El Inicio

Por Beatriz Gómez Tello*

Beatriz Gómez Tello, lectora en encierro de Diarios de Covid-19

Hoy me levanté tarde, estamos a finales de otoño y ya pronto iniciará el invierno. Tengo por costumbre leer las noticias mañaneras.

No llamó demasiado mi atención una nota en la cual decían que en una ciudad china algunas personas presentaban síntomas de una rara enfermedad.

Con las fiestas decembrinas y de fin de año encima uno solo se concreta en organizar de la mejor manera la celebración de estas fechas, que para nosotros son especiales. Pero pasando las festividades, los rumores eran ya casi el pan de cada día, se sabía que un virus extraño estaba mermando la salud de la población en China. Aquí me detengo un poco para aclarar que el nombre de Wuhan todavía no se mencionaba mucho.

Tengo por costumbre viajar a finales de enero a la Riviera Maya, pagué mi viaje y nos fuimos siete días. Como se trata de un lugar que recibe turismo internacional, es lógico que de alguna manera interactúas con personas de todo el mundo: al ir a desayunar, comer, cenar o, incluso, paseando por la ciudad lo mismo te encuentras gente de distinta nacionalidad como asiáticos y europeos, también americanos o gente de diversa nacionalidad.

Nosotros bien felices todavía no tomábamos en cuenta que alguna de estas personas podría estar infectada con el peligroso coronavirus, el Covid-19. Cuando regresamos las noticias ya eran más frecuentes, pero solamente se escuchaba que esto ocurría en la ciudad de Wuhan, en la provincia de Hubei, en donde el gobierno tomó la decisión de encerrar a toda la población más o menos a partir de la tercera semana de marzo. 

A partir de entonces, la Organización Mundial de la Salud empezó a emitir boletines en los que alertaba al mundo que la enfermedad, lejos de aplacarse, se estaba extendiendo a otras partes de China y que incluso ya estaba migrando a otras ciudades asiáticas y de Europa. 

Todavía a principios de marzo, yo, que amo mi Ciudad de México, salía a dar mis paseos por el centro, aunque caminaba con un poco de temor y pronto regresaba a casa. Ya incluso me costaba tomar mi acostumbrado café, por el miedo a infectarme. Cabe mencionar que todavía no había conocimiento de algún caso en México. 

Pasados unos días supimos que algunos turistas que estaban viajando por diferentes países del mundo, regresaron portando el mortal virus. 

También por ese tiempo, la Secretaría de Salud empezó a alertar sobre lo que se nos venía encima, así que, como la mayoría de mis conciudadanos, decidí encerrarme en casa. 

Sé que casi toda la población de México se infectará, aunque muchos no manifestarán síntomas. La verdad es que también muchos morirán o, mejor dicho, moriremos, ¿quién tiene certeza de que vivirá y saldrá airoso de esta pandemia? ¡Nadie! 

El caso es que antes de irnos a acostar por la noche, la mayoría nos preguntamos, “¿despertaré?” y te duermes pensando que todos, jóvenes o viejos, ricos o pobres, tenemos una cita con la muerte y eso, señores, es la terrible realidad que se vive en todo el mundo en la actualidad. 

*Ciudad de México, ex empleada federal pensionada desde hace 16 años, aficionada a la escritura y la creación literaria. Originaria de Atotonilco el Alto Jalisco. e-Mailantaresgreen51@gmail.com

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