«No hemos muerto»

A través de esta crónica, la autora narra cómo se vivió el pasado 6 de noviembre la sexta edición del Skatex, un festival de ska desplegado en cuatro escenarios que llevaban por nombre Skatex, Familia, Hermandad y, en honor al nombre del municipio donde se realizó el evento, el cuarto se llamó Texcoco. Los asistentes pudieron disfrutar de las bandas que se encargaron de amenizar trece horas de música continua en esta zona ubicada en el oriente del Estado de México. El título se refiere al nombre de una canción de la banda Royal Club, en medio de la emoción masiva de volverse a encontrar después de tantos meses separados por la pandemia.

Por Iridiana Teololitla*

Escenarios del concierto. Fotos: Iridiana Teolotitla

La planeación del festival comenzó meses antes, pero no fue hasta la noche anterior que, bajo la luz de la luna, se llevaron a cabo los preparativos y el montaje de los centros de carga, los sanitarios, el ring para la lucha libre, así como lo necesario para el escenario circense. Al amanecer del día del evento, al mismo tiempo en que se realizaban las pruebas de audio, se instalaron los puestos en los que podías encontrar comida rápida, cervezas, mercancía oficial del evento e, incluso, a varios de los artistas merodeando por los escenarios. Fue así que, entre cables, bocinas, playeras, cajas, cartones de cerveza, trabajo bajo presión y mucho más se logró tener todo listo.

Exactamente, al mediodía y con un caluroso clima, inició el gran evento. Al ritmo de Nana Pancha, Baby Aventurero, Los Súper Duppers, Valkirias y algunas otras bandas, dio comienzo esta sexta edición del Skatex, después de 675 días de la última edición, mientras más personas aguardaban afuera de las instalaciones de la Feria del Caballo para ingresar al evento.

Las filas eran inmensas, los organizadores calcularon que entraban cien personas cada cinco minutos. En plena avenida Texcoco la circulación estaba a vuelta de rueda, no dejaban de llegar carros y autobuses de las terminales Taxqueña, Santa Martha y la Central del Norte donde, por cierto, podías adquirir tu boleto de viaje redondo a un costo de entre 100 a 180 pesos lo cual garantizaba tu llegada y el regreso a la terminal, ya que tenían horario de salida desde las diez de la mañana hasta finalizar el evento, pasaditas de las tres de la mañana del día siguiente.

En las filas para ingresar a las instalaciones se podían observar a verdaderos fans del Ska, portando las icónicas playeras del evento que, por cierto, estuvieron regalando en la compra de dos boletos.

En esta edición se anunció que tocarían  Los Caligaris, una banda formada en 1997 en la ciudad de Córdoba, Argentina, que fusiona diversos géneros musicales que van desde el rock hasta el cuarteto cordobés, sumando a su propuesta aires circenses, lo que se vuelve un show dinámico, divertido y atractivo para todas las edades. Así, se podía observar a «la bandita» con pelucas de payaso, narices rojas con luz led, globos y algunos otros objetos característicos. No podían faltar los cabeza rapada, mejor conocidos como Skinheads quienes, como distintivo, portaban  botas y tirantes,  una estética obrera, pero eso sí, con respetando las medidas sanitarias pertinentes ante la pandemia. Unos que otros portaban cubrebocas, si bien para la mayoría de los asistentes su única preocupación era ingresar para bailar y cantar a todo pulmón.

Asistentes al festival de Ska en Texcoco y show de banda Los Caligaris. Foto: Iridiana Teolotitla

Dentro de la feria donde se celebró el festival, las diferentes atracciones que conformaban el evento comenzaron a llenarse de gente. Cada minuto que pasaba provocaba una sensación de emoción, una vibra chidísima de haber vuelto a los eventos masivos. A eso de las cuatro de la tarde, aún con sol, en el escenario «Familia» y al ritmo de Maskatesta y su rola «Tú qué pedirás», el ambiente era de una verdadera fiesta. Todos coreamos la canción y se podía percibir la emoción de estar ahí después de tantas limitaciones impuestas por el virus.

Un poco más tarde, en el escenario «Texcoco», sonó La Tremenda Korte y sus «Tres patines», dando paso al famoso slam, un baile un tanto agresivo practicado entre los oyentes de géneros relacionados con el metal, punk, ska, y algunos estilos de rock. Lo que hizo esto aún más increíble es que, al ser un evento planeado para toda la familia, había asistentes con capacidades físicas diferentes quienes, en el momento de armar los slam, eran protegidos por la misma banda que se metía a este baile, provocando que estas personas disfrutaran de una manera amena y un poco más segura el evento.

Uno de los mejores momentos, sin duda, fue cuando la Royal Club tocó su rola, «No hemos muerto». Estoy segura de que a cientos de los asistentes la piel se nos erizó, el corazón nos latía de emoción y entonamos: «No pienses que estamos perdiendo fuerza no, estamos levantando, no creas que estamos dejando solo no, estamos de tu lado…. ¡Canta, corazón canta!, que la luna sigue brillando y aguanta con mi garganta, que la noche está comenzando«; sin duda, uno de los coros más sonados del evento. Fue inevitable recordar la situación que enfrenta el país a causa del covid, como quedó demostrado en el sentimiento puesto por la gente al corear; era como decir «estamos vivos y nos aferramos a las ganas de volver a la normalidad». El polvo que levantábamos al bailar no fue un impedimento para seguir disfrutando y pasarla de lo mejor, disfrutando también al máximo con la banda de punk rock Dos minutos.

Y ¡cómo no!, también hubo reggae: Todos tus muertos, Fidel Nadal y Alika, entre otros, fueron los encargados de amenizar la jornada con ese género musical, junto a la Sonora Skandalera, Interpuesto, Banda Bostik y otras bandas anunciadas en el cartel del festival.

Presentación de la banda Todos tus muertos. Foto: Iridiana Teolotitla

Al llegar la noche, la comida comenzaba a agotarse, las filas para las micheladas eran muy largas y empezamos a ver a las personas descansando un poco entre la multitud en espera de las últimas bandas cuyos nombres desconocíamos. ¡Vaya sorpresa!, llegaron Los de abajo y no podían faltar Los Estrambóticos para hacer el «recuento de los daños» y cantar con mucho sentimiento y energía el casi himno de esta banda, la famosa rola llamada «La herida», un tema que, sin importar tu estado civil, siempre la vas a cantar como si estuvieses dolido o recién abandonado por «tu peor es nada».

Después de esas pausas que los asistentes hacían para ir al sanitario, cargar su teléfono, comprar comida o simplemente descansar un poco, volvían a la aglomeración ya con unas chelitas encima, unos que otros toques de mota y unos cuantos cigarrillos en mano, esperando ansiosamente a que tocara Liran’ Roll. Como todo buen mexicano, no podía faltar el que al día siguiente llegara a trabajar medio borracho, crudo o «en vivo», como suele decirse. Ysí, ese fue Big Javi, quien cerró el evento en estado de ebriedad, cabuleando a algunas bandas que no lo invitaron a subir al escenario antes de su presentación oficial. Un público cansado, empanizado de tanta tierra que se levantó, sediento e incluso ya cansado, volvió a demostrar este año su lealtad a este evento y también su resistencia: ¡No hemos perdido fuerza! 

Misael, Slayder, Iri, Bruno y Sydmons. Foto tomada en el Skatex el 6 de moviembre de 2021.

*Estudiante de la Licenciatura de Comunicación y Cultura en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

Publicado por adrianaesthela

Reportera

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