Mirador viral

La importancia de la traducción científica en tiempos de pandemia

El libro fue presentado en la FIL de Guadalajara, en el marco del Congreso San Jerónimo 2021 de la Organización Mexicana de Traductores.

Por Irene Selser*

Este 27 de noviembre, en la Feria Internacional del Libro del Guadalajara (FIL), presenté en forma virtual una ponencia sobre un libro que tuve el gusto de traducir para la editorial mexicana Siglo XXI Editores. Se trata del libro Sapiens frente a sapiens. La espléndida y trágica historia de la humanidad, del doctor Pascal Picq, uno de los paleoantropólogos más reconocidos a nivel mundial. La obra, escrita originalmente en francés, Sapiens face à Sapiens: La splendide et tragique histoire de l’humanité (Ed. Flammarion) fue presentada en París a fines de 2019, poco antes de que fuera detectado en China el Covid-19.   

La presentación del sábado 27 se dio en el marco del Congreso San Jerónimo 2021, auspiciado por la FIL y la Organización Mexicana de Traductores Mexicanos (OMT). (https://omt.org.mx/congreso/programa)

El libro fue publicado en el marco del programa de apoyo a la publicación de la Embajada de Francia en México y el Instituto Francés para América Latina (IFAL) y vio felizmente la luz a comienzos de este año.  

Como tantas otras actividades, el Congreso San Jerónimo 2021, dedicado al padre de los traductores, se desarrolló en forma virtual y presencial, en medio de una crisis sanitaria que aún no termina y que ha puesto a prueba la capacidad de adaptación de nuestra especie. Un ejemplo de ello es el cubrebocas, veinte centímetros de tela que han hecho la diferencia entre la vida y la muerte. Otro ejemplo de adaptabilidad es la masificación de las transmisiones vía Zoom, cuando un sofisticado microbio nos ha obligado a explorar nuevas formas de acercamiento para paliar la distancia física, geográfica, profesional, familiar y emocional.

La capacidad de adaptación en el sentido darwiniano del término ha significado asimismo un reto para la educación y la creación artística y literaria, aprovechando los beneficios de la Era Digital, los dos nombres con una mayúscula, como propone el doctor francés Pascal Picq (Bois-Colombes, 1954).

A la vez, la decisión de Siglo XXI Editores y el gobierno francés sitúa a los lectores hispanohablantes en la vanguardia de la reflexión científica sobre los orígenes de la humanidad y los nuevos retos a causa de la revolución digital, que el autor considera una nueva edad histórica, la séptima desde la Edad de Piedra, con el telón de fondo de la profundización de la crisis ambiental a causa de la acción humana y los desafíos que de ella se derivan.

Escrito en un lenguaje fluido y expresivo –dos de los tres aspectos que, según Lin Yutang, deben regir las normas de la traducción–, el libro de divulgación científica del doctor Pascal Picq, profesor en el Colegio de Francia, es así muy accesible al público en general. Pascal Picq, de 67 años, ha escrito numerosas obras de investigación y de divulgación, traducidas todas a varias lenguas. Por ello, la publicación de este volumen en México no es solamente bienvenida, sino también muy oportuna, en un momento en que la crisis sanitaria nos ha recordado, no solamente la precariedad de la existencia, sino también el deterioro calamitoso de las condiciones de vida en el planeta en los últimos 40 años.

Como paleoantropólogo Pascal Picq, Premio Moron de Filosofía y Ética, se ocupa de estudiar la evolución de las sociedades humanas en relación con sus innovaciones técnicas y culturales, desde la primera punta de flecha hasta nuestros días, pasando por los distintos modos de producción y de vida a lo largo de los milenios, que él llama coevolución.

En este libro de 250 páginas, continuación de su ensayo Les Premiers Hommes, el autor acerca los nuevos conocimientos, descarta viejas teorías y propone otras nuevas, así como nuevos interrogantes basados en los más recientes descubrimientos arqueológicos en distintas partes del mundo, que nos informan sobre las complejidades y retos a los que se enfrentaron los homínidos que un día compartieron la Tierra, principalmente los neandertales en Europa, los denisovanos en Asia y los sapiens en África. A la vez, reflexiona sobre una cuestión fundamental: ya no quiénes fueron los primeros humanos, como aborda en su ensayo de 2016, sino quiénes son y cómo serán los últimos sapiens.

Igualmente, cuáles son nuestras posibilidades de supervivencia como especie con el colapso de los ecosistemas y otro colapso en el horizonte: el de la demografía, cuando en 2050 haya unos 100.000 millones de personas en un planeta que ya está desbordado y harto de nosotros; siendo Sapiens la especie animal más creativa y fuerte, y también la más depredadora, al hacer lo que ningún otro género ha podido hacer: adaptarse a todos los ecosistemas a costa de lo que sea.

