MIRADA ASTRAL

Luna llena de febrero

Por Ayub Estephan*

Imagen: Mevlana & Whirling. Cortesía de Flickr

He aprendido a andar: desde entonces me dedico a correr. He aprendido a volar: desde entonces no quiero ser empujado para moverme de un sitio. Ahora soy ligero, ahora vuelo, ahora me veo a mí mismo por debajo de mí, ahora un dios baila por medio de mí. Mi virtud es la virtud de un bailarín, y a menudo he saltado con ambos pies hacia un éxtasis de oro y esmeralda. Mi maldad es una maldad riente, que habita entre colinas de rosas y setos de lirios: dentro de la risa, en efecto, se congrega todo lo malvado, pero santificado y absuelto por su propia bienaventuranza. Mi alfa y mi omega es que todo lo pesado se vuelva ligero, todo cuerpo, bailarín, todo espíritu, pájaro. ¡En verdad esto es mi alfa y mi omega! Yo no creería más que en un dios que supiese bailar.” (Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra)

El 27 de febrero tenemos el plenilunio de este mes a las 08:17 (UT) tiempo universal o 02:17 (HL) hora local de la Ciudad de México, estando el Sol en Piscis y la Luna en Virgo a 08°57’ grados. El octavo grado de Virgo representa a “un niño de cinco años que toma por vez primera una lección de baile”, simbolizando “el perfeccionamiento propio requerido para las diferentes formas de participación del hombre en la experiencia de sus semejantes, ilustrado en la excelencia del potencial para desarrollar una destreza especial”. La clave apropiada a este contexto sería el aprender a utilizar la propia capacidad de autoexpresión emocional de acuerdo con cánones culturales específicos. Dane Rudhyar comenta que “la danza de la vida incluye infinitas versiones de su ritmo y brinda variaciones ilimitadas del tema de su melodía, pero debe existir algún fomento específico de la capacidad individual como estímulo para lograr una empresa efectiva. Es siempre necesario ese ensayo inicial del ser que llevará a su tiempo a una continuidad de esfuerzos”. En esta etapa, la conciencia infantil está todavía dominada por alguna forma de autoridad, pero si el niño tiene “cinco años” lo que hay implícito es que está entrando en el nivel de una conciencia de adulto, representada por el número cinco, la estrella de cinco puntas que prefigura la POTENCIALIDAD DE LA INICIACIÓN.

Cornelio Agrippa nos dice que “el número cinco no es un poder pequeño pues está compuesto por el primer par (el número dos) y el primer impar (el número tres), como por el varón y la hembra; pues el número impar es el macho, y el par la hembra. Los aritméticos le llaman padre al primero y madre a la segunda. El número quinario no tiene, pues, pequeña perfección o virtud al formarse de la mezcla de aquellos, ya que además es la más justa mitad de la mitad del número universal, es decir, del diez”. Y Eliphas Levi comenta al respecto que “el pentagrama expresa la dominación del espíritu sobre los elementos y es por medio de este signo como se encadena a los demonios del aire, a los espíritus del fuego, a los espectros del agua y a los fantasmas de la tierra”.

En este plenilunio vemos cómo se va desvaneciendo lentamente la concentración planetaria que tuvo efecto el novilunio pasado, en la que aún aparecen conjugados Saturno, Júpiter y Mercurio, que ya se encuentra en su fase directa desde el 20 de febrero. Los tres planetas siguen gravitando en el signo de Acuario, pero Júpiter y Mercurio, más veloces, se van desprendiendo de la conexión con Saturno, que se queda rezagado a 08°15’, mientras que los otros dos ya transitan el segundo decanato de este signo fijo de aire. Por su parte, Venus salió de Acuario hace dos días para ingresar en Piscis, su signo de exaltación. El planeta Venus simboliza nuestra capacidad de dar forma e identidad a lo que valoramos, y es la base de la autenticidad de nuestras elecciones personales. Con Venus en Piscis brotan por doquier dotes curativas para sanar holísticamente, y se promueve la capacidad para consolar al que sufre. Aquí Venus, inmerso en la profundidad de la psique, se fusiona con la totalidad. Cuando Venus está en Piscis es probable que se revele lo divino por mediación del amor, restituyendo nuestro Paraíso perdido, y el sentimiento de universalidad y de unidad con la totalidad de la vida. Este emplazamiento nos lleva del sentimiento de No Ser, a Ser algo más grande que nosotros mismos y nos conduce a la búsqueda de lo indefinido, de una sustancia intangible pero intuida, que nos permitirá trascender las fronteras y limitaciones de una existencia mundana, cotidiana y centrada en el yo; es decir, nos motiva a ir al encuentro de algo superior. Bajo el influjo de Venus en Piscis solemos relacionarnos con personas que activan los aspectos más difíciles de nuestro mapa astral, lo que nos lleva a reelaborar nuestro karma y nuestros complejos a través de nuestras relaciones íntimas. Venus nos otorga el impulso y entonces el contacto surge en donde menos se espera, siendo un tema que implica cualquier tipo de sacrificios, además de la inversión de un tiempo en el tiempo y fuera de él, por lo que en este proceso no existen garantías de lograr una elaboración adecuada, ni de llegar a superar nuestro sentimiento de nostalgia, y mucho menos nos promete resolver el asunto kármico que nos ocupa. Y esto porque Venus en Piscis se mueve en una atmósfera inestable, donde no existen límites ni fronteras.

