Once veces han doblado las campanas

¿Por qué hay una resistencia de mucha gente en México a protegerse del nuevo virus cuando las muertes no cesan?

Por: Norma Trujillo*

Municipio de Ixtaczoquitlán, Veracruz. Foto: Especial

El pueblo se enlutó, doblan las campanas de la iglesia de la Inmaculada Concepción de María y todos se preguntan, ¿Quién se murió? Las campanas vuelven a doblar ¿Qué, hay otro difunto? Ahora las campanas ya no replican, porque al saber que la muerte ronda, los oídos sólo escuchan los redobles. La fortuna es que no hay replique que anuncie la muerte de niños, esas campanadas van a un compás más acelerado, como cuando sale la fumata blanca en la Basílica de San Pedro, pero que en este pueblo anuncia que un ángel ya está en el cielo.

Once veces han doblado las campanas y la gente aún no termina de comprender que es necesario no salir, que el Covid-19 está abrazando a Ixtaczoquitlán. No quieren darse cuenta, algunos quisieran que ese virus no existiera en sus cuerpos porque también en el pueblo hay discriminación.

Los zoquitecos como les (nos) llaman, también son solidarios y en esta parte es la que más está costando, no sólo nos adentramos a una costumbre sino también a esa esencia de un pueblo, porque la tradición ante la muerte es que debe existir el velorio y la gente va para apoyar a los dolientes, algunos llegan con un kilo de arroz, un kilo de frijol, azúcar, café o una veladora. También se lleva “limosna”,  así se le llama a la ayuda económica. Si ésta es una suma considerable se entrega en las manos del doliente, si es menor se pone en un contenedor, canasto o charola que se encuentra junto al ataúd.

Ese dinero servirá para las misas del difunto que se mandarán a hacer cada mes hasta que concluya el año de la muerte. Eso hoy no sucede, ni siquiera flores se les pueden llevar y menos el ir a los “frijolitos”. Sí, en mi pueblo existe la costumbre que después del sepelio toda la gente que acompaña al entierro debe ir a la casa del difunto a comer frijoles guisados con manteca, cebolla y chile serrano. Porque  el luto es sinónimo de vigilia, no se come carne hasta los nueve días. Ah, pero todos deben ir a comer, así el difunto estará alegre al ver que el pueblo acompañó a su familia.

Hoy no se puede hacer eso, no se puede uno despedir con sahumerio y el copal, no se les puede decir adiós y eso duele… Los sentimientos no se pueden desahogar, como tampoco entender ¿por qué hay una resistencia a protegerse del virus si las campanas siguen doblando?

El tocar a muerto sigue escuchándose porque las campanas del júbilo y fiesta han callado.

*Norma Trujillo es periodista de Xalapa, Veracruz.
FB: Norma Trujillo
Tw: @NormaTruBa09


Publicado por adrianaesthela

Aprendiz de acordeón

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