Envejecer es un premio, no un castigo

Envejecer tiene una magia especial. Esos ojos que comienzan a perder su brillo tienen tras de sí un complejo aparato cerebral que percibe estímulos y reacciona diferente a como lo hacía años atrás, despertando emociones capaces de afectar seriamente el también desgastado aparato corporal. Es por esa razón que debemos «aprovechar» las ventajas de la experiencia acumulada durante la juventud prolongada, para estimular ese cerebro poderoso que tiene la capacidad de disminuir las dolencias propias de la edad.

Por Marayira Chirinos*

Imagen de Tom en Pixabay

El miedo a envejecer es tan libre como cualquier otro, y hablar sobre el tema siempre se hace necesario. Disertar sobre el envejecimiento nos lleva a muchos terrenos que van desde las clásicas teorías gerontológicas hasta la psicobiología y la neurociencia.
 
Para ahondar sobre los matices del valioso regalo de un envejecimiento saludable con Pensamiento Propositivo nos apoyamos en la psicogerontóloga venezolana Victoria Tirro, quien entendió hace años que para abordar esta etapa tan llena de sabiduría, pero también de vulnerabilidad, es importante aplicar la psicología positiva y conocer herramientas que hagan de este momento una combinación de experiencia, disminución de factores desgastantes y armonía entre la persona de edad avanzada y su entorno.

Sea su cuidador o simplemente su acompañante, debemos ante todo ser sumamente comprensivos. A ellos va especialmente dirigido este artículo, al acompañante o cuidador, para hacer este momento de la vida más llevadero para todos los involucrados.

Envejecer tiene una magia especial. Esos ojos que comienzan a perder su brillo tienen tras de sí un complejo aparato cerebral que percibe estímulos y reacciona diferente a como lo hacía años atrás, despertando emociones capaces de afectar seriamente el también desgastado aparato corporal. Es por esa razón que debemos «aprovechar» las ventajas de la experiencia acumulada durante la juventud prolongada, para estimular ese cerebro poderoso que tiene la capacidad de disminuir las dolencias propias de la edad.

Desde el Pensamiento Propositivo logramos articular algunas fórmulas sobre la base experimental y siempre documentada y certificada de la doctora Tirro, quien asegura que «el paso de los años lleva consigo una variedad de cambios que generan ganancias y pérdidas de diversa índole; por lo que el envejecer no puede ser visto solo como una etapa de decadencia».

La primera fórmula es priorizar las emociones, la vulnerabilidad aumenta en esta etapa y en muchas oportunidades debemos actuar de tal forma que los hagamos sentir útiles y fuertes de temperamento, generar en ellos esa confianza a ratos perdida, aplicar la misma psicología que a los niños, solo que a ellos no los estamos formando para la vida, sino, aunque suene duro, estamos preparándolos para una eventual partida. Demostrar lo importantes que son para la familia sirve de estímulo clave para darles la fuerza que necesitan a fin de enfrentar algunas dolencias físicas y frenar la aparición de otras venideras.

Otra herramienta a considerar por el entorno del adulto mayor es exaltar la figura del anciano, como ocurre en la mayoría de los países del continente asiático. El anciano en casa debe ser el maestro, el sabio, el consejero, a quien debemos consultar todo, cuidar, respetar y honrar (o por lo menos hacerlo sentir así); nunca ha de ser visto como una carga. Envejecer es un premio, no un castigo, y como tal debemos asumirlo, además de que, en el mejor de los casos, tendremos la fortuna de transitar ese camino del envejecimiento, por eso debemos hacerlo saludable mental y físicamente. «Desarrollemos la empatía, hagamos el ejercicio mental de cómo nos gustaría sentirnos cuando nos llegue ese momento, y cómo quisiéramos ser tratados» sugiere Tirro.

Existen numerosas variables de tipo cultural, social, económica, política, biológica, psicológica e institucional que influyen en el concepto del envejecimiento y en la consideración de lo que supone ser anciano. No menos importante también son las particularidades de cada país. En Venezuela, por ejemplo, donde la población ha envejecido por la altísima migración de los jóvenes, debemos hacer una valoración diferente que parta de políticas públicas que protejan a nuestros ancianos. Una aspiración bastante utópica conociendo nuestra realidad nacional, pero el llamado queda y, mientras, quienes tengamos la posibilidad de ayudar a incrementar el envejecimiento saludable, no lo dejemos para después.

Conoce más en:
@marayirachirinos
@pensamientopropositivo

*Politóloga y locutora venezolana, madre de Abraham, Sara y Samuel.
**Diarios de Covid-19 agradece al periódico venezolano El Universal por la publicación de este artículo, difundido originalmente el 15 de mayo de 2022.

Publicado por adrianaesthela

Reportera

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