Poetas en Cuarentena

En esta edición presentamos tres piezas de la poeta regiomontana Ofelia Pérez Sepúlveda (1970, Guadalupe, Nuevo León). La autora, también conocida por su carrera como periodista y promotora cultural y por sus premios de poesía, leyó estas obra durante una charla organizada por la Coordinación de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, el pasado 28 de enero.

Invierno en Monterrey. Por: Adriana Esthela Flores

Es el principio
nuestros duendes nos aman
algunos estrenan la soledad del fuego
otros nos estiran la piel
se sonríen
debe ser verano
vientre de mujer a punto de alumbrar
debe ser aire polvo piedra
en el fin de los ríos
las ciudades.

(De poemario Doménico)

El ángel

Ven
aquí empieza una historia, un retablo
un círculo de sueños que no acaba
un mundo por nacer
otra guerra
Afuera la ciudad
no la escuches
no te acerques a los hombres y mujeres
no los toques
Ven
aquí baja el cielo
aquí sabe el cielo a durazno
aquí puedes hacer el cielo y el amor
en menos de siete días
y en menos de siete días
tu carne y tu sed serán saciadas
Ven
aquí va de nuevo el barco 
aquí zarpamos
más allá, se hunde
tu puedes enterrarme en esa isla
y puedes decir a los hombres que nuestro amor
que el amor es una flor
pedazo de carne expuesta a la oscuridad
a las criaturas que habitarán la oscuridad
Ven, humana mía
pequeña mía
hermana mía
Ven y muérdeme la espera
traiciónalos a todos
y mientras duermes
te contaré una historia
montados uno en otro.


IV

Pero luego
en el trayecto imaginario de un automóvil blanco
la verdad se rebela y estaciona
verdad de compartir la sal
el agua
y compartir de pie, también
las piedras dirigidas
y de nueva cuenta
la palabra
agua de cielo
barra de hielo que evapora el corazón
¿Y dónde dicen los otros que está la poesía?
¿Acaso el ritmo del caballo sobre el que galopa el mundo
recrea la vereda?
Acá, temeroso mamífero
alebrije de colores
¿Acaso dios no tiembla, no hiere, no encabrona 
este amasijo de colores
esta luz mercurial
esta avenida?
De repente. la tribu protegía 
yo oía las estrellas girando y el mundo
una aventura
un asombro perpetuo me colmaba
por qué migrar
Así he andado la ciudad
mostrándole a la tribu mi barra de hielo intacta
he corrido de uno a otro extremo
con el estigma de mi barra de hielo intacta
apagadas las luces con el valor 
de mi barra de hielo intacta
guardado mi corazón de los pasos a desnivel
de mi barra de hielo intacta
sangrado de soledad en el diamante silencio
de mi barra de hielo intacta
he andado detras del automóvil
y mi barra de hielo intacta
ha llorado conmigo intacta 
Y quién de entre la tribu
Qué luz para la luz de la luciérnaga
que existe en una esquina de mi barra de hielo 
qué amor para el amor que no encontré

recuerdo una vez una fiesta 
y llegaron con regalos
recuerdo que dejaban tragara del banquete
recuerdo canté
reí 
y aún andando la ciudad
empujando mi barra de hielo
no tengo hambre de la tribu
¿Puede un relámpago abrirme el corazón
liberar a la luciérnaga que duerme en mi barra de hielo intacta?

Publicado por adrianaesthela

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