La compañía de Queen en la primera dosis de vacunación

Por Adriana Esthela Flores*

La voz en el Metrobús anunciando las próximas estaciones, los empujones para entrar no aptos de una pandemia pero, qué le vamos a hacer, las prisas, las ansiedades insalvables, la pregunta por orientación al eterno señor de los tacos de canasta para no tener que usar una vez más el guguel maps, los latidos de pecho cada vez más rápidos, todo, todo queda atrás apenas entro al salón del World Trade Center, en el sur de la Ciudad de México y la voz de Fredy Mercury empieza a acompañarme rumbo a mi primera dosis de vacunación contra el Covid-19.

Es miércoles 7 de julio, después de las ocho de la mañana. Para esa hora, en México ya habían sido aplicadas 48 499 324.00 dosis y 33 246 000.00 ya habían sido vacunadas. Pienso en datos mientras avanzo, junto a otras personas, entre la hilera de funcionarias y funcionarios con sus chalecos verdes que nos guían hacia el salón donde nos llegará la hora afortunada. Sí.

Hay mucho silencio entre quienes vamos por las vacunas, solo interrumpido por las órdenes amables que nos da el personal médico asignado a este centro en la alcaldía Benito Juárez. Me extraña la falta del ruido ensordecedor de los debates políticos, las alharacas, los montones de enfrentamientos verbales que estallan en redes sociales a la menor provocación, y que acá se han traducido en mirar a ver el teléfono o solo el acto mínimo de prestar atención, pues la fila avanza rápido y hay que avanzar en esta soledad acompañada por el canto del oriundo de Zanzíbar que no nos ha abandonado después de todos estos años y que sigue nuestros pasos con el “Killer queen”.

He keeps her Moet et Chandon / In her pretty cabinet / Let them eat cake, she says / Just like Marie Antoinet

-Credencial y formato en mano.

-Acá hay plumas y mesas para llenarla.

-Pase por este lado, acá le darán instrucciones.

-Avance, avance.

El alma ya experimentada en Covid-19 hace memoria y recuerda que, realmente, la emoción comenzó semanas antes, cuando el gobierno anunció que ya estaba abierto el registro para la vacunación de personas de 40 a 49 años. Las bromas no faltaron en memes y en los chats, especialmente en el de la generación de universidad donde hubo quienes compartieron, por ejemplo, que el único requisito a mostrar al llegar al sitio de vacunación era llevar la camiseta correspondiente de Nirvana, la del álbum glorioso del “Use Your Illusion I” de Gun’s N’ Roses o -esta sí era para profesionales- la portada de los diarios anunciando el asesinato de la reina del Tex-Mex. Después fue la espera hasta llegar al segundo sobresalto: el SMS del gobierno local anunciándote hora y lugar de la vacunación, y que descargaras el formato que sabe a gloria cuando lo tienes impreso y lleno, dispuesto a vencer la última batalla de la tramitología sanitaria. Y de pronto, ya estás ahí enfrente, en la hora y el lugar de la cita mirando una fila a la que muchas personas en el mundo no han tenido acceso por asuntos como el facaso del mecanismo Covax, cuyas buenas intenciones quedaron opacadas bajo la voracidad de los países ricos y premisas de mercado que la peor pandemia del siglo, con su dolorosa carga de muertes, no pudieron vencer.

Fue muy rápido. No sé ni cómo escuché todo. Podría afirmar que llegué flotando hasta la entrada del salón alfombrado e iluminado donde estaban ya dispuestas las enfermeras y doctoras, mesas, sillas y hieleras con las dosis. Recuerdo que entregué un número plastificado a una trabajadora de salud, pasé entre efectivos de la Marina y de pronto ya estaba sentada en una hilera de sillas, disciplinada, sin chistar, como todas y todos los demás que no hicimos mayor pregunta, estando todo tan organizado y claro.

Nos dispusieron en grupos y mientras el personal pasaba a un lado de nosotros con las primeras instrucciones, sonaron los acordes de “Under Pressure”.

-Bum bum ba ye / Bum bum ba ye / Bum bum bum ba be ye

-Por favor, todos entreguen su formato lleno  y firmado.

-Pressure / Pressure down on me / Pressure down on you / No man ask for

-Respiren, estas son las jeringas, nuevas. Sin usar.

-Under pressure / that burns a building down / Splits a family in two / Puts people on streets

-Acá están los envases que contienen las dosis.

-Um Bababe / Um bababe / Ba ba ya / That’s okay

-Descúbranse el brazo izquierdo, por favor.

-The terror of knowing what this world is about / Watching some good friends screaming / Let me out! / Pray tomorrow brings me higher / Pressure on people, people on streets

(De un lado, los marinos caminando de acá para allá. Adelante, una médica comenzó la vacunación, lo mismo en los lugares atrás de mí, ya pronto estaría yo. Palpitaciones, palpitaciones. Y entonces, llegó hasta mi brazo.)

-Buenos días, relaje el brazo, por favor.

La antesala al privilegio de la inmunización es una motita de algodón mojada en alcohol preparando el hombro izquierdo para un piquete con la dosis de AztraZeneca, la misma vacuna que empezó a aplicar desde marzo la Autoridad Nacional Palestina a la población de Gaza y Cisjordania; dos meses después, en junio, rechazó 1.4 millones de dosis a punto de caducar que el gobierno ocupante de Israel pretendía entregarle a cambio de obtener su lote de Pfizer, que llegará en septiembre.

El silencio tras la vacunación permite que uno de los temas emblemáticos de Queen se escuche más fuerte en el salón, donde las y los inmunizados nos hemos quedado callados mientras experimentamos el recorrido de la dosis en el cuerpo, en espera de algún efecto adverso inmediato.

Insanity laughs, under pressure we’re breaking / Can’t we give ourselves one more chance / Why can’t we give love that one more chance / Why can’t we give love? / Give love, give love, give love give love, give love, give love

Siempre siguiendo instrucciones, pasamos a otra hilera de sillas, esta vez más larga, a esperar otros minutos más. Alzando la voz, un trabajador de salud recomienda que prestemos atención a los efectos, no beber en alcohol en 48 horas y continuar con actividades cotidianas.

Algunas personas empiezan a hacer llamadas telefónicas para dar la buena noticia a sus familias, otras vuelven al mundo de las notificaciones de chats, una que otra saca un libro, una más -ahora sí- pregunta a una enfermera qué hacer porque sintió algo de náuseas tras la vacuna cuyo nombre proviene de la palabra griega “astron”, estrella.

Yo no presento ni ardor en el brazo ni síntoma alguno de malestar, pero en la noche se me agolparán fiebre, escalofríos y un dolor en el hombro como si me hubieran dado un golpe, que me impiden levantarlo durante varias horas. Guardo el formato de vacunación con la gravedad con la que se guarda un pasaporte para algún país nuevo y me preparo para salir al mundo de las prisas, las citas y las ansiedades insalvables, mientras me aferro al recuerdo de la última estrofa de la banda sonora de mi vacunación.

This is our last dance / This is our last dance /This is ourselves / Under pressure.

*Reportera y directora de Diarios de Covid-19, http://www.diariosdecovid19.com.mx / Facebook: Diarios de Covid-19.

Publicado por adrianaesthela

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