El confinamiento ideal

Por Lorraine Krohnengold*

Desde uno de los lugares más privilegiados del planeta Tierra, envío estas imágenes que ilustran mi más profundo sentir ante este episodio de la historia de la humanidad.

Para quienes no la conocen, se ha ido comprobando que lo que parece una formación rocosa natural -misma que aparece sugerida o al fondo o frente de estas imágenes- más bien son restos de un observatorio-santuario astronómico.

Se encuentra en la playa de Mermejita en Mazunte, Oaxaca, y se le conoce como La Ventanilla, El Sombrero de Cortés, El Torón o El Asiento del Diablo. Escójase el título según la sensación que evoca, según la luz, según el ánimo…

Se hace referencia a ella junto con Punta Cometa -que se encuentra aproximadamente a un kilómetro de distancia- y al faro de Zipolite -que estará a unos 15 km más (formaciones rocosas que se localizan en la misma línea y están al extremo más meridional de nuestra república), en el Códice Nutal, que se encuentra en el Museo Británico.

Se cuentan muchas leyendas en relación con estas estructuras. Yo les sintetizo la mía:

Después de demasiados años difíciles y llenos de obstáculos, hace cuatro años partí desde el estado de Morelos hacia la costa oaxaqueña, con la firme convicción de que mi vida fluiría de una manera diferente y más armónica junto al mar.

¡Y vaya mar! En estos tiempos encontrar mares nadables, pescables, plenos de delfines, tortugas y ballenas, con poca basura y en donde una gran porción de la población es consciente de la ecología, es poco común.

Encontrar un pueblo de aproximadamente 1 500 personas, relativamente seguro y libre, por donde suelen transitar quienes buscan una forma diferente de vivir o están en alguna transición, o simplemente quieren vivir bien con pocos recursos, es poco común.

Pueblo, además, rodeado de palmeras, ranchos de cacao, café, cacahuate, ajonjolí, jamaica, mangos, noni, moringa. En fin, ¿qué más se puede querer?

Por lo mismo, empiezan a adueñarse de él quienes lo quieren explotar. Pero no se deja del todo… aún. La pandemia ha alentado el ritmo.

No pretendo minimizar el trágico impacto humano que está causando este “miedo que se ha viralizado”, como lo expresan tan atinadamente algunos sabios. Veo, leo (en gran medida gracias a Diarios de Covid-19), escucho la experiencia de tanta gente en estos meses y, aunque para muchos está siendo una gran oportunidad de interiorización, reflexión, descanso, tomar perspectivas, observo que no hay nadie a quien no le haya tocado el tuétano más profundo del ser en algún momento. Imposible evitar el contagio en algún nivel, en algún momento.

Creo que es un llamado para aprender de una buena vez por todas nuestras lecciones.

Una parte de mi ser agradecido se medica, envuelve, retoza, embriaga, enraiza en los enormes despliegues o en los resquicios de luz que nos brinda siempre el universo hasta en los rincones más insospechados.

He aquí una pequeña, pero potente dosis para ustedes.  

*Masajista osteopática, terapeuta de Respiración Sonora, fotógrafa y escritora.

www.masajescuela.com

Facebook: Lorraine Krohnengold

Fotos: Lorraine Krohnengold

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