RELATOS VIRALES

Dando a luz en plena pandemia

Del catálogo de la autora Soren Lorenza, “Desde el estudio del abuelo” – Ciudad de México

Por Esther Baradón Capón*

En los tiempos más críticos de la pandemia, Lucero quedó embarazada mientras trabajaba como empleada doméstica en casa de una prima.

A pesar de no tenerlo dentro de sus planes, la noticia de su embarazo llenó a la joven de una gran alegría, así como a su esposo Martín y su familia.

Por tratarse del primer hijo o hija de la pareja recién casada y primer nieto o nieta, todos empezaron a cuidar a Lucero y cuidarse ellos mismos en extremo ya que vivían juntos en un vecindario familiar.

Se compraron caretas, procuraron no socializar con mucha gente, se resguardaron en casa el mayor tiempo posible y se cuidaban tanto que cuando regresaban del trabajo se metían a bañar inmediatamente.

Nunca faltó a ninguna cita con la doctora de la clínica del Seguro Social que le correspondía por estar casada con Martín, quien es empleado en una fábrica de hilados y tejidos y cuenta con beneficios laborales.  

Entre apapachos, comida sana y cuidados extremos transcurrió su embarazo y finalmente llegó el día en que aparecieron las primeras contracciones. Por suerte, Lucero se encontraba en casa acompañada de Martín con las maletas de la mamá y la bebé listas, y como les indicó la doctora se alistaron para dirigirse de inmediato al hospital que les correspondía.

Llamaron al compadre José, quien maneja un taxi, para que pasara por ellos. Tardó un poco en recogerlos, pero cuando sonó el claxon salieron tan apresurados que olvidaron ponerse las caretas y los cubrebocas. Estaban vueltos locos. Martín regresó por ellos a la casa y fue cuando la mamá de Lucero insistió en acompañarlos

Al llegar al hospital se bajaron del taxi y quedaron con el compadre en que los esperaría cerca de hospital para que la mamá y Martín se regresaran con él. Como es sabido, en los hospitales del Seguro no se puede quedar nadie con la futura madre.

En la recepción se encontraban algunos familiares, todos con cubrebocas, sentados a sana distancia, esperando noticias de sus pacientes.

A la madre de Lucero no la dejaron entrar y permaneció en el taxi esperando noticias. Lucero y Martín se acercaron al mostrador con la orden firmada por la doctora de la clínica. No podía faltar la inevitable burocracia. Les dieron unos formularios, luego de terminar de llenarlos le pidieron a Martín que se quedara en la sala de espera y a Lucero la llevaron a un laboratorio y le explicaron que se le practicaría una prueba de covid.

Lo tomó como algo normal y hasta ese momento estaba relajada. Las contracciones seguían espaciadas, aunque disminuía el lapso entre una y otra. Empezaba a sentir dolor. Preguntó a una enfermera que cuánto tardaba el resultado y ella le contestó que como diez minutos.

Lucero estaba tranquila porque sabía que no había salido de su casa en las últimas dos semanas y, por lo tanto, no estuvo expuesta. Empezó a impacientarse ya que tardaron en darle el resultado.

Por fin entró un enfermero y le indicó que su prueba salió positiva de covid, que la tendrían que internar en la sección de contagiados. Lucero sintió que el mundo se le vino encima, pero su instinto de madre le hizo pensar rápido y reaccionar. Ella no entraría a esa sección con su bebé en el vientre por nada del mundo. Era imposible que tuviera covid, porque no presentaba ni un solo síntoma y no había estado en contacto con nadie que se hubiera contagiado.

Le dijo al enfermero que enseguida regresaría, que le iba a informar a su esposo de la noticia. El enfermero le indicó que no acercara a nadie y que no se quitara ni la careta ni el cubrebocas.

Al llegar al lado de Martín lo jaló del brazo y le urgió salir del hospital de inmediato. Murmuró que en el camino le explicaría y le pidió que le marcara al compadre para saber en dónde se había estacionado.

Con la voz agitada trataba de explicarle a su esposo, quien no le entendía lo que le trataba de decirle. Una vez alejados de la entrada del hospital, se pararon para recuperar el aliento y hasta entonces pudo explicarle con detenimiento lo que había sucedido

Mientras llegaba el taxi a recogerlos acordaron no mencionar nada a sus acompañantes para no alarmarlos.

Al llegar a casa, después de recostar a Lucero y de cerciorarse de que estaba bien, Martín corrió por la partera del barrio.

Todo lo que siguió fue un ir y venir entre palanganas de agua caliente, sábanas limpias, toallas, gritos de la embarazada, indicaciones de la partera pidiéndole pujidos, hasta que por fin apareció la cabeza de la recién nacida, un nuevo pujido y salió el cuerpo entero, con todos los signos vitales.

Cuando la madre recobró las fuerzas para desplazarse, se dirigió a su clínica en donde le practicaron una nueva prueba, que arrojó un resultado negativo.

Aterra pensar en las consecuencias que este resultado erróneo hubiera desencadenado, pero sobre todo si la hubieran recluido en el pabellón de enfermos de covid…

*Joven pintora mexicana, amante de las artes, la música, la fotografía y el teatro, y aficionada a la escritura.

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