Lecciones de la pandemia en voz de sus diaristas

En la reciente edición sabatina “Las Sesiones”, autoras y autores de Diarios de Covid-19 reflexionaron sobre el impacto negativo y positivo de la pandemia. Las lecciones abarcaron desde la resiliencia, la solidaridad, el aprendizaje de nuevas tecnologías, los beneficios de trabajar desde casa y los encuentros virtuales hasta las afectaciones económicas, las dificultades en el acceso a la educación, el nivel de deserción escolar, las muertes y la desigualdad estructural.

Por La Redacción

A propósito de la publicación de la edición 50 de los Diarios de Covid-19 y las casi 55 mil visitas que ha registrado el portal desde su creación en abril de 2020, autoras y autores reflexionaron acerca de las lecciones que ha dejado la pandemia.

Esther Baradón, Ayub Stephan, Morris Savariego, Clara Mercedes Arango, Amarela Varela, Nayeli Correa, Karina del Ángel y Paola Licea Cejudo compartieron los impactos positivos y negativos de la pandemia. A continuación, presentamos un resumen de las opiniones de quienes forman parte del grupo de colaboradoras y colaboradores de distintas ciudades y países, que han compartido de forma generosa sus impresiones y testimonios al cabo de 16 meses.
Va un sincero agradecimiento y la invitación a continuar en este camino de construcción colectiva de memoria.

Esther Baradón. Agente de viajes y cuentista aficiona, colaboradora de la sección “Relatos virales”
“He sido constante, no he fallado desde mi primera entrega, lo cual me ha disciplinado y estoy muy feliz porque siempre tuve la intención de escribir. Ya tengo más de 20 relatos, que para mí ha sido una gran experiencia.
He sido afortunada porque me gusta descubrir que me gusta trabajar en casa y en muchos años estuve en una oficina, así que para mí ha sido una buena experiencia. Como agente de viajes tuvimos muchos altibajos y sí, económicamente tuve -no sé ni qué palabra usar, un descalabro pero no tanto, es muy fuerte la palabra, pero no se me ocurre otra-. Y ya tengo el proyecto, de todos estos relatos que he tenido la fortuna de publicar en su revista digital, pienso hacerlo eventualmente un libro. Gracias por la confianza.”

Paola Licea Cejudo. Escritora freelance. Autora de “Los aromas del café”
Para mí, una de las más impactantes decisiones fue decirle “no” a un amigo, estamos a la mitad de la pandemia, no podemos ir al café, al restaurante, no podemos hacer lo que comúnmente hacíamos y creo que esa es una de las cosas muy complicadas: poder visualizar la reorganización de espacios públicos y privados, eso es súper complejo. En cuestiones que llevan años enteros visualizarnos, reorganizarlos, rehacerlos, lo tuvimos que hacer en cuestión de días. Eso fue muy impactante de manera física y por supuesto que dentro de nuestra psique. Y eso lo vemos en el tema del abandono de las ciudades, de las calles, la Ciudad de México -que por años se consideró de las ciudades más pobladas- se quedó vacía en 2020 y esas imágenes fueron impactantes. Pasaba por esos barrios como Tepito, La Merced, El Chopo, vacíos; y esas imágenes eran tan desalentadoras que parecía que habíamos caído en una de estas películas de Hollywood, tipo zombies. Es muy impactante de una manera psicológica y emocional el hecho de que tú, que eres cuerpo y que eres mente, de pronto tuviera que aceptar esto de una manera tan de golpe.

Morris Savariego. Director y profesor de teatro.
“En el blog me interesó hablar del gremio, qué pasaba con el teatro en México, siendo el gremio teatral uno de los más golpeados al igual que el mundo del espectáculo, sobretodo porque se desnaturalizó. De hecho, así titulé uno de los artículos en los Diarios... que era “To zoom or not to zoom”. Le tema era si le entrábamos al Zoom como gremio y había toda una polémica porque se desnaturalizaba totalmente el teatro, que es presencia, espacio, cuerpo, convivio con el espectador. Entonces quedaba completamente desnaturalizado . Era como un pleito que después se fue resolviendo un poco semánticamente, porque se decidió que el video-teatro no era teatro, que lo que estábamos haciendo era video-teatro o teatro en línea. Se acabó la discusión cuando se decidió que no era teatro, que había que ponerle otro nombre y que era un híbrido teatral y que tenía sus ventajas.
A través del Zoom descubrí una serie de recursos y bondades como creo que todos, como poder tener un elenco internacional, un público internacional para el teatro, que era absolutamente imposible antes de la pandemia aunque se llame teatro, pero puedes difundir un espectáculo inclusive con actores que están en diferentes países.
En el fondo todos esperamos que esto se acabe con todo y sus bondades, que podamos regresar a los teatros, al convivio con el público, es una aspiración no tan secreta de todos los teatreros por más que le queramos ver su lado bueno.

