Masiva jornada de vacunación en Iztapalapa

En la alcaldía más grande la Ciudad de México, casi 300.000 adultos mayores empezaron a ser vacunados en abril como en el resto de la capital mexicana. Según uno de los vecinos, José Miguel Correa, que recibió la primera dosis de la vacuna rusa Sputnik-V, “la atención dentro del lugar fue muy buena”.

La espera en el centro de vacunación acondicionado en la Unidad Habitacional El Vergel

Texto y fotos Nayeli Correa*

Al igual que en el resto de la Ciudad de México, también en la alcaldía Iztapalapa, la más poblada, tuvieron lugar las jornadas de vacunación contra el Covid-19 para un total de 285.263 adultos mayores a partir del 2 de abril. La vacuna que les tocó fue la de origen ruso Sputnik-V. Las sedes de esta demarcación, ubicada en el oriente de la capital, lucieron saturadas como en la Unidad Habitacional El Vergel, mejor conocida como “Sedena”, a la acudieron los vecinos, entre ellos el señor José Miguel Correa. Como comerciante de zapatos, nos contó que la pandemia no le permitió acudir a su negocio que se encuentra al interior del mercado Los Ángeles, en la colonia del mismo nombre. No obstante, para don José no es una opción no trabajar, pues sino no tendría qué comer. Por eso cada vez que puede toma trabajos de albañilería, plomería, hojalatería y mecánica, oficios que ha ido aprendiendo con los años y que hoy le han permitidos sobrevivir en esta emergencia sanitaria.

Don José, de 61 años, acudió a la sede asignada el viernes 2 de abril. La mañana era nublada y fresca. Pese a su delgadez su figura se veía fuerte. De estatura promedio, la tez blanca, ojos café oscuro, el cabello corto, lacio y canoso, acudió a la sede 20 minutos antes de la hora asignada en su cita a través de Internet. Estaba acompañado de su hija menor y de su nieta más pequeña. Ahí se encontró con una fila kilométrica, pero confió en la asignación de folios. Preguntó a los voluntarios que ayudaban en la organización cómo estaba el asunto. Estos le indicaron que debía formarse para pasar y ser atendido, lo que causó un poco de incomodidad pues en la fila habían personas sin registro previo según supo.

Masiva afluencia desde la primera hora

En opinión de don José no se respetaron indicaciones, tanto de citas como de personas que llegaban por su vacuna en días que de acuerdo con el esquema que el gobierno proporcionó no les correspondía.  

El tiempo transcurrió en la Unidad Habitacional Militar  “Sedena”, hogar de militares en servicio. La sede del puesto de vacunación era un edificio bastante amplio y con mucha vigilancia en su interior, más que en los alrededores. La fila avanzó lentamente pero de manera constante. Algunos familiares llevaban sillas para sus adultos mayores, otros apresurados llevaban agua para mitigar el calor que comenzaba a sentirse, pues llegaba ya el mediodía. Otros tantos llevaban sombrilla y lentes de sol; los “abuelitos” cargaban cada quien sus documentos en mano, listos para ser vacunados. Iban de muy buen humor, sonrientes pero ansiosos por pasar, algunos un poco cansados por la espera.

La mayoría de los acompañantes fotografiaban los alrededores para dar cuenta del evento sin precedentes que se estaba llevando a cabo; otros esperaban en el camellón ubicado enfrente del lugar o a un costado de la salida tras las vallas instaladas que permitían el paso de los “abuelitos”. Pero muy pocos aguardaban en la carpa designada exclusivamente para los acompañantes, sin importar el sol y el calor que comenzaba a sentirse. Otros más buscaban sombra bajo los pocos árboles del camellón y los alrededores, mientras saboreaban un raspadito para refrescarse. El puente peatonal ubicado frente a la “Sedena” era perfecto para tener una mejor visión sobre lo que dentro del inmueble sucedía. Ahí también, pacientes acompañantes permanecían a la espera.

Bajo la sombra, procurando protegerse del calor que también se hizo presente ese día

En punto de las 12:21 del mediodía don José ingresó al lugar, tranquilo y sereno como es él. Sus acompañantes esperaron pacientes los 45 minutos que por ahí escucharon decir de algún voluntario que tardaban en salir los abuelitos. Mientras tanto, buscaron un lugar adecuado para tomar asiento. Puntualmente se acercaron a las vallas instaladas a la salida del lugar, por donde los adultos mayores ya vacunados pasaban muy contentos, algunos aplaudían, otros levantaban la mano haciendo alusión a un triunfo. El tránsito vehicular excesivo en la zona no cesaba, muchos curiosos circulaban lento para alcanzar a ver lo que ocurría en el lugar, o porque de rato en rato permitían el paso a los acompañantes que cruzaban  la avenida para recoger a su familiar.

Y ahí permanecían, ansiosas, sobre todo la pequeña nieta de don José buscando entre todos esos rostros a su familiar, mirando el reloj una y otra vez. A la 1:05 pm lo reconoció de inmediato entre la multitud, ahí estaba, a lo lejos… Sí, era él, lo recibieron levantando la mano como diciendo “Hola” y caminaron para acercarse y poder preguntar.

—¿Cómo te fue? —le peguntó la hija menor.

—Todo estuvo bien, la atención es muy buena ahí dentro. Fue rápido, todo muy bien a diferencia de aquí afuera. Nos sentaron en grupos de diez personas y nos vacunaron rápido. Fueron muy amables, preguntaron a cada uno qué padecimiento tenían, pero… a mí no me preguntaron nada, no sé en qué se basan, o será que si te ven muy “cacaloteado” se acercan. Luego de vacunaros nos dieron un lunch, esperamos unos minutos y fue todo, nos sacaron, no duele —afirmó.

Él disimulaba muy bien su alegría, la satisfacción que ahora sentía pues ¡estaba vacunado! Y así como don José, la mayoría de los adultos mayores que iban saliendo se notaban contentos. Después de estar durante un año cuidándose del contagio, tener protección ante este virus letal era una realidad.

Al día siguiente los titulares fueron contundentes en contra de los habitantes de Iztapalapa por no respetar los protocolos para una vacunación organizada. Algún titular por ahí dictaba: “En Iztapalapa damos pena ajena”. En las páginas oficiales del gobierno le recordaron a la ciudadanía el esquema de vacunación. Las sedes lucían más vacías, tranquilas y ordenadas conforme los días seguían su curso. La meta se había cumplido: la alcaldía más grande había protegido a sus adultos mayores.

*Estudiante de Comunicación y Cultura en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

Facebook: /jiraffencs – Instagram: @naye_anye

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