Ensayo sobre el adiós

FOTO: ADRIANA ESTHELA FLORES

Por Adriana Esthela Flores*

Llegó la hora del golpe y el fin del tiempo abrió su boca para tomarte
así, sin más
ya no había marcha atrás
y sin embargo
entre las costuras de las sábanas con las que, temías, te cubrirían más tarde el rostro
sentías desfilar el abrazo de esas querencias de siempre, las que estuvieron en tiempos precoces o en los largos periodos de ese silencio  
                                              ese,       sagrado,
que no incomoda entre quienes se aman

pasaron también, frente a tus ojos, el patio con su árbol en medio y las hojas acumuladas en otoño que nadie recogía
la familia amontonada en la cocina como si no existiera ningún otro otro lugar no solo en esa casa: en el planeta
los cuartos donde la privacidad era un mito porque tus hermanas deambulaban de un lado a otro sin importar que interrumpieran conversaciones secretas con amores imposibles
pasaron a los lados, como luces
la graduación, las fiestas, la primera borrachera, la primera vez que te rompieron el corazón, la primera que tú lo rompiste, la boda, las bodas de tus amistades, los viajes, qué viajes, aquella playa que se volvía luminosa al amanecer, la que parecía iniciar y terminar en el cielo, aquella que te hablaba con la espuma, la que te bendijo dos o tres tardes de viento y lluvia
los palacios que musitaban voces antiguas, los parques donde las sonrisas parecían haber sido tatuadas en las caras de la gente, con algún que otro solitario sentado allá, en una esquina, observando, meditando tal vez sobre lo que realmente pasaba, sobre lo que no querías enterarte
las madrugadas que anduviste, desafiante, por calles solitarias; las iglesias en las que te refugiaste miles de veces para rezar y en otras, para implorar perdón.
pasaron los libros, el que no podías soltar en ningún momento, el que te acompañaba en el camión, aquel que cerraste a la mitad de la historia porque sabías que vendría una verdad insoportable y odiaste al autor para siempre aunque seguiste buscando sus obras en librerías de viejo y lo leías de nuevo, sufriendo
los homenajes, las navidades, los desencuentros, las despedidas voluntarias y las inevitables
entonces te sorprende un suspiro, una repentina bocanada de aire que interrumpe el adiós definitivo y anuncia una prórroga
no comprendes, es más, no sabes si realmente es un alivio
la única opción fue cobijarte de nuevo
y reanudar los tempranos latidos

*Periodista y poeta, directora de Diarios de Covid-19.

Publicado por adrianaesthela

Aprendiz de acordeón

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