Memorias del Confinamiento – Segunda entrega

En esta ocasión, traemos dos nuevos textos incluidos en el libro Memoria del Confinamiento 2020, compilado por el equipo de escritores “Los Zarigüeyos”, de Monterrey, Nuevo León, que brinda un recorrido por ilustraciones, relatos, crónicas y poesía de diversos tonos, como los que se exponen a continuación.

Foto: Mercado en la Ciudad de México – Luis Barrón

Chely
Romualdo Gallegos

Permítanos informales
Que sin cubrevocas no podemos ofreserle cervisio.
Nos recibe un letrero a bocajarro en la tienda más
Famosa de la Buenos Aires.}
Güerita, ojo azul, delgadita herencia de Francia
Que nos dejó aquella guerra.
Chelita más larga que los picos anunciados por Gatel
Más astuta que un joyero judío
Te hacía las cuentas en una libreta que no le
cabía una suma más y siempre te ganaba.
Si le descubrías la maniobra actuaba de tal forma que el
ladrón eras tú.
Hasta que entró en la tienda una inofensiva anciana
De 70 años morena, cubrebocas con salsa de tomate
Y lentes negros que no venían al caso.
Llenó su red de pan, queso, leche y verduras
Y antes de llegar a la caja de Chelita
sudaba y tosía diciendo me podría cobrar
porque dejé a mis nietas solas con mi hija
que es enfermera y tiene el virus y como no la quieren
atender
la tengo en cuarentena en la casa por eso vengo de carrera.
Doña Chelita retrajo las manos y por primera vez en su vida
Perdió una batalla financiera y dejó escapar a la mujer,
actriz desempleada que algo debió hacer para llevar comida a casa.


Ilustración: Devi Tinoco Parrales – Nicaragua

Quédate en casa
Aidé Cavazos González

¿Dónde andas, amor?,
la vida ya no es la misma sin tí,
es más difícil, sabes.
Juntos, tú y yo, nos sentíamos invencibles,
no había huracán que nos amedrentara, Ahora,
veo ríso crecidos por todos lados.
Me he vuelto vulnerable,
desconfiada, arisca, frágil.
Aún así, vamos pa’delante.
A pesar de una pandemia que amenaza nuestras vidas.
“Coronavirus”, le llaman, es viral,
“Quédate en casa”, recomiendan las autoridades.
Para mí, imposible.
Sin mi abastecedor, ¿cómo?
Les cumplo a medias,
mis hijos y yo debemos comer.
Tus palabras, tatuadas en mi mente.
me obligan a salir.
“Te encargo los muchachos”,
dijiste.
¿Dónde andas, amor?

Publicado por adrianaesthela

Reportera

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