Psicodelia y pandemia*

(un año después)

Andrea Mireille

Por Andrea Mireille*

Sobrevivir. Esa ha sido la palabra fundamental desde el año pasado. Si lees esto es porque has sobrevivido y no solo al virus —que a estas alturas ha transformado permanentemente vidas, estructuras familiares, laborales y sociales—, sino a todo lo que ha traído consigo: incertidumbre, temor, mayor precariedad e inestabilidad. Atrás quedaron las ganas de cantar desde balcones, crear podcasts y hornear pan compulsivamente, pero seguimos tratando de comprender la realidad en la que ahora vivimos y seguimos lidiando con la tremenda resaca que nos dejó la cuarentena.

Aún con medio rostro cubierto y con limitaciones en muchísimos ámbitos, la pandemia y el confinamiento no detuvieron la vida: hubo encuentros, desencuentros, reencuentros, pérdidas y ganancias de todo tipo. Con los psiquédelicos no fue distinto: la visión en torno a ellos continúa cambiado aceleradamente, así como los diversos estudios que avalan sus beneficios para la salud mental, especialmente en tiempos como estos.

Muestra de ello es el más reciente reporte del Journal of Psychedelic Studies, el cual señala que las personas con experiencia en consumo de psiquédelicos han demostrado mejor salud mental y resiliencia durante la pandemia.

Hace poco más de un año hice mi primer intento de microdosificación. En esa ocasión el proceso abarcó seis semanas y fue hecho con mayor precisión, me concentré en las mismas sustancias del año pasado: cannabis y psilocibina.

¿Qué es la microdosificación?

De acuerdo con el Comité Científico de los Riesgos Sanitarios y Medioambientales de la Unión Europea, se trata de una técnica que consiste en administrar dosis extremadamente bajas de una sustancia a fin de estudiar su comportamiento en el organismo. Aunque la cantidad es mínima, es lo bastante alta como para notar una respuesta. En el caso de los psiquédelicos, las tomas son de entre .1mg hasta .5mg.

Con esta información podemos concluir que los resultados del año pasado no fueron micro, de hecho, casi todos fueron más cercanos a una dosis de uso lúdico (10 mg aproximadamente), así que ajusté la dosis a .3mg y seguí puntualmente el protocolo de James Fadiman, psicólogo norteamericano que ha dedicado su vida a la investigación psicódelica. Creador del protocolo de microdosificación más usado, señala que se deben dejar pasar entre tres y cuatro días antes de realizar otra toma. De esta forma el proceso es gradual, con efectos acumulativos y sin los viajes que tuve, que si bien cortos, fueron bastante intensos.

Fadiman agrega que para iniciarse en las microdosis es importante seguir las mismas recomendaciones que establece la reducción de daños para el uso de cualquier psicoactivo: hay que conocer nuestro historial médico, tanto físico como mental. Las personas diagnosticadas con trastornos psicóticos como Esquizofrenia deben abstenerse; tampoco se recomiendan a las personas dentro del espectro autista, pues para percibir algún efecto “parecen requerir dosis que superan con creces lo que tradicionalmente se considera una microdosis”.

Si la persona está exenta de cualquiera de estos malestares debe empezar por la dosis más baja (.1). También se recomienda llevar un diario en el que se registren los cambios y beneficios experimentados.

Andrea Mireille

Mejor sueño, menos dolor: Cannabis Sativa. Extracto. 21CBD/14 THC cuatro gotas cada tercer día durante seis semanas

El año anterior hubo sensación de olas y caricias, además de la constante impresión de estar  en la pista de despegue, sin alcanzar el viaje. Esto ya no ocurrió,  a pesar de que esta vez tomé una gota más, no tuve ningún efecto psicoactivo antes de dormir. Lo que resultó muy evidente fue la eficacia de las tomas constantes: el sueño llegaba sin la maraña de pensamientos que suelo tener antes de dormir. A la mañana siguiente despertaba de un descanso profundo, con menos dolor por hacer ejercicio y por la mala postura al escribir. Recuerdo haber soñado en más de una ocasión, pero me fue imposible recordar qué.