El planeta Venus simboliza nuestra capacidad de dar forma e identidad a lo que valoramos, y es la base de la autenticidad de nuestras elecciones personales. Con Venus en Piscis brotan por doquier dotes curativas para sanar holísticamente, y se promueve la capacidad para consolar al que sufre

El pasado 18 de febrero el Sol ingresó en el signo de Piscis, el último signo del zodíaco. El Sol transcurriendo aquí durante este plenilunio nos proyecta una gran variedad de impresiones sensitivas que aparecen junto con crisis emocionales que nos desconciertan, pudiendo perjudicarse nuestra facultad discriminatoria, dificultar la selección de prioridades, así como la toma de decisiones que pudieran surgir en este momento. Por su parte, la Luna en Virgo es una Luna con tendencia a racionalizar y analizar cualquier situación emocional que se le presenta. La energía de Virgo expresa la presencia de un orden funcional en el cual cada aspecto o elemento de la realidad se encuentra sistémicamente integrado a los otros; de ahí que el desarrollo y bienestar de cada parte se alcanza a partir del servicio que damos a los demás.

Oíd, oíd mortales, que sé de la salud de vuestros males: estas hojas que el viento mueve sutil, y desvanece atento, misterios comprenden que se dejan mirar y no se entienden; estudiad, pues, en ellas, que letras son del Cielo las Estrellas, y del viento las hojas. Aliviadas veréis vuestras congojas, borrados hallaréis vuestros delitos, si entendéis sus caracteres escritos, en aquel cuaderno, crónica inmortal de un Dios eterno.” (Pedro Calderón de la Barca, La sibila de Oriente).

Esta vez, la Luna forma una figura geométrica de la que en raras ocasiones es protagonista. Se trata del Yod, también llamado Dedo de Dios o del Destino, formado en esta ocasión por la Luna haciendo un quincucio a Saturno, por un lado y otro a Quirón, mientras que estos dos últimos hacen un sextil entre sí. El Yod es la décima letra de los alfabetos fenicio y hebreo siendo la más pequeña de las 22 letras del alfabeto hebreo (apenas un apóstrofe). Sin embargo, es la primera letra con la que comienzan nombres como Jerusalén, Judá, Israel y Jesús, entre otros, y la primera letra del nombre del Señor Yhwh. Yod representa la chispa divina que alienta en nosotros. Y también significa la palabra “mano”, pues vemos la “mano de Dios” actuando a través del número diez: diez plagas en Egipto, el Decálogo con las leyes escritas, etcétera. También tenemos “el árbol de la vida” (Etz Chaim, en hebreo), expresión que se menciona en el Libro de los Proverbios. El misticismo judío representa el “árbol de la vida” en forma de diez nodos interconectados, siendo el símbolo central de la Cábala, conformado por los diez poderes Sephirot (emanaciones) en el reino divino, a través de las cuales el Ein Sof (el Infinito) se revela a sí mismo y crea continuamente tanto el reino físico como la cadena de los reinos metafísicos superiores.

