¿Puede la política ser propositiva?

En este texto, la autora propone algunos pasos de la metodología para alcanzar «la felicidad colectiva» desde la doctrina del Pensamiento Propositivo. Una de sus premisas es que la felicidad pasa por ejercer una influencia positiva y propositiva teniendo como base el uso del poder de forma equilibrada, mientras que la política negativa no hace más que ir por las sombras y abusar del poder.

Por Marayira Chirinos*

Avenida en Caracas. Foto: José Antonio «Cheo» García


Soy politóloga de profesión desde hace 21 años, y aunque mi vida profesional se ha desarrollado en el campo comunicacional, siempre he sido una preocupada por el quehacer político del país y del mundo, y por el rescate de la tan necesaria y siempre golpeada ética política.

Mi área de acción doctrinal es el propositivismo, y es por esa razón que, partiendo de sus premisas, en este artículo de pensamiento propositivo hago un ejercicio mental que sugiera la existencia de una política propositiva, con propósito y propuestas, que no se convierta en retórica militante dañina.

La reflexión sobre la política siempre es un asunto de difícil descripción y en Venezuela, de un tiempo para acá, es objeto de animadversión, cuando lo ideal es que se mantenga en el terreno del debate de altura y la reflexión constructiva. La utilidad de la ciencia política es amplísima, no solo como disciplina académica y profesional, sino como acepción positiva de la vida en sociedad, que conduzca a la plenitud y felicidad. ¡Si! Felicidad, aunque suene o se lea utópico.


Ahora bien, Aristóteles decía que el bien supremo del hombre es la felicidad, y que esta es la máxima virtud. Sin embargo, la política existió previamente a la Grecia clásica, es decir, antes del pensamiento aristotélico, por lo que esa condición no es intrínseca a los comienzos de la política vista como las relaciones de poder, implícitas o explícitas, sino que trasciende a ella para conducir a un bien vivir y debemos saber aplicarla.

Para la comprensión del pensamiento propositivo los modelos referentes siempre han sido de gran ayuda, y las diferentes concepciones en torno a un ideal de la felicidad se hacen necesarias siempre y cuando conduzcan al perfecto equilibrio emocional no solo del individuo, sino de un colectivo. Felicidad comprendida desde la integralidad que trasciende los estados emocionales de alegría y satisfacción.

Es por eso que alcanzar esa felicidad colectiva pasa por ejercer una influencia positiva y propositiva teniendo como base el uso del poder de forma equilibrada, mientras que la política negativa no hace más que ir por las sombras y abusar del poder. Nada que no sepamos, vivido o padecido.

Está clara la ausencia de métodos únicos para hacer política y establecer esos principios y propósitos que orientan la formación politólogica. No obstante, por aquello de la reingeniería en muchos ámbitos, me atrevo sin reservas a establecer como opción una metodología que, al igual que otras, se enmarque en principios y propósitos de carácter universal como la libertad, la igualdad, la justicia, la pluralidad, la ética, la heterogeneidad, la cientificidad y el profesionalismo, pero a la que se le sume la tolerancia, el respeto, la reconciliación y el liderazgo propositivo. 

La escuela de pensamiento propositivo aplicada a la política supone una lista importante de principios, si bien por límite de espacio se numerarán algunos que considero prioritarios para reflexionar sobre esos pasos a seguir.

Primero, la existencia de un clima de tolerancia que presupone respeto a las diferencias y complementariedad para el alcance de objetivos comunes. 


Segundo, el establecimiento de una “educación en reconciliación”, comenzar desde la familia e incluso en la educación formal en las escuelas. Esto sugiere “evitar el sesgo cognitivo que impera cuando nos rodeamos de personas que solo piensan igual a nosotros, lo que inhibe el reconocimiento del que piensa distinto”. No olvidemos que el juego amigo-enemigo ha hecho mucho daño a la posibilidad de la reconciliación entre las partes en conflicto.

Por último de esta primera lista está la creación de líderes propositivos que sepan medir la oportunidad para ejercer su liderazgo, sin sentirse amenazados por propuestas adversas.

Existe mucho por decir y hacer sobre pensamiento propositivo en el campo de la política, hace falta verdadera voluntad en la búsqueda del santo grial: la felicidad colectiva. ¿Estamos preparados para ello? ¡Demos el primer paso! 

*Politóloga, periodista y locutora. Mamá de Sara, Samuel y Abraham.
**Agradecemos al diario El Universal de Venezuela por la difusión de la columna, que reproducimos aquí con el permiso de la autora.

Publicado por adrianaesthela

Reportera

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