RELATOS VIRALES

El día que recibí la primera de dosis

Soren Lorenza, Ciudad de México. Del catálogo de la autora “Desde el estudio de mi abuelo”

Por Esther Baradón Capón*

Vivo en un barrio de la Ciudad de México con mucha tradición, el cual ya existía desde los tiempos de la Gran Tenochtitlán.

Contamos con mercados, recauderías, expendios de huevo, fondas, tortillerías. Podría nunca salir del barrio y no me faltaría nada.

Recaudería es una palabra que aprendí cuando llegué a vivir por acá y es el nombre que se le da al lugar donde una va a abastecerse del recaudo, principalmente frutas y verduras.

A la recaudería que está en la esquina de mi casa no deja ni un minuto de llegar gente, porque nos resuelve al instante cualquier necesidad, una cebolla, una ramita de epazote o el cilantro para el caldo.

La atienden los dueños, que son vecinos del lugar, por lo que conocen a la mayoría de los clientes: “Hola Juan Carlos. Hola Alma”, así inician las conversaciones mientras despachan.

Cuando empezaron los protocolos de la pandemia, como el uso de cubre bocas y la sana distancia, los propietarios no los respetaban y mucho menos los clientes, por lo que dejé de ir por un tiempo a surtirme con ellos.

Un día tuve que ir porque me urgía un poco de cilantro para la salsa y me di cuenta que ya usaban barbijos, además de que habían marcado el piso con señales en forma de equis para la sana distancia.

El hecho me alegró, porque realmente tienen una gran variedad de frutas y verduras si una llega temprano. Pero de todas maneras tanta gente me seguía poniendo nerviosa y no dejaba de sorprenderme que los propietarios no se hubieran contagiado de la covid, porque a pesar de que ya portaban cubre bocas, seguían conversando con los clientes a corta distancia.

Un día, parada en la fila sobre mi equis, escuché a Alma decir que recién se había contagiado. Ya no escuché más porque llegó mi turno e hice mi pedido.

Cuando llegué a casa y le conté a Raúl que Alma se contagió de Covid, le surgió la curiosidad por saber cómo había sucedido, porque le parecía obvio que hubiese sido en la recaudería, por el enorme riesgo al que están expuestos diariamente Juan Carlos y Alma.

Pero más tarde, cuando tuve que regresar a comprar algo, en uno de esos momentos raros en que Alma estaba desocupada, me acerqué y le dije que escuché que se había contagiado y empezó a contarme que un día amaneció con dolor de cabeza y fiebre muy alta, que corrió al centro de salud y le hicieron una prueba que salió positiva.

Por supuesto que su esposo y sus dos hijos también tuvieron que practicarse la prueba y la de ellos salió negativa.

Cuando le pregunté si pensaba que algún cliente la había contagiado, me respondió que estaba segura se había contagiado cuando fue a ponerse la primera dosis de la vacuna. Las molestias aparecieron tres días después de haberse vacunado.

A veces los lugares que nos parecen más propensos para el contagio, no lo son y los que consideramos más seguros son más susceptibles.

*Amante de las artes, la música, la fotografía y el teatro, y aficionada a la escritura.

Twitter: @BaradonEsther FB: Esther Baradon

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