Escribe Cornelio Agrippa que “al denario se lo denomina número total y universal, y número completo, señalando el curso integral de la vida; pues a partir de este número no se cuenta sino por réplica, y en sí implica a todos los números, o los explica por los suyos, multiplicándolos. Este número es circular igual que la unidad, porque al hallarse acumulado se convierte en la unidad de donde deriva; y es el fin y el complemento de todos los números. Dios mismo, que es la primera Mónada, antes de comunicarse con las cosas inferiores, se esparce en el primero de estos números que es el ternario; luego en el denario como en diez ideas y medidas de todos los números y todas las cosas a realizar, que los hebreos llaman los diez atributos, y los diez nombres divinos; por ello más allá no hay número. Así pues todo esto que es denario tiene una cosa divina, y Dios la exige en la ley como propia; de esa manera, las primicias, las primeras cosas, como principio de los números, y todo décimo (diezmo), como término, debe ser entregado a Él que es el principio y el fin de todas las cosas”. Así, en el Denario la iniciación, representada por el número cinco se ha verificado y ya no hay necesidad del templo, porque la luz de la verdad se ha esparcido por todas partes y el mundo se ha transformado en templo de la justicia.

Al ser la Luna el punto focal de nuestro Yod nos remite a cierta forma de proteccionismo, aunque también provee de una preclara sensibilidad ante cualquier amenaza exterior que atente contra nuestra integridad

El planeta que forma los quincucios es el punto focal o ápex de la figura. El quincucio corresponde al aspecto de un ángulo de 150° entre planetas, mientras que el sextil se forma de un ángulo de 60° entre los dos planetas sujetos al quincucio. El aspecto de quincuncio como tal se vive como una desarmonía que genera una incomodidad leve pero constante e irritante, como un problema con el cual se tiene que luchar pero cuya solución escapa continuamente, se diferencia de la cuadratura y de la oposición por no haber un enfrentamiento más objetivo y consciente del problema. Los quincucios indican vínculos, conexiones y relaciones, y el sextil los transforma en comunicación y efecto mental. Se ha dicho que el quincucio es un aspecto neurótico, porque muchas veces los principios implicados trabajan y colaboran felizmente juntos, pero también suelen devorarse el uno al otro. Por ello, y como resultado de la acumulación de la tensión implicada, el Yod es frecuentemente asociado a problemas de salud, enfermedades crónicas, muerte, separaciones y situaciones sobre las que no se tiene control.

Este sería el esquema propio del Yod. No obstante, el punto opuesto al punto focal o ápex marca una apertura hacia los demás que reflejaría un proceso de salir de uno mismo mediante la transformación. Al ser la Luna el punto focal de nuestro Yod nos remite a cierta forma de proteccionismo, aunque también provee de una preclara sensibilidad ante cualquier amenaza exterior que atente contra nuestra integridad. Siendo una luminaria, la Luna es un planeta que se mueve rápidamente, mientras que Saturno es un planeta lento y Quirón tiene una órbita excéntrica que lo vuelve lento en su paso por determinados segmentos del zodíaco, y esto hace que los procesos esperados sufran retrasos para su consecución. Esta extraña figura sincroniza con una intensa movilidad apoyada por fuertes vínculos personales o sociales, e implica relaciones con los demás sin ataduras ni compromisos. A nivel personal señala un alto potencial mental y una gran capacidad de movimiento. En el plano social facilita la adquisición de vínculos y permite un encadenamiento ordenado y provechoso de las relaciones con los demás.

Muchas veces, experimentado como fatalidad, el Yod es llamado Dedo de Dios o Dedo del Destino. Este Yod tiene una reminiscencia kármica pues implica a Saturno, el Señor del Karma, y a Quirón, su vástago, que representa la herida psíquica que hay que sufrir para dar comienzo al proceso de curación, y será la Luna llena, relacionada con nuestros procesos psíquicos y emocionales, el punto focal de nuestro Yod. Las personas que nacen con esta configuración suelen sentir que son unas marionetas del destino, pues sus energías se estrellan contra muros infranqueables, y ello por el empecinamiento propio de la ignorancia y la inmadurez, mientras no se percaten de la necesidad de hacer una labor consciente a favor del colectivo que los redima, ya que suelen traen una deuda que han de saldar a partir de darle servicio a los demás. Igualmente, las personas que mueren durante esta configuración suelen ser almas que elevaron su vibración psíquica a tal nivel que ya se han liberado de sus ataduras pasadas. Para los hebreos la palabra Yod significa también la llama diminuta que representa un triángulo equilátero y que por sí solo simboliza el Uno Eterno. La experiencia transformadora del Yod revela un paso hacia adelante en las personas, pero el trabajo para su consecución es todo un desafío. Siempre que se nos confiere algo ha de ser retribuido, y en el caso del Yod esto es ineludible y es en proporción directa al beneficio obtenido. El Yod apela a un reajuste emocional o mental, y finalmente a una regeneración. El planeta focal indica las energías a ser restauradas; el signo en que está emplazado, la forma en cómo necesitan ser corregidas o experimentadas; y la casa astral en que se sitúa nos habla del área de la vida a través de la cual esa transformación tendrá lugar.

