El virus desde una redacción al noreste de México

Daniella Giacomán Vargas. Saltillo, Coahuila. Editora del diario Capital Coahuila.

La vida da muchas vueltas. En ocasiones, reporteros, editores, fotógrafos, columnistas, directores, esquemadores y diseñadores caemos en una lucha de egos que pareciera que nunca termina.

Desde aquel novato reportero que presume que su reportaje es “la nota de ocho” hasta aquel editor que presume sus fotos con los “amigos” políticos, pero que de amigos no hay nada.

Pero toda esa ansia de poder, ese lema de “divide y vencerás” ha quedado, por ahora, a un lado, pues hay un enemigo invisible que no distingue nada, a todos agarra parejo.

El enemigo no es el jefe, no es el director, no es el editor, no es el corrector, no es el diseñador, no es la fuente que llega tarde, no es el compañero que te ganó la nota. No es el internet que se fue, o el celular que se apagó o que la entrevista se borró. No. El enemigo es el coronavirus que desde hace tres meses sabíamos que venía pero no quisimos entender.

¿Qué ha sido para mi trabajar como editora en estos días de pandemia? Ha sido difícil y, aunque suene un poco a drama, se siente más cuando uno vive solo y lejos de su familia. Oh sí, por supuesto que duele, pero seguimos.

Desde el 16 de marzo que regresé de un viaje a la Ciudad de México, decidí enclaustrarme voluntariamente. Desde ese día empecé a trabajar desde casa.

No es fácil, porque mi laptop no tiene la capacidad de una Mac y la capacidad de mi internet no es el mismo del trabajo.

¿Cómo es mi rutina? Despierto en la mañana a eso de las 7 de la mañana, me he acostumbrado a ver la “mañanera” de López Obrador, a veces desayuno, a veces no, a veces tomo café o simplemente un vaso de agua.

Checo los periódicos en línea para ver cómo andamos de información y más tarde a mediodía, empiezan a caer los avances, entonces uno se da cuenta más o menos de cómo irá la edición.

Aunque nada es seguro porque el virus se ha adueñado no solo de la información, sino de mi tiempo, tu tiempo, el tiempo de los colegas, el de todos. Al inicio las notas hablaban del probable impacto en el comercio, del probable impacto en las empresas, de que “quizá” cerrarían escuelas y universidades.  Hoy todo es real.

Coahuila fue uno de los estados que comenzó la cuarentena antes del gobierno federal, por lo que cuando se declaró la emergencia sanitaria, nosotros ya llevábamos casi dos semanas con la sugerencia del gobierno de “quedarnos en casa”. Era una invitación que hoy ya se convirtió en “por favor, no te salgas de tu casa”.

El celular no deja de sonar, las noticias en periódicos, en redes sociales, audios, videos y demás en WhatsApp todos hablan de lo mismo.

Pero antes de que empecemos a checar bien avances, ya tengo en el sartén la carne con la verdura picada para hacer un rápido picadillo. Y he dejado secar el piso luego de darle una barrida y trapeada exprés, pues uno debe trabajar en las mejores condiciones posibles.

Mentiría si dijera que tengo una hora para comer desde mi nueva rutina, la verdad es que no, porque como ya lo he dicho antes, la información va fluyendo de una manera rapídisima que por ejemplo, una protesta en un hospital por la mañana, por la noche ya puede ser nota vieja porque se resolvió.

Somos un equipo pequeño, yo tengo ya casi dos años en Capital, y con mi jefe tenemos un año trabajando. Son pocos reporteros, pero tanto mi jefe, como mi compañero coeditor y colaboradores vamos sorteando el día a día.

En la medida de lo posible, tengo comunicación con los tres reporteros que tenemos de planta, un hombre y dos mujeres. David es el veterano y padre de familia. Lupita es periodista y madre de familia, mientras que Mariana y yo somos las solteras.

A las mujeres les ha tocado cubrir cosas muy duras, Mariana cubrió el pasado atentado en el Colegio Cervantes de Torreón y a Lupita le ha tocado toda la crisis del Covid 19 en Monclova, municipio que encabeza los casos en Coahuila.

Con ellas trato de platicar a diario, de preguntar cómo están, qué necesitan, cómo se sienten, porque antes que periodistas son personas. Y aunque no soy su jefa, estoy al pendiente de lo que pasa. Al igual que con David.

Si a mí que estoy encerrada 24/7 en la casa me tomó por sorpresa, ha sido peor para ellos pues son los que están en la calle, los que han tenido que usar cubrebocas, guantes, gel antibacterial y mucho valor a la hora de cubrir las noticias en hospitales.

Existe la orden del dueño y de la dirección editorial de bajar la reporteada en calle para tomar las medidas preventivas, pero eso no deja de preocupar. Cualquier roce con cualquier persona, cualquier saliva o gotitas de saliva pueden contagiar a los reporteros.

Desde mi código personal de valores, creo que tenemos una responsabilidad moral con los reporteros, porque ellos están haciendo un gran esfuerzo y mucha gente no lo entiende. En lugar de respetar (tampoco se trata de aplaudir porque a eso nos dedicamos), la ignorancia prefiere criticar pero pocas personas se ponen en los zapatos de ellos, de la gente de a pie.

Algunos no tenemos seguro social, ni Infonavit, ni caja de ahorro o seguro de vida como en otros medios, pero tenemos la plena confianza de que en cualquier momento si nos sentimos mal, podemos ausentarnos.

El trabajo en equipo es sumamente importante, y no sólo por el aspecto técnico o periodístico, es como decir: aquí estoy, cuenta conmigo, no estás solo.

Es una ida y vuelta, desde el director hasta el reportero al igual que con editores. A todos nos da miedo, a todos nos asusta saber que cualquiera puede caer enfermo y tener una fiebre tan alta que te nuble el pensamiento y te achique el corazón.

Pero si algo también aprende el periodista es hacer de tripas corazón, dejar las notas de “relleno” y encontrar el dato duro, el ángulo preciso, el golpe o en muchos casos, el origen del iceberg.

Esta pandemia nos ha enseñado también a bajar la guardia con los demás colegas, a ayudarnos entre todos y a desearnos lo mejor, porque “todos queremos que te vaya bien”.

Pertenezco a la red de periodistas de Coahuila, que interactuamos también con ayuda del WhatsApp.  Ahí compartimos dudas, boletines, fotos, videos, datos sobre el tema de moda, el coronavirus, pero también mostramos solidaridad porque como dije, todos somos personas antes que periodistas y a todos nos esperan en nuestras casas.

Ese ha sido mi aprendizaje, agradecer cada día de vida y agradecer también por la vida de mis compañeros porque todos somos importantes.

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