Meterme a la cama tras hacer la toma me daba una sensación de relajación y bienestar. Sin embargo, dado que las dosis son muy bajas no pude registrar mayores efectos, tampoco hubo sensaciones espectaculares. No obstante, un sueño profundo y menos dolor no están nada mal.

Psilocibina .3mg cada tercer día durante seis semanas

Los efectos de esta sustancia fueron más evidentes: a principios de junio entré a un nuevo proyecto periodístico, estaba haciendo cosas nuevas y me sentía bastante bien. El proyecto se interrumpió de un día para otro, sin mayores explicaciones. No lo noté al principio pero, aunque la noticia fue desagradable simplemente la acepté, algo que no es usual en mí.

Andrea Mireille

Aun después tantos años de moverme en una profesión sumamente inestable, una preocupación excesiva me invade cada que algo así ocurre. Esta vez no fue el caso, tampoco me la pasé rumiando lo ocurrido ni estuve consumida por el miedo y la incertidumbre, algo que he sentido muchas veces hasta el punto de llegar a ser paralizante.

Cada día me levantaba y simplemente buscaba trabajo en vez de preguntarme constantemente si había mandado el archivo correcto, si había redactado bien el correo o si iban a llamarme; después hacía otras tareas y simplemente dejaba de pensar en ello.

Todo lo anterior es una larga forma de decir que el ruido mental se redujo, la ansiedad que usualmente me devora cuando alguna situación estresante ocurre se redujo hasta prácticamente desaparecer. También experimenté mayores niveles de calma y energía.

Todos esos beneficios se hicieron muy evidentes un día en que las fuertes lluvias causaron una inundación cerca del Metrobús Buenavista: los claxonazos no paraban de sonar por todos lados, nos bajaron del autobús, había gente corriendo y empujándose. Lejos de enojarme, simplemente caminé con los pies totalmente mojados a otra estación un par de calles más adelante. La situación no me afectó ni me puso de malas, algo que no podría haber sido posible sin las tomas.

Por esos días se me presentó un trabajo urgente, pude escribirlo con fluidez y tolerando mejor lo que trae consigo: estrés, cansancio, comidas fuera del horario, cambios de rutina, etcétera.

En general una sensación de ligereza se hizo presente. Lo cotidiano, que a veces me resulta tan aplastante y angustiante, así como los corajes por objetos fuera de su lugar, el interminable trabajo doméstico y el ruido de la pandemia dejaron de afectarme.

Dosis de realidad

Poco antes de finalizar las seis semanas tuve que interrumpir el proceso debido a que fui a vacunarme. Aunque no hay reportes detallados al respecto decidí dejar de tomarlas. Ese lapso coincidió con el premenstrual, que me provocó una niebla mental, agotamiento y apatía más fuertes de lo usual. Retomé 10 días después, pero debido a que solo faltaban dos tomas el efecto fue imperceptible, lo cual demuestra que la microdosificación no es una cura mágica ni puede resolverlo todo, requiere paciencia, disciplina y constancia, elementos que he querido saltarme más de una vez en la vida solo para estrellarme contra la realidad: no hay atajos y los psiquédelicos no son la excepción. Todo tiene su proceso haya o no sustancias de por medio.

Esta no es la primeria pandemia y seguramente tampoco la última; en tanto, seguimos preguntándonos si lo que llamábamos normalidad aún existe o si alguna vez existió. Al igual que este brote, los psiquédelicos han sido otra forma de conocernos, quizás de eso se trata todo: de recordar quiénes somos e intentar adaptarnos.

¿Qué nos depara la pandemia?, ¿qué sigue para los psiquédelicos? Solo hay una forma de saberlo, persistir e ir hacia adelante en el viaje más extraño y alucinante de todos: la vida.

*Este texto es con fines informativos y no condona ni pretende incentivar el uso de ninguna sustancia psicoactiva.

*Periodista mexicana independiente, coautora del libro Ayotzinapa: La travesía de las tortugas, colaboradora de Diarios de Covid-19 y de otros medios digitales e impresos entre ellos Malvestida, Milenio, Publimetro, Opera Mundi, Sin Embargo MX, Vocero, Mosca, S1ngular, SoHo México y Crash.

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