Psicodelia y cuarentena

Este texto, elaborado en forma responsable y minuciosa es, como advierte su autora, con fines informativos y no condona ni pretende incentivar el uso de ninguna sustancia psicoactiva.

Por Andrea Mireille*

(Gráficos: Andrea Mireille)

Todas las válvulas de escape parecían aburridísimas y trilladas: cursos, compras e interminables videollamadas que pudieron ser un whatsapp. En otras palabras, mantener la productividad y el consumo en todo momento para intentar olvidar el peso del encierro y el inminente riesgo afuera.

Inicié la microdosificación por la cancelación de tomas y ceremonias en grupo debido a la pandemia. En todo caso, alterar la conciencia no se trata de escapar, sino de explorar y ya que no había otras formas de continuar con mi investigación sobre Psiquédelicos (Dimetiltriptamina, Mescalina, Psilocibina, Cannabis y Ácido Lisérgico), decidí que experimentar por mi cuenta era la mejor opción.

Entre olas y caricias (Cannabis sativa)
Dosis: 21 CBD / 14 THC (tres gotas) durante 20 días

Mi primera experiencia intentando dosificar fue hace un año y resultó un desastre, estuve a punto de palidearme, me zumbaron los oídos, la boca se me secó horrible, todo en mi cuarto cobró vida y sentí que el malestar nunca iba a desaparecer. Semanas después conseguí extracto en gotas pues el estrés me impedía dormir, lo que aumentaba mi ansiedad e irritabilidad. Por más que los manuales de microdosis sean útiles, el resultado sigue siendo imprevisible y hay que ir calibrando con los días.

Esta vez no tenía problemas para dormir, simplemente recordé que bajo la cama había un frasco prácticamente lleno y no había motivo para no usarlo. Tomé tres gotas antes de dormir durante 20 días: la calidad del sueño mejoró y al momento de meterme en la cama, los pensamientos recurrentes al final del día, las frustraciones y la confusión desaparecieron, todo era cuestión de poner la cabeza en la almohada y dormir.

Algunas veces hubo sueños llenos de colores, cocodrilos y otras veces de calles desiertas y oscuras. La pandemia pasó a segundo plano, lo mismo la ansiedad que habitualmente padezco; los dolores por la mala postura al escribir, por las horas nalga y por el ejercicio disminuyeron notablemente. El extracto me hacía efecto unos 30 minutos después de tomarlo, sentía por todo el cuerpo cómo la planta me acariciaba, una sensación muy parecida a cuando alguien pasea sus dedos suavemente por tu cuerpo. Al meterme a la cama esta era un océano y mis movimientos se combinaban con las olas, arrullándome.

Las microdosis coincidieron con el premenstrual y el menstrual, en esos días tuve más energía, menor inflamación y únicamente un cólico muy fuerte el segundo día. Usualmente me termino una caja de Ibuprofeno de 600 mg., esta vez se quedó a la mitad.

Curiosamente, no hubo ningún aumento en la creatividad, tampoco noté mejoras en la concentración al momento de trabajar o escribir.

Un tigre en el cuarto y la lengua de Ian Curtis (Psilocibina)
Dosis: 30 mg (rebajada por el tiempo de almacenamiento) durante dos días

Mientras tomaba microdosis de cannabis soñé que había un hongo gigante afuera de mi casa. Era rojo, con lunares blancos, como Amanita Muscaria, ese poderoso enteógeno que cubre los bosques en los cuentos de hadas y sirve de vivienda a Los Pitufos.

A fines de marzo tuve un resfriado tan fuerte que, además de ponerme paranoica, hizo que me perdiera una ceremonia de hongos, así que no podía desperdiciar esta señal.

El año pasado, la Psilocibina llegó a mí en forma de chocolate. Planeaba usarlos en septiembre, pero terminaron arrumbados bajo mi cama, nunca me preocupé por congelarlos, así que solo había una forma de saber si aún servían: comerlos.

Me eché uno después del desayuno, el chocolate apenas enmascaraba su fuerte sabor amargo. Como tenía bastante tiempo libre, puse una playlist de Joy Division y me acosté para ver si sentía algo. Me puse los audífonos y pronto pude sentir cómo la música se extendía por todo mi cuerpo. El efecto se magnificó de golpe, decidí bajarme al piso; tiré una almohada y me acosté en los tapetes, entre ellos mi favorito, uno con forma de tigre.

