POETAS EN CUARENTENA

“La casa” – Acuarela Adriana Bancalari / Argentina

Orfandad

Foto: Cortesía

Por MaryCarmen Castillo Porras*

Pero yo ya no soy yo

ni mi casa es ya mi casa.

Federico García Lorca

He desmantelado la casa de mis padres.
Una cosa llevó a otra y, no sé cómo,
me cayó en las manos el relojito que marca
el final de estas horas:

A las 6:30 mi mamá va a necesitar la urna más bonita, para su cremación.
A las 11 meten su ropa en bolsas negras
de basura.


A las 11:47 mi padre se arranca a sí mismo de un tirón de su querencia
y se lanza, en carne viva, al exilio.


A las 4 una carroza se lleva sus cuadros, los moldes de galletas,
las fotografías de infancia.
A las 6:30, alguien más la habitará.

La casa de mi niñez ha quedado vacía
-ésa, donde aprendí a leer y a soñar, a tener miedo y a bailar con las nubes-.

Me he tirado en el suelo, adormilada;
en mi memoria el roce del linóleo al andar descalza entibia las plantas de mis pies,
y siento
el olor de los buñuelos que reposan, aún crudos, en la mesa del comedor;
las manos de mi papá trenzadas con las cuerdas de su guitarra;
los libros -huidizos, susurrantes- apilados por toda la casa;
los sueños de adolescencia;
la oscuridad impregnada de advertencias y amenazas;
las muchas lágrimas…
marea baja e indolente que me lame la piel con sus escamas.

Nunca quise volver, pero siempre volvía;
de esa casa salí vestida de novia,
y no regresé sino cuando dejé de cantar
porque el anillo de bodas me estranguló la confianza.

Y así fui y vine,
de mi madre a mi jardín,
de mi vida a sus guisados,
de la voz de mi padre al camino que elegí;
ida y vuelta, vuelta y venida,
de su casa a la mía, de la ira a la alegría.

Y así montada en ese péndulo colosal
me lancé a recorrer tantos cielos como pude
amarrada prietamente con un lazo irrevocable al color
de los ojos de mi madre y a la tez morena de mi padre, convencida
de que el amor se desplegaría ante mí
lejos de la casa que me vio niña, segura
de su sólida permanencia.

Pero mi madre murió,
y ya no hay adonde volver.

Le he entregado las llaves a la nueva inquilina
(no mires atrás o te vuelves estatua de sal)
y un miedo fundamental se adelanta en mi pecho:
planea tirar una pared; construir un tapanco; vivir sus días en mi refugio…
mi refugio, que ni es mío ni podrá ya más acogerme
cuando pierda el rumbo o la pena se ensañe conmigo
y me desuelle.

Traigo mis raíces colgando, deshidratadas, desvividas,
sin tierra ni risas, ni conversaciones al atardecer donde guarecerse;
ya no más y ya no ahí,
porque he desmantelado la casa de mis padres.

*Escritora y especialista en semiótica, deconstrucción y enseñanza de la lengua española (Ciudad de México, 1973). Fundadora del Círculo de Poetas Auris donde ha desarrollado diversas técnicas de lectura de poesía en voz alta. Cuenta con diversas publicaciones, literarias y ensayísticas. Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas (UNAM) y master en Saberes sobre subjetividad y violencia (Colegio de Saberes). E-mailaurispoetas@yahoo.com.mx FB: https://www.facebook.com/profile.php?id=100009128733297

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