«¿Será capaz la humanidad de asegurar su descendencia?», se pregunta Pascal Picq en el prólogo del libro, anticipando involuntariamente la pandemia actual: advierte que, si bien la medicina combinada con la biología evolutiva ha permitido un progreso sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, «corremos el riesgo de perder la batalla frente a bacterias y superbacterias contra las que no tenemos respuesta, como las enfermedades nosocomiales».

Sin embargo, destaca, por muy grande que sea la crisis sanitaria o medioambiental, la gente sobreviviría, dada la asombrosa capacidad de adaptación de la especie Sapiens, que ha sido la única dueña de la Tierra durante los últimos 40.000 años. El problema, añade Picq, es si esta experiencia milenaria nos ayudará a adaptarnos a un mundo urbanizado, hiperconectado, contaminado y con ecosistemas cada vez más devastados.

Así, investigación y reflexión científicas, emergencia planetaria, pandemia y traducción se unen y articulan en este libro que revisa, desde la aparición de los primeros homínidos hace tres o dos millones de años, «la espléndida y trágica historia de la humanidad», como dice el subtítulo, a la deriva hoy entre su pasado y su futuro.

En cuanto a esta capacidad de la traducción para vincular historias, experiencias y culturas, fue precisamente san Jerónimo quien, aprovechando sus dotes interpretativas, acercó el mundo cristiano hace 1.600 años al traducir la Biblia del griego y el hebreo al latín a petición del Papa Dámaso I. El resultado fue la Vulgata o edición común, que acercó a los cristianos a los textos sagrados y configuró la vida litúrgica y devocional de la Iglesia católica romana durante casi 1.500 años.

En su transmutación de la Biblia, como llamó a su labor, san Jerónimo defendió enérgicamente su versión, a pesar de las difamaciones y calumnias, incluso de sus superiores.

El traductor, filósofo y teórico francés Antoine Berman retomó a san Jerónimo para definir un discurso sobre la traducción en la misma tradición de Cicerón, Fray Luis de León, Lutero y Goethe, entre otros, llamándola «tradicional»: es precisamente a lo que nos adherimos hoy.

 En su conocido texto «La traducción y sus discursos», Berman explica por qué llama «tradicional» a este modelo: «En primer lugar», dice, «porque procede de lo más profundo de la tradición cultural occidental y, en segundo lugar, porque pertenece a un mundo en el que la traducción se considera uno de los pilares de la tradicionalidad, es decir, del modo de ser humano, determinado por la tradición». «Traduzione tradizione«, repite Berman citando a los italianos, porque la traducción une el pasado y el presente, lo cercano y lo lejano, fertilizando la cultura.

Este es otro factor de proximidad que ofrece la profesión y el arte de la traducción.

Berman retoma las reflexiones y la experiencia traductológica de san Jerónimo, para enumerar lo que él considera como las características primordiales del discurso tradicional, el tercero de las cuales es que está marcado por una “disensión”, la de los partidarios de la “letra” y los partidarios del “sentido”, estos últimos siempre la mayoría a través de los años, nos asegura.

San Jerónimo fue criticado por traducir los textos sagrados no palabra por palabra, sino el sentido del significado, ya que, según su «Epístola a Pamaquio sobre el mejor modo de traducir», «no me pareció necesario traducir palabra por palabra, sino conservar la propiedad y fuerza de todas las palabras«.

Con este espíritu abordamos la traducción de Sapiens frente a sapiens, teniendo en cuenta a otros dos exponentes de la traducción, el ya mencionado Lin Yutang y el pensador mexicano Alfonso Reyes. Del primero, retomo los tres aspectos de sus reglas de traducción, compartidos por su compatriota, el militar, periodista y traductor chino Yan Fu, que de hecho introdujo las ideas occidentales en China a finales del siglo XIX, incluida la teoría de la evolución de Darwin, que está directamente relacionada con nuestro libro.

Las tres normas de Lin y de Yan, referidas a la lengua china y en particular a la traducción poética y literaria, son: la lealtad, es decir la fidelidad al texto original; la fluidez, sinónimo de expresividad; y la elegancia o el refinamiento, esto es la belleza de una lengua, ligada a la claridad. Creemos que estas exigencias pueden aplicarse a obras de divulgación científica como el libro de Pascal Picq, que incluye pasajes que no están exentos de un lenguaje poético y literario, con una dosis de humor. Se siente la empatía del antropólogo francés hacia nuestros ancestros, así como una cierta piedad por los retos a los que se enfrenta Sapiens hoy en día, lo cual se traduce en un lenguaje que acerca la ciencia a los lectores, y a la traductora con su autor.

