El camino del duelo

En esta nueva entrega para Diarios de Covid-19, Anel Facundo habla de la forma en que el duelo nos lleva a la tarea de sentarnos a escuchar y aceptar las emociones, la ansiedad, la incertidumbre, la culpa y la soledad; el duelo nos lleva a la tarea de cuestionarnos todo lo aprendido y lo que está por asimilarse.

Por Anel Facundo*

Foto: Luis Barrón

Cuando perdemos a alguien que amamos abrimos la puerta a la experiencia del dolor; el duelo implica reaprender del mundo que se ha desorganizado, entonces aprender en el duelo podrá resultar en un proceso de reconocimiento y de desarrollo de una nueva identidad en la vida o en un proceso donde todo se detiene y nada tiene sentido; vivir el duelo es como hablar un lenguaje que solo tú conoces.

Existen tipos de duelo que surgen a partir del cómo, dónde, cuándo y en qué momento de la vida las cosas dan un vuelco.

Cuando atravesamos el duelo con normalidad vamos avanzando en la crisis y los cambios de la vida hasta llegar al aprendizaje con una nueva forma de ver el mundo y sus cambios, pero si congelamos el dolor, si lo inhibimos no podremos avanzar en él.

Cuando el duelo se complica se presentan los pensamientos constantes de dolor, de buscar, añorar a tu ser amado, a preguntas que sin tener respuesta muestran una profunda sensación de soledad que dificulta el aceptar que a quien amas ha partido. Cuando el duelo se complica aparece la extremada dificultad de entender la vida y encontrarle sentido al mundo que se ha derrumbado, la extremada dificultad de entender el para siempre y el nunca.

Hay sucesos que pensamos que jamás nos ocurrirán, no imaginamos que dejaremos de ver a alguien de la noche a la mañana, no creemos en la posibilidad de ver morir a un hijo y de perderse uno mismo en el dolor, ni en la colisión de todos los recuerdos. Todo esto en lo que jamás pensamos ni hablamos, puede llevarnos a complicar nuestro dolor.

Vivir un duelo es un proceso natural, es una reacción emocional ante la separación abrupta de un ser querido y por más raro que parezca también es necesario, no podemos detener el proceso, no podemos negar su existencia, solo podemos experimentarlo a través de la sensibilidad, los recuerdos y las tareas que nos trae el duelo.

El duelo nos plantea la tarea de sentarnos a escuchar y aceptar las emociones, la ansiedad, la incertidumbre, la culpa y la soledad. El duelo nos lleva a la tarea de cuestionarnos todo lo aprendido y lo que está por asimilarse.

Y aunque en algún momento lleguemos a sentir que el dolor jamás desaparecerá, el duelo en cierto sentido se resuelve cuando la persona recupera el interés por la vida, cuando experimenta gratificación de nuevo, cuándo nos reinventamos.

*Psicóloga y Tanatóloga.

Publicado por adrianaesthela

Reportera

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