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Chile: crisis y superación del modelo neoliberal

Ya está en marcha en Chile la redacción de la nueva Constitución e inscritos quienes postulan al sillón presidencial, el Parlamento y los Consejos Regionales. ¿Qué viene ahora? Decisiones trascendentes, incógnitas difíciles de despejar, desafíos enormes, en especial para quienes abrieron paso a los cambios derribando puntales claves de la dominación. Son tareas de gran complejidad superar el modelo neoliberal y crear una democracia más real, menos mentirosa, con un estado de derecho más justo, inclusivo y mayoritario, un país de igualdad y desarrollo sostenible.

Por José Miguel Arteaga*

Imagen de falco en Pixabay

Vale la pena echar una mirada al mundo que heredamos. Nuestra historia se inscribe en espacios de cambios profundos y acelerados. El fin de la Segunda Guerra Mundial inició una Guerra Fría que se extendió por más de 40 años, hasta la caída del Muro de Berlín (1989), la reunificación de Alemania y la disolución de la Unión Soviética (URSS, 1991).

Entre los acontecimientos más notables de las últimas décadas están, por un lado, el acelerado desarrollo y transformación de China en una superpotencia mundial y, por el otro, la expansión y transformación de un capitalismo que sorprende por su vitalidad, permeando nuevas zonas de influencia, incluyendo al gigante asiático, superando crisis recurrentes más extendidas y profundas que le sirven al capital para arremeter con mayor fuerza contra normas y regulaciones que coartan su libertad para hacer y deshacer a sus anchas en mercados globales desregulados y sin fronteras.

No es ajena a estos sucesos la ola neoliberal que se impuso entre nosotros. Milton Friedman visita Chile por primera vez en 1975 iniciando la instalación del modelo Chicago. La ola neoliberal alcanzó vastas dimensiones, imponiéndose prácticamente en todo el mundo capitalista. La renovación del ideario liberal buscó abatir barreras y trabas de regulación levantadas para controlar sus peores tendencias, alcanzando especial intensidad con el gobierno de Ronald Reagan (1981 -1989), y de Margaret Thatcher (1979 – 1990).

Entramos a tiempos de reflujo y colapso de un modelo ya envejecido. ¿Hasta dónde podría llegar la crisis? Ocurre dentro del capitalismo y se manifiesta con mayor evidencia en los países de menor desarrollo, por la desigualdad y la fractura social profunda que engendra y el endurecimiento represivo de sus gobiernos.

Los países capitalistas de mayor desarrollo logran escapar por especiales condiciones. Primero, el modelo neoliberal no se pudo aplicar en ellos de la forma extrema y brutal como fue impuesto en países como el nuestro. Segundo, esos países son el asiento de grandes corporaciones trasnacionales, que explotan al tercer mundo extrayendo materias primas e ingentes recursos que transfieren a sus matrices oxigenando su ventilación. Tercero, el capitalismo experimenta transformaciones profundas en especial en aquellos que son sede de grandes compañías tecnológicas como Apple, Microsoft, Google, Amazon, Facebook, IBM y otras. Las regulaciones de mercado que buscan proteger a la población resultan ser de poco alcance, y las estructuras económicas y financieras se mantienen férreamente fundiendo su inspiración neoliberal con otras corrientes que contribuyen a su perpetuación.

Chile muestra la crisis con gran transparencia, porque aquí se juntan y potencian los efectos del colapso de un sistema económico con el hundimiento del modelo político heredado de Pinochet. Se establece un escenario propicio a cambios estratégicos y profundos, una oportunidad histórica que pocas veces se abre, inmejorable para levantar un nuevo país, para recoger y dar cuenta de grandes desafíos acumulados y desatendidos por la incapacidad y la falta de legítimos liderazgos.

Estamos abocados a redactar una nueva Constitución y a reemplazar el modelo Chicago. ¿Qué nuevo sistema podría reemplazarlo? No hay a la vista modelos viables, lo que representa un problema de difícil solución y un desafío no menor para las grandes mayorías que buscan cambios profundos. Del éxito que se tenga en encontrarlo depende la continuidad de las posiciones de gobierno y de poder que estas fuerzas alcancen.

El sistema económico seguirá siendo capitalista, lo que obliga a calibrar muy bien qué caduca y qué sigue vigente, a buscar nuevas formas para generar un dinamismo sano y poner al día una economía que ponga en el centro el desarrollo país y el interés de las grandes mayorías.

Será clave la sostenibilidad social del nuevo proyecto dado que siempre estará presente y al acecho una arremetida reaccionaria con intención de recuperar su dominio total, acarreando nuevamente a su lado a sectores medios que su modelo perjudica en los hechos, volviendo a esquemas ya superados, desnudos de sus reales alcances y resultados.

El criterio social y de clases es una brújula poderosa, pero no basta. Se requiere también teoría económica, social y política, entrando en profundidad al análisis del complejo problema histórico en que nos encontramos.

La derecha no ha dado muestras de haber pensado seriamente en estos temas ni hallado un camino de salida. Su pobreza teórica es elocuente y se refleja en la merma de su apoyo. El mundo de centroizquierda también está huérfano de ideas y propuestas. No se divisa aquí una analítica seria y profunda y menos aún propuestas de renovación, cambios y soluciones que toquen la realidad y respondan al sentir de las mayorías.

La tarea de una renovación fructífera y creíble viene a recaer en la izquierda, única fuerza que puede abrir camino al futuro sin engaño, obligada a renovar su teoría y su práctica de acuerdo con los actuales desafíos.

Sin duda un rol más protagónico del Estado hace falta. La economía, si bien seguirá siendo capitalista, debe ser en mucho mayor medida regulada por un poder y una legalidad centrales, elegidos y legitimados periódicamente, responsables de velar por el bien común, protegiendo los intereses de las mayorías y de los más desamparados, proveyendo y activando fórmulas para desatar una dinámica que asegure el desarrollo integral del país.

La democracia debe renovarse y relegitimar sus estructuras y autoridades. El país debe ponerse al día, no solo con sus tareas históricas sino con los mandatos del mundo de hoy, amenazado por graves peligros. La mirada global es un requisito necesario, no solo para dar cuenta de los más urgentes desafíos, sino para inspirar y enriquecer la gama de soluciones. ¿Estamos preparados? Hay muchos espacios que requieren creatividad y atención. Tarea de todos, lucha común de amplio espectro, voluntad y decisión.

*Filósofo y economista. Twitter: @josemiguelart17

Publicado por adrianaesthela

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