SEXO PANDÉMICO

Masturbación, placer y Covid-19

Por Verónica Maza Bustamante*

Verónica Maza Bustamante

Le llaman masturbación, onanismo, autosatisfacción, chaqueta, paja… a mí me gusta llamarle “autoerotismo”, porque es la posibilidad de ejercer un encuentro erótico con una misma, con uno mismo, con todo lo que esto implica. Debería ser el punto de partida de nuestro viaje de vida en torno al derecho al placer, el puerto del que partimos para poder arribar a otros en donde haya cuerpos y emociones nuevas, ajenas pero únicas e irrepetibles, por descubrir.

Sin embargo, sigue siendo común la creencia de que la masturbación es una práctica que se debe ejercer en la juventud o cuando no se tiene pareja, cuando no podemos tener un encuentro con alguien más, somos unos adictos al sexo o estamos obsesionados/as con el placer.

Es cierto que en exceso —es decir, cuando estas caricias en los genitales y el cuerpo se vuelven tan frecuentes y urgentes que comienzan a impactar en nuestra vida cotidiana, nuestras relaciones afectivas o familiares, nuestra economía, trabajo, etcétera— o haciéndolo fuera de las reglas de oro del “sano, seguro y consensuado” de toda práctica positiva, puede generarnos ciertos problemas, pero si no es el caso, el autoerotismo suele dar satisfacción.

Al ser un encuentro físico individual, se lleva a cabo en el espacio íntimo, en aquel lugar en donde exista la comodidad suficiente para dejarnos llevar por la excitación, el gozo sensorial, las hormonas o, en resumen, nuestra respuesta sexual humana. Al menos hasta antes del Covid-19.

¿Menos es más o más, más más…?

La cuarentena nos encerró y la pandemia nos enfrentó a nuestros principales miedos y dolores. La erótica se bloqueó en muchos casos, aunque en otros tomó nuevos rumbos, otras dimensiones, la masturbación incluida.

Del 9 al 22 de mayo de 2020, la Asociación Mexicana para la Salud Sexual AC (AMSSAC) aplicó la encuesta “Cambios en la conducta sexual por el confinamiento de la pandemia COVID-19”, la cual arrojó resultados muy interesantes (a pesar de llevarse a cabo en un momento temprano de la epidemia). Entre ellos, reveló que los hombres que vivían en confinamiento con familia ampliada —es decir, en una misma casa con hijos, hijas, padres, suegras, etcétera— se estaban masturbando significativamente más que antes.

Una interpretación que le doy a este dato es que, al estar encerrados juntos en un mismo espacio, el disfrute sensorial de las parejas se vio mermado, siendo la posibilidad más sencilla para seguir disfrutando de los maravillosos regalos del orgasmo, el autoestimularse en espacios como el baño, la ducha o durante un ratito de soledad.

Esta misma encuesta reveló también que las mujeres aumentaron la práctica del autoerotismo, mientras que otras comenzaron a hacerlo por primera vez. La venta de juguetes sexuales aumentó en este rubro: personas del sexo femenino, sobre todo jóvenes, uno de estos artilugios para su solaz y esparcimiento, particularmente quienes viven solas o con compañeros de casa que no son sus parejas. Es decir, se dieron el “permiso” de experimentar, libres de señalizaciones o interrogatorios familiares.

Unos meses después, en Sanus, la revista del Departamento de Enfermería de la Universidad de Sonora, se publicó el estudio “Conductas sexuales en jóvenes mexicanos durante el confinamiento por COVID-19”, para el que se encuestó a 613 jóvenes de todo México en el rango edad de 18 a 28 años. En el caso de ellos y ellas, se notó la disminución en la frecuencia con la que practicaban la masturbación: al estar todo el tiempo en casa con parientes, se complicó tener el espacio para el gozo en solitario.

Una muestra pequeña de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana registra que el aislamiento y distanciamiento indicado para frenar el impacto de la pandemia incrementó en 40 por ciento el deseo en las personas encuestadas, durante los meses del encierro.

Según el informe, 58% de las y los consultados en Argentina se masturbaba entre una y tres veces por semana al inicio de la cuarentena; 18% entre cuatro y seis veces por semana, y 16% una vez por mes. Desde que ahí comenzó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), 60% de las personas encuestadas percibió cambios: 40% un mayor deseo y por consecuencia aumentó la frecuencia en el acto de masturbarse y 20% percibió una falta de deseo y, por ende, disminuyó la frecuencia para masturbarse. Un dato importante: 90% de quienes respondieron la encuesta son mujeres.

Esta información me recuerda las conclusiones, de quienes nos dedicamos a la sexología, en torno a procesos traumáticos colectivos, como desgracias naturales o sucesos del calibre de una guerra, los acontecimientos del 11-S o atentados terroristas: las personas buscan un mayor acercamiento físico con otras personas a manera de consuelo, de apapacho, de compañía en los momentos de dolor. Para quienes no tienen una pareja o no tienen posibilidad de relacionarse eróticamente con las suyas, el autoplacer puede ser una solución para llenar por un rato esa sensación de pérdida.

Hacer las paces con tu cuerpo

Para realizar esta columna abrí en Google un formulario sobre prácticas y hábitos masturbatorios de hombres y mujeres durante la cuarentena por Covid-19. Aunque aún es una muestra pequeña, me parece interesante, entre otros, que 22.2% de quienes han respondido la encuesta han cambiado su visión en torno a la masturbación y ahora la consideran positiva. Hasta ahora, el 70% ha respondido que disfruta más de esta práctica que antes de la pandemia.

“¿Han cambiado los recursos que podrías emplear durante la masturbación para excitarte (por ejemplo, te estimulas viendo pornografía, con fotos, literatura erótica, haciendo sexting)?”, pregunté, y 78.6% de las personas respondió que sí, que ha practicado la masturbación en pareja en este año y medio, y un porcentaje semejante respondió que le ha ayudado a sobrellevar mejor el encierro.

Sin duda me quedo con el 92.2% que afirma que practicar la masturbación puede ayudar en su vivencia erótica en pareja o en solitario. “La pandemia sigue, pero poco a poco busqué nuevas maneras de recuperar eso que me hacía feliz, y mi deseo sexual y la masturbación han regresado a mi vida. Yo ya percibía la masturbación como algo positivo, pero durante la pandemia descubrí que también es una forma de hacer las paces con tu cuerpo, de quererte cuando te sientes fatal y de sentirte merecedora de placer”, señala una mujer en mi encuesta informal.

El Covid-19 está transformando todas las esferas de nuestra vida, pública y privada. La sexualidad no puede estar fuera de esto, con todas sus múltiples dimensiones. Se hace imperante, entonces, comenzar a revisar estas transformaciones a favor de una erótica positiva que, más allá del encierro, nos ayude a conocernos y disfrutarnos más que antes.

*Periodista y sexóloga, Directora de Despertar Comunicación.

Periodismo, educación sexual, literatura, escuelas del Oriente

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