El Yod requiere que renunciemos al pasado para ingresar en una nueva faceta de la vida. El momento de la crisis suele ocurrir cuando se llega a una bifurcación en el camino de la existencia, siendo necesario elegir una dirección sin la noción previa de hacia dónde nos lleva

El planeta focal opera casi siempre como un planeta sensitivo pues los quincucios provocan una tensión subliminal que puede resultar en problemas diversos, tanto físicos como psicológicos. Las personas que tienen un Yod en su carta astral generalmente experimentan crisis en sus vidas, que deben afrontar y resolver a través de un cambio de conciencia. Por ello, el Yod requiere que renunciemos al pasado para ingresar en una nueva faceta de la vida. El momento de la crisis suele ocurrir cuando se llega a una bifurcación en el camino de la existencia, siendo necesario elegir una dirección sin la noción previa de hacia dónde nos lleva. Así, el cambio de rumbo no consiste en una elección fácil, sino que representa un salto a lo desconocido, como si se lanzase una moneda en el aire y se confiara en el azar para que este nos facilite un dictamen. De hecho, lo que se ve en la práctica es que el individuo suelta o prescinde de antiguos hábitos e intereses mediante un cambio de actitud que lo llevará a participar en acciones emprendedoras que surgen en el horizonte. Aunque no se sienta totalmente seguro ni convencido de este cambio, es frecuente que el individuo se sorprenda al descubrir lo que es capaz de hacer en dicho territorio.

El Yod Luna-Saturno-Quirón nos habla igualmente del destino personal y colectivo, herencia de nuestras propias acciones, positivas y negativas. Pero también nos señala la existencia de un poder superior en nuestras vidas, que nos coloca en situaciones que nos impulsan a crecer y madurar, incluso desafiando monstruos que sentimos nos acechan constantemente. María Jesús Martínez, de la Escuela de Estudios Astrológicos, nos explica que “desarrollar una configuración de Yod requiere un gran esfuerzo por parte del individuo para llevar a cabo este proceso, pues podrían acaecerle situaciones descompensatorias de la estructura psíquica, que se vería sometida a procesos ‘inflamatorios’ sin que llegaran a abrirse, lo cual siempre daría lugar a una falta de equilibrio en el conjunto. Cuando la persona siente desencadenar su Yod, el sentimiento de seguridad unido a la energía así generada le hace adoptar un equilibrio existencial que se expresa en muchos campos de su vida. El individuo madura a unos niveles superiores y su capacidad resolutiva parece revestirle de cierto poder de adaptación a situaciones extremas. La sensación de un objetivo que se ha cumplido, parece situar a esta persona por encima de ciertos temores propios de individuos que les queda algo por completar de su vida. La configuración Yod determina una situación nueva distinta a todo lo que la persona ha podido intuir, por lo que es muy difícil predecir el destino que le puede marcar un Yod a cualquiera”.

Po otra parte, la Luna aparece también creando una “hebra celeste”. Esta figura está formada por un quincucio entre la Luna y Quirón, unido a un trígono compuesto por la Luna y Urano, y es cerrada por un semisextil entre Quirón y Urano. Es, pues, una figura de contenido ambivalente. Por un lado indica inconvenientes y hostilidades, y por el otro privilegios, realizaciones, comunicación y ventajas personales. Esta figura también nos indica la sanación de heridas emocionales que hemos cargado por mucho tiempo, pero a la vez nos advierte de la aparición de nuevos factores que, combinados, nos pueden acarrear malestar y dolor. Así, puede mejorar el nivel de nutrición cambiando la dieta acostumbrada, pero también puede sobrevenir alguna dolencia que no solíamos tener antes. Bajo esta configuración, también suelen presentarse alergias debidas a la ingesta de alimentos en alguna fase de descomposición.

