Adiós, Tamara

Foto. Especial/Facebook de Tamara

En solo tres palabras puede caber una de las más dolorosas despedidas: “Murió Tamara Kamenszain”. Y continuar la herida: “No puede ser. No puede ser. Qué tristeza”.

Con este mensaje, que publicó en su cuenta de Twitter, la editorial argentina Eterna Cadencia reportó la muerte de una de las más destacadas escritoras argentinas contemporáneas. El miércoles 28 de julio de 2021, Tamara murió de cáncer a los 74 años de edad.

El sello editorial fue con el que Tamara debutó en la literatura, con El Libro de Tamar, en 2018. Después, su carrera quedó marcada con su oficio de poeta, narradora, ensayista, periodista, docente y gestora cultural.

Recibió premios como el Konex de Platino, la Medalla de Honor Pablo Neruda y el Premio José Lezama Lima de Cuba.  Pero, sin duda, el mayor reconocimiento ha sido el de sus lectoras y lectores, que la siguieron a lo largo de más de diez publicaciones, entre ellas, su reciente obra Chicas en tiempos suspendidos, una combinación de poema-ensayo dedicada a la mexicana Margo Glantz, que fue escrito durante el confinamiento provocado por la pandemia.

“Primero sufro, no puedo no pasar por eso. Por ahí con los años menos, al principio era un horror, pero siempre sufro al empezar”, le contó en entrevista a Valeria Tentoni, en 2018, acerca de su oficio de escribir. “Primero hay que saber sufrir, diría el tango. No puedo, no voy a encontrar el modo, esto ya está escrito, esto es muy personal… Pero una vez que ya acepté, que ya arremetí, bueno, que sea lo que dios quiera. Y cuando me empiezo a divertir me doy cuenta de que el lector se puede llegar a divertir también”, puntualizó.

Como una forma de despedirla, desde la redacción mostramos algunos de los poemas que marcaron esta pluma que siempre, como la de las y los poetas, hará falta.

Adiós, Tamara.

Poetisa es una palabra dulce
que dejamos de lado porque nos avergonzaba
y sin embargo y sin embargo
ahora vuelve en un pañuelo
que nuestras antepasadas se ataron
a la garganta de sus líricas roncas.

Si él me llama le dices que he salido
había pedido Alfonsina mientras se suicidaba
y eso nos dio miedo.

Mejor poetas que poetisas
acordamos entonces entre nosotras
para asegurarnos aunque sea un lugarcito
en los anhelados bajofondos del canon.

Y sin embargo y sin embargo
otra vez nos quedamos afuera:
no sabíamos que los poetas
gustan de volverse vates
mientras a las chicas en lenguaje inclusivo
la palabra vata no nos suena
porque las mujeres no escribimos
para convencer a nadie.

Por eso la poetisa que todas llevamos adentro
busca salir del clóset ahora mismo
hacia un destino nuevo que ya estaba escrito
y que al borde de su propia historia revisitada
nunca se cansó de esperarnos.

Quisimos llamarnos como ellos:
por el apellido.
Rosenberg, Moreno, Bellessi, Gruss
y sin embargo y sin embargo
viene llegando la hora de los nombres
las uruguayas siempre tuvieron
nombre. Juana, Idea, Circe, Amanda.
Delmira, la primera divorciada del Uruguay.
Delmira, la primera víctima de femicidio.

Es claro que lo que empezó como poesía
tuvo que terminar como novela}
porque Delmira ya se había divorciado
pero tenía cita con su ex marido}
en una pensión de barrio
donde él la estaba esperando
con un revólver cajoneado en la mesa de luz.

“Él se suicidó sobre el pecho sangrante de la amada”
tituló El Día de Montevideo evitando hablar de ella.
Entre la metáfora modernista de un pecho sangrante
y la palabra femicidio que no existía
Delmira se las ingenió para hacer y deshacer con
[la lengua
lo que le quedaba por decir.

Extraño amado de mi musa extraña,
le había escrito ella a ese muso
que escarmentó el verso
hasta hacerlo sangrar
debajo de la alfombra de la retórica
para evitar el escándalo.

***************************

¿Ya hablé de la muerte?
murió mi hermano
murieron mis padres
murió el padre de mis hijos
tantos amigos murieron
y dije y digo que no están más.
¿Eso es hablar de la muerte?
Dejé anotado que se fueron
les dediqué libros los nombré
por sus nombres me anoticié
de que nadie me contestaba.
¿Eso es hablar de la muerte?
Ensayé todo lo que pude
insistí con estribillos ajenos
“debajo estoy yo” “debajo estoy yo”
pero Pizarnik ya había nacido
enterrada Alejandra Alejandra
se hizo llamar desde chica
y eso sí que es hablar de la muerte.
Yo solamente la cito
porque nací en una generación
y eso no es hablar de la muerte
si el cuerpo camina solo
plegarse con otros al paso del tiempo
es un deporte literario:
“La muerte y la vida estaban
En un cuaderno a rayas”.

Publicado por adrianaesthela

Reportera

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