Relatos virales

Historias de una pandemia

             Ya salte de aquí

Laguna de Apoyo, Nicaragua. Fotografía: Claudia Lucía Tinoco

Por Esther Baradón Capón*

Un día, en plena pandemia, escuché la sirena de una ambulancia afuera del edificio donde vivo y por una inevitable curiosidad me asomé y vi a los paramédicos llevando en camilla a la señora Lucha, la vecina que vive enfrente de mi departamento.

La señora Lucha ha estado librando una batalla contra del cáncer, por lo que no me sorprendió que una ambulancia viniera a recogerla, pues seguro había tenido una recaída.

Además de la ambulancia, en los siguientes días, era inevitable enterarse cuando llegaban y llegaban tanques de oxígeno a su departamento. Pensé lo peor.

Un día, después de meses de no saber nada de ella, me la encontré en la panadería y me saludó muy alegre. La vi rejuvenecida, con su pelo largo.

Le pregunté por su estado de salud y me contó que a ella y a su esposo les había dado covid y empezó a relatarme por todo lo que habían pasado.

Que un día empezó a sentir que le faltaba el aire e hizo el pedido de un oxímetro a la farmacia. Cuando se midió el nivel de oxígeno vio que medía sesenta. El de su esposo setenta. Se alarmaron. Aunque ella se sentía peor.

Inmediatamente le hablaron a su hijo mayor quien en ese momento corrió a la casa de sus padres y al llegar pidió la ambulancia y le habló a un amigo que dirige un prestigiado hospital del ISSSTE, ya que son derechohabientes, quien hizo todos los trámites para que la recibieran ahí sin dilación.

Me contó que al subirla a la ambulancia la metieron como en una especie de túnel, algo que la impresionó mucho y de pronto se sintió desvanecer.

  Le asignaron un cuarto privado y el médico que la atendió le dijo que pidiera un celular prestado para que se despidiera de su familia porque todo indicaba que no pasaría de esa noche. Alguien se lo prestó, y entre llanto y sollozos se despidió de sus seres queridos.

El médico le avisó que la iban a intubar, a lo que ella se negó rotundamente, por lo que procedieron a conectarle sondas con los medicamentos, oxígeno con tubo y la recostaron bocabajo.

Desde ese momento en lo único que pensaba era en aferrase a la vida. Dijo que en varias ocasiones vio a la muerte, ahí, parada junto a su cama.

Permaneció hospitalizada casi un mes y la mayor parte del tiempo dormida. Como a las dos semanas soñó a su madre entrando como tromba a su cuarto y que enérgica le decía: “¿Tú que haces aquí en este hospital? Tu deber es estar con tu familia”, al tiempo que le arrancaba todos los tubos y las sondas, y, jalándola del pelo, se la llevó volando a su casa con su esposo e hijos. “Aquí se las traigo vivita y coleando, ya estuvo bueno de que los deje solos tanto tiempo”, les dijo.

Esa mañana despertó sintiéndose mucho mejor y los médicos y enfermeras, que días atrás la daban por muerta, se sorprendieron de su repentina mejoría.

A su esposo no le fue tan mal, pero sufrió varios días por la falta de oxígeno, que remediaron con los tanques que le traían a su casa a lo largo de dos semanas. Fue entonces cuando comprendí el porqué de la ambulancia y de los tanques.

Lucha me habló de la importancia de valorar la vida, de no enojarse o preocuparse por cualquier. Pero, sobre todo, darse cuenta de que la vida es muy corta.

*Amante de las artes, la música, la fotografía y el teatro, y aficionada a la escritura.

Twitter: @BaradonEsther FB: Esther Baradon

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