En este período, Urano con su dignidad en caída desempeña un papel fundamental al recibir las emanaciones positivas producto de su sextil con el Sol y su trígono con la Luna formando una Media Cometa o Escuadra Cósmica entre los tres y buscando contrarrestar el potente influjo que exhiben Saturno y Mercurio en Acuario. La actividad de Urano suele coincidir con la aparición de una sensación de descontento con las pautas establecidas. La naturaleza repetitiva de una existencia convencional puede empezar a vivirse como incómodamente restrictiva, y la necesidad de liberarse de las ataduras inmovilizantes puede convertirse en algo extremadamente poderoso. El impulso uraniano es un impulso de rebelión que surge de una necesidad personal de ser independiente y de romper con las convenciones, despojándose de los impedimentos personales para renacer como una persona nueva, liberada de sus viejos patrones. Esto crea la oportunidad de que surja una persona previamente desconocida, que siempre ha estado escondida dentro del individuo. Urano nos obliga a dar un salto a la libertad, siendo el movimiento esencial que nos conduce hacia la integración mediante la búsqueda de una luz interior que nos guíe y que apunte hacia el destino que nos aguarda haciendo posible que el cambio suceda. Al respecto, Paul Haydn comenta que “este cambio puede ser predestinado e inconsciente, sin una aparente volición, impuesto por un mundo impersonal, o puede tratarse de una elección consciente aceptada de buen grado y con la que una persona que reconoce la necesidad de una transformación interna está dispuesta a colaborar. Las formas en las que puede manifestarse esta fuerza son muchas y abarcan desde la toma de conciencia repentina de que uno está por encima de su estilo de vida habitual, hasta la necesidad de cambiar de empleo o trabajo, o de abandonar una relación insatisfactoria. Pueden darse repentinos destellos de discernimiento, como si un relámpago iluminase la mente y la naturaleza interna del individuo y le permitiera un mayor grado de autopercepción y comprensión. Pueden suscitarse nuevas ideas, conceptos religiosos o filosóficos que ofrezcan una nueva dirección en la vida. El resultado es el desmantelamiento de los modelos de vida existentes, al que seguirá una reestructuración más adecuada. Si se produce resistencia, entonces el sufrimiento y la inestabilidad serán mayores hasta que la persona se vea obligada a aceptar el cambio: probablemente las decisiones de los demás no le dejarán otra opción que acatar lo inevitable.

Igualmente, al mismo tiempo, Urano está en aspecto de cuadratura a Saturno y a Mercurio. La polaridad Urano-Saturno resulta fundamental para comprender el efecto de la energía de Urano en la humanidad y en cada individuo. En un sentido simplista es el conflicto entre las fuerzas del orden (Saturno) y las fuerzas del caos (Urano), entre lo conocido y lo desconocido. Mediante el factor condicionante del tiempo en la vida humana, Saturno restringe el acceso de esas energías transpersonales que destruyen las limitaciones de la mente y del cuerpo, lo que obliga a que se produzcan el crecimiento y la maduración impidiendo un peligroso avance hacia lo nuevo, sin comprender o comprendiendo muy poco las fuerzas que pueden inconscientemente liberarse. El peligro que nos surge de la cuadratura entre Urano y Saturno es el de que la influencia saturnina predomine por encima del estímulo uraniano y bloquee las posibilidades de liberación latentes. Sin embargo, cuando las ideas uranianas surgen, la contención que impone Saturno solo difiere su realización práctica, pues el germen de la liberación no dejará de abrirse paso en medio de las represiones hasta que se produzca el cambio. El tema de la cuadratura Urano-Mercurio es que reprime las ideas y suprime el diálogo. Las personas se aferran a sus viejos criterios, creen saberlo todo y no están abiertas a intercambiar puntos de vista. Solo se acepta lo que ha funcionado en el pasado y cualquier intento de rebelión del pensamiento es aplastado de forma radical.

Pero como no podemos vivir solo de los recuerdos llega el momento en que surgen nuevas visiones, aunque son impugnadas en primera instancia y relegadas de vuelta a la psique, debido a la amenaza que representa el tener ideas novedosas en un mundo acostumbrado a lo convencional y aferrado a sus atavismos. Acertadamente escribe George Steiner en su texto canónico Presencias reales, que “desprovistos de sensibilidad y práctica sintácticas, apenas registramos las tensiones dinámicas entre lo que es conservador en el lenguaje, lo que busca legitimarse en la ficción útil y precedente de ‘lo correcto’, y lo que es innovador y creativamente ilícito. Una auténtica gramaticalidad de la comprensión se halla en los antípodas de cualquier adhesión insensible e ingenua a reglas duraderas (no hay una sola que soporte el paso del tiempo)”. Imaginar un mundo nuevo es una osadía para la cuadratura Mercurio-Urano, pero cuando irrumpen palabras nuevas en el vocabulario cotidiano como Covid-19 o “sanitizar” (que no existe en el Diccionario de la Lengua Española), nos vemos obligados a crear una metafísica de las palabras y comenzamos a trascender las formas más tradicionales al incluir dichas expresiones en la jerga diaria, ensanchando nuestra percepción de la realidad. Y así, en algún momento, no podemos evitar que a partir de la asociación se traduzcan dichos elementos en acciones concretas.