Karina del Ángel. Docente del Centro de Bachillerato Tecnológico.
Mis chicos, en escuela pública del Estado de México, de economías muy variadas, no tienen todo el acceso que veíamos en los medios de comunicación, que se conectaban a sus clases muy bonito en Zoom, que tenían la accesibilidad para poder ver las clase con un maestro. Mis chicos no. Yo tenía grupos de 50 alumnos de los que 20 se conectaban y 30 no. Algunos me contestaban guías que yo hacía explícitamente para poder sufragar esos aprendizajes, pero había alumnos que de plano nunca supe de ellos, nunca tuve el modo de contactarlos y esas son las realidades de la educación que vivimos y de la que no siempre se habla.
Muchos de mis alumnos se conectaban con datos desde el celular y tenían que hacer rendir 50 pesos por semana, tener que priorizar a qué clases podían entrar. Yo no definiría la pandemia como blanco y negro, sino que había una tonalidad de grises. Vemos las plataformas digitales como panacea del aprendizaje, pero no lo es.
Sí hace falta la educación presencial, eso hay que admitirlo, porque hay chicos con mucho rezago que viven con mucha violencia en su casa, que no tienen las necesidades básicas cubiertas para poder aprender.
Sí deja muchas incertidumbres la pandemia, muchos vacíos por la cuestión educativa. La verdad es que las autoridades dejaron mucho al aire. En estos 15 días en los que se dispuso el regreso a las aulas, muchos supervisores callaron, la única indicación fue tienen que regresar y “organícense como puedan”, dijeron. Llegaron cinco litros de gel para toda una escuela, para una población de 500 alumnos, junto con un formulario de “¿Necesita usted algo más?”, 10 litros de jerga, cinco escobas y unos dispensadores de jabón. Es todo lo que ha llegado, no hay recursos.
Hago un llamamiento al gobierno: daría más certidumbre vacunar a los jóvenes, ya hay vacunas para los chicos de 12 a 17 años y no se está considerando. Eso ayudaría más en esta transición a la normalidad y los menores de 12 años deberían seguirse resguardando en casa.

Nayeli Correa Santana, estudiante de Comunicación (UACM).
La pandemia nos ha afectado de muchas maneras. Yo como estudiante y madre de dos pequeñitos, sí fue por una parte muy bueno porque al estar en esta virtualidad, estudiando desde casa y pudiendo atender las cuestiones personales, me facilitó bastante llevar a cabo mis proyectos escolares. La pandemia nos vino a enseñar nuevas formas de relacionarnos con las demás personas, incluso dentro de nuestra familia, nuevas formas de organización y de comunicación entre nosotros. Es ese matiz de grises de que, sí está bien que estemos desde casa, que podamos ahorrarnos todo ese tiempo en el tránsito y no perderme muchas cosas del desarrollo de mis hijos, de su aprendizaje, poder pasar más tiempo con mi hija más pequeña, con mi familia y enfocarme en mis estudios. Creo que esta virtualidad fue buena, fue también un poco necesaria para podernos enseñar otra parte, la contraparte del uso de los medios de comunicación, de estas herramientas como el internet y todas estas plataformas para estudiar y comunicarnos, para trabajar y darle un buen uso a esas tecnologías que nos están llegando.
Pero ya necesitamos convivir, necesitamos salir. Sin embargo, las condiciones yo tampoco creo que sean las adecuadas en el momento en que se sitúa México en la pandemia; no creo que sea conveniente regresar a clases de forma presencial, pero sí es muy necesario, tanto para los pequeñitos que están aburridos de estar en casa, ya no saben a dónde refugiarse porque también ellos lo sufren bastante.

