Día Internacional del Periodista

La interminable lucha de Julius Fučík

Por: La Redacción

Foto: Cubadebate

El 8 de septiembre se conmemoró el Día Internacional del Periodista en homenaje al periodista checo Julius Fučík, ejecutado por los nazis el 8 de septiembre de 1943 en plena Segunda Guerra Mundial. Nacido en Praga en 1903 en el seno de una familia obrera y ahorcado en Berlín a sus 40 años, el también escritor y crítico literario se afilió en 1921 al Partido Comunista de Checoslovaquia mientras estudiaba filosofía en la Universidad de Pilsen. En abril de 1942 fue detenido por la Gestapo bajo la ocupación nazi de Checoslovaquia y tras 400 días en la cárcel checa de Pankrác fue trasladado a Berlín, donde sería colgado poco después.

Su testimonio póstumo, Reportaje al pie de la horca se debe a un guardián de la cárcel de Pankrác, de nombre A. Kolinsky, quien le procuró los medios para hacerlo, llevándole a la celda papel y lápiz y sacando clandestinamente las hojas manuscritas, según reveló la viuda de Fučík, Gusta Fučíková, en el prólogo a la primera edición del libro, publicado en Praga en septiembre de 1945 tras la derrota de la Alemania hitleriana, en mayo de ese año.

Fučík es un ejemplo de coraje y resistencia frente a los abusos del poder –extensivo hoy a los diversos rostros del crimen organizado–, cuando la libertad de prensa y de expresión en el mundo, si bien derecho inalienable de las sociedades, sigue siendo violentado de múltiples formas. Éstas van desde el apoyo discrecional o la asfixia de parte de gobiernos y Estados a los medios de comunicación en función de sus simpatías o antipatías, el “cierre” del acceso a las fuentes informativas institucionales según la misma vara selectiva como otra forma de supeditar la libertad de expresión y de prensa a los intereses políticos en juego, no importa el signo; hasta la agresión física, el asedio policial o paramilitar, el asalto y la ocupación ilegal de instalaciones informativas o el encarcelamiento y asesinato de periodistas, como acaba de ocurrir esta semana de nuevo en México.

El brutal crimen del periodista veracruzano Julio Valdivia Rodríguez, de 44 años, que trabajaba para El Mundo de Córdoba y cuyo cuerpo decapitado fue hallado este 9 de septiembre por vecinos en la región de Tezonapa, en la zona limítrofe entre Veracruz y Oaxaca, se suma a otros 134 asesinatos documentados de periodistas en nuestro país en las últimas dos décadas. Del total, 123 –124 con Valdivia– son hombres y 11 son mujeres, según el más reciente conteo de la organización civil Artículo 19, fundada en Londres en 1987 y que toma su nombre del mismo artículo sobre la libertad de expresión y de opinión de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a la que también adhiere México. De este total documentado de asesinatos desde el año 2000, 47 se registraron durante la presidencia anterior de Enrique Peña Nieta y 14 –15– en la actual del mandatario Andrés Manuel López Obrador. (https://articulo19.org/sobre-a19/)

Como destaca el portal Animal político, el estado de Veracruz es una de las entidades más peligrosas para ejercer el periodismo en México (29 asesinados desde 2010, 30 con Valdivia). Apenas el pasado 31 de marzo, la periodista María Elena Ferral, del Diario de Xalapa, fue asesinada a balazos en la cabecera municipal de Papantla.

Colegas de Valdivia –periodista autodidacta conocido por su pasión por la información– dijeron a Animal político que Julio, hallado maniatado y con visibles rastros de tortura junto a las vías del tren cerca de su motocicleta, no tenía enemigos declarados, pero corría riesgos al cubrir la nota roja en una zona con presencia del crimen organizado. (https://www.animalpolitico.com/2020/09/asesinato-periodista-julio-valdivia-veracruz/)

En México, el derecho a la libertad de expresión y de información está garantizado en los Artículos 6 y 7 constitucionales, y en el citado Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En los tres casos, se trata del derecho a manifestar y difundir opiniones e ideas propias y ajenas, así como a buscar, recibir y difundir información, lo que atañe directamente al oficio del periodista.

Según la Clasificación anual de Reporteros sin Fronteras, la cual mide el grado de libertad de que gozan los periodistas en los 180 países consignados, México ocupa el lugar 143 –los tres primeros son Noruega, Finlandia y Dinamarca– de acuerdo con un cuestionario de 87 preguntas elaborado por RSF y que es respondido por expertos de cada país entre profesionales de los medios de comunicación, abogados y sociólogos. Las respuestas de estos expertos, seleccionados por RSF, aunadas a los registros sobre los actos de violencia cometidos contra periodistas en el año civil transcurrido, permiten obtener la puntuación.

De América Latina, Jamaica y Costa Rica ocupan los muy honrosos lugares 6 y 7, y Uruguay el 18. México está sólo un lugar por encima de Camboya (144), a cuatro de Venezuela (147) y a seis de Rusia (149). Cuba ocupa el lugar 171, China el 177 y Corea del Norte, el último. (https://rsf.org/es/clasificacion?#)

Volviendo a Fučík, al inicio del capítulo V él sólo pide una cosa, en medio de lo que llama “una carrera entre una muerte y otra muerte”: “los que sobrevivan a esta época no la olviden. No olviden ni a los buenos ni a los malos. Reúnan con paciencia los testimonios de los que han caído por sí y por ustedes. Un día, el hoy pertenecerá al pasado y se hablará de una gran época y de los héroes anónimos que han hecho historia. Quisiera que todo el mundo supiera que no ha habido héroes anónimos. Eran personas con su nombre, su rostro, sus deseos y sus esperanzas y el dolor del último de ellos no ha sido menor que el del primero, cuyo nombre perdura. Yo quisiera que todos ellos estuviesen cerca de nosotros, como miembros de nuestra familia, como nosotros mismos”.

Y en el último capítulo, el VIII, finalizado el 9 de junio de 1943, tres meses antes de ser colgado, el preso más emblemático de la prisión checa de Pankrác, donde permaneció 411 días “que pasaron con una rapidez increíble”, culmina con “mi último testimonio. Un trozo de historia del que soy, sin duda, el último testigo vivo. (…) De nuestra actividad a través de la prensa se encontrarán suficientes documentos en las cuevas, en los sótanos y en los archivos secretos de los camaradas. (…) Siempre hemos contado con la muerte. Lo sabíamos: caer en manos de la Gestapo quiere decir el fin. Y aquí hemos hecho lo que hemos hecho de acuerdo con esa convicción. También mi obra se aproxima a su fin. No puedo describirlo. No lo conozco. Ya no es una obra. Es la vida. Y en la vida no hay espectadores. El telón se levanta. Hombre: los he amado. ¡Estad alertas!”.

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