En ningún caso, insiste Lin Yutang, la «fidelidad» significa traducir palabra por palabra, pues se corre el riesgo de truncar el sentido del contexto. Como dijo Alfonso Reyes en su crítica a la traducción literal: «¿Notre Dame de París, mi mujer parisina?».

Para Lin, la fidelidad al significado debe ser «vívida y gráfica». Se pregunta: «¿Cuál es el espíritu de la palabra?». Y responde con delicadeza: «Es el color del sentimiento extraído secretamente de una palabra, dejando de lado su significado lógico; en otras palabras, el espíritu es su connotación«. Porque, añade, «la utilidad del lenguaje no es sólo expresar imágenes, sino también sentimientos; no sólo hay que expresar el significado con claridad, sino que también debe conmover a los lectores».

En mi caso, siempre me han conmovido las reflexiones del poeta, traductor, humanista y diplomático mexicano Alfonso Reyes, sin duda una de las mentes más privilegiadas que ha dado México, a propósito del oficio de traducir, cuando dice que «una lengua es toda una visión del mundo, y hasta cuando una lengua adopta una palabra extranjera suele teñirla de otro modo, con cierta traición imperceptible«. Se confiesa anuente a veces a «enterrar las reglas», en especial cuando se enfrentaba a una traducción del francés, «olvidar mis dudas y reflexiones y entregarme un poco al instinto», dice, ya que es en el espacio de la libertad individual donde el traductor debe esforzarse. He aquí el por qué la traducción es un arte.

Reyes también habla de los errores –»que de todas formas no son un delito», como dijo san Jerónimo en su propia defensa– y de las negligencias que puede cometer cualquier traductor, sin olvidar «el problema imposible de la traducción cuando hay cosas que sólo se pueden decir en tal o cual idioma». Reyes pone como ejemplo la palabra portuguesa saudade, tan utilizada en Brasil y Argentina, mi patria biológica, y que significa nostalgia, melancolía, aunque únicamente saudade recoge en su cadencia y expresividad el espíritu propio. Quizá derivada del latín solĭtate, soledad, el término sería algo así como «la melancólica soledad de tu extrañeza».

También sigo aprendiendo mucho de mi maestra de traducción y creación poética, la poeta, ensayista y traductora mexicana de los principales poetas del canon anglosajón, Pura López Colomé, quien, junto con Jorge Luis Borges, apuesta por la «diferencia» entre el original y la traducción, pero en el sentido de un lenguaje universal, también defendido por Walter Benjamin, que ella denomina «imperfecta semejanza», consciente de la imposibilidad de una fidelidad absoluta a la obra original. Sin embargo, sabemos que el arte de la traducción implica buscar una posibilidad en la imposibilidad.

Me gusta comparar el trabajo del traductor con el acto igualmente artístico y meticuloso de pelar una cebolla. Un ejercicio ligado directamente con la memoria, como es la experiencia del Nobel de Literatura Günter Grass en su libro autobiográfico Pelando la cebolla, donde dice: «El recuerdo se asemeja a una cebolla que quisiera ser pelada para dejar al descubierto lo que, letra por letra, puede leerse en ella.»

Así el ejercicio de la transmutación, que es también transmigración de las lenguas y las almas; una construcción cultural de afuera hacia adentro hasta las raíces del ser y el decir. La madrugada es quizás el mejor momento para sumergirnos como buzos en las profundidades de una palabra, siendo el silencio la mejor compañía, como le gusta decir a la traductora y profesora Martha Celis, una de las mejores maestras que tuve en el Diplomado de traducción literaria que estudié en Ametli.

En cuanto a los problemas de traducción a los que me enfrenté con Sapiens…, las principales dudas se referían a cómo traducir, por ejemplo, los nombres de las distintas especies de homínidos, que varían según los traductores y editores, así como el vocabulario específico de cada período histórico y geológico con sus referencias geográficas, culturales y tecnológicas. No obstante, el estilo sencillo y claro del Dr. Pascal Picq facilitó en gran medida la comprensión y la traducción del texto, que espero sea lo más imperfectamente posible parecida al original.

    También es un libro muy ameno para estudiantes y profesores, con pistas para identificar, por ejemplo, los orígenes del machismo, vinculados a las poblaciones agrícolas del sur de Europa, más que a los pastores del hemisferio norte.