Ayub Stephan, astrólogo y tarotista.
Estoy realmente agradecido con la pandemia porque pude conectar con la mayoría de la gente sin ninguna barrera y me sigue impresionando cómo, a nivel mental, puedo decirle a una persona lo que esta viviendo, lo que esta sintiendo, cuál es su miedo, cuál es su temor y todo eso fue gracias a la columna en Diarios de Covid-19 que titulé “Mirada Astral”, la cual a lo largo de todo un año me mantuvo en un estado mental activo, de colaboración, de disciplina que se va fortaleciendo cada quincena con el artículo que vas presentando. Ha sido todo un descubrimiento y un reto.
Lamento mucho la parte triste del asunto de la pandemia en el sentido de los decesos, de todas las molestias que la enfermedad ha traído a cada persona que ya lo ha padecido.
En sentido astrológico vemos que esto ha sido límite. Las pandemias siempre han estado asociadas astrológicamente a la trayectoria de tres planetas en conjunción: Júpiter, Plutón y Saturno. Este proceso terminó en febrero pasado, quizás esa fue una de las razones para decir “la tarea está hecha” y suspendí mis colaboraciones en el blog.
Hemos tenido reincidencias con la pandemia, se habla de tercera, de cuarta ola de contagios. También apena mucho el tema de constatar que los países han tomado muy diversas decisiones respecto de la pandemia que no sé qué tan benéficas sea en el futuro. Pero mientras no haya una organización y una integración mundial, no vamos a poder realmente ver el final de esto de una manera óptima. Yo espero que próximamente estemos trabajando todos sobre la conciencia que nos ha traído esta enfermedad.

Clara Mercedes Arango. Poeta, cuentista y crítica literaria. Coordinadora de la Decanatura Cultural y Docente en la Universidad Externado de Colombia, a cargo del proyecto “Un libro por centavos”.
Estos meses de encierro nos dejan algo novedoso y algo terriblemente importante: ni la pandemia impidió que dejáramos publicar poesía. Antes de la crisis sanitaria, publicábamos cada mes un libro con tirajes de hasta 10 000 ejemplares y lo único que ocurrió fue que nos quedamos con libros en stock, lo que no nos pasó en 18 años del proyecto. Los libros siempre se distribuían, llegaban a muchos lugares de Colombia en forma gratuita, pero con la pandemia quedaron guardados.
También publicamos la antología En el fondo de nuestros mares íntimos, con la recopilación de 37 poetas publicados en la colección.
Me tocó aprender a manejar la cuestión tecnológica, aprender a manejar el Zom en cuestión de días, porque hacíamos lanzamientos de forma presencial y empezamos a hacerlos virtuales. Para mi asombro y mi alegría, estos encuentros fueron más multitudinarios a nivel virtual que presencial, porque la cuestión poética siempre hace que las personas tengan un poco de reticencia a la poesía e incluso nuestras presentaciones a veces eran de diez personas y en esta ocasión eran decenas.
A nivel virtual tenía gente de México, de Nicaragua, de Australia e incluso muchos de los poetas, no los conocía.
Con la pandemia también la poesía empezó a florecer, empezó a haber muchos encuentros virtuales de poesía; poetas que nunca habían hecho una presentación y nadie los conocía, que vivían en el extranjero han hecho muchos contactos y se han hecho más populares. Eso me da mucha alegría.

Amarela Varela. Profesora e investigadora (UACM).
La pandemia es una crisis más de la estructural larga noche que habitamos y creo que la palabra es una estrategia para seguir cuerdas, para celebrar la vida y habitar una vida que se pueda vivir y celebrar aunque a veces se te traba.
Creo que hemos aprendido mucho para la vida, pero va a haber un rezago educativo muy complejo y hay unos niveles de deserción escolar que ni en la época de la Revolución Mexicana ni en sociedades posteriores a la Segunda Guerra Mundial se registraron. Estamos ante otra crisis civilizatoria, pero ya no me gusta usar esas palabras porque vivimos en crisis permanente y esta es estructural a causa del neoliberalismo. Yo creo que el síntoma es el covid, pero orgánicamente es el neoliberalismo.
Nosotros le llamamos “epidemiología popular” a las prácticas de abrazarnos las unas a las otras y reinventar la educación, con datos de banda ancha chafísimas, con celulares que heredaron de cuatro usos diferentes, con estudiantes trabajando de repartidores sin seguridad social y arriesgando la vida, entrando a estudiar cómo hacer la sintaxis de una buena nota una noche a la semana, con las mamás de los estudiantes atendiendo a sus hijas e hijos al mismo tiempo, haciendo escuela en casa mientras estudian su propia universidad. Nuestra herramienta es la palabra y nuestra praxis cotidiana es traducir esa epidemiología popular que nos hace seguir aquí.
Creo que en el tema de la educación ha sido evidente que no hay un “querer-hacer” y creo que también las comunidades académicas, ya sea de la escuela primaria, preescolar, de un bachillerato, de la universidad, de un instituto de investigación, hemos demostrado que nos tenemos los unos a los otros, las unas a las otras, y somos capaces de imaginar sobre la marcha estrategias para seguir con vida y hacer de la vida una vida cotidiana que se pueda celebrar, y nuestra manera de cooperar para esa fiesta es la palabra.

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Publicado por adrianaesthela

Reportera

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