleza y al orden. Es obvio que en las condiciones actuales existen limitaciones a la acción personal, pero subsiste una constante búsqueda de los frutos valiosos de la vida; y a pesar del miedo y las dudas, la visión hacia lo alto se mantiene férrea. Es la divinidad que alienta en nosotros la que hará posible el rescate de nuestra humanidad, recreando las condiciones adecuadas para que bulla la vida.

Con la Luna exaltada, las emociones tienen más altibajos, por lo que dimensionamos nuestros problemas en niveles muy difíciles de entender y asimilar. Así, una de las definiciones de la palabra “exaltación” nos remite a un “estado de emoción intensa y activa”, propia de personas que están fuera de sí, o de situaciones que escapan a su control. Sabemos que el COVID-19 tiene un peso molecular alto que lo lleva a aterrizar y no logra permanecer mucho tiempo flotando en el aire. Por ello nos preocupa el sitio en que se asienta, como las manos, la ropa, el calzado y la tierra que pisamos. Traducido al lenguaje astrológico, la Luna Nueva exaltada en Tauro nos pone en contacto con lo más terreno que hay en nosotros. Así nuestras necesidades básicas adquieren prioridad en este momento, y nuestra capacidad de adaptación para sobrevivir se acentúa. Muchos que ya hicieron sus huertos en casa, o montaron sus gallineros, se sentirán agradecidos y en comunicación plena con la tierra, escuchando y vibrando el latir de la Naturaleza, en una comunión que flota en espirales, como volutas de sagrado incienso, producto de maderas preciosas asentadas en la tierra, esparciendo una delicada fragancia en su ascensión. Otros, prisioneros de su ansiedad, desconfían de todo, de todos y de sí mismos. Son los artificiales, los que llenan sus viviendas de placas aromáticas de marca, de aerosoles, de comida y bebida chatarra, y que desde su aislamiento citadino se aferran a sus miedos y fobias, pudiendo llegar a trastornarse y enfermar. Como ven, la “exaltación” de la Luna suele darse en ambas direcciones, dependiendo de su ubicación en el mapa astrológico personal. Lo cierto es que, como todo novilunio ocurre a partir de la conjunción exacta con el Sol, será durante los siguientes 14 días cuando veremos más activas las secuelas de este contacto, rumbo hacia la Luna Llena del 7 de mayo.

Epidemia de la viruela en México, tomada de la Historia General de la Nueva España, también conocida como Códice Florentino, elaborado por indios mexicanos bajo la dirección de fray Bernardino de Sahagún, entre 1540 y 1585

Ahora vamos a platicar de los aspectos astrológicos en relación a este novilunio. Para empezar, el Sol y la Luna harán también un aspecto de conjunción al planeta Urano, que en el signo de Tauro tiene su caída (dignidad planetaria opuesta a la exaltación), pocas horas después de iniciado el novilunio. Urano es un planeta asociado a la libertad de acción, a la diversidad de ideas, a la ampliación de la ciencia y la tecnología, siempre atento al futuro y a la modernidad. Pero estando en caída puede llegar a perderse en sí mismo, y en vez de ampliar su visión de la vida, es posible que nos informe de lo contrario: una estrechez de miras, aferramiento, fanatismo e impotencia opresiva, que nos precipita al abismo y nos lleva a anteponer una visión apocalíptica de los acontecimientos. Sin embargo, también es capaz de crear una sana distancia para que podamos poner en práctica las acciones convenientes para salvaguardar la existencia.

A manera de preludio a este novilunio, nuestro satélite ya viene informado del tono y color de otros contactos sumamente complejos y adversos, como son las cuadraturas que hace a Plutón, que está estacionario y a punto de iniciar su periodo anual de retrogradación, y la cuadratura a Júpiter, en su lugar de caída, conjuntos ambos en Capricornio. La cuadratura de la Luna a Plutón suele activar tensiones en las relaciones personales y en la vida emocional interior, tensiones que serán experimentadas con intensidad y extremismo. Por su parte, la cuadratura de la Luna a Júpiter provoca un exagerado énfasis en las emociones, especialmente puede llevar a muchos a dar una gran importancia a los temas financieros, y nos sintamos invadidos por el pánico ante la inminente bancarrota de los mercados bursátiles y financieros.