Ver el cuarto desde el suelo lo hacía lucir totalmente diferente y recordé algo que solía hacer de niña: me metía a la cama de mis papás y me acostaba en las orillas de la cama, eso hacía que la habitación se viera distinta, aquello me parecía lo más increíble del mundo y ese día recuperé esa sensación.

Con Isolation retumbando en mis oídos, me vi tumbada con Ian Curtis a mi lado, cantándome al oído, entonces sentí su lengua deslizándose por el cuello hasta llegar a mi oreja, debajo de mí sentí a ese tapete muy vivo, respirando mientras yo estaba sobre él.

Todo eso me hizo reír tan fuerte que sentí que mi risa iba a derrumbar las paredes, me quedé tendida un rato más y después retomé mis actividades como si nada.

Al día siguiente, decidí comerme los dos restantes, pese a que, en teoría, la dosis fue mayor el efecto no fue tan intenso, pero sí interesante. Sentí que todo mi cuerpo palpitaba y se alargaba, de pronto me sentí muy contenta, tuve una fuerte sensación de totalidad, de completud, de estar bien con la vida (lo que sea que eso signifique).

Miré fijamente la persiana y mientras sonreía sentía que estaba mirando al infinito, luego, con la boca muy abierta, contemplé el techo. No había nada especial en él, pero lo veía como si ahí estuviera el misterio de todo, quizá lo estaba.

Aunque, nuevamente no tuve ningún incremento de ideas o creatividad, terminé trapeando mientras bailaba y cantaba a gritos, en ese momento limpiar el piso fue en verdad fascinante.

Vida, muerte e inspiración —sin sustancias— (Orgasmo)
Dosis: No aplica

Pocas son las cosas que no pueden arreglarse con un orgasmo: una buena venida es capaz de hacer que nos olvidemos de todo y nos hace sentir que este mundo agonizante es una cama envuelta en satín rosa. Si hay algo mejor que un orgasmo es otro y luego otro más.

El orgasmo es universal, gratis, no requiere de compañía, ni de accesorios sofisticados, tampoco de sustancias, está comprobado que tiene el poder de alterar la conciencia y que su efecto único no se compara al que se consigue por medio de sustancias, al igual que los psiquedélicos, el orgasmo no desactiva la conciencia: la transforma.

A diferencia de las otras experiencias no se requiere ninguna sustancia, ni saber de dosificación para alterar la conciencia, además mejora el ánimo, el cabello y la piel, entre otros beneficios más.

En este caso he tomado “dosis” completas por muchos años. Tras cada orgasmo tengo una sensación de desvanecimiento, de muerte, de euforia y risa, nada más importa, nada existe, todo está bien, el placer trasciende todo: cuando lo sientes crees que cualquier cosa es posible y nada vuelve a ser igual.

A mí siempre me viene un golpe de energía y siento que podría correr un maratón, también me dan muchas ganas de querer salir. El orgasmo sí que me sirve para la creatividad: a menudo hago una pausa en el trabajo para masturbarme y regreso despejada. Mis textos más celebrados han sido creados a base de masturbaciones, orgasmos u otros desahogos físicos (baile, canto, gritos) y hasta hace poco era la única forma que conocía de alterar la conciencia, de sentir que podía salirme del mundo, aunque fuera por un instante.

Quizá todo sea cierto

Los psiquedélicos viven una inesperada popularidad y es más común escuchar cada vez sobre sus prometedores resultados, especialmente para la depresión y la ansiedad. En el caso del cannabis para diversos padecimientos, entre ellos, cáncer, VIH, dolor crónico, endometriosis y Enfermedad de Parkinson, entre otros.

Desafortunadamente, la pandemia frenó —aún más— la regularización de la marihuana, también cerró la posibilidad a un posible debate sobre la legalización de la Psilocibina.

Antes de iniciar la investigación no sabía ni cómo prender un cigarro, ahora que lo pienso, no estoy segura de saber hacerlo aún. ¿Cómo es que alguien que creció (y apoyó) una estricta cultura de la prohibición terminó convertida en lo que cursilería llama psiconauta? Esa respuesta la encontraré cuando el proyecto concluya.

Tal vez todo sea cierto, quizá mi conciencia se ha expandido, quizás en uno de esos viajes abrí la puerta (de la percepción) correcta.

*Escribo. Lo demás es irrelevante.
IG @andrea_mireille. Tw @AndreaMireille

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