Homenaje a José Vicente Anaya

En la madrugada del sábado 1 de agosto, a los 73 años, falleció mientras dormía el gran poeta infrarrealista, originario de Chihuahua, autor, entre otros célebres poemas de “Híkuri” donde recoge el rito rarámuri del peyote

Por Sofía Rodríguez*

Mi domicilio exacto son los sueños
José Vicente Anaya

                                                                                                                                 

La noche del alma no da tregua, el poeta José Vicente Anaya nos ha dejado. Amigo noble, transparente, sin dobleces, con un interés y respeto genuinos por los demás. Un ser humano como él permanece para siempre.




La autora y el poeta en el restaurante de la antigua librería Gandhi, 17 de mayo de 2017

Me honró con su amistad por más de veinte años. La última vez que hablé con José Vicente fue a finales de junio, por teléfono. Se encontraba desde abril en una casa de reposo y rehabilitación, aquejado por una mielitis que propició ciertas complicaciones derivadas de la neuropatía diabética que padecía. Logré arrancarle una leve risa al comentarle que había publicado en FB una foto de nosotros dos en la antigua librería Gandhi (que cariñosamente llamaba su oficina), de la época en que aún podíamos abrazarnos. Sus abrazos eran generosos, como todo él. El 20 de julio ingresó al hospital para someterse a una angioplastia y una debridación del talón. El viernes 31 lo dieron de alta y en la madrugada del 1 de agosto, a los 73 años, falleció mientras dormía.

La gente está enferma de cordura”, decía, y la conversación se dirigía con frecuencia a personajes de la vida real que visionarios, rebeldes o alucinados, iban como él, a contracorriente de lo establecido; de ahí su adhesión al movimiento de poetas infrarrealistas donde se manifiesta por un arte de vitalidad sin límites. Cuando el movimiento se desintegra emprende un viaje físico, emocional y poético, mientras escribe “Híkuri”, su poema emblemático, un viaje al exterior que recoge el rito rarámuri del peyote para ir a un viaje interior que abre las puertas de la percepción. Lo individual que se dirige a lo colectivo a través del único lenguaje posible para hacerlo, la poesía.

Poeta, ensayista, traductor, periodista cultural, autor de más de treinta libros, incansable investigador de la vida, estaba interesado, como buen acuario, en lo colectivo que no establece jerarquías. Confiaba en que la poesía era un lugar que nos volvía, de algún modo, mejores. Un ejercicio colectivo, un acto de rebeldía, un regalo de la vida para olvidar la muerte de la memoria. Fui colaboradora y representante de Alforja, “revista de la Fraternidad Universal de los poetas”, como enunciaba, la cual recoge ese esfuerzo, ese tributo colectivo a la poesía, extraordinario proyecto editorial que José Vicente fundó y dirigió junto con José Ángel Leyva.

Me es difícil hablar de él desde fuera del poema. La última vez que nos vimos en persona le comenté que no sabía cómo armar los manuscritos que tenía dispersos en múltiples cuadernos, papelitos y hasta servilletas. “Recuerda que del caos surge la creación”, me contestó, con ese tipo de frase que acostumbraba dejar caer después de escuchar con cuidado, y que me daba la pauta para ver algo desde otro color, de una manera que no pocas veces me devolvió a mí.

Recuerdo ahora una frase de la editorial con la que despidió el último número de la revista Alforja: “Todo acaba, pero no es el fin”.

Para José Vicente Anaya Leal

Donde la ternura es montaña
y la muerte no seca los caminos,
donde el sonido
reverbera distinto
y el camino más confiable
es el de la enredadera,
ahí donde tu sonrisa aún es amplia
y es fácil
resguardarse en ella
en su luminosa rebeldía
que tiene la sed de todos los gritos
y todas las palabras donde
se convoca la magia
no sólo posible
sino necesaria
para llegar al caos
que antecede a la creación.
La lluvia se queda en los ojos
junto a todo lo que no ha de volver,
el resto,
está en los sueños
tu exacto domicilio.

* Sofía Rodríguez Fernández, antropóloga social mexicana, poeta y pintora (Ciudad de México). Poesía y pintura se reúnen en su trabajo en una especie de viajes paralelos con sitios de conexión. 

https://www.facebook.com/Aorana/     aorana@yahoo.com  https://www.instagram.com/sofivolart/

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