Este sentimiento se verá favorecido por el aspecto de cuadratura que sostendrá también Mercurio, emplazado a 20°42’ de Aries, con Plutón y Júpiter. Ambos contactos, Mercurio-Plutón y Mercurio-Júpiter, facilitan un carácter brusco y directo, que permite que nos confrontemos con los demás y digamos cosas sin el debido tacto, eliminando las distancias apropiadas, tan necesarias en estos momentos, e igualmente nos sensibiliza hasta el punto de desconfiar de las intenciones ajenas, nos torna reservados en la expresión propia, y nos inclina al pesimismo.

Sin embargo, como también Mercurio está haciendo un sextil a Neptuno, emplazado en Piscis, su domicilio, podemos confiar en que más allá de los intereses propios y ajenos, surge la necesidad de plantear un enfoque novedoso a nuestras necesidades materiales, como puede ser el trueque, el servicio espiritual a cambio de víveres, etcétera. Todo ello impregnado del idealismo propio de Neptuno, pudiendo hallar soluciones inmediatas a problemas que aparentan un alto grado de dificultad; aquí se podrá apreciar claramente la solidaridad humana que es capaz de sacrificar intereses mezquinos en favor de un bienestar común. Además, tenemos la cuadratura de la Luna a Saturno, el “señor del karma”, situado en la cúspide del signo de Acuario, lo que hará difícil poder descifrar el código encriptado de los mensajes que a través del COVID-19 nos están llegando a toda la humanidad, y que no son pocos, ya que afectan profundamente los valores en que se asienta la sociedad, incluidos los económicos, políticos, religiosos, espirituales, sexuales, de convivencia, etcétera.

La creatividad personal es la que puede aportarnos respuestas

El aspecto de cuadratura (90°) activa energías en tensión y desafío, que no podrán resolverse sin la debida adaptación interior. Potencialmente, los resultados del trabajo con la cuadratura llevan a una mayor armonía interior, pero solo después de un esfuerzo prolongado. Se prevé que solo a través de la conflagración que produce este aspecto nos será posible renacer en alguna faceta esencial. A menudo, la cuadratura indica barreras en la psique que nos bloquean repetidamente; por ello, la cuadratura nos enfrenta con decisiones que no pueden ser evitadas, crisis inevitables con las que uno tendrá que enfrentarse invariablemente. Por ello, intentar reestructurar la vida interior, la mente o las emociones a través de este aspecto se vuelve una necesidad vital.

Por otro lado, quizá recibamos también breves estallidos de luz, dado el contacto de cuadratura que sostiene el Sol con esos mismos planetas, pero como ya nos hemos teñido de demasiada información poco confiable, y estamos saturados mental y emocionalmente, podría sobrevenir la difícil prueba que trae la confusión: el colapso mental; pues por la mañana nos dicen esto o aquello y por la tarde nos indican lo contrario. Así muchos podrían exponerse al contagio, abandonar las precauciones obligadas, y caer en el descuido, facilitando condiciones contrarias a la supervivencia.

No podemos dejar de lado que Neptuno está en aspecto de cuadratura a Venus, planeta interior que transcurre en el signo de Géminis, a 15°00’. Este contacto Neptuno-Venus suele crear alteraciones en el sistema nervioso, haciendo que nos sintamos incómodos en casa, incluso claustrofóbicos, y permite que la imaginación, o “la loca de la casa” de acuerdo a la frase de santa Teresa de Jesús, nos sorprenda haciéndonos sufrir de visiones y pensamientos tortuosos, y vivamos nuestro encierro como si de una condena infame se tratara. También este contacto planetario puede llevarnos a buscar evadirnos de nuestro apartamiento, y acariciemos la idea de que todo esto es una farsa proyectada por los gobiernos mundiales para someternos y llevarnos a un cambio fríamente calculado para beneficiar a unos cuantos.

Toda esta suspicacia puede ser muy nociva, pues en ella está la semilla de una rebeldía contagiosa, que nos puede llevar a romper las reglas y así disparar el contagio masivo del COVID-19, especialmente peligroso en ciudades superpobladas; incluso habrá personas que decidan coger su auto y algunas de sus pertenencias e irse al campo o a la playa mientras pasa esta crisis.

