Cremaciones, la ruptura del ritual

Entrevista con Juan Salazar, especialista funerario

Foto: Facebook Diarios de Covid-19

Por Adriana Esthela Flores*

En los últimos días, México fue sorprendido con un dato que, si bien ya se esperaba, de todos modos significó un cubetazo de agua helada: el número de muertes por Covid-19 no era de 200 mil sino de más de 322 mil personas, 60% más alta que las cifras reportadas a diario por el gobierno federal y que significaron, a golpe de cifras, que el país es el segundo en el mundo con mayor mortalidad, solo después de Estados Unidos y superando a Brasil.

Este proceso causó un aumento considerable en la demanda de servicios funerarios, especialmente en el área de cremaciones, un sector en el que se ha especializado el asesor Juan Salazar.

Él también sobrevivió al virus, por lo que estuvo aislado cuarenta días. En entrevista con el programa sabatino “Las Sesiones” de Diarios de Covid-19 en Facebook Live, Salazar habló de la manera en que la pandemia impactó en su jornada laboral en Monterrey, Nuevo León, su lugar de residencia.

“Todo el año pasado fue cremación. Tuvimos que traer trajes con caretas, lentes, cubrebocas especiales para poder atenderlos y retirar (los cuerpos) de las clínicas…Y fue mucha alarma, mucha impotencia con los familiares porque querían inhumación o embalsarmarlo y no era posible”, explica.

Siendo el entierro uno de los rituales más importantes en México, las y los deudos de las personas fallecidas querían honrar a sus familiares con el velorio tradicional en la capilla o incluso embalsamarlo, lo cual estaba prohibido por las autoridades sanitarias.

“No era posible por los riesgos de querer tenerlo en la capilla un par de horas, cuatro horas y esa impotencia de parte de ellos golpeaba en nosotros, en nuestra mente y nuestro trabajo y nos lastimaba emocionalmente no poder otorgarles esa ayuda”, relata.

¿Cómo cambió la pandemia su jornada?

Fue un cambio radical, enorme… Antes, la velación se instalaba a las diez de la mañana y la gente estaba hasta las diez de la mañana del otro día; ahora, se retira a las ocho de la noche y se cierra la capilla hasta el siguiente día para evitar contagios. Se priva del ingreso a los niños y las personas de la tercera y se reduce la cantidad de personas dentro de la capilla. Fue un protocolo muy restringido en donde nos vimos mal al exigirles a las personas que no era posible…Y más que nada, no podía haber velación, tenía que ser directo al panteón y y esto es un golpe muy duro emocionalmente para la familia.

¿En cuánto aumentó su trabajo?

Fue un aumento del 90% o tal vez más. Normalmente, le decía, retiramos el cuerpo hoy y en 24 horas ya tenemos las cenizas y ahora no. Fueron necesarios hasta cuatro días completos para entregar las cenizas, porque el número de cuerpos fue elevado. Ya no podíamos garantizar ni uno ni dos sino de tres a cuatro días, muy prolongado por la saturación de fallecimientos a causa del covid.

¿Cómo hicieron para enfrentar esa saturación?

Pusimos un cuarto frío en nuestra empresa funeraria y de haber normalmente tres o cuatro cuerpos en espera, se llegó incluso hasta veinte, un porcentaje elevadísimo. La saturación vino de que el crematorio equis no tenía 20 cuerpos para cremar al día sino 80, 90, 100 o 120. Éramos varias funerarias y cada una llevando un porcentaje elevado, se disparó completamente el número de cremaciones.

Ahí si hay que tener mucho sentido humano, no se puede, por tratar de salir del apuro, hacer una cremación múltiple y entregar cenizas revueltas, tiene que haber ese respeto, tiene que haber la exclusividad de un cuerpo. Tal cuerpo va a ser cremado en tal horno, no se puede tener tres o cuatro en un horno para salir rápido. Hay que tratar con mucha sensibilidad a la gente para que entienda que va a ser más tardado, pero era para darles el mejor servicio y no entregarles algo equivocado o algo revuelto.

¿Cuál fue el desafío?

El riesgo de enfermarse porque la gente quiere, exige, no capta en su mente dolida los riesgos a los que se expone su familia, ni tampoco el personal que trabaja en la funeraria manejando cuerpos con el virus o ponerlos a velación con la bolsa especial, abierta. También lo el enojo de los deudos, porque eran muchos días en espera de las cenizas y su molestia porque qué tal que no le entregábamos los restos de la persona que era, que pudiéramos equivocarnos.

¿Cuál es la lección de la pandemia?

Nuestro trabajo es más profesional y humano que un negocio. Es más humano y es más individual y es más sensible que eso. El dinero queda solo, lo que queremos es entregarles lo mejor.

* Periodista, cronista y poeta. Directora de Diarios de Covid-19 y conductora del programa en línea “Las Sesiones” de Diarios de Covid-19 en Facebook-Diarios de Covid-19.

Publicado por adrianaesthela

Aprendiz de acordeón

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