Los animales en la pandemia

Por Guadalupe Ocampo*

Photo by Steshka Willems on Pexels.com

El tema de los animales en la pandemia es para muchos algo que carece de importancia, en especial ahora cuando tanta gente se está muriendo, pero para muchos otros es igualmente preocupante.

He visto lo poco que importan los animales, no ahora en el encierro, lo he visto siempre. Es lamentable la poca cultura que tenemos -en todo el mundo- sobre su cuidado. 

Actualmente con las redes sociales nos enteramos cada día de casos de maltrato animal: perros, gatos, pollos, cerdos, caballos, elefantes, tortugas y un largo etcétera. Hemos visto con mucha rabia cómo la ignorancia puede más que la buena conciencia de la humanidad.

Un ejemplo claro son los murciélagos, acusados de ser los portadores del Covid-19. ¡Ahhhh, pobres…! Se los tundieron con toda la saña, por todo el orbe; luego siguieron los perros y los gatos, después las lechuzas y los visones.

Se especuló que los murciélagos pudieran ser los detonantes de la actual pandemia de coronavirus; sin embargo, se ha demostrado científicamente que es poco probable que un animal transfiera este virus a un humano y que sólo se infectan entre ellos mismos, de animal a animal. Pero también se detectaron personas afectadas por el virus que convivían con animales domésticos, posteriormente contagiados. Así es que es mucho más factible que el contagio hubiera sido de humanos a animales. No soy científica ni nada que se le parezca, y estos son datos de algunas informaciones que he leído.  Pero acerquémonos al objetivo de este texto. El caos comienza en China, cuyas costumbres gastronómicas no conocen límites y lo mismo se zampan un cerdo, una rata, una víbora, un murciélago, un mono, un perro, un gato, un alacrán o lo que se les atraviese, da igual, hay que comer y son tantos que imagino que podría ser por la necesidad, pero también es una cuestión cultural. Hay un dicho chino que afirma que todo lo que tenga cuatro patas y vuele es comestible, menos las mesas y los aviones. Fuera de allí, todo se puede llevar a la boca, faltaba más. Aunque hay que tocar otro tema, la cultura milenaria de la medicina tradicional china, que a veces pareciera que es puro fraude. Son esas creencias de que tal o cual animal de tierra, aire o agua, mezclados con lo que se les ocurra, se convierten en potenciadores de la sexualidad o que curan el asma, la diabetes, la caída del cabello, el cáncer o un sinfín de enfermedades, y, bajo esa premisa, arrasan con cuanto animal esté al alcance. Lamentablemente es una realidad vigente y muy triste. No terminan de entender el avance de la ciencia y su desarrollo económico.

Después de meditar en todo esto, que desgraciadamente no sólo pasa en China -no vayan a pensar que sólo me la traigo con los chinos- sino en muchos países, incluido México, donde la superchería puede rebasar cualquier frontera. Ya sabemos de hechiceras y hechiceros -puro charlatán- que matan y “ofrendan” gallinas, cabras, chivos, colibrís, todo para ahuyentar enemigos, malos presagios o devolverte al ser amado.

En fin, pienso que esto que ahora nos pasa sólo es consecuencia de nuestras malas acciones y malos hábitos; consecuencia de la ignorancia y de la maldad, y que la naturaleza se las está cobrando porque somos tan absurdos y no hemos respetado sus leyes, que se quiere deshacer de unos cuantos miles de nosotros, porque somos los peores depredadores del planeta. Pienso en este encierro de muchos animales maltratados, incluso violados y que ahora lo son más. Igual que las mujeres o los niños golpeados que están a merced de sus maltratadores. Lo mismo pasa con los perros o gatos de casa, con sus maltratadores metidos allí todo el día, pobres animalitos. Pienso en los muchos animales que se quedaron cuasi abandonados en los zoológicos que, dicho sea de paso, ya no deberían de existir, igual que los acuarios; pienso en las formas tan crueles de los mataderos de reses, puercos, pollos; en los criaderos de perros y gatos de raza; en los perros y gallos de pelea; en los animales de la calle; en las mascotas abandonadas por dueños sin corazón; pienso, pienso y no dejo de pensar. Si bien es cierto que, en casi todo el territorio mexicano, ya existen leyes de protección animal, también es cierto que la aplicación de estas leyes es muy laxa y ambigua; una, porque los afectados no pueden asistir por sí mismos a levantar su denuncia; otra, porque aun las mismas autoridades creen que es una ridiculez que los animales tengan derechos. Nomás recordemos que los animales llegaron a la Tierra primero que los humanos, por lo que seguramente son seres más evolucionados, al menos en lo correspondiente a la sensibilidad. Por lo pronto, conmino a que seamos más piadosos con ellos, así como a pensar en educar a nuestras hijas e hijos sobre el cuidado y respeto que nos merece cualquier ser vivo. Es nuestro deber y obligación.

*Nacida en CDMX, puma de formación, comunicóloga y periodista de profesión. Rockera, rumbera y ronera (ya más bien whiskera) por diversión. Ahora metida a servidora pública en el Servicio Profesional del INE.

Facebook: Guadalupe Ocampo @Melapasobombas

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