Sputnik llegó a Iztapalapa

La jornada de vacunación para los residentes de Iztapalapa de edades de entre 18 y 30 años comenzó y acompañamos a Diego Cervantes, estudiante de la carrera de Comunicación y Cultura por parte de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) a la aplicación de su primera dosis a fines de septiembre en el Cecyt 7 como sede.

Por Diego Cervantes Hernández*

Foto: Aracely Martínez

Entre calles cerradas y un diverso peregrinar arribamos a la vocacional 7 para que el joven de 27 años, Diego Cervantes, recibiera su primera aplicación de la vacuna Sputnik contra el COVID-19. Ya en el área demarcada para que los aspirantes, curiosos y chaperones pudieran andar, todavía fuera del centro de estudios, se aspiró un ambiente único: «La madre Rusia vuelve a su segundo hogar gracias a mi cabecita de algodón», por ahí, en la fila paralela a la nuestra, pero a la misma altura que nos encontrábamos, un muchacho vestido de cazadora negra, jeans desgastados azules de mezclilla y convers, le dijo al compañero que se encontraba enfrente de él, que luego confirmamos era su amigo. Lo que hizo único aquel ambiente, aunado a lo anterior, fue la manifestación de las reverberaciones sonoras que había por doquier, como si de una fiesta o un festival se tratase; las personas, que en su mayoría se notaba habían tomado sus mejores ropas, actitudes y energías para una cita que llevaban esperando largas jornadas; los curiosos que desde azoteas vecinas se conglomeraron como voyeristas para ver al show; también influyó en esa  sensación que, a la altura de la entrada para el personal, se apreció desde la llegada temprana a una banda de rock interpretando, a todo pulmón, temas de Bon Jovi, la CuCa, La Ley, Caifanes, Bunbury y, muy probablemente, el tradicional repertorio chelero restante que ya no alcanzamos a escuchar porque nos tocó ingresar al recinto, alejándonos así de la claridad auditiva que nos impidió seguir coreando.

El final de la conversación de los dos chicos mencionados, que aunque no les seguimos el hilo por todo lo anterior, demostró que creían en lo rezado puesto «que no se nos olvide que mucho de la Rusia moderna se le debe a Trotsky, y aquí se le recibió cuando en su tierra fue perseguido y traicionado, wey», concluyó aquel individuo con un atuendo al estilo de Ramones.

Superado el desfile pre-vacunación, ya dentro de la vocacional, nos encontramos únicamente con 3 percances mínimos para que nuestra jornada pudiese terminar tal como empezó, ya que toda la labor de las personas que se encontraban desarrollando la tarea fue de sumo compromiso y pulcritud.

El primer percance fue que Diego no había llenado el formato que se necesita para que la aplicación se llevara a cabo, así que tuvimos que acercarnos a una carpa en la cancha de fútbol americano donde se asignó una mesa con bolígrafos y personal para que todo olvidadizo pudiera llenar su formato. El segundo percance lo enfrentamos ya en el momento justo de la aplicación, cuando el beneficiario tuvo que decidir por cuál brazo inyectar. En su extremidad izquierda, que en éste caso era el más recomendable -de acuerdo a los consejos de la enfermera, porque la aplicación debía ser en el brazo que menos se utiliza- a la altura del hombro, Diego tenía un tatuaje recién hecho, y ante las indicaciones de no ungir pomada o ungüento sobre el área donde sucede la intervención de la aguja, optó por el brazo derecho.

Como dijimos, todos los pasos a seguir para que nos encontráramos con un algodón presionando sobre el área de suministro, fueron eficaces, eficientes y efectivos: la atención y la agilidad para atender fue de admirarse. Por último, en la cancha más cercana al estacionamiento, previo a terminar la travesía, el área de observación conglomeró al menos a sesenta personas aproximadamente, mediante la indicación de que era necesario reposar nuestras posaderas en una silla por quince minutos, para así descubrir y procurar los malestares que podrían suscitarse por el efecto de la vacuna. Durante nuestra estadía hubo dos desplomados en las filas de frente y detrás de la nuestra, agregando a ello un joven muy preocupado al costado de nuestro asiento, porque el brazo utilizado para la vacuna ya se le sentía pesado, o según él, dormido, pero por ambos lados la naturalidad de su movimiento no sucedía: «siento como que me hormiguea machín», nos comunicó.

Nosotros nos retiramos sin percances y con meras especulaciones por lo acontecido, sugestionados sobre qué malestares pudieran presentarse más tarde, mientras veíamos que los afectados eran atendidos.

Rumbo a nuestra retirada, nos encontramos con una caseta habilitada para hacerse la prueba de azúcar gratis quien así lo quisiera, muy cercana a donde también se habilitó una bolsa gruesa y de color negro para un uso exclusivo de depósito de los algodones que limpiaron el puntillo o hilo de sangre que se nos presentó después de la inoculación. «Por fin, Sputnik llegó a Iztapalapa», comentó Diego al compás de nuestros pies cuando cruzamos la reja de la entrada del estacionamiento hacia la calle, mientras la banda de rock ya interpretaba «Light my fire» de The doors, y muchas personas más llegaban como aspirantes, para otra tanda de aplicaciones de la vacuna.

*Estudiante de Periodismo en UACM, Ciudad de México.

Publicado por adrianaesthela

Reportera

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: