El Covid-19 en mi vida

Por Anayeli Rojas Hernández 

 “En la vida hay tiempo para todo, menos para rendirse.”

Mi historia

Soy Anayeli y esta es mi historia. Desde que empezó la contingencia por la  pandemia de Covid-19 mi historia empezó, las cosas cambiaron por completo,  mi vida personal fue volviéndose un caos, mi vida escolar que era buena, con calificaciones de 9 y 10, de pronto bajé a 7 y 8. Tampoco mi vida social era fácil de por sí y con esto de la pandemia, menos. 

Cuando empezó sabía que sería un poco difícil, pero no creí que tanto: mi vida personal nunca fue fácil, no de color rosa como la de todos. Pero cuando empezó esto de la pandemia fue peor. Todo fue un caos porque nos enfrentamos como familia a hacer cuentas, ver qué comeríamos, ver lo que piden los maestros, ver lo de la escuela, entre otras cosas. Se volvió un caos porque mi  mamá fue “descansada” de su trabajo por casi todo el año, hasta finales de diciembre entró a trabajar de nuevo.
Cuando ella no trabajaba tuvimos que buscar de todo, porque es una situación muy dura y más cuando no hay ni qué comer, ni dinero. En ese tiempo sufrí mucho porque todos en casa estaban estresados ante la situación, peleaban por todo y con todos. No sabía qué hacer, lloré mucho y siempre busqué a alguien con quien poder desahogarme, pero era imposible porque no podíamos salir ni nada. Entonces todo ese dolor, miedo, enojo y coraje era como un nudo en mi garganta que sin pensarlo me lo tragaba; es decir, me guardaba y me guardo todo eso porque no quería ser una carga con mis problemas.

Mientras mi mamá no tuvo trabajo vivimos con los trabajos de herrería de mi papá. Cuando finalmente mi mamá regresó a su trabajo todo fue mejorando poco a poco, no digo que estamos de lo mejor, no, pero tampoco de lo peor, como antes.

No soy una persona muy sociable que digamos, me cuesta hacer amigos y más con el carácter que tengo, soy de un temperamento muy fuerte por lo que es complicado lidiar conmigo. Con la pandemia lo poco de vida social que tenía cayó a lo más profundo de mi ser. No tengo muchos amigos en quienes pueda confiar, se podría decir que solo tengo a Ángela. En la escuela cuando teníamos que hacer equipos era muy difícil para mí, porque  las personas no me soportan ni yo a ellas; entonces fue muy complicado. Pero en este año fui mejorando, a pesar del encierro ya hablo con más personas y puedo ayudarlas con lo que pueda y ellas a mí. Así que fue como un paso atrás y uno adelante en mi vida social.

Mi vida escolar ha dependido de mi amiga Ángela, porque desde que comenzó la pandemia pude contar con  ella. Me brindó su internet, ya que mi familia no cuenta con los suficientes recursos para tenerlo en casa. Ángela nos dio la contraseña de su internet para que lo usáramos mis hermanos y yo, y desde entonces entregamos los trabajos gracias a eso. A veces realizamos algunas recargas al teléfono para tener datos móviles. Pero casi siempre nos conectamos desde su internet y es muy difícil la situación, porque tenía que estar a pleno sol para poder ver las tareas y al mismo tiempo entregarlas. 

Cuando en la escuela nos notificaron que tendríamos clases en línea yo sabía que para mí sería imposible. No puedo estar desde las 7:00 am hasta las 2:00 pm del día afuera de la casa de Ángela para estar en todas las clases. Lo que hice fue avisar a los maestros y a la orientadora para ver qué se podía hacer. En este semestre los maestros comenzaron a poner un valor a la conexión a las clases, por lo que ese valor era descontado en mis calificaciones por no asistir. Me duele mucho ver que de tener promedios de 9 y 10 ahora son de 7 y 8. Me conformo con esas calificaciones porque no puedo reprobar, así que me consuelo con aprobar. Sé que es difícil, pero espero que pronto regresemos a clases y que esta vida que tuvimos como consecuencia de este virus acabe pronto. Sé que no fui la única estudiante que vivió todo esto de una manera complicada, sé que hay más y hasta con situaciones peores, pero no se den por  vencidos que pronto todo esto acabará.

Este confinamiento nos pegó duro a todos. A unos más y a otros menos, unos  sufrieron pérdidas, otros hambre, entre otras cosas. Tengo fe en que estamos pasando por lo último de esta historia dolorosa. A mis compañeros estudiantes les pido que no se den por vencidos porque yo no lo haré, no viví ni sufrí todo esto para rendirme al último, porque “al final del túnel siempre hay una luz” y todos la encontraremos pronto.

Esta es mi historia y como muchas otras espero que sirva para que los demás que están en la misma circunstancia que yo sepan que no fueron los únicos, fuimos muchos. Esta es solo una de muchas batallas que tendremos en la vida, asÍ que rendirse no es una opción.

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