La discontinuidad de ingresos también puede ser otro detonante a considerar, y solo la creatividad personal es la que puede aportarnos respuestas. De cualquier modo, seguramente habrá protestas respecto a la manera en que los gobiernos actúan para abordar esta pandemia.

Por otra parte, este contacto Neptuno-Venus tiene la peculiaridad de hacernos añorar y buscar el enlace físico con otros, pese a las prohibiciones. Esto puede ser más obvio durante este periodo lunar, pues también Venus se encuentra haciendo un aspecto de trígono con Marte en Acuario. Pero dado que ambos planetas se encuentran emplazados en signos de aire, la comunicación física se trasladará al territorio de la imagen y de la sexualidad virtual.

Finalmente, terminando este novilunio, el asteroide consagrado a la diosa Ceres (Deméter, entre los griegos) ingresará en el signo de Piscis, su lugar de exilio, ya que su domicilio natural está en el signo de Virgo, el 24 de abril, lo que hará que empecemos a preocuparnos por el abasto y el encarecimiento progresivo de los alimentos, así como la distribución desigual de los mismos.

Ceres es la diosa de la agricultura entre los antiguos romanos, y de su raíz latina se deriva la palabra “cereal”, pero también Ceres se relaciona con el trabajo, que es de donde obtenemos los recursos para adquirir el sustento diario. Ceres permanecerá en Piscis hasta el 22 de febrero del 2021. Esto significa que podríamos estar viviendo el resto del año una crisis de hambruna colectiva y la falta de empleos dignos, lo que no nos beneficia, dadas las condiciones actuales.

Sin embargo, este destierro de Ceres (Deméter) en Piscis, también posee la capacidad de plantar las semillas en la oscuridad de la tierra para procurar una cooperación compasiva, hospitalaria y servicial entre todos, que provea el sustento en un plano global. Sin embargo, habrá que prestar especial atención a este tema, pues Ceres en Piscis podría traer como consecuencia una desorganización y dispersión en direcciones erróneas en el plan de abastecimiento implantado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que conjuntamente con la Unión Africana (UA), y diversos socios internacionales, declararon el pasado 16 de abril que el sistema alimentario y agrícola es “un servicio esencial que debe seguir funcionando durante los períodos de confinamiento, emergencia, toque de queda y otras medidas de contención”.

Decididamente, el COVID-19 está en plena fase de colonización en su movimiento de Oriente a Occidente, y ahora toca a los países de la América Latina vivir el contagio masivo y sus funestas consecuencias.

¿Qué nos depara el destino? Cada vez que Plutón y Júpiter forman un aspecto, ocurre la aparición de procesos virales que se encargan de desmontar las estructuras humanas: con la conjunción aparecen y con la cuadratura y la oposición resurgen y se extienden. Cuando en enero de 1522 tuvo efecto la conjunción Júpiter-Plutón también en el signo de Capricornio, la población nativa casi desapareció debido a las enfermedades importadas que trajeron los españoles. La viruela (tomonaliztli, en lengua náhuatl) fue oficialmente la primera pandemia que llegó a México, y muchos aztecas sucumbieron a ella, como ocurrió con el tlatoani Cuitláhuac, vencedor de Hernán Cortés y cuyo reinado duró 80 días. La enfermedad causó estragos en toda Tenochtitlan, pues hubo lugares donde fue tan grande la mortalidad, que los pobladores no pudieron enterrar a sus muertos. Luego llegó el sarampión, la sífilis, el tifus, las paperas, la gripe y la peor de todas, la salmonella entérica: “Las fiebres eran contagiosas, ardientes y continuas, en su mayoría letales. La lengua quedaba seca y negra. Enorme era la sed”, describió el franciscano Fray Juan de Torquemada en 1576, cuando la enfermedad estaba experimentado una segunda explosión.

Igualmente, Fray Bernardino de Sahagún relata que los afectados por el “cocoliztli” o “huey cocoliztli” (gran mal) experimentaban delirios, disentería y convulsiones. Los españoles tenían su propio nombre para la enfermedad: lo llamaban “pujamiento de sangre”, por el sangrado abundante.

