De lectores

Preguntémonos si la nuestra es real democracia

A raíz de las recientes movilizaciones en Cuba, que fueron ampliamente difundidas en el mundo, el autor propone una relectura mediática de los hechos desde una perspectiva no tradicional, que aborda el cuestionamiento del concepto liberal de la democracia.

Por Patrizio Digeva*

Los últimos acontecimientos en Cuba pueden representar un motivo serio e indicativo de reflexión sobre la forma en que los medios de comunicación liberales tradicionales están -injustamente- analizando el tema y una buena oportunidad para examinar el estado de salud actual de nuestras democracias.

La correcta distribución y el correcto uso de la información son un instrumento indispensable para que los ciudadanos podamos dotarnos de sus propias habilidades críticas, para investigar los constantes cambios de la realidad internacional con menos prejuicios.

Ampliando nuestra mirada, podemos ver que la orientación mediática occidental hacia Cuba no fue un fenómeno genuino y desinteresado, sino el resultado de un sistema oligárquico y corporativista muy evidente, regulador de precisas relaciones de poder económico en la base. Escribo “injustamente” por una serie de razones, más allá de las cuestiones ideológicas de uno u otro componente: aquí se trata de obvias instrumentalizaciones o, peor aún, de mistificaciones conscientes, representativas de una clara falta de voluntad para discutir este complejo tema –con implicaciones políticas geopolíticas importantes– en términos más razonables y objetivables.

Un ejemplo evidente de esto fue el tuit que un periodista italiano –aparentemente– acreditado como Roberto Saviano compartió en su perfil en julio pasado. Alteró distraídamente la verdad de los hechos al utilizar indebidamente la foto de una mujer simpatizante del gobierno cubano, de manera que ofreció una narrativa contraria a la realidad. Presionado por una repentina euforia sensacionalista de los medios, consideró “bueno” compartir la información recibida sin una previa investigación autorizada y confiable de las fuentes. En consecuencia, el escritor de “Gomorra” tuvo que borrar el tuit después de darse cuenta del error. Errare humanum est, dirían algunos comprensiblemente. El hecho, ya bastante vergonzoso en sí mismo, además de enfatizar cómo incluso los grandes nombres del mainstream pueden ser protagonistas de actitudes profesionales superficiales, es sobre todo un reflejo sistémico de la forma en que la incansable propaganda liberal centrada en Occidente se enfrenta al resto del mundo. Entonces perseverare autemdiabolicum, añadiría alguien más. El hecho más preocupante fue el deber constatar que una inexactitud tan flagrante por parte de un periodista como Saviano –considerado muy creíble por la opinión pública internacional–, representa una alteración de la realidad aún más peligrosa y dañina.

Otro ejemplo emblemático de parcialidad innata es la engreída actitud del popular virólogo italiano Roberto Burioni, quien también a través de uno de sus tuits, el pasado mes de abril, afirmó falsamente que en Cuba no se ha desarrollado ningún medicamento desde hace 50 años. Textualmente: “No quiero meterme en diatribas políticas, pero no se han desarrollado fármacos en Cuba en los últimos 50 años. En cuanto a las vacunas, veamos si funcionan. De momento deberíamos seguir confiando, como por consideración, a los de China y yo no confío”.

Más allá de la manipulación de la realidad, lo que quería enfatizar es la constatación de una internalizada parcialidad –además de la ignorancia o de la mala fe– de un científico que debería limitarse a hablar de vacunas de forma justa, aséptica y científica; en su lugar, él opta por insistir en provocaciones políticas aunque no tenga ni la competencia ni, sobre todo, la honestidad intelectual. Y lo más hipócrita es que él mismo, primero, afirma que no quiere tratar la cuestión desde un punto de vista político, pero luego lo hace de todos modos, presumiblemente afligido por una irremediable soberbia ontológica hacia todo lo que no es liberal. Y no es casualidad que, inmediatamente después de Cuba, él también arremete indiscriminadamente contra las vacunas chinas, sin antes haber comprobado previamente la cientificidad de sus declaraciones. Esto demuestra cómo, para tales personajes, la ciencia, en última instancia, siempre está subordinada al discurso político.

Si un conocido gurú del buen periodismo italiano y un virólogo engañosamente sabiondo se entregan a tales comentarios, con la razón por la que la opinión pública –desorientada ante la persistente y sutil omnipresencia del sistema mediático oligárquico– rara vez se detiene a reflexionar sobre los aspectos positivos de un país “enemigo” de la democracia liberal como Cuba. Esto se debe a que cuando hablamos del gobierno revolucionario castrista –según la aplicación del habitual principio de la doble moral– solo los aspectos más negativos pueden ser tomados en consideración y examinados por la propaganda capitalista; y es por ello que la administración en cuestión es inevitable y constantemente acusada de tiranía; más aún cuando se enfrenta a una manifestación –real o presunta– de descontento por parte de la población local.

