RELATOS VIRALES

Historias de una pandemia

Los límites de la tolerancia

FOTO: PIXABAY – PEXELS.COM

Por Esther Baradón Capón*

Las jovencitas cantaban con un karaoke hasta altas horas de la noche y sus risas estridentes no cesaban. Eran los comienzos de una pandemia que nadie imaginó, sentenciándonos a un encierro que pareciera  interminable. En tal circunstancia, vivir en un edificio rodeados de vecinos nos obliga aprender a convivir con tolerancia, en la justa medianía.

El grupo coral estaba formado por dos gemelas idénticas de 13 años, la hermana mayor de 16, quien acaba de dar a luz a una bebé y el padre de la pequeña, también de 16.

La primera noche no me molesté, aunque me costó un poco de trabajo conciliar el sueño y me desperté en dos ocasiones me volví a dormir de inmediato.

A la noche siguiente volvieron a armar la fiesta y en esta ocasión se unió al coro el llanto desbordado de la recién nacida. Era obvio que tanto ruido le impedía dormir.

Siguiendo con los principios de la tolerancia pensé, “pobres chicos, sienten que están como en vacaciones y además el encierro para los adolescentes debe ser un martirio y seguro están estrenando el aparato de karaoke…”. Así, aguanté sin decir nada y traté de lanzarme a los brazos de Morfeo, lográndolo media hora más tarde.

A las cuatro de la mañana desperté con un sobresalto. La tertulia seguía entre risotadas, cantos y gritos sin que faltara el llanto incontrolable de la bebé, a lo que se sumó la perrita que tienen y sus ladridos.

Enfurecí de tal manera que decidí subir a exigirles que respetaran mi derecho al descanso, pero cuando me disponía a vestirme pensé que no era la hora más adecuada para armar un escándalo en los pasillos del edificio ya que otros vecinos tal vez sí dormían. Desistí y con gran esfuerzo me volví a dormir.

A la noche siguiente comenzaron la fiesta más temprano y supuse que se dieron cuenta de que habían abusado de la tolerancia vecinal. Por cierto, impresionaba que ningún vecino se hubiera quejado hasta ese momento.

Cuando llegó la hora de irme a dormir, el bullicio continuaba. Enfadada me asomé y grité “¡Sileeeencioooo!”. Al escuchar mi aullido uno de los vecinos me hizo eco: “¡Dejen dormir y callen a esa niña!”. Solo así se callaron.

El silencio era maravilloso y me permitió descansar en un sueño profundo y reparador. Pero ese paraíso duró apenas dos noches, porque a la tercera empezaron a conversar en voz alta soltando carcajadas una y otra vez. Esa noche y la que siguió y de nuevo el karaoke, los ladridos de la perra y por supuesto, el llanto de la infanta –de seguro harta como yo.

Ray mi pareja y yo no hablábamos de otra cosa que no fuera qué hacer con esos pequeños demonios, que cómo era posible que sus padres les permitieran hacer tanto ruido hasta tan altas horas de la noche, que si pobre de la bebé que parecía pedir auxilio con sus llantos estridentes porque tampoco a ella la dejaban dormir.

Hasta que llegó el día en que se nos agotaron la paciencia y la tolerancia, y fue cuando decidimos subir a hablar con los padres. Al escuchar el timbre, el señor abrió y le expusimos nuestra queja. Como respuesta recibimos un “esta es mi casa y en mi casa hago lo que yo quiera”, seguido de un portazo en nuestras narices.

Me quedé helada sin saber qué hacer o decir, pero nos fuimos porque no queríamos empeorar las cosas confrontándonos aún más. Pensamos que después de nuestra visita modularían un poco el escándalo.

Pero no fue así, pues el bullicio siguió por varias noches más. Decidido a tener éxito, Ray asomó la cabeza por la ventana y con gran furia les gritó: “¡Dejen de torturar a esa niña y dejen descansar a los vecinos!”, A los diez minutos, en vista de que el escándalo continuaba, Ray los sentenció: “¡Cállense o llamo a la policía!”.

Solo así fue posible que las jovencitas se callaran y, si no se dieron cuenta del abuso en que habían incurrido y que hasta la misma tolerancia tiene un límite, al menos logramos que la niña sin culpa se liberara de esa tortura nocturna y que, al igual que nosotros, también pudiera descansar.

*Amante de las artes, la música, la fotografía y el teatro, y aficionada a la escritura.

TW: @BaradonEsther FB: Esther Baradon

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