Estado de excepción. De la peste en COVID

Adolfo Castañón*

“Como moscas los muertos se acostaban en los caminos y en sus casas…” Adolfo Castañón. Foto: Marie Boissonnet

Las cinco letras de esta palabra
me parecían arraigadas a épocas pretéritas
-la antigüedad, la Edad Media, el Renacimiento.
De pronto, la pandemia creciente del COVID 19
se apoderó del mundo  y de la imaginación, 
de la lengua, de las ciudades y países
Todo cayó bajo su imperio 
y en prenda de esa caída
fueron rindiendo su alma
personas conocidas y no tan conocidas
de una en una, hermanas, hijos,
padres, amigos… Pocos sobrevivientes
Con el COVID despertó el miedo, la sospecha
y empezó en sordina una deflagración silenciosa
e inquietante… Despertó la sospecha
y la humanidad empezó a enmascararse
a ponerse cubre-bocas,  a necesitar oxígeno.
Como moscas los muertos se acostaban
en los caminos y en sus casas.
A la primera oleada
siguieron la segunda y la tercera
La marea infecciosa empezó su ascenso y descenso,
su creciente y su Raz de marea
-para evocar el título de un poeta

A las mareas las acompañaron
las variedades de la enfermedad,
la Delta y la Gama,
la asiática y la australiana… y las demás mutantes
y las campañas de vacunación
el orgullo de la primera dosis
y de la segunda… 
el oscuro temor de que a pesar
de la inmunización eran posibles los contagios
la muerte
Las agencias funerarias 
no se daban abasto
los hospitales tampoco
y empezó el juego perverso
de los semáforos 
que si verde, que si naranja
que si rojo
la baraja de los calendarios escolares
COVID secuestró la presencia
Todo se volvió virtual
y la vida rutinaria quedó 
como un sueño pasado

Orgullosos y salvos 
quedaron los vacunados
con Pfeizer, con AstraZeneca,
con quién sabe qué otras
inmunizaciones
Para viajar fue necesario
ostentar el certificado de vacunación
y las constancias de las pruebas
de PCR que daban fe de que habías salido negativo
La gente empezó a escribir poemas y cuentos sobre el tema
Los políticos empezaron a medir su popularidad 
en función del número de contagios  a los que habían sobrevivido
La guerra desplazó sus ejes y se enderezó hacia la guerra de las cifras
A la pandemia física, siguió una pandemiósfera y sus lenguajes 
de pasaportes sanitarios… Las falsas polémicas de si COVID
es o no voz femenina 
De la misma manera en que no se sabe realmente cuántos habitantes 
de un país desaparecen por causas violentas, de esa misma manera
tampoco se sabe cuántos han desaparecido por causa del COVID
Ni cuántas vacunas falsas ni cuántos médicos ni cuántos enfermeros
caídos
El COVID empezó a ser otra cara de lo abscóndito e incognoscible
Ni siquiera los contagiados y sobrevivientes sabían qué había pasado
y para consolarse empezaron a escribir libros y poemas que exaltaban
su docta ignorancia… 
Gracias a COVID, cayeron las máscaras
y en los tapa-bocas se materializaron la censura y la autocensura…
mientras la gente se contagiaba y moría o no moría y no le quedaba
nada o si le quedaba algo como una sombra
un aliento de muerte pasada
un aliento de perdurable lazaritud…

21 julio de 2021

*Ensayista, poeta y traductor (México, 1952). Premio Nacional de Artes en el Campo de Literatura y Lingüística. Creador Emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA).

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