En consecuencia, la opinión pública tradicional rara vez se detiene a reflexionar sobre el hecho de que, a pesar de ser un país sometido a un embargo maligno y criminal durante unos 60 años, Cuba ha estado exportando médicos a las peores zonas en crisis de salud del planeta durante décadas. Y esto precisamente los italianos no lo podemos olvidar, de lo contrario seríamos unos hipócritas irrecuperables.

Rara vez la opinión pública tradicional se detiene a reflexionar sobre el objetivo postulado histórico de afirmar que en la Cuba posrevolucionaria, una insólita red de prevención y asistencia médica pública y gratuita ha contribuido al logro de una de las tasas de esperanza de vida más altas del mundo. Algo singular para un país caribeño, sujeto a las lógicas oligárquicas más dolorosas y oscuras de matriz europea y estadounidense antes de la Revolución de 1959.

Rara vez la opinión pública tradicional se detiene a reflexionar sobre el hecho de que Cuba es el único ejemplo vivo en el mundo de un país que produce una vacuna a nivel estatal sin la intermediación del lucro privado. Rara vez la opinión pública tradicional se detiene para notar la notable ausencia en esta isla caribeña de una preocupante tasa de mortalidad por Covid-19 en comparación con el resto del continente americano (y de todo el mundo), a partir del estrangulador Goliat allí cercano. Y menos aún la opinión pública tradicional se detiene a reflexionar sobre la singular belleza de la palabra “Soberana”, término elegido con orgullo por los cubanos para resaltar la dignidad de un pueblo por no haber sucumbido a las miserables y brutales presiones extranjeras para no acabar hasta con una cualquiera “república bananera”.

Por lo tanto, a la luz de todos estos cortocircuitos lógicos y éticos, no es tan difícil entender por qué la mayoría de las personas no se hacen las preguntas correctas: el enfoque mediático incansablemente occidental o céntrico de los medios de comunicación se encuentra de manera decisiva entre el mundo de las noticias y de los consumidores ignaros, que a menudo son incapaces de elaborar opiniones más confiables y verdaderas sin la ayuda de habilidades críticas intrínsecas y un conocimiento histórico más enraizado. Después de todo, frente a la sistemática parcialidad con la que los principales medios de comunicación y los contemporáneos influencers aspirantes sabiondos generalmente describen a los así llamados países socialistas, no es sorprendente que exista tal nivel de falta de crítica hacia la verdad y el análisis histórico entre la población. Que estos países, prescindiendo de todas sus especificidades y sus contradicciones locales por su forma de insertarse inevitablemente en el sistema capitalista actual, intenten ofrecer alternativas existenciales deseablemente mejores que la actual, es una posición poco aceptada y discutida. Sin embargo, no es casualidad que Cuba sea socialista; no es casualidad que Vietnam se defina como país socialista y no es casualidad que China también se defina como tal: en la gran mayoría de los casos, históricamente, fueron los movimientos socialistas / comunistas los que lideraron las audaces y heroicas luchas por la emancipación de pueblos sometidos al yugo del imperialismo extranjero.

El concepto de hegemonía cultural nos ayuda a comprender mejor cómo, en la sociedad neoliberal actual, los intelectuales tradicionales de gramsciana memoria están lamentablemente subordinados al mero papel de guardianes de este orden cultural e inmoral constituido; basado en la búsqueda continua de un enemigo ontológico y perspectivas a corto plazo de satisfacción personal a un nivel exclusivamente individualista.

La opinión pública canónica, por tanto, se ve sutilmente empujada a contemplar en realidad un espectro muy estrecho de perspectivas políticas, para no contradecir el pensamiento único dominante: el liberalismo en filosofía y el liberalismo en economía. Todo lo que está fuera de este esquema simplista y artificial es irremediablemente tachado –por la nueva Inquisición capitalista– de utopismo o, en el peor de los casos, de disparatado radicalismo dictatorial. Sin embargo, la experiencia revolucionaria de Cuba, de sus médicos en Lombardía (en el año pasado) y en el resto del mundo, de su ejemplar Soberana etc., nos muestra que otra forma de pensar y de hacer no solo es posible sino deseable. Y sin una previa y funesta interferencia imperialista externa, sin duda sería mucho más factible.

*Internacionalista, doctorando en Relaciones Internacionales y Políticas.

Publicado por adrianaesthela

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