Sobre este último punto, el doctor Picq aclara una cuestión que siempre me ha intrigado: ¿por qué en las películas estadunidenses o del norte de Europa vemos a los niños bebiendo un vaso de leche por la noche antes de acostarse, que sería indigesto para muchas personas, y que nunca se muestra en las películas francesas, italianas, españolas, asiáticas, africanas o latinoamericanas? La respuesta es que para las poblaciones nórdicas que optaron por el pastoreo siguiendo sus tradiciones de cazadores-recolectores, el consumo de leche era una parte sustancial de su dieta, a pesar de que la digestión de la lactosa requirió 500 000 años de evolución de los homínidos para generar las enzimas y los genes necesarios. Según Picq, «la tolerancia o no tolerancia a la leche y los productos lácteos en las poblaciones actuales se remonta a antes de la Historia».

También se sabe hoy que el grueso de las migraciones se desplazó de este a oeste –hoy sería de sur a norte– y que Sudamérica fue probablemente visitada por sapiens llegados de Oceanía, lo que, dice el Dr. Picq, «es un tema muy controvertido cuando te gusta la aventura del Kon-tiki«, en alusión al nombre de la balsa tomado del apodo de Viracocha, el dios del sol de los incas, utilizado por el explorador noruego Thor Heyerdahl durante su expedición de 1947 a través del océano Pacífico desde Perú hasta la Polinesia.

Sobre el reinado de los neandertales, finalmente doblegados por los sapiens después de haberse extendido a Levante y Siberia, se sabe hoy, afirma el doctor Picq, que «en cierto modo, lograron lo que siempre ha sido el sueño ruso, ya sea imperial, luego soviético, o del régimen actual: crear un vasto imperio desde Europa hasta Siberia y Oriente Próximo. Los neandertales lo hicieron».

  Volviendo a la revolución digital, el Dr. Picq afirma que la conexión permanente con los dispositivos está modificando profundamente todos los aspectos de nuestra vida, seducidos «por la tentación de caer en la facilidad y la comodidad, una servidumbre voluntaria y perjudicial que destruye todo lo que ha hecho aventurero al linaje humano desde hace dos o tres millones de años: las relaciones sociales, las culturas, las actividades físicas y sexuales, la movilidad…».

El autor apuesta, sin embargo, a que «entre una humanidad esclavizada por la tecnología y una humanidad poshumana remodelada por la tecnología, sea posible imaginar una humanidad mejorada, a favor de una nueva coevolución entre los humanos, la naturaleza y las máquinas».

Desearía compartir el optimismo mesurado del autor (y aquí me permito hablar desde mi otra vertiente de editora y periodista especializada en la política internacional), pero resulta difícil imaginar un mundo más equilibrado y justo cuando la «nueva normalidad» que se está configurando en medio de la pandemia nos habla de un panorama, no de coevolución, sino más bien de involución, sobre todo en América Latina, donde en los últimos dos años se ha profundizado la crisis económica y social que se venía arrastrando desde hace décadas con un marcado aumento del desempleo, la pobreza, la desigualdad, el narcotráfico y la migración de millares de desesperados. Un escenario que tanto los políticos conservadores, como los populistas y los nuevos radicalismos de ambos extremos pretenden enfrentar agitando las banderas obsoletas de las ideologías por encima de la promoción de la educación, la cultura y la producción económica. Según los organismos regionales, la pandemia ha transformado el deterioro social del último quinquenio en un retroceso de décadas, en la mayor crisis de que se tienen datos desde los años de 1930.

En este sentido, explica Pascal Picq, mientras una parte creciente de la humanidad accede a estilos de vida cada vez más confortables, otra parte experimenta un declive de su estatus, un «descuelgue», incluido el deterioro de las clases medias, que refleja un profundo cambio a escala mundial. Esto significa una cosa muy sencilla, añade el Dr. Picq: «El modelo económico y social de finales del siglo pasado ya no se adapta a los cambios que ha provocado».

A su vez, este desacoplamiento se traduce en un deterioro de los logros de finales del siglo XX. Y si bien, «nuestra plasticidad adaptativa permite mejoras rápidas, también permite un deterioro igualmente rápido».

Y aunque el éxito del linaje humano se ha basado en la sexualidad, la movilidad, la curiosidad y la búsqueda de mejores recursos, «todo esto se está desmoronando para más de la mitad de la humanidad; es una mala evolución» por culpa de la acción humana, afirma.

Pascal Picq concluye: «Hoy en día, un gran debate ocupa el mundo económico y social, dividiendo a los que sostienen que hay que seguir como antes y a los que abogan por un cambio de paradigma y, más allá, por la superación de las oposiciones ideológicas del siglo XX.

«Al final», dice el autor, «lo que está en juego es la cuestión de la evolución –mal entendida o bien entendida– y Sapiens es el único responsable frente a Sapiens. »  

*Periodista, editora y traductora, editora de Diarios de Covid-19.

Facebook: Irene Selser / diariosdecovid(a)gmail.com.                                  

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