El retorno del ciudadano

Por Yakov Rabkin*

Traducción: Irene Selser

“…lo saben, la sociedad no existe. Hay hombres y mujeres individuales y hay familias… la gente debe en primer lugar ocuparse de sí misma”. Margaret Thatcher, 1987.

Si este punto de vista, transformado en dogma, tuvo un impacto en nuestro mundo, la crisis actual de Covid-19 pone aún más en evidencia las palabras de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher (1979-1990), uno de los apóstoles de la privatización y el achicamiento del Estado. Ella predicó igualmente con el ejemplo e innumerables políticos la siguieron. El Estado retrocedió en la mayoría de los países occidentales y, algunos años después de que la también llamada Dama de Hierro pronunciara sus palabras, el dogma encontró conversos entusiastas en los antiguos países del bloque socialista en Europa. De uno y otro lado del demolido muro de Berlín, se asistió a transferencias masivas de riquezas del sector público al sector privado. Las reducciones de impuestos y las privatizaciones supusieron un debilitamiento considerable del Estado y de sus servicios. Algunas sociedades privadas disponen de un presupuesto más importante que numerosos Estados.

Cuando los incendios forestales se desencadenaron alrededor de Moscú durante el verano de 2020, causando miles de muertos por asfixia, algunos recordaron que un servicio forestal federal especializado había sido disuelto por el ex presidente Boris Yeltsin. Dicho servicio empleaba a 70.000 guardias forestales que identificaban y extinguían los incendios. En Estados Unidos, el equipo de seguridad sanitaria mundial y de biodefensa del personal del Consejo Nacional de Seguridad también fue disuelto por Donald Trump.

Contrariamente al dogma de Thatcher, las personas no pueden arreglárselas solas cuando el Covid-19 golpea

Pero el problema es más grave que las personalidades implicadas. En el pasado, el Estado protegía al ciudadano contra los abusos del sector privado. Es así que nació la legislación antitrust hace más de un siglo. Le siguieron el derecho al trabajo, la seguridad laboral y la protección de los consumidores. Estos derechos sociales, más fuertes en Europa, más débiles en Estados Unidos, fueron parte de la defensa del capitalismo en el contexto de la guerra fría (1947-1991) entre Washington y la entonces Unión Soviética (URSS). Cuando la URSS comenzó a marchitarse, poderosos intereses privados entendieron que ya no tenían necesidad de un “capitalismo con rostro humano”. Entonces, se lanzaron al desmantelamiento de los derechos sociales en los países capitalistas.

Uno de esos derechos es la salud. Un vistazo rápido al número de camas por habitante (https://data.oecd.org/healtheqt/hospital-beds.htm) revela cuatro cabezas principales: Japón, Corea del Sur, Rusia y Alemania. Italia es el número 25, España el 27, Estados Unidos el 31. Esto está en correlación ominosa con la dinámica de la pandemia actual. Los cuatro países punteros tienen no solamente más camas, sino que rápidamente reconocieron el peligro que se perfilaba y actuaron en consecuencia.  

Contrariamente al dogma de Thatcher, las personas no pueden arreglárselas solas cuando el Covid-19 golpea. Se vuelven hacia el Estado para protegerse contra la pandemia. Algunos Estados se han mostrado a la altura de la tarea, otros han fracasado claramente. Poco importa que el Estado sea democrático o autoritario, lo que cuenta es su capacidad de proteger a sus ciudadanos en caso de urgencia.

*Yakov Rabkin es doctor en Historia, escritor y profesor emérito de la Universidad de Montreal, Canadá.
Página web: www.yakovrabkin.ca/english

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