Conviviendo con el enemigo

Por Amellali Velázquez Rabadán

Imagen de chenspec en Pixabay

“Admítelo, sin la llegada del Covid no serías la versión de ti que eres ahora.”

Mentiría si dijera que recuerdo con exactitud el último día en que asistí presencialmente a la escuela, solo se que fue en marzo del 2020. La verdad es que no me culpo por no recordarlo, yo al igual que muchos otros estudiantes pensamos que solo serían exactamente dos semanas y que regresaríamos. Quién diría que esas dos semanas se convertirían en un año que me marcó de muchas maneras.

Las dos primeras semanas las tomé como si fueran vacaciones, luego de eso experimenté el primer cambio en mi vida: tomar clases en línea. Aunque cursaba el segundo semestre y estaba a mitad de este, utilizar por primera vez la plataforma de Classroom no me supuso un problema, es fácil de entender, me gusta mucho el diseño y como se trabaja en ella. Esos primeros meses cumplí responsablemente mi cuarentena e inclusive invitaba a mis amigos y conocidos a hacer lo mismo, pero como muchos, la mayoría no creía en esta enfermedad que es el Covid-19. ¿Los culpé? No, yo tampoco creería en algo que no he visto u experimentado, pero el hecho de que no lo haya experimentado tampoco asegura que no exista y entre si es o no es, mejor tomar precaución, ¿o no?

Durante las vacaciones de julio-agosto a nivel familiar viví una disputa que terminó separado aún más a mi familia, lo que provocó un cambio en mi salud mental, sumado al estrés y la ansiedad que ya sufría. Me separé incluso más de amigos con los que llevaba años conociéndonos, aislándome mucho más. ¿El colmo? Pasar mi cumpleaños número 19 en cama. Es trágico, ¿no?

Al iniciar mi tercer semestre fue otro reto nuevo, pues empezamos con las videollamadas para las clases. Al principio me parecía incluso mejor que las clases presenciales, pero con el paso del tiempo me arrepentí de haberlo creído. Al estar prácticamente encerrada en casa, únicamente entraba a clases, hacía tareas, deberes y miraba alguna serie o película. Mis días se volvieron monótonos, pero me acostumbré rápidamente.

Afortunadamente en mi familia solo hubo un caso de Covid y mi prima ya está totalmente recuperada, mis familiares mayores vacunados y otros a la espera. En cuestión académica curso el cuarto semestre de bachillerato al momento y me siento exhausta mentalmente, no creo exagerar al decir que tras un año conviviendo con el enemigo él está ganando. Cada día creo que me siento peor mentalmente y físicamente las clases en línea me funcionan y a la vez no.

Hablo por mí al decir que mi preocupación más grande es entregar y no aprender, ya que no creo que mis verdaderos conocimientos sean los evaluados si no qué tanto entrego bien o mal. Me asusta pasar toda mi preparatoria desde casa y que a pesar de haberse cumplido un año el vivir en esta situación se extienda más.

Pero venga que no solo me han sucedido cosas “malas”. También he descubierto un nuevo lado de mí, mi manera de pensar y posiciones han cambiado en comparación del año pasado, he descubierto nuevos intereses y madurado un porcentaje. Al menos para mí, la llegada del coronavirus es un obstáculo que a pesar de ponerme muchas trabas en el camino he ido ganando y lo superaré para poder ser una mejor versión de mí.

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