Cuando ocurrió la siguiente conjunción de Júpiter con Plutón, igual en Capricornio, hacia fines de febrero de 1771, las réplicas de la epidemia de viruelas, así como la del tifus (matlazahuatl, en náhuatl) eran frecuentes y los habitantes de la Ciudad de México y sus alrededores morían en pocas semanas. Aunque en China, alrededor del siglo XVI se empezó una forma de inoculación primitiva para mitigar los efectos del virus, fue hasta 1796 cuando se creó la primera vacuna moderna contra la viruela, gracias al inglés Edward Jenne, el “padre de la inmunología”, estando Júpiter y Plutón en aspecto de conjunción a 28°, pero esta vez en el signo de Acuario.

Ahora, con la velocidad de las comunicaciones, la gente se traslada de un continente a otro en pocas horas, y esto facilita la transmisión de virus y bacterias a nivel global. Además, la enorme explosión demográfica de este siglo XXI también contribuye a expandir los contagios, consiguiendo trastornar todos los órdenes existentes. Esto hace que cualquier brote epidémico infecte a todo el mundo en cuestión de días, transformándose en pandemia. Sin pretender ser pesimistas, es importante que ganemos una mayor conciencia colectiva de cooperación, desarrollando programas para informar adecuadamente a la población y urgirla a que tome sus providencias oportunamente.

*Ayub Estephan es astrólogo y tarotista, Ciudad de México. Lectura de Tarot y Cartas españolas. Facebook: Ayub Estephan. http://facebook.com/ayubestephan

De rojo me gustas más

Microrrelatos

Armando Alanís*

Ajedrez

El ajedrez despierta al asesino que llevamos dentro.

Damas

En el ajedrez, la dama que se va del tablero regresa cuando un peón se corona. En el ajedrez de la vida, la dama que se va ya no regresa.

Sacrificio

El sacrificio de la dama salvó la vida del rey de las piezas negras. Pero ya no hubo, en todo el tablero, quien pudiera consolarlo.

Dama y rey

La dama blanca huyó con el rey negro. No era racista.

Promiscua

La dama se acostaba con todos sus peones. Cada mañana moría uno de ellos. Cuando no quedó uno solo en el tablero, se entregó por fin al rey.

Una noche de tormenta

La dama blanca y el rey negro treparon al caballo y huyeron del tablero.

Día de Muertos

–¡Hágase la luz! –dijo una voz a medianoche.

Y en el laberinto de tumbas se encendieron las veladoras.

Selección del autor.

Microrrelatos publicados en el libro De rojo me gustas más (2019), publicado por El Tapiz del Unicornio.

*Armando Alanís es escritor. Nació en Saltillo, Coahuila, en 1956. Entre sus libros se encuentran Narciso, el masoquista, Las lágrimas del centauro y La vitrina mágica.

La sala de mi casa es un estudio de televisión

La pandemia de Covid-19 no solo ha cambiado el modo de relacionarnos, de trabajar o de comunicarnos, sino que también ha modificado la dinámica y el espacio de nuestros hogares; el mío se ha convertido en escenario de las transmisiones de un noticiero

Por Helena Lozano*

Casa de la periodista Helena Lozano. Foto: Helena Lozano

Atrás van quedando los días en que los noticieros solo se transmiten desde la comodidad de un estudio; en el último mes, la pandemia de Covid-19 ha forzado a los canales de televisión a cambiar la sobriedad o la elegancia por la calidez de una vivienda. Tarea que no ha resultado fácil, pero que en días en los que quedarse en casa es cuestión de vida o muerte, se ha convertido -para medios de comunicación responsables- en la única opción.

Transmitir desde casa

El 19 de marzo fue mi primera transmisión desde casa. A partir de entonces, el lugar que ocupaba una mesa de centro hoy le pertenece a un tripié, una lámpara y una cámara. El comedor se convirtió en escritorio y quedó arrinconado para cederle lugar a un banco, mientras que sobre el suelo por el que solíamos caminar se entretejen largas marañas de cables. Del prompter improvisado les hablaré más adelante.

La preparación del noticiero de las 18:00 horas, que es el que encabezo, inicia desde temprano con un mensaje a la jefa de información-redacción para discutir los temas. La pauta -guión- se redacta y edita una y otra vez a lo largo del día, y las entrevistas se preparan de acuerdo con las confirmaciones de los invitados. Todo esto por supuesto, ocurre a distancia a través de una llamada o un mensaje, y accediendo al sistema del canal con claves que antes solo los ingenieros conocían.

