La moda de la pandemia es el drama

“Sé por experiencia que el gran arte mexicano es el autoengaño.”

John Gray

Por Itzel Hernández García

Como un vago recuerdo, me viene a la mente que hace poco más de un año disfrutábamos las fiestas decembrinas. En ese entonces lo viví como una celebración más, nunca imaginé que nos estancaríamos en un confinamiento que meses después sin fin se veía.

En los primeros días de encierro, aún me resuena en la menta esos irónicos, egoístas o absurdos comentarios : “es una mentira más del gobierno”, “no tengo por qué hacer lo que los demás quieren”, y comentarios similares escuché todo el tiempo de muy peculiares personajes de Huehuetoca. Esas voces estaban en todo lugar: el supermercado, el tianguis, las tiendas e incluso en las puertas de mi propia casa.

A mí me causaba desagrado escuchar a gente expresarse negativamente, a diferencia de las personas que sí tomaron con seriedad la pandemia y se resguardaron. Pero, ¿podía opinar? Ante la sociedad era una adolescente más que no sabe tomar decisiones propias… o al menos eso es lo que piensan los adultos. Aunque también observé al paso del tiempo que esos adultos que tanto nos critican a los adolescentes, tampoco estaban tomando las mejores decisiones.  Y después el tiempo lo demostró.

Un día en este año tan turbulento estaba sentada en la sala y decidí llamar a mi tía que vive en Veracruz. Mientras conversamos, le dije que me quería ir a su casa porque en casa no había nadie en el día porque mis papás trabajaban, no contaba con los recursos para estudiar en línea y sobre todo, porque en esos primeros días tenía un miedo intenso al virus desconocido.

Empaqué y un sábado viajé a Veracruz, estuve con mi tía, mis abuelos y mi hermana. Pasaron algunos meses y algunas veces venía con mi tía a la Ciudad de México de ¿compras?

Cuando me tocó volver a la zona urbana noté que las voces eran de lamentos por pérdidas de seres queridos, funerales e incluso me tocó ver muchos moños negros en las casas.

A pesar de que no eran mis pérdidas y ni siquiera conocía a la gente me dolía mucho ese sufrimiento. Aunque rápidamente mi sentimiento se convertía en rabia, pues a pesar de las muertes, mucha gente seguía inconsciente de que deberíamos protegernos. Me daba rabia escuchar a la gente hacer drama porque se les solicitaba en los lugares públicos seguir protocolos de salud, como portar cubre bocas o tomar sana distancia…

Con el tiempo comprendí que no podemos evitar el sufrimiento que ha dejado este terrible virus, y tampoco podemos estar sufriendo todos, que es necesario que otras personas también disfruten de la vida, porque ante esta situación actual lo que hace falta es esperanza. Ojalá después de todo este año de tantos acontecimientos ante un enemigo invisible, como sociedad veamos que no es malo reír, pero que debemos tener empatía hacia los demás y que esto no ha terminado y necesitamos seguir tomando las medidas necesarias para conservar lo más valioso, que es nuestra salud.

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