Ser mujer indígena es un acto de rebeldía: Andrea Ixchíu.

En un sistema de dominación y opresión como en el que vivimos, encontrar prácticas colectivas que inviten a la reflexión de nuestro cuerpo-territorio para buscar alternativas a la crisis actual es un escenario esperanzador y a la vez un acto de amor entre mujeres, señala Andre Ixchiú, defensora de derechos humanos y comunicadora indígena de Guatemala, quien ofreció una entrevista colectiva a estudiantes de Periodismo de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Por Martha Patricia Olvera Salazar*

Foto: Tomada de Twitter @Andreakomio.

En medio de esta crisis climática cada vez más profunda, Andrea Ixchíu, mujer K’iche de Totonicapán, comunidad indígena en Guatemala, nos comparte la importancia de curar nuestros cuerpos, territorios y espíritus y crear soluciones colectivas entre mujeres, un ejercicio que ella sostiene en lo cotidiano a través de su experiencia como defensora de derechos humanos, defensora de las mujeres y del territorio y gestora cultural comunicadora comunitaria.

En entrevista colectiva para el Taller de periodismo de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), Andrea Ixchuí nos habló del recorrido que hizo junto con otras mujeres. Explicó que, desde niña, se acercó a la comunicación y teniendo como ejemplo a su madre y su padre decidió luchar por su territorio, su comunidad y su identidad como mujer K’iche. Dijo que nunca se ha sentido sola a pesar de que ser defensora es poner tu vida en riesgo, ya que se siente acompañada de la Madre tierra, de otras mujeres, de su familia y de sus abuelos y abuelas que, aunque ya no están en esta dimensión, la cuidan desde otros planos existenciales.

Su recorrido no ha sido fácil, cuenta Andrea, porque le ha tocado ver injusticias que queman el alma, pero junto con otras mujeres ha podido ir “creando resistencia, como actor de rebeldía y de amor”, afirma. Uno de los sucesos que la marcaron en este proceso fue que en Guatemala, como en otros países del mundo, se vive mucha violencia contra las mujeres. Al respecto, habló de una masacre ocurrida en 2018 en contra de 41 niñas en un hogar de protección estatal llamado Hogar seguro. Reconoció que fue muy duro para ella ser testigo de esos hechos, ver la crueldad con que las niñas fueron tratadas, incluyendo las denuncias de violencia sexual en un lugar donde, se supone, debían cuidarlas. Andrea fue testigo de la injusticia, la impunidad y la desesperación de las madres de esas menores, porque las autoridades no les creyeron, no reaccionaron.

«Una es porque otras son»

Las mujeres constantemente pedimos respeto en nuestros hogares, en nuestra comunidad y al Estado, y al ver tanta impunidad queda acuerparnos entre nosotras, buscar alternativas juntas, crear redes colectivas. «Una es porque otras son», afirma Andrea, y agrega que para una mujer indígena existir es un acto de rebeldía en el marco de un sistema opresor. También lo es reconocer que somos diversas, porque algo que ha intentado ese sistema, añadió, es homogeneizar a las culturas y comunidades indígenas y negar  a las mujeres que sobreviven y resisten a la violencia del sistema patriarcal contra nuestros cuerpos y nuestros territorios.

Hay que reconocer y comprender que las mujeres de cada comunidad indígena tienen su propia lucha, su propio proceso y sus propias formas de organizarse. No se trata de competir, sino de compartir y aprender unas de otras, aseguró. En este sentido, nos platicó del proyecto «Cura da Terra», que surgió de la acción de curar «por parte de nuestras hermanas indígenas del bioma cerrado y pantanal de Brasil, […] se habla de Cura da Terra porque quienes tenemos un territorio, tenemos cura porque la tierra nos cura y nos curamos con la tierra», explicó la activista.

De acuerdo con la comunicadora guatemalteca, este proyecto realizado por y para mujeres en búsqueda de un lugar seguro y colectivo, invita a las mujeres de diferentes partes del mundo a realizar ejercicios de reflexión y a que compartan cómo están buscando curar sus cuerpos, sus territorios y sus espíritus de la violencia del patriarcado, del capitalismo y el extractivismo. También invitó a preguntarnos qué nos vino a enseñar el Covid-19 en estos tiempos de pandemia.

Sobre el covid, la comunicadora agregó que «la enfermedad es una consecuencia y un síntoma de algo más, para las mujeres tiene que ver con la desconexión de la tierra y la destrucción de los ecosistemas. Estamos teniendo un crecimiento infinito de población y cada vez más nos acercamos al hábitat de ciertas especies, lo que nos hace ser más vulnerables. Esta puede ser una razón por lo cual enfermedades que solo se encontraban en determinadas especies están mudando a los seres humanos. Hay que entender que los recursos naturales son finitos y que no se pueden sostener con el nivel de vida, con los hábitos que tenemos. «Si seguimos así el problema seguirá creciendo y la vida será insostenible», advirtió.

El proyecto Cura de Terra fue la plataforma para crear documentales que se pueden observar en https://curadaterra.org/, donde se ve «cómo hay muchas mujeres haciendo cosas muy valientes y necesarias para curar nuestros cuerpos y territorios […], que son mujeres que en medio de toda esta violencia están luchando y curando, es rendir tributo a estas mujeres que han sostenido nuestra vida», afirmó Andrea

El proyecto Cura de Terra fue la plataforma para crear documentales que se pueden observar en https://curadaterra.org/, donde se ve «cómo hay muchas mujeres haciendo cosas muy valientes y necesarias para curar nuestros cuerpos y territorios […], que son mujeres que en medio de toda esta violencia están luchando y curando, es rendir tributo a estas mujeres que han sostenido nuestra vida», afirmó Andrea.

«Este espacio es una posibilidad de conectarnos entre hermanas de distintos territorios y este año se aprovechó la presencia de líderes indígenas en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP26», realizada en Glasgow, Escocia, en noviembre anterior, señaló Ixchiú. A la cita asistieron delegaciones oficiales de casi 200 países y las mujeres indígenas organizaron una contracumbre en la que se encontraron con mujeres que habían participado en Cura de Terra en 2020 y otras que estaban ahí, para demandar justicia climática para sus territorios.

Como observadora de la COP26, Andrea dice que se llevó una gran decepción. Ella fue, para que «no faltaran nuestras voces en este espacio donde grandes empresas y gobiernos se iban a juntar a decidir sobre nuestra vida y futuro, no puede haber nada de los pueblos sin la presencia y participación de ellos, aunque no hay comunidades indígenas que estén sentadas tomando decisiones y es triste ver cómo a los gobiernos les importa más el dinero que la vida». Agregó que la «solución» que ofrecen estas empresas y gobiernos para combatir la crisis climática es hacer mega proyectos utilizando el territorio de las comunidades indígenas y sobre todo de la biodiversidad.

Si es así, advirtió, no se ha entendido el problema y, además, no se está cuestionando el modelo de consumo insostenible que hay. Por ello, añade, es importante trabajar desde nuestras comunidades y colectivas, conectarse con muchas otras mujeres, compartir su conocimiento y tomar conciencia de que existen soluciones y alternativas a esta crisis. «Hay esperanza», dijo y concluyó: «La crisis climática no se va a resolver con una COP26».

Foto: Andrea en la COP26. Tomada de Twitter.

*Estudiante de Periodismo de Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

Publicado por adrianaesthela

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