Por su parte, Júpiter forma también una Media Cometa o Escuadra con los Nodos de la Luna estando el Nodo Norte emplazado en Géminis y el Nodo Sur en Sagitario, signo regido por Júpiter. Esto hace que los procesos de comunicación se amplifiquen de tal manera que los mensajes que se reciben a través de los medios de comunicación sean redundantes y su contenido ideológico dudoso. Quizás el equívoco principal que surge de esta configuración astrológica resulte de promover un futuro que se percibe cercano pero inaccesible en primera instancia, pues la atención del espectador, que es la sociedad misma, está fijada en un pasado cargado de cadenas e imposiciones, resultado de situaciones azarosas inconvenientes o de la manipulación consciente por parte de las élites y de sus ambiciones particulares. Tal parece que los principios jupiterianos no logran convencer, y por lo mismo sus discursos son cuestionados o simplemente ignorados, viendo en ellos el producto de un falso mesianismo histórico o el delirio de una personalidad que vive inmersa en la utopía que pretende realizar, sin darse cuenta de que el universo propio de la utopía solo es factible fuera de la realidad, en el mundo de la ensoñación. En torno de esta figura astral conviene citar a Walter Benjamin: “Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.” (Tesis IX, Sobre el concepto de historia y otros textos).

La cantidad de conexiones planetarias y las figuras geométricas que están implicadas en este plenilunio, hace que este sea un momento energéticamente poderoso y oportuno para revisar el contenido de nuestros sueños, despedir a los demonios y a los viejos fantasmas que habitan nuestra psique, incensar a nuestros muertos, restablecer los lazos afectivos y familiares que se han desanudado de nosotros, aceptar la vacunación como una realidad compartida por todos, revisar nuestras fallas humanas, promover un rumbo que nos devuelva la dignidad caída, y restituir nuestra confianza en un mundo mejor. Es un momento estelar en que podemos conectar con el dios interior, ese dios que nos empuja a danzar para celebrar el reencuentro con los ancestros, como ocurre en la danza de los chinelos, del Estado de Morelos, México, cuando “los ancianos resolvieron dejar salir algún destello de la sabiduría antigua y probar si los dioses viejos habían vuelto a nuestra tierra. Luego de deliberar mucho, acordaron celebrar una vez más a nuestra Madre, la Tierra, y a nuestro Padre, el Sol, según se había hecho en el principio. Los encargados de propiciar esta unión serían los guerreros según sus estirpes. La celebración debería prepararse con cautela pues aún no éramos libres. Se resolvió así que los guerreros portaran una máscara y trajes disimulados, pero con nuestros símbolos sagrados. El ritual invocaría a las fuerzas supremas y eternas del Universo, a las que están sometidas todas las cosas y cuyo destino comparten. Este ritual se celebraría año con año, hasta que aparecieran señales del principio de una era de armonía total en nuestro Universo. Entonces, los hombres por medio de sus danzas decidieron salvar al mundo. La danza representa la fusión del tiempo y, a la vez, su marcha inexorable. En ella participan cuatro comparsas, una por cada uno de los rumbos del pueblo. Hacia las tres de la tarde, cuando comienza el descenso del viejo Sol, se escucha la gran explosión con la que dan la señal que marca el nacimiento del nuevo Sol. El sonido de una caracola llama a las fuerzas elementales, al Padre; otro sonido, llama a la vida: la Madre. Comienza la música de los sones y los chinelos van entrando por los distintos rumbos acompañados por las mujeres que son la representación de la Madre, la Tonantzin. La danza gana en intensidad hasta que en el centro de la plaza se juntan y se mezclan todos girando como una nebulosa. Entonces, aparecen grupos danzando agitadamente en filas pequeñas para representar el movimiento de los cometas en el cielo, danzan también estrellas y astros solitarios, pares de estrellas y todas las combinaciones posibles, a las que por último se une toda la población para simbolizar que la vida ha surgido en nosotros.” (Leyendas y relatos a media voz. Antología, SEP-INEA, 2005).

*Astrólogo y tarotista mexicano. Astrología, lectura de Tarot y Cartas españolas.

http://facebook.com/ayubestephan y/o ayube59@hotmail.com

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