Cuando el reloj marca las 17:00 horas la labor de redacción termina y le da paso al proceso de vestido y maquillaje. Si, lo que en un día normal y en el canal es tarea de los peinadores y maquillistas, hoy lo hago yo como mejor entendiendo.

A las cinco de la tarde y 40 minutos dejo de lado el espíritu de estilita para convertirme en técnico, y hay un listado que palomear: cables conectados, check; cámara encendida, check, LiveU conectado, check; lámpara encendida a 41 de potencia, check; prompter activo, check; micrófono prendido, check.

Terminada la lista, llega la hora de ponerse los audífonos y el micrófono, cuyos cables minuciosamente debemos esconder. Después, ya sentada frente a la cámara, y a cinco minutos de empezar, recibo la llamada de los ingenieros para revisar audio e imagen, y ni bien cuelgo con ellos, se ponen en contacto desde cabina.

«Cuando me dijo el director del canal donde trabajo que sería la primera conductora en transmitir un noticiero desde casa me entusiasmé, aunque también me asusté»

Pero la aventura ahí no termina… Diez segundos antes de las seis de la tarde el productor inicia la cuenta regresiva, y lo único que me pasa por la mente es: que no ladre mi perro, que mi prometido no reciba una llamada, que el vecino no grite o que no toquen la puerta, es decir, que no pase todo lo que en un estudio jamás ocurriría.  

Ya al aire y a cuadro, pareciera que todo transcurre con normalidad, ¡pero no!; ¿recuerdan el prompter improvisado que les mencioné? Como podrán imaginar los conductores no nos aprendemos las noticias de memoria, y necesitamos el apoyo de un guión, que en tiempos de Covid-19 he tenido que reproducir y leer, no desde un prompter, sino desde una computadora colocada bajo el lente de la cámara. En mi caso, para lograr que la computadora estuviera a la altura de dicho lente, tuve que poner una silla, encima un banco al revés, un par de cajas de juegos de mesa y un par de libros, y así, solo así, logré tener el guion frente a mis ojos. Guión, que a falta de técnico de prompter, debo manejar yo misma con la ayuda de un mouse.

Todo eso y más es lo que ocurre detrás de cámaras en un noticiero transmitido desde casa…

Sin satélite, con Internet

Cuando me dijo el director del canal donde trabajo que sería la primera conductora en transmitir un noticiero desde casa me entusiasmé, aunque no miento, también me asusté.

Llegué a casa confundida y me pregunté: ¿dónde colocarían el equipo?, ¿cuál sería la escenografía o el tiro a elegir?, ¿habrá espacio o luz suficiente?, ¿cómo voy a leer y reproducir el guión? Entre otras tantas dudas.

Las respuestas llegaron al siguiente día. Un compañero camarógrafo y un ingeniero llegaron a mi casa con todo el equipo, y tras un par de horas, el set estaba montado y la conexión con el canal se había establecido.

Así, la tecnología hizo posible que ocurriera algo que hace una década no cruzaba por nuestra mente: transmitir, sin un satélite, pero a través de Internet, un noticiero fuera del estudio de grabación.

¿Adiós a los sets?

“Buenas noches, yo soy Helena Lozano y le doy la bienvenida a este espacio informativo, será el primero que transmitiremos fuera de nuestro estudio; el motivo es contribuir con la reducción de la curva de contagios de Covid-19 en México. Somos conscientes de la importancia de mantenerse informados, sobre todo en momentos de crisis, por eso les abrimos la puerta de nuestros hogares.”

Esas fueron las palabras con las que iniciamos transmisiones desde casa. Después, cada día se sumó un nuevo conductor, hasta lograr que absolutamente todos dejáramos de ir al estudio. Ahora, y por tiempo indefinido, cada uno de nosotros hace el trabajo a distancia, por supuesto no sin el apoyo de todos los que no pueden quedarse, tanto como quisieran, en casa. 

Si las transmisiones desde casa llegaron o no para quedarse, es pronto para saberlo. Pero lo que desde ya es un hecho es que después de la crisis sanitaria por Covid-19, la manera de dar noticias ya no volverá a ser la misma.

*Helena Lozano Galarza es reportera y conductora de El Financiero/Bloomberg. Twitter: @hachelozano